viernes, 28 de febrero de 2014

RELATOS FINALISTAS DEL CONCURSO NARRATIVA HERTE 2013


Estos son los relatos finalistas del
(su orden es aleatorio)
CONCURSO DE NARRATIVA    HERTE 2013.

Los nombres de los cuentos ganadores 
y de sus correspondientes autores,
serán desvelados el mismo día de la Entrega de Premios

26 de abril 2014

Salón de Actos 
del Centro Multifuncional El Tranvía
La Cuesta - La Laguna
19:00 horas

EL ESCRITOR



SUSURROS






SÓLO UN INSTANTE







ENCRUCIJADA

lunes, 24 de febrero de 2014

EL EQUÍVOCO de Alicia Carmen



Violeta era una niña precoz, por eso el mejor regalo que se le podía hacer era un libro y si era de relatos, mejor. Como todos los años, sacó las mejores notas y ese fue el presente que le hicieron sus padres.  Además, como era verano, toda la familia se dispuso a pasar una temporada en una pequeña ciudad costera.
-Disfruta del hermoso paisaje –le dijo su madre, cuando todos estaban instalados en el tren, pero ella, curiosa por naturaleza, quiso empezar de una vez a leer su libro de relatos.
Al poco rato, levantó la vista y vio como entraba al tren un hombre con gabardina y sombrero negros y se extrañó de que, con ese calor, este personaje se vistiese de esa manera, pero lo que le erizó la piel fue darse cuenta de que así empezaba su libro de relatos, con esa misma descripción.
A continuación, el hombre de apariencia patibularia, se sentó y se dispuso a leer el periódico y a mirar por encima de sus padres, que charlaban animadamente.
Violeta quiso concentrarse en la lectura y allí también decía que este hombre leía el periódico.
De repente, su hermano Pablito que había visto muchas películas de misterio, se abalanzó sobre este hombre, lo agarró por las muñecas y le dijo a Violeta:
-¡Regístralo!

Ésta, ni corta ni perezosa, metió sus manos en la gabardina, esperando encontrar una pistola, pero lo que encontró fue un bocadillo de chorizo y otro de tortilla



HORIZONTES de Carmiña Gohe



Esa tarde, miraba desde la ventana y, frente a mí, la inmensa extensión del mar, a la izquierda terminaba la cordillera verde, donde asomaban unas casitas que daban un colorido agradable a la vista.  Estaba esperando que el sol se ocultara en el horizonte; un maravilloso espectáculo, distinto cada día, con unos coloridos amarillentos o rojizos, dignos de la paleta de un pintor.  La gran bola de fuego fue cayendo, poco a poco, hasta que se ocultó, dejando un resplandor que se iba extinguiendo a medida que llegaba la noche.  Esto ocurría y seguirá ocurriendo todos los días, ¿no es maravilloso?
Llegada la noche, en medio de la oscuridad del mar, se podían ver pequeñas luces parpadeando sobre las aguas.  No era ningún misterio, eran los pescadores de un puerto cercano que venían con sus lanchas a pescar en alta mar, para al día siguiente, la Manuela y la Negra pasearan por las calles del pueblo con sus cestas sobre la cabeza, pregonando y vendiendo su mercancía: ¡pescado fresquito, señora!
Cuando había luna llena y su luz se reflejaba sobre el horizonte, formando un hermoso camino, mis hermanos y yo nos quedábamos en silencio, mirando tanta belleza.  La naturaleza siempre nos ofrece estos regalos que dan motivos para meditar.

Cuando de las nubes caían grandes tormentas con truenos y relámpagos, también me gustaba, pues a esa edad no sentía miedo alguno.  Una noche, vi como caía un rayo, allá a lo lejos, sobre una hermosa palmera.  Espectacular sí, pero no me gustó tanto.  Al día siguiente, el amanecer se presentaba tranquilo y fresco.  Yo me levantaba de la cama, me vestía y, abrigada, cogía los libros y, como hacía a diario, me iba al colegio muy contenta.



domingo, 23 de febrero de 2014

FIESTA. De Alicia Carmen

Todos los locales estaban apalabrados para ese día especial. La ciudad entera estaba de celebración. El hermoso hotel estaba preparando los jardines para lo que llamaron la fiesta del Siglo. Empezaron a colocar finísimos manteles en las mesas, candelabros, flores, cubiertos exquisitos, una maravillosa decoración.
Pero quiso la mala suerte que el viento se hiciera presente con una tremenda inclemencia: los pobres manteles empezaron a volar, las flores, copas y demás, todo un desastre.
-¡Que horror! –gritó  el encargado de organizarlo todo y,  en ese preciso momento, llegó un lujoso coche en el que venía el dueño del hotel y, de mal modo, empezó a increpar a los empleados
-¡Arreglen esto rápido!. Nada puede salir mal, son personas muy importantes las que van a venir, no necesito decirles que si no se esmeran, se juegan el puesto.
Terminando de decir esto,  comenzó a llover con tremenda furia, el pobre hombre quería arrancarse los pelos.

