jueves, 27 de marzo de 2014

RECONSTRUCCIÓN de Roberto.Es


Está en su pasado.  Se pasea por él.  Sabe exactamente dónde va; dirige sus pasos hacia aquel preciso instante en que el destino caprichoso jugó sus dados y la ruleta de la vida marcó su número ganador.
Se levantó de sopetón, pues no había sonado el despertador.  Su vuelo para Johannesburgo partía a las diez de la mañana.  Apresurado, terminó de cerrar su trolley y, cogiendo abrigo y bufanda, cerró la puerta tras de sí.  Ya en la calle, la multitud vaporaba bajo un cielo plomizo.  Tomó un taxi con destino al aeropuerto.  La intensidad del tráfico en hora punta creaba múltiples atascos.  Julián miraba el reloj y las manecillas, amenazadoras, le anunciaban el fracaso de su arduo intento.
Llegó a la terminal de salidas; los dígitos de los paneles confirmaban el despegue inmediato de su vuelo.  Tras atravesar los arcos de seguridad, emprendió una acelerada carrera hacia la puerta de embarque que, para su mala suerte, acababan de cerrar.  Impotente, observó cómo su avión se perdía entre las nubes.  A la misma puerta treinta y tres, llegó sin aliento otro pasajero tardío.
-Disculpe, caballero. ¿Es este el vuelo a Johannesburgo…? –preguntó
Julián se giró y entonces lo vio.  El tiempo se detuvo.  Aquel desconocido parecía salido de una novela de Dickens.  Solo recuerda unos enormes ojos negros que le sonrieron; en su peculiar atuendo destacaba una elegante chaqueta de tweed.

Hoy, veinte años después, despierta cada mañana ante aquella perturbadora sonrisa y, su singular chaqueta, cuelga todavía en el armario de la habitación compartida.


ACCIDENTE de Sandra Moi





Estoy en mi pasado.  Me paseo por él.  Sé exactamente donde voy, de la misma manera que conozco para qué.  De nuevo aquí, bajo la fría lluvia que cae constantemente sobre mis cabellos.  Noto como la ropa se empapa sobre mi cuerpo entumecido y como tú me sostienes entre tus brazos fuertes, mientras acaricias mi rostro diciéndome cuánto lo sientes, que no te ha dado tiempo de reaccionar y que la situación se te ha ido de las manos.  No siento la noción del tiempo, ni siquiera recuerdo qué ha sucedido; sólo escucho el estridente ruido de las sirenas: ellas me anuncian que soy la protagonista de un trágico accidente.  De pronto,  me acuerdo de que me habías dicho que ya no me querías, que todo había acabado entre nosotros y entonces veo como me abalanzaba hacia el volante del coche de manera inconsciente,  provocando así este grave accidente.  Y yo me pregunto… ¿en qué momento dejaste de quererme?, ¿cuándo pasó?, ¿de qué manera sucedió?. ¿ Acaso he sido culpable por amarte tanto o por no darme cuenta de que te alejabas?.  Tus ojos me revelan el dolor que sientes. Enseguida comprendo que ya no me quieres y …¿qué voy a hacer yo, sino dejarte ir?... Como ayer, no puedo retenerte. 
Viajé a aquel instante para constatar que, ya entonces, solo nos unía la tragedia que acababa de ocurrir.  Allí quedó todo, en el pasado.  Ambos hemos empezado de nuevo, aunque por caminos diferentes…




miércoles, 26 de marzo de 2014

RECONSTRUCCIÓN de Ana Rosa Benítez



Estoy en mi pasado.  Me paseo por él.  Sé exactamente donde voy, de la misma manera que conozco para qué: necesito llenar vacíos y apagar silencios.  Me dirijo a la calle 43 del distrito norte.  Es de noche; una noche sin luna.  Espero, bajo el puente, a que el mercedes negro aparezca.  Me escondo.  El coche se para y, como ya sabía, la puerta se abre y te veo salir, con ese porte que la genética te ha regalado y que tú, con exquisito cuidado, sabes resaltar.  El coche desaparece y te quedas inmóvil en aquella avenida desolada, sin poder reaccionar.  Tus ojos tristes expresan interrogantes, preguntas; sin que tu boca hable.  Pero, no hay respuestas.  Entonces es… cuando nos encontramos…Ahora sí, esta segunda vez,  te llevaré conmigo.


RESUELTA de Lourdes



¡Llegué al pasado tan dispuesta y con las ideas tan claras para cambiarlo todo!: todo lo que a lo largo de los años me había envenenado, todo lo que me había molestado, todo lo que me había enfurecido o hecho daño.  Pero, cuando me vi cara a cara conmigo misma, me di cuenta de lo resuelta que era para solucionar yo misma mis propios problemas, así que, lo dejé todo como estaba.




RECONSTRUCCIÓN de Carmen Garcés







Está en su pasado.  Se pasea por él.  Sabe exactamente donde va; dirige sus pasos hacia aquel preciso instante en que, de pie junto a la puerta de embarque, se despide.  Sabe que esta separación será para siempre. Con lágrimas retenidas y un nudo en su garganta, se marcha sin articular palabra, sin mirar atrás.  Sube, lánguidamente, las escalerillas que la llevan al avión.  Algo súbito hace que se detenga. Mira la flor que lleva en su mano y, con resolución, exclama que esa vez será diferente.  Inspira con fuerza  y siguiendo sus impulsos, corre escalera abajo.  Atraviesa la sala de embarque y el hall del aeropuerto apresuradamente.  Así, llega a la calle.  Allí está, con su tez dorada por el sol, con la sonrisa que la enamoró el primer día, su voz profunda y sus manos seductoras.  Se miran.  No hacen falta palabras.  Ambos entienden que esta vez, aquel para siempre lo vivirán juntos.


