lunes, 12 de febrero de 2018

EL BEBÉ DE LOS PRIETO Juan Carlos Chávez


                                         



     -¡Ya está otra vez llorando el puñetero bebé de los Prietos! Todas las noches lo mismo.  Pepe, el compañero de trabajo, me dice que me ponga unos tapones en los oídos, pero ¿no se da cuenta ese tarado que si lo hiciera, no oiría el puto despertador por la mañana? Ayer, por fin, le puse cara a ese perturbador de sueños cuando lo vi en el carrito con su madre en el supermercado. Ese niño acaparó la atención de todos los que pasaban por allí. Que si era mono, que si se lo comerían; pues a ver si se lo comen de verdad y puedo por fin pegar ojo. ¡Que ya está bien! Y la culpa es de la madre, que no sabe acurrucarlo. Las de antes sí que sabían. La mía, por ejemplo, no sé cómo se las arreglaba, pero a mi hermana nunca se la sintió llorar por las noches.
     Desquiciado por ese lloro insistente que ya le causaba cefalea, se levanta de la cama.
         -¡Ya no aguanto más! ¡Esa madre me va a oír -Se asoma a la ventana del patio interior, y se encuentra en la cornisa de la azotea un gato maullando.  



viernes, 9 de febrero de 2018

GRIETAS Génesis Dávila Padrón





La primera grieta se abrió  en mí hace ya algunos años. Esta grieta tiene nombre propio aunque prefiero no nombrarlo; el anonimato siempre le ha ido bien.
La segunda la abrí yo hace seis años, el día en que decidí dejar a mi familia, a mis amigos, mi casa e irme afuera; necesitaba descubrir nuevos mundos, vivir aventuras, salir de la rutina en la que estaba inmersa.  No me arrepiento de haberlo hecho porque gracias a ello, he experimentado y he vivido cosas que hubiera sido imposible vivir de haberme quedado.
He pasado momentos difíciles y duros que he superado con pura fuerza bruta, pero cierto es que lo peor ha sido enfrentar la soledad; esa es una grieta bastante difícil de cerrar aunque intente taparla, al cabo del tiempo vuelve a abrirse.
¿Grietas?.  A veces me siento como una montaña impetuosa y grande, con una visión esplendida de todo lo que se alza ante mí; una montaña que parece indestructible.  Pero luego, un día llueve mucho y el peso de las gotas caen sobre la falda y ahí, justo en ese momento, nuevas grietas se abren dejando al descubierto la piel a sangre viva, pidiendo una cura que nadie, excepto yo, puede darme.
Ahora, en este presente en el que vivo, hay una grieta grande, muy grande.  Llevo meses tratando de cerrarla, pero aquí sigue y cada día toma más relevancia.  Y si por unos días me alejo sin ocuparme de ella, viene y me saluda para que no la olvide.  Y no lo hago, créanme.  Es que antes de ser grieta era fuego, un fuego que me daba vida.  Pero, por ahora, seguirá siendo una grieta que se alimenta del recuerdo y que espero, pronto, se convierta en olvido, para que se cierre por siempre, para poder pasar página, y que con el paso del tiempo, otra grieta nueva ocupe su lugar.

MUJERES EN FLOR Virginia Sánchez



Fue aquella mujer la que desveló el secreto.
Fueron sus sordos murmullos los que despeinaron al viento.
Una tormenta rodó por su mente y, en forma de estrellas,
saltó rumbo al cielo.

Nunca nadie había escuchado tan bellas palabras.
Nunca nadie antes había soñado de aquella manera.
Fue la mujer que habló con el bosque,
plantó semillas en el fondo del mar
y abrió lazos en el cielo.

Los árboles cicatrizaron sus heridas.
Las hojas muertas recuperaron su brillo.
Y tan sólo una mirada bastó para arrebatarle la furia al desdén.
Fueron sólo unas palabras las que hicieron brotar
una realidad llena de misterio e ilusión.
Un mundo de locas emociones divergentes
que caminan, flotan y revolotean entre las flores.
Son esas efímeras imágenes que no se ven, pero se sienten.