-¡Dios, esto no me puede pasar a mí, esto es mi ruina!. ¿Alguien sabe dónde hay un local desocupado y techado por favor? –imploró.
Una vocecita nerviosa salió de entre la marabunta.
- Yo tengo un sótano cerca de aquí y puedo alquilarlo, es algo cochambroso pero si lo barremos un poco servirá.

Y dicho y hecho, embalaron los utensilios y allá se fueron.

Al día siguiente todos los periódicos reseñaron que, si bien esa fiesta no había resultado la tan cacareada “Fiesta del Siglo”, por lo menos resultó la más original.
En las fotos se veían a las señoras con sus bellísimos trajes largos y los zapatos de tacón en las manos para no caerse por las empinadas escaleras y los caballeros, algo traspuestos con los efectos del alcohol, con cara de susto y tambaleándose.
Y como siempre, a unos cuantos los agarró la claridad del día y no había forma de echarlos. Pero, ya se sabe lo que  ocurre en cualquier fiesta, todas terminan como la  de Blas; con unas cuantas copas de más.

¿QUIÉN DIJO FRÍO? De Maruca Morales.




Es muy bonito salir al campo en invierno, porque  vas a ver todo verde mezclado con el color de las  amapolas, los enebradillos,  las margaritas.  Caminas  sin pensar que la nieve te está congelando los pies y, en medio de la emoción de ver tantas flores, agradeces haber vuelto a casa para cambiarte las botas, porque así el frío se mantiene a raya.

Otro método es sorprenderse al escuchar viejas canciones de la juventud, como aquella que dice en modo de despedida,  …adiós con el corazón que con el alma no puedo.  Cantando y bailando a su son, fue otra manera de alejar el frío. ¿Frío? ¿Quién dijo frío?


NUEVOS HORIZONTES De Roberto Es.


Acababa de cumplir los dieciocho y nuevos horizontes se perfilaban ante él, estimulando su imaginación y llevándolo a recrear, en su prolífica mente, excitantes aventuras aún desconocidas, pero no por eso menos inquietantes. Legalmente entraba a formar parte de eso que llamamos ser adulto pues, con la mayoría de edad, era dueño y señor de su vida, pero también responsable absoluto de sus actos y de las consecuencias que de ellos se derivan.
Luis estaba pletórico, deslumbrado, seguro de sí mismo, pero al tiempo sentía vértigo ante este nuevo presente que le abría una puerta hacia lo desconocido.
Dejaba atrás esa adolescencia atrabancada, tediosa, donde parecía que el universo jugaba en su contra. Incomprendido, su entorno más inmediato lo dejó por imposible. Infravalorado, se sentía un bicho raro.
Se creía mayor –o eso pensaba él- ; ya no le interesaban las mismas cosas que antes le atraían profundamente.
Había llegado su puesta de largo en la vida y comenzaba un nuevo camino donde todos los sueños están por realizar.
Anhelaba conocer mundo, saltar del nido para iniciar su primer vuelo: y así lo hizo. De pronto, sin saber cómo, se vio en la terminal de un aeropuerto esperando un avión que lo llevaría a Australia desconociendo qué motivos lo impulsaba a hacerlo, pues estas lejanas tierras siempre le habían atraído de una forma especial. Se despidió de su familia y de sus mejores amigos, prometiendo que al cabo de un tiempo volverían a encontrarse.
Aquel antiguo continente lo acogió con los brazos abiertos, como un viejo árbol que absorbiera savia nueva. Se sintió reconocido, como si una fuerza ancestral lo conectara a través de los tiempos y lo agarrase con fuerza para no permitir que volviera a marcharse.
Pronto se familiarizó con las costumbres y formas de vida de las antípodas. Allí le sorprendió la madurez; encontró su álter ego y su corazón echó raíces.
En la trastienda de sus recuerdos quedó ese chico que partió un día de su país, de su casa, para iniciar el camino hacia un futuro incierto. Aquello le resultaba extrañamente ajeno, pues no se identificaba con aquel pasado que ya no le pertenecía; él ya era otro. Había recorrido un largo trecho para ver realizados sus sueños, para encontrarse consigo mismo, para ser feliz.




SIN MIRAR ATRÁS De Maruca Zamora



Algún día se decidiría ir a Perú, el país que siempre me había hecho ilusión conocer por sus paisajes, su cultura, sus ruinas famosas y antiguas, como la fortaleza de Paramonga, las ruinas de Chan Chan, y otras de la cultura Chavin de hasta 100 años antes de Cristo.  Luego pasaron otras a lo largo de los años hasta la cultura Inca. Ahora se conocen las famosas pirámides de Masca que han perdurado a través del tiempo, sin saber si eran un antiguo aeropuerto de otras civilizaciones, o las ruinas de Machu Pichu en esa meseta perdida entre las montañas, o el lago Titicaca, el más alto del mundo.  Admiraría su artesanía de alegres colores, el arte de la imaginería, muy arraigada en ese país, la orfebrería que viene de culturas antiguas algunas en oro y plata, que ya había podido apreciar yo, al ver  un reportaje en la televisión, las maravillas que hacían  y hacen.  También hay una imagen de la virgen que es muy curiosa ya que tiene alas como los ángeles; está en lo alto de una colina como en señal de protección de esa ciudad.  Necesitaría un mes, o dos, o más, para administrar tanta belleza desconocida por muchos de nosotros.