RECONSTRUCCIÓN de Alicia Carmen




Cuántas veces se ha paseado mentalmente por esa aldea que abandonó muy joven.  Sus recuerdos lo han atormentado; son culpables de sus noches de insomnio.
Otros brazos llenaron sus carencias, otros labios se le ofrecieron y le hicieron olvidar la carita dulce de aquella chica sencilla que le recordaba sus obligaciones.  Hizo oídos sordos y ahora que está viejo y enfermo, regresa.  Quizá ella esté todavía allí.  O tal vez encuentre el fruto de su primer amor. 
Algo le dice que es muy tarde.  Seguro que nadie lo estará esperando; a estas alturas ya nada se puede cambiar.  Sus pasos por la vida  han llenado de tristeza a tantas personas…empezando por el mismo.


EL PRIMERO de María Silkwood


Me despierto como en un sueño…, siento un golpe brusco; ese ha sido mi primer golpe en la vida; después de ese vendrán muchos más…
El doctor contiene el aliento: yo no lloro.  Mi madre se incorpora mirando con los ojos muy abiertos.  Yo no quería nacer y ella me ha empujado…
Al final, lloro.  No porque me duela nada, sino porque estoy en la vida.  He abandonado aquel reciento cálido y suave en el que flotaba…  He dejado la comodidad, la tranquilidad para venir a lo desconocido, un mundo nuevo…, frío y hostil, como esta sala, como este suelo duro en el que…me golpeo la cabeza…

Desde entonces, sufro de fantasías, sueño que estoy en otros mundos, trato de evadir las realidades pues sé que son duras como aquel golpetazo…

Mi madre me mira como diciendo "mi niña", yo la miro con el ceño fruncido y...pienso..."pues ya te enterarás de lo que has hecho".  El médico se siente un héroe, el pobre, si el mérito es mío, que lloro para complacerles...  Estos mayores quieren una niña sumisa... ¡ya empezamos! ¡me las pagarán! Je je...





LA AZOTEA DEL AYER de Juani Hernández



Tengo que darme prisa en comer, seguro que están muertas de sed, pensaba mientras regresaba del colegio.
-¡Mamá, mamá! ¿Qué hay hoy para comer?
-¡Lentejas! El que las quiere las come y el que no las deja –siempre dice lo mismo, no importa lo que haya para comer.
-¡Ya terminé! ¿Puedo salir a la azotea ya?
-¡Sí! Pero cuidado con el sol que a esta hora está muy fuerte y eso no es bueno para la salud.
Corro escaleras arriba, saltando los escalones de dos en dos. Ya estoy en la azotea. ¡Cómo me gusta plantar semillas!.. y cuando las plantitas brotan…¡me da una alegría!.  Seguro que los tomates están hoy un poco más grandes y maduros.  Tengo que cuidar que no se los coman los lagartos.  ¡Ah! ¡Mira los pimientos! Ya han abierto las flores.  ¡Uf, qué calor! ¡Cómo están las pobres de sequitas!  ¡Me da una pena que pasen sed!, como si fuera yo quien estuviera sedienta.  ¡Qué bonito el rosal! Ya abrió un botón y ¡qué color tan delicado y tiene perfume!
Como me gusta hacer esto todos los días.  Las plantitas siempre me sorprenden con hojas nuevas, o flores o algunos frutos, eso sí, son pequeños porque en los cajones de madera no se desarrollan bien.  ¡Ah, me estaría todo el día aquí!
-¡Juanita Rosa, baja ya, que te vas a poner mala con tanto sol! Esta niña…
-¡Ya voy, mamá!  Hasta mañana, plantitas…




DEMASIADO TARDE de Maruca Zamora




Estoy sentada en el quicio de un portal cualquiera, con la mente perdida, cabizbajo, con la mano tendida, cuando siento resbalar por ella unas monedas.  Levanto la cabeza. Doy las gracias y, al hacerlo, me impacta lo que veo.
¿Quién pudiera retroceder en el tiempo, volver a empezar, regresar al mundo en que viví? Vivir de nuevo con esa persona que ya no está conmigo.  ¡Tuve tanto! La vida se encarga de ponerte en tu lugar.  ¡Desprecié a tanta gente, incluso a mis hermanos y sobrinos!. Por aquel entonces no quería que mis amigos supieran de dónde venía, que mis orígenes eran humildes.

Hoy, al sentir estas monedas en mis manos y reconocer al hijo de mi hermano en la persona que me las da, sin que se haya percatado de quién soy; sólo un mendigo más, he retrocedido veinte años atrás para revivir todo mi pasado.  Ahora sé cuál es el verdadero valor de las cosas en esta vida, pero ya es demasiado tarde.



JUVENTUD de Maruca Morales




María se casa muy joven y se va con su esposo a otro país.  Lo sintió mucho porque nunca se había separado de su madre.
Trabajaban toda la semana y los domingos  iban juntos al Cine Colón a ver películas mejicanas.  Eran jóvenes y así fueron pasando por los veinte, por los treinta, por los cuarenta…  Cuando María llegó a los sesenta, decidieron regresar a su tierra pero ya la juventud se había ido y la ilusión parecía haberse ido con ella, también, por la temprana ausencia del esposo. Salía a pasear pero los pies le  pesaban mucho, se cansaban…

Pero, alguna transformación ocurrió en ella, porque ahora, a los setenta y piquito se vuelve a sentir joven otra vez, disfruta de sus hijos ya mayores y de sus nietos, sale de excursión con las amigas y, aunque le siguen pesando mucho los pies, no para.  Ella piensa que ahora está… ¡en su tercera juventud!



EL ÁRBOL de Carmen Fumero




Recuerdo aquellos años en los que toda la familia celebraba junta las fiestas de Nuestra Señora de la Luz.  Nos reuníamos para ir a ver a la virgen, montados en la camioneta de mi abuelo y tras la celebración, nos íbamos a comer en el campo, debajo de un árbol.
A mi padre, que le gustaba sembrar de todo, en una de esas ocasiones, se llevó dos piñones de aquel árbol bajo el que comíamos, para sembrarlos en una caña.  Cuando el árbol fue creciendo, lo adornábamos en Navidad.  Eso ocurrió hasta que el árbol fue demasiado grande.  Entonces, mi padre decidió sembrarlo de nuevo en la plaza del Santo Hermano Pedro.
Cuando ahora paso por ese lugar, veo el árbol tan bonito que siento que mi padre está allí.




jueves, 20 de marzo de 2014

UN DESEO de Lourdes



En los dos últimos días, me tuve que desintoxicar de tantas peticiones, me refugié en la más estricta intimidad, sobre todo mis pensamientos y, a las pocas horas y cinco copas de vino más tarde, caí en la conclusión de que había una palabra que resumía todos los deseos: felicidad; iba a desear felicidad para todos.  Un deseo, sólo uno y era la felicidad.
Llegó el gran día.  No había dormido en toda la noche, ni la anterior tampoco.  Había un asunto acerca de mi deseo que me tenía preocupada: ¿y si alguien para ser feliz tenía que hacer daño a otro?  No sé, un asesino en serie, un dirigente sin escrúpulos…  Tres horas más tarde, antes del momento más importante de mi vida, tenía esas grandes dudas.
Miles de personas se agolpaban para ver mi veredicto.  Era increíble.  El coche apenas podía pasar entre la multitud.  Cuatro pantallas gigantes circundaban la plaza donde la gente vería mi decisión en directo; el acto era televisado a nivel mundial y no era para menos.
Subí los dos escalones tranquila aunque algo inquieta por tanta expectación y di los buenos días al tribunal.  Un minuto más tarde, formalmente, me pidieron que me pronunciara.  Empecé resumiendo el tormento que había pasado estos días.  Lo fatigoso que era pensar en todo el mundo, lo que me dolía la cabeza de analizar todas y cada una de las palabras que había oído durante esos días.

-Señores, hasta estos últimos momentos no lo tenía claro y como no lo tengo claro, tribunal, ¡deseo tener otros diez deseos!



GENEROSIDAD de Carmen Garcés




Félix, ataviado con su elegante traje hecho a medida, sus zapatos de diseño y su sobrio maletín de cuero, entró a su despacho, como cada día.
-Sofía,  tráigame el expediente, en el que estaba trabajando ayer, ¡y lo quiero ahora!, y páseme la llamada que le pedí antes, ¿aún no la tiene? – dijo con dureza.
La temblorosa asistente, corrió al teléfono y, presurosa, le comunicó la llamada, desapareciendo de inmediato en busca de lo solicitado. Mejor hacerlo rápido, si no, tendría que enfrentarse a la conocida ira de su jefe.
En la pared de su oficina, colgados en un perfecto orden, se podían ver sus logros personales: Al mejor director de empresa, Al hombre de Negocios del año según la revista Forbes, Al más popular según el Times; y así un buen número de distinciones, que él allí, sentado en su silla de cuero, observaba con deleite, mientras saboreaba su taza de café.
Solía vérsele recorriendo la empresa, intimidando con sus órdenes y sus exigencias  a todo el que se le pusiera por delante. La mayoría del personal lo detestaba por su carácter duro y exigente.
Tenía el poder de, con sólo estampar su firma en un papel, destruir empresas y con ello, el futuro de personas; cosa que solía hacer sin el menor atisbo de remordimiento.
Cierto día, uno de sus empleados -voluntario de una ONG-, acudió a un centro  social; ayudaría en la labor de atender a las personas que asistían allí para alimentarse de forma gratuita. Su sorpresa fue enorme al ver  a su jefe en aquel lugar. Estaba  al fondo del gran salón y llevaba puesto, ya no su elegante traje, sino un humilde delantal blanco. Repartía -con alegría y generosidad- a cada indigente que le extendía su plato,  el alimento que cogía de una gran olla que tenía a su lado. Su rostro  dibujaba una amplia sonrisa que regalaba a todos los que pasaban delante de él. El empleado quedó perplejo.

Pero lo que más le impresionó fue que, allí mismo, encima de la puerta de entrada, pudo ver una placa conmemorativa que decía, “A nuestro fundador y constante proveedor, Don Félix Guerrero, sin el cual, no podríamos existir”.


FABULOSO de Alicia Carmen



No es disculpa el estar cansada pero…¡qué ya son tres mis chiquillos! y yo ando dormida por todos lados.  Además, el billete me costó lo suyo pues pedí el puesto que tuviera más espacio para descansar las piernas que, si sigo así, me saldrán várices y…¡adiós a las faldas que tanto me gustan!, si eso ocurriera, usaría –irremediablemente –pantalón.
Espero no haber sido maleducada cuando dije mi puesto es el Nº 33 y usted está sentado en mi butaca, haga el favor de levantarse, se lo ruego.  Y es que lo vi tan instalado, con una manta cubriéndole las piernas y un libro que se me antojó debía ser fabuloso y ¿yo?, despeinada y rendida.

Su mirada me alertó e, inmediatamente, seguí de largo.  Fabuloso. Convencida estoy de que el libro era fa bu lo so.


ME ALEGRO de Juani Hernández



Venía de, lo que se ha dado en llamar, una buena familia.  Tenía una cuidada educación y una formación excelente, dado los tiempos que corrían.  Todo en su vida transcurría con un orden y una disciplina estricta, por parte de su familia de origen inglés.  Nada hacía prever la sucesión de acontecimientos y desgracias que llegarían a su vida, que cambiaría de rumbo todo lo que estaba previsto…
Con el tiempo, y por motivos profesionales, viajó por todo el mundo; pocos países le quedarían por conocer.  Eran largos viajes, algunos de hasta diez meses de duración que, sin embargo, no le impedían seguir en contacto con su familia; a través de cartas y preciosas postales los mantenía informados.
Era inteligente y de un raro humor y especial sarcasmo, así como de una generosidad rayando en el derroche, motivo por el cual su familia pagaba las consecuencias, en ocasiones irreparables…
Con los años, contrajo una enfermedad de las llamadas incurables y…se fue, sin pena ni gloria, de este mundo.
La familia hizo lo que pudo por darle una despedida digna y respetuosa, llenos de pena por lo que pudo haber sido y no fue.