Eso pensaba Rosa, asomada a la ventana de su casa:  quizás algún día sea posible ese sueño y cuando llegue, ella sabe que irá hacia él, sin mirar atrás.


¿DÓNDE? De Ana Rosa Benítez



Ya eran ancianos. Y como ocurría desde hacía cuarenta años en la vida de Olivia, seguía habiendo tempestad: vientos que azotaban, lluvia que brotaba de sus ojos, nubes que anulaban su mente, huracanes que empujaban la puerta al salir de casa. Olivia ya no albergaba la esperanza de que algún día amaneciera soleado.
Sólo le quedaba huir, pero ¿dónde?. ¿Habría algún lugar donde el temporal no la alcanzara?

Y su marido seguía diciéndole que lo hacía por amor…


ROSAS Y ESPINAS De Lilia Martín Abreu



Yo caminaba embelesada, seducida por la magia y el encanto que me causaban aquellos hermosos paisajes, era una fiesta para mis sentidos, mis pies descalzos disfrutaban del roce de aquella tibia arena dorada, el mar me invitaba a escuchar su banda sonora, con los ritmos acompasados de las olas, mientras me extasiaba con  su aroma, me encontraba completamente abstraída y envuelta en esa atmósfera de calma y hechizo cuando lo vi…¡no sé de donde salió! Pero allí estaba él, era la perfección hecha carne con un ramo de rosas blancas en una mano y una cámara polaroid en la otra. Me entregó las rosas  diciendo:
-Hola, soy Mario, llevo rato observándola y no he podido resistir la tentación de inmortalizar tanta belleza, ¿sería tan amable y me concede el honor de sacarle una foto?
Yo lo miré directo  a los ojos, unos ojos azules y profundos como el mar, y eso fue mi perdición, porque no me pude negar.

Él colocó el trípode para apoyar la cámara, buscó el ángulo adecuado, enfocó la lente, apretó el temporizador y, acto seguido, corrió a mi lado apoyando su mano en mi cintura. Mi cuerpo entero se estremeció al sentir su proximidad. Yo apreté las rosas contra mi pecho y sus espinas se clavaron en mis manos, a pesar de lo cual,  desee con todas mis fuerzas que ese instante fuera eterno. Se disparó el flash y mi deseo se cumplió. Como por arte de magia, me transporté al papel y no sabía cómo salir de allí, todo era tan extraño y tan real a la vez, allí estaba yo atrapada por la cintura contra él, pero también estaba fuera, mirando la foto con nostalgia mientras la colocaba en un portarretratos, y desde allí, con mi eterna juventud paralizada en el tiempo, fui viendo como envejecía afuera.

VOLVER De Maruca Morales




Una noche, mientras cenábamos, mi madre nos dijo que teníamos que ir al Golfo a traer un cesto de uvas , y de paso, pasar por la huerta a ver si había duraznos y tomates. Nos advirtió que teníamos que madrugar para poder volver en el mismo día. A mí, como la mayor, me tocó ir con mi hermano. Nos levantamos temprano y empezamos nuestro camino hacia el Golfo. En Jinama, yo le pedí a la Virgen que me acompañara, que cuando volviera por la tarde yo le daba algo. Bajamos el risco casi corriendo, aunque la burra nos caminaba poco. Cuando llegamos a la plaza, entramos a tomar agua en la pensión que estaba allí porque sabíamos que allí siempre había un balde. Nos refrescamos y proseguimos la marcha para llegar a Los Llanillos. Ese trayecto se me hacía largo. Al fin llegamos y nos fuimos a llenar el cesto de uvas, y de paso pasar por el huerto a buscar duraznos y tomates, tal como nos habían ordenado.
Llegamos a la casa de El Golfo, después del trabajo y amasamos gofio  que comimos con uvas y queso, y sin descansar mucho, salimos de vuelta para San Andrés antes de que se nos hiciera de noche. Subimos los Corchos y las Vueltas del Pino apurados. Mi hermano me decía que estaba cansado y yo lo iba engañando, le decía, mira ya vamos a llegar a la Cueva Las Pipas y allí descansamos. Al final llegamos al Miradero, desde donde se ve todo el Golfo. Luego, pasamos por el Mocán de la Sombra, y allí, en el tronco de un árbol está la imagen de una virgencita de la Concepción y allí vimos a los pájaros carpinteros que solían hacer sus nidos en el lugar, todos los años. Allí nos sentamos y comimos algo del  gofio y las uvas que nos había sobrado. Después de descansar un poco, volvimos a subir, pasando cerca de una fuente y cuando nos acercamos  a las vueltas de Jinama, nos dimos prisa en  pasar por la Cuesta el Viento porque  allí había un precipicio. ¡Llegamos a Jinama! Allí, yo le di gracias a la Virgen de la Caridad, y como le había ofrecido, le di un racimito de uvas que había guardado y  mi hermano sacó del bolsillo una moneda de cinco céntimos y se la dejó.
Salimos de Jinama antes de que nos oscureciera, y al llegar  a la Cruz del Vino y ver  el pueblo, ya me parecía estar en casa, aunque todavía nos faltaba pasar por la montaña Fosa por el arco y por la montaña San Andrés. Ya se había puesto el Sol, cuando al fin llegamos a casa.