Con el paso del tiempo, la perspectiva de las cosas cambia…, así que hoy no le juzgo; es más, tengo la certeza de que hizo lo que pudo y cómo pudo y no todos tratamos su memoria con cariño y agradecimiento. ¡Lo siento!  Me alegro de haber recapacitado, papá.


EL ARLEQUÍN de Sandra Moi




Siempre esperaba que esa vez fuera la última.  Habladurías y envidia, quería creer.  Siempre dando la oportunidad a la duda de que aquella situación no sería para siempre.  Cegada por el miedo a la soledad y al qué dirán, mantenía una relación imposible de vivir.  El egoísmo, la posesión y el abuso de la fuerza… hacía que el vínculo se fuera deshaciendo poco a poco, cada día.  Igualito a una gota de agua continua pero disimulada, de la cual nadie se percata pero que, va penetrando cada vez más hondo, hasta llegar a convertirse en un mar de lágrimas.
Pero, que nadie piense que las segundas oportunidades no existen…Se equivoca quien lo hace.
 Tuvo suerte de nuevo y logró resurgir de entre las tinieblas.  Bajo el manto disimulado de un pasado equivocado, por ignorar el poder del respeto, por no saber amar, ni valorar lo que un día se le entregó… Como un arlequín que actúa de cara a los demás, para entretener y acaparar la admiración de los otros; así era él.  Escondía su lado oscuro, como la luna y mostraba sólo lo que el resto del mundo esperaba que fuera.  En la intimidad de su hogar era otra persona; era aquel hombre odioso, difícil de ver.
Hoy, para poder seguir con su vida, ha tenido que marchar y abandonar todo lo que hirió y maltrató sin compasión; a una esposa resignada y herida hasta lo más hondo de su corazón y a unas hijas asustadas y perdidas en medio de la inmensidad.
Ahora, es otra persona, nada que ver con su pasado.  Por fin, puede seguir porque ha aprendido la lección, aunque en el camino haya dejado la huella del horror sembrada…Él sabe que atrás no volverá.  Hoy, sí es la persona que todos siempre han pensado que era, la que siempre debió ser y no fue, sólo que la primera vez se equivocó. 

Equivocarse es de sabios y… perdonar es de valientes.


SIN FÍN de Esther Morales




Estaban de aventura y no sabían cómo les saldría.  Era un riesgo que corrían, ¿irían por buen camino o por uno que no tenía salida?.  Recorrieron varios kilómetros sin ver a nadie.  Aquella aventura se iba tornando cada vez más arriesgada y a medida que pasaba el tiempo, la sensación de estar en peligro aumentaba…pero, ¡allí estaba!.  Allí estaba aquella señal de tráfico salvadora que les conduciría a la calle que la conductora estaba buscando hacía un rato.



miércoles, 19 de marzo de 2014

SOR VIRTUDES de Tatiana Silkwood



Era una mujer como otra cualquiera, si no hubiera sido por sus virtudes como devota.  Iba a misa todos los domingos y su actitud sufrida le hacía parecer una víctima de las circunstancias. “La pobre”, decían cuando se marchaba de la tienda, tras contarle a la persona de detrás del mostrador todas sus penalidades… Iba para santa y probablemente la hubieran canonizado, de no haber cometido algunos evidentes fallos que, ella justificaba con el enorme padecimiento sufrido a lo largo de su historia.  Empezando por aquella triste infancia; aquella madre fría y hostil que la había puesto a trabajar como empleada doméstica; aquella madre que solo tenía sentimientos para su hija pequeña.  La vida era muy dura en ese entonces ¡pero nadie había sufrido como ella!.

Esa independencia temprana le dio la oportunidad de emanciparse, de irse a otro estado y de realizar la vida casándose y formando una familia.  Pero…, como las hijas se parecen a las madres…¡pobrecita!, seguía siendo una víctima de las hijas mayores, a las que había espantado con su conducta cruel y despótica para que se buscasen la vida.  ¡Menos mal que sus hijos pequeños la comprendían!


AUSENCIA de Roberto.Es




Era una persona ceñuda, mal encarada; trataba con desprecio a sus vecinos.  Masticaba la rabia que le producía su insoportable existencia; detestaba el mundo y a los que en él habitaban.
Todos los días al alba, salía de su casa para regresar al atardecer.  Con su falda de cuadros y calcetines hasta la pantorrilla, proyectaba una patética imagen de colegiala trasnochada…; ¡rayaba los setenta!.
En el vecindario, su extravagancia era motivo de mofa y, aunque le temían –pues creían que poseía un alma perversa –les intrigaba su enigmática y extraña vida.
Pero, había alguien que conocía su  historia: el guarda del cementerio donde acudía a diario le veía penar en un sepulcro.  Allí, ataviado con el kilt escocés que a ella tanto le gustaba, lloraba sin consuelo la irreparable ausencia de su querida y amada esposa.


VOCES de Lourdes


Le tomó dos días subir la montaña más alta para pescar los mejores atunes; con una rama fina en forma de mujer y un cordón hizo una caña que lanzó al mar de sus memorias.
-¡Dios mío!, pero que harta me tienes.
Los atunes rosados brotaban del agua salada, una vez que el botón de su camisa, a modo de anzuelo, tocaba el agua: ya tenía quinientos atunes de trescientos kilos, saltando sobre la fresca hierba de esos parajes montañosos.
-¿Por qué me haces esto? ¡Dime!
Con tan tremendo cargamento, pidió ayuda a una caravana de camellos que, de entre la nieve, apareció.  Un ángel negro con alas doradas era el líder que, en un abrir y cerrar de ojos, cargó cada uno de los peces, a cambio de su espectacular caña.
-Desde luego, contigo siempre lo mismo.
En cinco minutos, llegaron;  Tokio era la mejor ciudad para vender ese atún de río.  Se iba a forrar, pensaba frotándose las manos.  La cabeza le dolía, pues una y otra vez, las voces le decían lo inútil que era, pero esta vez iba a triunfar.
-No me puedo creer que sigas y sigas.  Un día te encontramos muerto en la calle, ahogado en tu propio vómito.
Una vez que se callaron las voces, negoció hasta conseguir dos millones de yenes.  Con el dinero le compró a su mujer un palacio en Oriente y unos zapatos de cristal y esmeraldas.
Llegó, a su quinto sin ascensor, entusiasmado y feliz, pero cuando tocó la puerta, oyó las voces todavía más cerca y, un cubo de agua fría, le dio la bienvenida.
-Un día de estos te dejo, ¡te lo promete! Y cuando no me veas, ¡ya me extrañarás!
Y allí, bajo el agua del grifo de la bañera y vestido de arriba abajo, le volvió a prometer a su mujer que no volvería a beber.




HERMANAS GEMELAS de Maruca Morales





Había dos niñas gemelas en el pueblo que siempre iban juntas, se llevaban muy bien, como dos grandes amigas.  Un caluroso día de verano, su mamá  les dio la sorpresa de que esa tarde las llevaría a la playa.  Nada más escucharlo, las dos corrieron a su cuarto para ver quien se ponía primero el bañador rosa.  Fue Maritza quién ganó esa vez, y Betty se moría de la envidia al verla en la playa con él.

Sacaron sus cubos y palas e hicieron un enorme castillo de arena.  Al terminarlo, se bañaron.  Ya estaba oscureciendo, cuando sus padres las llamaron para irse.  ¡Qué día tan estupendo habían pasado!  Jugando se habían olvidado del traje rosa y de la envidia, como hacen las buenas amigas.  Las gemelas, cansadas, se metieron en la cama temprano, porque al día siguiente tenían que ir a la escuela.


PERORATAS EN CADENA de Ana R. Benítez



En la infancia, no brinques como los chicos, ni juegues con ellos.  Vas a parecer una machona.  Sujeta bien el vestido si hace viento, no se te vaya a ver las bragas.  Si te sientas, junta bien los pies por si algo se ve.  Te lo tienes que comer todo; en el plato no se deja nada (esto hoy en día lo sigo a rajatabla), con lo que el dicho de más vale en la basura que en la cintura lo sigo al revés.  Apaga la luz, no leas tanto que te vas a quedar ciega.
Los sábados limpia tu habitación y la de tu hermano.  Aquí me rebelo.  ¡La de mi hermano nooo!, apesta.  Él jugando en la calle y yo limpiándole el cuarto; ¡malditos roles!.  No había más remedio que sucumbir o arriesgarse a no salir el domingo.  Regresa a casa antes de que anochezca; en invierno ¡a las seis de la tarde!.  Si un hombre te ofrece algo, no lo cojas.  Cuidado con los chicos, hay que hacerse respetar.  Amenaza casi diaria en la voz de mi padre; sobre todo desde que sabía que salía con alguien: si una hija mía queda embarazada antes de casarse, a mi casa no entra más.  En casa de sexo no se podía hablar; más que un tabú era pecado.  Las dudas se resolvían con las amigas o si caía en nuestras manos algún libro que nos aclarara tantas cosas…Tienes que aprender a cocinar, lavar, planchar; eso es prioritario en una mujer, por si un día falto yo y tienes que atender a tu padre y a tu hermano.  Hubo un momento en que creí que esa sería la mujer perfecta: hacendosa, sumisa y preparada para atender un futuro marido.  Pero, otra vez me rebelé: ¡No quiero esperar sentada a que me desposen! ¡Quiero estudiar, trabajar y no depender de nadie!.
Al fin me dicen: haz lo que quieras. ¡Respiro!... aunque alguna arenga cae todavía al día de hoy…



REFLEJOS de Carmen Garcés




Amanecía y, como cada día, muy temprano, sonaba el despertador; por mi mente cruzó de nuevo la misma idea, ¡otro día más!. Con cierta resignación, salté de la cama. Al hacerlo, sentí algo diferente.
Corrí a mirarme en el espejo…, pero, ¿quién era aquella mujer que se reflejaba en él?. Al cabo de unos instantes, me reconocí; era yo, con una cantidad de años menos. Al principio, no podía creer lo que mis ojos veían, mas poco a poco fui dándome cuenta de que era real, había rejuvenecido, volvía a tener 20 años.
Tanto tiempo deseándolo y ahora, por fin, podría tener la oportunidad que siempre añoré: cumpliría tantos planes y sueños dejados atrás,  desharía tantos errores cometidos a lo largo de la vida…, viviría las experiencias que siempre había soñado. Con todo el tiempo disponible a mi alcance y la experiencia adquirida, seguro que mi vida podría ser como siempre quise, diferente de cómo había sido.
En ese instante, un pensamiento atenazó mi mente y un sentimiento de pérdida golpeó con gran fuerza mi corazón. Mi vida sería diferente, sí, pero eso también implicaba que todas las experiencias hermosas que había vivido no se repetirían; que las personas tan amadas que pasaron por ella no estarían y, esto, me causó un gran dolor.
Posiblemente, en esa nueva vida que se me ofrecía, no tendría que sufrir las penas y desengaños que me causó la actual, es cierto, pero también implicaría perder las hermosas experiencias obtenidas de ella y que, al final, me definían como persona y ser humano.
Así que, miré nuevamente la imagen del espejo y, con una mezcla de sentimientos encontrados, me despedí de ella, esta vez  para siempre. Habíamos pasado muy buenos momentos juntas, pero ahora tocaba seguir adelante, disfrutar del futuro y de lo que había cosechado en mi pasado sin volver a mirar atrás.
En ese instante me desperté, todo había sido un sueño, pero uno muy real; tan real que consiguió hacerme ver lo importante que es el tener el privilegio de  haber vivido. Tener juventud, además de experiencia, es algo muy tentador para cualquiera de nosotros, pero no deja de ser un sueño, una ilusión.