Todos estos recuerdos que durante mucho tiempo me ofrecieron sentimientos encontrados, no se olvidarán nunca por mucho tiempo que pase pero, ahora, lo rememoro con alegría.




RELATOS ENLAZADOS de Ana Rosa Benítez

SUBIR LA CUESTA                                
Nada más verla, Ana creyó que no podría subirla…Con el atuendo de pobreza; y con la mochila llena de vivencias y sensaciones. Cosas que pesan como las amargas experiencias y sueños no alcanzados. Tenía que aceptarlas y cargar con ellas. Pero necesitaba  liberar tantos sinsabores porque apenas podía respirar.
Estaba cansada de avanzar y nunca llegar. Pero esta vez estaba decidida a alcanzar su destino. No había marcha atrás.
Y llegó al puente, que parecía que la estaba esperando…



EN LA OTRA ORILLA
                           

Te tengo delante de mí. No sé exactamente a qué época pertenecemos, pero eso no importa. Me sirve cualquier puente para lo que pretendo hacer.

Cerré los ojos, respiré profundamente, dispuesta a saltar, pero una intensa luz  hizo que los abriera. Miré tu otra orilla y olí a futuro. Decidí cruzarte.










CUANDO UN AMIGO SE VA De Mercedes Álvarez





Soy de las que piensan que a veces un amigo se va, no sólo porque la muerte se lo lleve y nunca más puedas verlo y sientas que además se ha llevado con él o ella un trocito de ti, de tu vida; sino que, en ocasiones, también se van algunos que  durante un tiempo, incluso años, creíste tus amigos. Algunos que al estar a tu lado, se  convirtieron en tu confidente y de los que pensaste que podían estar contigo en las buenas y en las malas. Y claro, tú les das tu máxima confianza y afecto. De pronto, sientes que se van marchando.  Lo notas  al ver  las cosas que te dicen.  Ese es el momento de detenerte: ¡no sigas por ahí!, ¡párate y date cuenta de lo que realmente pasa!, esa persona no es lo que tú has creído hasta este momento.
¡Que pena! Con lo bonito que es una amistad sincera…., por eso,  quienes gozamos de la suerte y el privilegio de tener esas buenas amistades,  estamos obligados a cuidarlas y no dejarse llevar por lo ilusorio y fugaz que en un momento dado pueda llegar  a nuestras vidas.

Lo digo porque la decepción, frustración y pena de haber sufrido un desengaño con una persona que creíste amiga, es muy grande y dolorosa, a veces equiparable a la ausencia definitiva que trae la muerte.


VOLVER De Maruca Zamora






Se encontraba mirando aquel paisaje que tantas veces pasó por su mente. Había pasado 70 años, pero a Nicolás le parecía que había sido ayer cuando se había ido.  Nada más bajarse del coche, se sentó en la pared del camino y recordó tantas cosas: sus juegos de niño, las travesuras de su juventud con sus amigos, algunos ya no estaban, tampoco sus padres, ni hermanos, pero pensaba como sería encontrarse con la única hermana que le quedaba, de los ocho hermanos que fueron. Sus ojos, cansados por los años y el sufrimiento, se llenaron de lágrimas de alegría por volver a estar allí, contemplando ese paisaje con el que había soñado. Se preguntaba cómo sería el momento de abrazar a su hermana de noventa y dos años y la alegría lo invadía por poder alcanzar su sueño.  Pensó en quedarse en aquel lugar hasta el final de su vida  y así se lo dijo a su hijo Juan, que observaba emocionado a su padre. Él lo había acompañado a regresar a sus raíces, como tantas veces le había pedido.
-Hijo,  ya tienes tu familia y no me necesitas ya, tienes tu propia vida. Aquí está lo que queda de la mía, de mi casa, de mi vida anterior y aquí me quiero quedar.
Su hijo pensó que sería inútil tratar de hacerle cambiar de idea porque esa  venía de tiempo atrás; su padre se lo había comentado muchas veces y, aunque al principio pensaba que no lo haría, él estaba dispuesto a aceptarlo, si su padre era feliz, concedería gustosamente ese deseo a su padre, se lo debía por los sufrimientos que le había hecho pasar en la vida.
El encuentro con su hermana fue grandioso:  ella con noventa y dos,  él con noventa y siete,  se unieron en un abrazo interminable. No podían ni hablar, de la emoción. Solamente se abrazaban y lloraban.