Comprendí que lo verdaderamente importante es saber atesorar los buenos recuerdos que la vida nos regala.


martes, 18 de marzo de 2014

LECCIONES de Maruca Zamora



No tienes mucho de nada, pero suficiente de todo, me machacaba cada día. Veinte veces te lo he dicho, que por querer ser tan perfecta te vas a volver maniática pero, pon el chuchillo a la derecha.  Tienes unos brazos como unos chamizos, ponte mangas.  Eres un cimbre, eres un perenquén pero, eso ya lo sabes.  Deja de juntarte con varones.  Así no debes comportarte, eres demasiado ñoña para estos tiempos.  No olvides que no tienes padre que te represente, aunque ya sabemos que las cabras siempre tiran para el monte.  Asegúrate de que, cuando el sol tenga una caña de pescar de alto, vayas al colegio, y cuando el sol llegue al quicio, pon las papas al fuego.  Esas alpargatas son para llevar a la escuela y para jugar en el camino, ponte las rotas.  Cueste lo que cueste, haré algo de ti, aunque ya sabemos que los milagros se hacen en Fátima.




LA ENTREVISTA de Lilia Martín Abreu




Con mi recién estrenada licenciatura como escudo, entré en el edificio con paso seguro.  Era mi primera entrevista de trabajo.  La entrada reflejaba sobriedad, con suelos de mármol y escalera con balaustradas de bronce.  Entré al ascensor que tenía un gran espejo biselado que reflejaba mi imagen, completamente impecable.  Marqué el piso cinco pero el ascensor, en vez de subir, bajó.  En ese momento, pensé que lo habían llamado de los pisos inferiores, pero él seguía bajando con un impulso cada vez mayor.  De pronto, sentí un ligero aturdimiento.  Me miré al espejo y mi cara estaba desencajada.  En ese mismo instante, el espejo se abrió como una puerta y entré por ella.  Llegué a la sala donde me harían la entrevista.  Estaba decorada con estilo futurista, aunque me llamó la atención que tenía algunos objetos retro y muy raros, como uno de los cuadros antiguos que están en casa de mi abuela.  Un reloj que caminaba a la inversa; no daba la hora, las quitaba.  Me entregaron una pantalla táctil y un lápiz mongol, el que usaba cuando era niño; me llamó la atención porque hacía tiempo que no los veía. La pantalla se iluminó con un letrero que decía ¿ERES FELIZ?.  ¡Qué pregunta más rara!, pensé.  Traté de contestar pasando el dedo y no funcionó, entonces lo hice con el lápiz y escribí en la pantalla un bien grande.  ¿ME PODRÍAS DECIR CUÁL ES EL SECRETO?.  Se leía muy claro en la pantalla nuevamente. ¿Secreto? No hay secreto, todo está en tener actitud positiva y saber vivir, escribí.  ¿QUIÉN TE ENSEÑÓ ESO?, preguntó la pantalla parpadeando.  Yo me emocioné al recordar y escribí: MI ABUELO y TAMBIÉN EL TIEMPO COLABORÓ.  La pantalla reflejó su opinión con un ¡MUY SABIO TU ABUELO!. ¿LO CONSERVAS AÚN?.  Una gran tristeza me invadió al escribir ¡NO!,  ¿Y EL TIEMPO…LO CONSERVAS A ÉL? Me volvió a preguntar.  Yo me estaba mareando con esas preguntas tan raras y contesté SÍ, LO CONSERVO.  Ya veía borrosa la pantalla pero acerté a entender lo que decía ¿QUÉ PASARÍA SI HOY LO HIPOTECARAS, SEGUIRÍAS SIENDO FELIZ? ¡SÓLO EL TIEMPO SABRÁ LA RESPUESTA!, respondí…
Mi mareo se agudizó tanto que los cuadros se difuminaron, quedando sólo el lienzo en blanco.  Cuando volví en mí, estaba frente al espejo del ascensor que subía al quinto piso.  Tenía algo en mi mano que extrañó mucho: un lápiz mongol.  No recordaba haberlo llevado y no sabía de donde había salido.




LORO de Zuleima Reyes





Como de costumbre, tanteé el camino hacia el aseo; remojé mis aún cerrados ojos en el agua fresca y noté, por primera vez, la pesadez de mi cuerpo.  Seguí mi rutina y, con más torpeza de la habitual, conseguí servirme el desayuno. ¡Qué tonto me había levantado esa mañana!.  En un intento de desperezarme, recorrí toda la habitación.  Cuanto más caminaba, más pesado se volvía mi cuerpo.  Estaba a punto de desfallecer, cuando conseguí ver mi reflejo en el espejo.  No podía creer lo que estaba viendo y, por segunda vez, en un ensayo por despertarme de aquella pesadilla, me propuse repetir las palabras que… ¡tan bien!... había aprendido.  Intento fallido porque, bien es sabido que las tortugas no son loros.



PORQUE LO DIGO YO de Roberto.Es



Te repito, no quiero que salgas sola con tu novio; eso lo hacen los golfos.  Si vas al cine, te llevas a tu hermano y nada de sentarse en la parte oscura para hacer manitas, mientras a él lo atiborran a golosinas para que no se chive.  Y si vas a la verbena, voy yo contigo; que ya me encargaré de acechar a tu prometido…, no vaya a arrimarse más de lo debido.  Si es que no puedo dejarlos solos, porque los calentones nublan las cabezas y luego vienen las barrigas y entonces, ya sabes lo que toca.. Acuérdate de lo que le pasó a tu prima, que eran tres en el altar.  Yo a tu padre lo mantuve a raya y llegué a la noche de bodas con toda la cáscara.
Y otra cosa, no te bañes cuando estés con esos días; sobre todo, no te mojes la cabeza, que la regla te sube a la testera y te puedes volver loca.  Ya lo harás cuando se te pase y, entonces, te enjuagas la melena con manzanilla para que brille y coja tonos arrubiancados.  Por cierto, mañana tienes que ir al médico; acuérdate de llevar ropa interior limpia y te pones el vestido de los domingos.
Hoy vamos a comer habichuelas; tienes que quitarles las hebras y, esta tarde, te toca planchar la colada.  Marca bien la raya de los pantalones de tu padre ya que mañana hay que descoser los cuellos de las camisas y darles la vuelta porque están muy desgastados.  Y no me protestes; una mujer decente tiene que saber hacer bien las cosas de su casa para encontrar un buen marido.
Y por si fuera poco, he tenido unas palabras con tu hermano; que ya está en una edad mala, para que no se esté tocando porque se puede quedar ciego.  Se echó a llorar cuando se lo dije y le tuve que reñir porque los hombres no lloran.  Ayer estaba hablando con el párroco y nos interrumpió y volví a llamarle la atención porque los niños se callan cuando los mayores hablan.