Juan comprendió que su padre era inmensamente feliz y allí le dejaría, tal como él le había pedido tantas veces.   Pasadas unas semanas, Juan se despidió de su progenitor, marchando rumbo a su vida, lejos, en otro país.


viernes, 21 de febrero de 2014

VOLVER De Roberto. Es.





Hace frío; me levanto para atizar el fuego de la chimenea que calienta mis doloridos y cansados huesos. Afuera, el cielo plomizo atrapa la ciudad bajo su manto helado.
Me siento sola en esta soledad inmensa, yerma. El silencio recorre las estancias de la casa como un líquido pesado que se cuela por debajo de las puertas. Sólo escucho el lastimero latir de mi corazón en mi pecho ajado.
Hoy he decidido escribir una carta sin destino conocido, que nunca leerás porque no sé dónde te encuentras; para decirte que sigo aquí, donde me dejaste, donde nos prometimos amor eterno; y aquí estoy,  cumpliendo esa promesa de juventud que, con un ardiente beso, sellamos.
Un día te fuiste sin decir nada, amparado por la oscuridad de la noche, entre grises colmenas de hormigón, únicas cómplices de tu huida.
Desapareciste sin dejar rastro; nadie supo tu destino –a veces pienso que ni siquiera tú lo sabías- ni qué poderosa razón causara tu marcha. Nadie preguntó por ti, solo yo te he echado en falta. La vida se paró en el momento en que dejé de escuchar mi nombre en tus labios.
Y espero…, contemplando cómo la noche juega a esconderse hasta que el amanecer la sorprende, un día tras otro.
Y espero…, mientras mis sienes encanecidas me susurran el paso del tiempo.
Y espero…, aunque mis ojos tristes ya no miren porque sólo desean ver lo añorado.
Poseo, en la retina, imágenes de nuestros cuerpos fuertemente entrelazados; como si presintieran lo que estaba por venir. A veces trato de visualizar tu ausencia, imaginar cómo será tu vida, si me has echado de menos o simplemente formo parte del cajón de sastre de tus recuerdos. Para vivir no es suficiente estar vivo; soporto una existencia estéril sustentada por recuerdos posiblemente idealizados, esperando una llamada, una carta que nunca llega. Me obsesiona la incertidumbre de tu ausencia y me asusta pensar que fui yo el motivo de tu destierro.


No te juzgo, sólo tú sabrás por qué decidiste hacer de mi un ser inerte, insensible, que sólo sabe esperar, esperar a que me estreches en tus brazos, a sentir tu aliento en mi corazón olvidado.
Tan sólo quiero que vuelvas..., que desees volver.




SENTIMIENTOS ENCONTRADOS De Juani Hernández




(Texto tomado de un fragmento del libro de Los Ángeles.)

Piensa, sabe, observa y siente.
¿Puedes imaginarte enamorada de todos y de todo?. No podrías soportarlo, sería demasiado. Pero a medida que crezcas, eso es lo que sucederá. Te harás más y más consciente del “mar de amor” en que vives y que todos compartimos literalmente, encuentras mil cosas que bloquearán tu conciencia pero sin embargo… ¡VIVES en él!
Del mismo modo que demasiada luz es capaz de cegar, así sucede  con el amor hasta que te acostumbras a él. A medida que toques más profundamente en la vida, experimentarás ese amor.
Ahora, ¿puedes imaginar que podrías vivir con esa relación que todo lo abarca?.

Deja que tu imaginación te ayude a llegar a la realidad…




CUANDO UN AMIGO SE VA De Alicia Carmen



El sol brillaba y calentaba tibiamente mi piel. Me sentía pletórica, iba subiendo la cuesta hacia mi casa pensando en mi familia y en la felicidad que me producía ver  a mis hijos crecer.
De repente, un frenazo me hizo girar rápidamente para ver quien era y me encontré con una cara simpática, una sonrisa amable, unos ojos vivos y dulces a la vez. ¿Quiere que la lleve? Me preguntó. No gracias, ya estoy llegando, esa es mi casa, dije, pues yo vivo enfrente, contestó y, de esta forma, conocí a mi vecina.
Durante 30 años compartimos muchos momentos agradables que fueron los más y también los hubo tristes, pero en todos ellos nos apoyamos.
Una Navidad nos atrevimos a preparar hallacas y pan de jamón, con no muy buena mano, según las críticas, pero de igual manera lo disfrutamos.
Yo recibí flores muy bellas de su jardín y ella algunos mangos del mío. Inolvidables recuerdos, pero lamentablemente “Nada es para siempre”. Un día, me anunció que pronto regresaría a su país de origen, yo ya me lo esperaba y pensé que tenía sus razones aunque esto sería muy triste para mí. Ya no tendría con quien quejarme de mis dolencias, ni a quién preguntarle sobre por qué mis flores no crecían tan hermosas como las suyas y además ya no oiría su voz en el teléfono pidiendo el número del técnico de la televisión o el plomero o lo decepcionada que estaba con su coche que no arrancaba.
Y llegó el triste día de la despedida. Sus ojos siempre alegres estaban arrasados de lágrimas y también los míos y no nos queríamos mirar de esa manera. Era mejor recordarnos como en los  viejos tiempos, con risas, con bromas, festejando la vida.

El día que empezaron los trabajos de remodelación de su casa, más que nunca, me di cuenta de que ya todo sería diferente. Ya no estaría la puerta a la que tantas veces llamé, ni el jardín que tanto admiré. Ya la casa de enfrente, en lugar de alegría,  me producía un tremendo vacío, al verla.

 Por eso, tristemente, le doy la razón a Facundo Cabral que decía en uno de sus versos:
Cuando un amigo se va
Galopando su destino
Empieza el alma a vibrar
Porque se llena de frío.


miércoles, 19 de febrero de 2014

SOLO de Carmen Garcés







Un hermoso paisaje lo recibió a su llegada. La quietud que irradiaba el ambiente, lo transportó a épocas remotas que, guardadas en el fondo de su memoria, hacían que volviera a latir su corazón, hoy abatido por los años de duras batallas libradas en la vida.
Sólo   el   canto de los pájaros,  el  mecer  de   las  ramas   de   los   árboles            - balanceadas por la  suave brisa-  y  el fluir de   las cristalinas aguas   del arroyo que, cantarín bajaba a sus pies, rompía el silencio que le rodeaba.
Allí, solo, en aquel paraje, podía permitirse que  brotaran sus verdaderos sentimientos, ésos cuidadosamente guardados, velados a quienes con él compartían su vida; ésos que hacían llorar su alma por tantas cosas perdidas en el camino recorrido y, que sabía jamás recuperaría; sentimientos que, únicamente en ese lugar apartado, encontraban el alivio que tanto anhelaba.
Y así, tumbado sobre la húmeda y tibia hierba, mirando el limpio y azul cielo que le arropaba, dejó que su espíritu se inundara de paz.




DESPEDIDA EN EL PUENTE De Maruca Zamora




Cuantas veces ha venido a mi mente aquella imagen, el puente, el río, los campos llenos de flores silvestres, los grandes árboles; me parecía precioso, esa fue la primera y  la última vez que había estado allí y de eso hacía ya muchos años, ese día me despedí de Lorenzo, mi novio. Era un chico del pueblo y nos prometimos amor eterno y volvernos a encontrar allí algún día, ya que él se iba a otro país. Pasaron los años, yo también me fui a la ciudad con mis padres. Nos escribíamos siempre, recordando la promesa, pero el tiempo va borrando todo y los años fueron pasando, yo me casé, tuve una hija, fui feliz a mi manera, pero siempre conservé aquel recuerdo de mi adolescencia muy guardado en mi corazón. Algunas veces pensaba ¿qué será de Lorenzo, estará vivo, se habrá casado, tendrá hijos?.

Un día, mi hija me propone irnos de vacaciones al pueblo que yo tanto nombraba y al que no había vuelto desde joven; me gustó la idea, y nos pusimos en marcha. Llegamos a él y todo había cambiado: más grande, más gente, pero a mí me seguía pareciendo precioso. Recordé aquel paisaje del puente, y cuando pude me dirigí hacia allí. Era el mismo. Los campos llenos de flores, los árboles, el puente que cruzaba el río, aunque ahora estaba casi seco. Me senté en el suelo a contemplarlo y recordar otros tiempos, cuando oí una voz inconfundible para mí, giré la cabeza y vi a Lorenzo, pero ya un hombre canoso, mayor, con aspecto cansado de la vida y el paso de los años. El corazón me dio un vuelco y corrí hacia él, nos fundimos en un abrazo y las lágrimas nos rodaban por el rostro, de emoción.   Nos habíamos prometido en nuestra juventud y, aunque había muchos años por medio, nos contamos nuestras vidas pasadas y quedamos en volver a encontrarnos allí en aquel paisaje que nunca habíamos olvidado.




DESDE LA LIBERTAD De Roberto Es.