Mira, hija, yo lo hago por vuestro bien; lo mejor que puedo, porque estoy sola pa´ todo.  Sólo quiero criarlos como Dios manda.  Ahora…, ya sé yo que tanto tú como tu hermano van a hacer lo que les dé la gana, pero que no se les olvide una cosa: que en esta casa mando yo y me obedecen porque para eso soy su madre; porque lo digo yo y punto.




jueves, 13 de marzo de 2014

¿QUÉ PASARÍA SI…? de Mercedes Álvarez



…una mañana al levantarme viera que soy otra?.  Supongo que, en principio, tiene que ser toda una sorpresa, además del gran susto que me llevaría.
Te levantas, pasas al baño y, al ir a lavarte los dientes, te miras al espejo y no te encuentras. ¡Jo! ¿Qué pasa aquí?.  Lo que se refleja es la figura de un hombre y yo soy una mujer. ¡Por dios! ¡Que alguien arregle esto!  Me acosté siendo una fémina y lo que veo en el espejo es un hombre.  Verifico que solo se me ha transformado la cara, el resto de mi cuerpo sigue siendo femenino.
Mientras tanto, sigo cadáver, angustiada preguntándome ¿Qué hacer? ¿qué es lo que ha pasado?  Me tiro de los pelos de la barba y de la melena que sale de mi cabeza, que no es mía.
De pronto, alguien enciende la luz y empapada en sudor, me despierto.  ¡Qué bien!  Era un sueño...





PASEO INVISIBLE de Maruca Morales





Todos los días al levantarse, lo primero que hace es subir las persianas a ver qué tal está el día para salir a caminar. Pero aquella mañana le dio por pensar en qué pasaría si pudiera pasear siendo invisible, sin importarle llegar tarde porque nadie la esperaría, ir por allí sin rumbo, sin sentir hambre, ni frío.  Incluso, pasaría afuera  la noche, en lugares donde estuviera rodeada de gente sin que nadie la viera.

Luego, lo pensó mejor y cambió aquel pensamiento por un chocolate bien calentito para pasar el frío de aquella mañana.



APRENDIZAJE de Alicia Carmen


Ahora que Eleonor está postrada en su cama, pues es muy mayor, recuerda con nostalgia los consejos y advertencias que le señalaron el camino de su vida. 
A los doce años, una bienintencionada señora de su entorno familiar, le explicó:
-No se te olvide nunca que debes cuidarte de los hombres.  A ellos se les da el codo, pero no todo.
Años más tarde, tuvo que oír esta reprimenda –sin tener en cuenta que era su estreno como mamá.
-Por Dios, aprende a dar de mamar a tu hijo y a sostenerlo derecho.
Su maestra había hecho mucho énfasis en que la vida era una carrera de obstáculos y que si te tiran limones, debes hacer limonadas. Y una vecina también intervino –se creía muy sabia –y quiso transmitirle el secreto de su éxito en la vida.
-Trabaja como si no necesitaras dinero, ama como si nunca te hubieran herido y baila como si nadie te estuviera viendo.
Si bien es cierto que evocarlo le causa risa, no puede dejar de escapar unas lágrimas al recordar cuando un buen día, su amiguita Leyla se presentó en su casa con cara de circunstancias y le susurró:

-¿Sabes lo que leí en un libro de mi papá?  No te tomes la vida demasiado en serio, de todas maneras no saldrás viva de ella.  ¿Qué feo, verdad?




¡MI QUERIDITA! De Esther Morales



¡Ay, mi queridita!, con el deseo de verte que yo  tenía… y, al mirarte veo lo feíta que eres.  Pareces una piedrita con sus huequitos de boca, de nariz y…¡sin ojos!.  Cuando seas una mujer, no conseguirás a nadie que te mire y… yo no quisiera morirme sin dejarte amparada.  La verdad es que no tienes nada por lo que darle las gracias a dios.
-¡Mamá, mamá! ¡Me están mirando!
-No miren a la niña, que está comiendo y si llora no come
-¡Mamá, mamá! Míralas, me están viendo
-No la miren
Y la niña llora y llora y llora… ¡Buaa, buaa!
-¡Ja, ja, ja!  Mira que ojitos tiene y cómo llora
-Mi queridita, ven aquí, no llores.