Éramos jóvenes, bebíamos la vida a grandes sorbos para calmar nuestra insaciable sed vital, siempre al límite, en la frontera de lo permitido, con la irreverente insolencia de la juventud.
Deseábamos ser libres y tomar nuestras propias decisiones sin que nadie tutelara nuestra existencia.
Pensábamos en el futuro como quien piensa en comprarse un coche nuevo: el más bonito, el que más corra; impacientes por llegar antes a una meta incierta, ajenos todavía a la implacable fugacidad de nuestra existencia.
Hoy, instalados en la madurez, oteamos cuán largo y tortuoso es el camino que decidimos recorrer: que unas veces es vereda y otras, avenida; andamos valles dichosos y tediosas montañas escalamos; cuestas empinadas en las que vamos dejando un poco de nosotros, de nuestro aliento, de nuestra piel enamorada. Dejamos atrás amigos, amores; antiguas pasiones que un día hicieron vibrar los cimientos del alma. Ausencias que flotan en el aire como fantasmas que recorren los pasillos de nuestra memoria. Recuerdos que nos trasportan con nostalgia a tiempos pretéritos en los que degustamos un trozo de felicidad; pequeños instantes de luz en nuestros corazones, en los que fuimos otro; y hoy, desde nuestro apoltronado presente, nos preguntamos qué hubiera pasado si…y sonreímos, y quizás durante unos segundos añoremos algo de lo que antaño fuimos.
Pero elegimos desde la libertad; decidiendo y, por tanto, renunciando quizás a otras vidas posibles; y amamos y soñamos, también desde la libertad, sintiendo latir el pulso en nuestras sienes para dejar la huella imborrable de nuestra impronta única e irrepetible.

“Alea iacta est”



EL TIEMPO LO CAMBIA TODO De Esther Morales.







Cuando el día amanece despejado y con sol, el campo se ve muy bonito y luminoso, da alegría y apetece salir a pasear y correr por él. Provoca vestirse con ropa ligera y de colores alegres.

En cambio, cuando amanece lluvioso y oscuro, apetece quedarse en la oscuridad de la casa, arropado por una buena manta y una taza de chocolate caliente.




EL FRUTERO De Maruca Morales



El lunes se levantó muy temprano para ir a trabajar, pero antes tenía que ir a comprar fruta porque el frutero lo tenía vacío y en su casa se come mucha fruta. Encontró una fruta buenísima y al llenarlo, el frutero le quedó muy bonito, lleno de distintos colores…En ese momento, sonó el timbre de la puerta.
-¡Por Dios! ¿quién será a estas horas?, se me va a hacer tarde para ir al trabajo- se dijo.
Era una sorpresa, llegó su hermana con un ramo de rosas rojas, a felicitarla por su cumpleaños.
 -Caramba, ¡lo que me faltaba por comprar!-fue lo primero que atinó a decir
 Eran las rosas que siempre compraba en la floristería que queda cerca de la frutería, pero con la prisa, olvidó.
Fue tanta la alegría que se le olvidó que tenía que ir al trabajo…

Ese día tenía la casa como a ella le gustaba; su frutero lleno de fruta y un bonito ramo de rosas de las que siempre  tiene en su casa.



ALEGANDO De Lilia Martín Abreu




Josefa y Domitila alegaban un rato, mientras se tomaban un buchito de café.

D:        ¿Cómo ves tú este año que empieza? Josefa.
J:       ¡Ay Domitila! Si te digo la verdad, lo veo negro, pero ¡muy negro!, y también      arrebatadamente romántico mujer…
D:       ¡Aguarde Josefa!, ¿de dónde demonios sacas tú eso?, desembucha más claro pa  poderte entender!
J:        Mira Domitila, nos van a subir tanto la luz, que tendremos que volver a las velas e ir buscando a donde arrimarnos, pa ver si nos calientan las patas, y así poder pasar el invierno.
D:      ¡Alabado sea Dios!, Josefa,  que fogalera tienes.
J:       ¿Fogalera yo? ¡Fogalera la que está prendida allá en la monarquía!, Domitila.
D:      Aymería mujer, y ¿eso cómo por qué?
J:      ¿Por qué va a ser, cristiana? por los problemas, los recortes, y como la ley es igual para todos, ¡a según ellos!...
D:     ¡JESÚS JESÚS JOSEFA! No me digas tú, que ellos también tienen que recurrir a las velas…..
J:      ¡Claro que sí ,Domitila! Para encendérselas a los santos, para ver si ellos hacen un milagro y la hija recuerda alguito, porque está desmemoriada perdía…, esa chica se volvió toleta y no se entera de nada, las malas lenguas dicen que está así desde que se metió en un negocio de lejía, mire usted eso cristiana ¡que necesidad!.
D:     ¿De lejía Josefa?
J:     ¡Sí! Ellos son muy finos y dicen que es un negocio de blanqueo,  ¿Y qué es lo que         se usa toda la vida pa blanquear? Piensa mujer…
D:   ¡La lejía!, pues tienes razón Josefa y los recortes ¿cuáles son?. Si a esa gente lo único que le falta es sarna pa rascarse.
J:     ¿Te parece poco, Domitila, dos yernos en tan poco tiempo?
D:   La verdad, cristiana, que ese hombre si ha tenido mala pata, y encima ¡va y se le           rompe!, esa gente no son sino un puro estalaje, el que no cojea de una pata, lo hace       de la otra, gracias a Dios que tenemos la princesa del pueblo, que es bien echada           pa lante, con decirte Josefa que escribió un libro y es el que más se vende, a según       dice el librero de la esquina. Deberían hacerla representante de la cultura, que todo        el mundo la quiere, no como el chafalmejas ese que tenemos, que donde llega la             gente lo manda a freír chuchangas, ¡y total, la educación estaría igual!.
J:   Esos mismos pensares tengo yo Domitila, y me voy pal chozo que se me hace tarde pa hacer el potaje, gracias por el café mujer.








DIFÍCIL DECISIÓN De Alicia Carmen





Hoy me toca escoger. Así es, me han enseñado cuatro cuadros y debo elegir uno para hacer mi redacción. Y como veo que los cuatro son preciosos, me siento indecisa. ¿Cuál seleccionaré?.
Tomando en cuenta este dilema, pienso que son muchas las veces que nos toca escoger en la vida. Claro, algunas cosas ya vienen dadas, pero las otras, las que debemos enfrentar con un sí o un no –porque no nos toca otro camino-, no resultan fáciles y me pongo a fantasear y a preguntarme:
¿Escogí bien en esta o aquella oportunidad?
Fui justa cuando elegí algo y dejé afuera otra cosa u otra persona?
¿Supe valorar? ¿Puse en la balanza y acerté o quizás me equivoqué?. De cualquier modo las consecuencias llegan tarde o temprano.
La vida fluye como los ríos y nadie puede bañarse dos veces en la misma agua. Ya no hay vuelta atrás.
Pues bien, he llegado a la conclusión de que me gusta el lienzo Nº2, lo titulé La Recolección familiar, pues eso es lo que me parece, un grupo de personas mayores, jóvenes y niños recolectando fruta.
Tienen su cara colorada pues han estado todo el día al sol y se les ve alegres, se notan cansados pero felices.
La faena del día ha sido provechosa, se sienten útiles, contentos de contribuir con su trabajo a la economía familiar y poder hacer partícipes de los frutos de la tierra a los que deseen comprarlos.
Los observo satisfechos, disfrutando de su labor cumplida dando un ejemplo de sencillez, generosidad, trabajo, buen humor y ganas de compartirlo todo.
Solamente concluiré que me gustan estas personas sin conocerlas y que desde el fondo de mi corazón les deseo que la vida no los cambie y puedan cumplir todas sus ilusiones.



jueves, 13 de febrero de 2014

TRAS TRAS De Maruca Zamora.


La niña más linda es mi Paulita, decía Ana su madre, mientras le acariciaba  con mucho amor la cabecita de rubios cabellos. A Paulita le gustaba que su madre la llevara de paseo al parque a ver los animalitos y jugar con ella a su juego preferido. Le tapaba la carita con las manos y decía: ¡tras tras!.  A  la niña le gustaba este juego y trataba de imitar sus gestos, mientras pensaba que mamá tenía magia, ¡desaparece y aparece cuando me quito las manos de la cara!, se decía. Repetía el juego una y otra vez hasta que otra cosa llamaba su atención: los zapatos de tacón de mamá.  Se los puso y taconeaba por toda la casa. Al ver a Lucas, su perro, en el jardín, quiso ir a jugar con él. Salió corriendo y los zapatos volcaron por el aire, sus pies chapoteaban en el agua que había dejado la lluvia esa mañana. Corrían felices y su vestido estampado se confundía con las flores del jardín; al tropezar con ellas con su juego, caían los pétalos al suelo. ¡Este  juego me gusta! le decía a Lucas, abrazándolo.
 Ana, que los observaba, pensó, cuando a mi niña le deje de gustar el tras tras, ya no tendré magia para ella, le gustarán otros juegos, indudablemente mi niña está creciendo y el tiempo será quien diga, tras tras…




SUBIR LA CUESTA De Roberto ES.





Nada más verla. Tomás creyó que no podría subirla… No era una cuesta más; había dejado muchas atrás a lo largo de su existencia; pero ahora se le antojaba más pendiente y angosta que nunca. Seguramente porque sus fuerzas flaqueaban; y su cuerpo cansado, con los años, se había vuelto perezoso.
Pero había que subir una vez más, levantarse y emprender la marcha hacia la cima. Antes, tenía que estudiarla detenidamente, desde la tranquilidad, sin precipitarse; buscar su parte menos empinada, menos dura, y ascender pausadamente pero con firmeza y decisión, parando cada poco para respirar, y descansar, y meditar, y decidir…,sí,  continuar subiendo dejando atrás un poco más de pasado, de ilusiones perdidas, de besos al aire y caricias al viento; o simplemente pararse, detener su camino, que quizás se dirija a ninguna parte; o tal vez, sea una huida hacia adelante, en busca de aquello que le ha sido negado. No puede más, le falta el aliento, desfallece; pero tiene que seguir la ascensión por la ladera del alma con pasos que estampan profundas huellas y, enraizadas a su piel, abultadas cicatrices cinceladas a través del tiempo como olas que rompen contra los pilares de su ser; una fuerza invisible que le impulse hacia el fin de este camino vital. Y será entonces, cuando corone su meta, donde encontrará por fin la paz que anhela su corazón extenuado.
¿O, acaso habrá otra pendiente…?