TITIRITEROS de Juani Hernández




Con cariño y respeto, se abre el telón.  La voz del director exclama con energía:
¡Comienza la función!
Los actores se embullen en sus personajes, desarrollando la trama que el director urdió para ellos.  Diálogos atrevidos, actitudes humorísticas, eternos amores y desamores, sentimientos encontrados, traiciones e ingratitudes, carreras, gritos, desfallecimientos…, todo cabe en el escenario para despertar emociones, sin olvidar los tempos, los silencios, donde cada uno construye su particular obra, buscando finales más generosos que los de su propia vida, sin censuras, sin prejuicios, en libertad…
El director…
Él auténtico e incondicional protagonista, autor y guionista de la obra, viviendo intensamente cada gesto, cada mueca, observando con los sentidos alerta, como animal al acecho de su presa, traspasando con su mirada el alma de los personajes.  Ellos saben que a él no se le escapará nada, por más escondido que sea el lugar de su alma en el que lo hayan guardado.
Acaba la función…
Alegría, gratitud, aplausos.  Director, actores y público fundidos en una magia inenarrable y…adictiva.
La hora de los sueños pasa y llega el despertar.  Se recoge la tramoya –en realidad son cuatro sillas desvencijadas –. El alambre de equilibrista tendido de un extremo a otro de la plaza, el improvisado telón hecho con dos mantas raídas que más tarde arroparán en el frío de la noche.  Una cabra famélica que hizo su número para asombro del público, una descolorida mesa roja en la que un contorsionista mediocre hizo su espectáculo.  Un triste payaso y su perro de raza indeterminada que pusieron las notas de humor.
Vuelta al comienzo…
Siguiente pueblo, otro barrio, otro público.  Ilusiones de obras literarias de grandes dramaturgos, dramas inspirados en cotidianidades trascendidas.  Por unas horas, artistas, director y público se sentirán importantes, como si de un teatro de renombre se tratara y de un público entendido que los supiera valorar.
Esa es la ventaja del soñador, del loco artista; que elige un modo de vida donde cada día, aunque repita la misma obra, se reinventa y se estrena… sin ataduras.
Gracias a todos ellos que llenan nuestra vida de sueños…




¿QUÉ PASARÍA SI…? de Maruca Zamora



…un día me despertara y me encontrara en un gran hospital, preguntándome qué hago yo aquí con esta bata blanca y en medio de tanta gente?  No me lo explicaría, pero aquí estoy y, de pronto, oigo algo así como..
-Doctora Zamora, a quirófano.
¡Esa soy yo!.  Soy médico; ese siempre fue mi sueño.  Después de tantos esfuerzos lo he conseguido. 
Me dirijo al quirófano y allí están mis compañeros, médicos como yo.  Observo la admiración y el respeto con los que me miran. ¡Por lo visto soy un gran cirujano!.
Luego de terminar mi trabajo, me dirijo a mi casa y durante el trayecto pienso que aunque me gusta mi profesión, está llena de problemas y es muy estresante.  Doy clases en la universidad, también y mis alumnos cada vez me exigen más.  Por eso tengo conflictos familiares porque no les puedo dedicarle tiempo a los niños, como yo quisiera.

Con esas preocupaciones llego a mi casa, cansada del ajetreo de un día muy duro.  Aquí está rodeada de las flores que tanto me gustan.  Mis hijos salen a recibirme al oír el ruido de la puerta, mientras yo pienso en lo bonito que sería poder ser una simple ama de casa, aunque ser médico haya sido mi gran sueño.



ADIVINANZA de Ana R. Benítez






Llegué a España hace algunos años.  Soy el mayor de mis hermanos y también el más deseado.  He pasado por las manos de muchas personas: buenas y malas.  He recorrido infinidad de países y he sido refugio para algunos que no actuaban honestamente, sumergidos en asuntos de muy poca transparencia; muy oscuros. Argumentos estos suficientes para que el alto poder mande eliminarme.
Soy, sin embargo, muy querido por la gente, sobre todo por la humilde, que es la más que me ha cuidado y valorado.  Su pesar es inmenso cuando me tienen que abandonar.  Los hay que desconocen mi aspecto; saben que existo, pero nunca me han visto y ese hecho les ha llevado a ponerme a la altura de los mitos del monstruo del lago Ness o del Yeti.
En cualquier puerta que toque, seré bienvenido. Me llamo 500, sí, ese; el desaparecido.




EMPEZAR DE NUEVO de Roberto.Es

Obra de Dalí



Era el primer verano sin ti, en nuestra amada Costa Brava.  El estío había sido largo y tedioso; solo tu ausencia me hacía compañía.  En la habitación, el calor pesaba como una losa jadeante que me impedía respirar.  El trabajo, después de un largo día frente al ordenador, me había dejado exhausto.  Caía la tarde, cuando decidí bajar a la playa para refrescarme y contemplar el crepúsculo; ese momento en que el sol le hace un guiño a la noche tras su manto azafranado.  Me despojé de mis ropas y, al acercarme a la orilla, el océano alargó sus dedos de espuma para atraer mi cuerpo desnudo hacia su vientre marino, apoderándose de mí como un amante cautivo.  Al emerger, aturdido y confuso, observé como la oscuridad ya había deslizado su estrellado velo.  Tenía una sensación extraña; intuía que algo era diferente.  Desde la costa, iluminada por antorchas, provenía una música de ritmo pegadizo pero antiguo, como de otra época, que me resultaba inquietamente familiar.  A través de la luz que desprendían las pavesas, se adivinaban siluetas que contorneaban sus cuerpos con apasionada y trepidante vehemencia, al compás de aquella animada melodía.
La noche estalla con  una fiesta de fuegos artificiales, encendiendo con llamativos colores la bóveda celeste.  Ahora, al acercarme a la bahía, las figuras antes difusas, se perfilan en formas cada vez más concretas: ojos centelleantes, narices esculpidas sobre bocas que se besan; que ríen, cuerpos que se abrazan y se felicitan.  Me sorprende que vistan atuendos y peinados propios de otros tiempos. 
Mi braceo es cada vez más débil; me abandonan las fuerzas y, agotado, encallo en la dura arena, exhausto por el esfuerzo.  Aún turbado, creo adivinar como una borrosa figura se acerca y me contempla…
-¿Dónde estoy? –pregunto.
Apenas logro articular una frase.
-Por favor, necesito un móvil…
Pero me desvanezco.
Cuando abro los ojos, me tropiezo con una mirada que me sonríe y me susurra un amor añorado; una cálida voz rasga el silencio…
-Por fin has vuelto de tu delirio. ¡Feliz Año Nuevo! ¡Feliz 1820!
Mis pensamientos cabalgan ahora desbocados: imágenes de otras caras, de otros cuerpos, se muestran en mi acelerado corazón.  Perplejo, tras unos segundos intensos,

te devuelvo la sonrisa y nuestros labios se funden, se reconocen, recuperando los besos perdidos, los besos olvidados.
-Estoy en casa, y esta vez para quedarme para siempre, para empezar de nuevo…