Ahora, esa mujer está dentro de todas las plantas
que con fuerza brotan alto y hermosas.
Plantas que nutren de vida a la tierra.
Plantas que son Mujeres en Flor.


jueves, 8 de febrero de 2018

LA HIPOCRESÍA Lali Marcelino




De repente un buen día, caminando por un sendero algo solitario y no fue un sueño aunque lo parezca después de lo que voy a contarles, tenía ante mí un ser totalmente extraño, sin boca, con unos ojos inmensos de un azul que hacía daño mirarlos, con un cartel en la mano que decía: ¿HIPOCRESÍA?

       Después de toda una vida impartiendo clases de química en un instituto de mi ciudad y  disfrutando en la actualidad de mi soltería laboral, tenía que resolver un reto, el más difícil de mi vida.

       Por medio de un dibujo que hice en una pizarra, aparecíamos el extraño ser y yo abrazándonos con el placer reflejado en nuestras caras, en otro dibujo aparecíamos igualmente abrazados, con cara de enfadados mostrando una actitud totalmente agresiva. Como vi que su cara reflejaba “mi no entender”, borré los dibujos y le escribí: ¡¡POLITICOS HIPÓCRITAS!!. Sus grandes ojos azules se abrieron más y a mi pregunta: ¿entendiste?, asintió con su cabeza y se fue muy convencido de mi definición.

       Hasta en Marte han oído hablar de nuestros mentirosos e hipócritas  políticos.



COMUNICACIÓN ENGAÑOSA Lali Marcelino



Viajes de ensueño, cremas rejuvenecedoras, niños escuálidos, refugiados sin hogar, ciclones y terremotos, guerras, toros sí, toros no, reyes que matan elefantes, princesas corruptas, coches de oro, atletas que lloran, premios nobles injustos, yates millonarios, niños violados, políticos buenos, políticos  malos.
¡Es George Clooney!, con su aromático café, que no sé ni la marca. Con un toque de tecla se me va de la vista.
Es impresionante cómo sin darnos cuenta, pasamos del café, al duradero, efectivo, sabroso y colorido ¡Durex!. Lo mejor de lo mejor, para tus momentos más “íntimos y gozosos”…jejejejeje,  aunque con otro toque de tecla, escucho como un alza cuellos de la vieja guardia, defiende a ultranza la concepción y un no rotundo a los anticonceptivos. El dedo es muy sabio y cambia de canal con un automatismo inconsciente. En un debate, un famoso juez relevado de sus funciones, nos habla de las cajas B y de cómo castigar el hecho. Más de lo mismo.
¡Te llevará a la felicidad segura! Es el resumen de lo que a continuación veo. Charlize Theron, con su impresionante presencia, nos lleva ante un perfume que debe ser algo así como el salvador de almas y parejas. De inmediato comienza el capítulo 1200 de una serie enfermiza, donde el padre del niño, es alguien que tiene una madre pérfida y malvada que no quiere saber nada de su nieto ni de su posible nuera.
Otra vez el dedo inconsciente, que nos salva de este aterrador momento. ¡Por fin!, imágenes de un bosque maravilloso, más bien selva. Kilómetros y kilómetros de un paisaje verde, a vista de pájaro. ¡Oh no!, máquinas demoledoras llevan a cabo un crimen. Una urbanización en medio de esta maraña de verdes diversos. Ecologistas en acción con pancartas y gritos de ¡fuera, fuera!.
El dedo vuelve a sacarme de lo que ya no me gusta. En mi búsqueda de un lado al otro del mundo, me gustaría quedarme en alguno, pero no sé en cuál. Nada me satisface y me pregunto el porqué de tanta ansiedad. Me apetece llevar mi dedo en busca de un lugar dónde no exista la sinrazón, la injusticia…pero sobre todo, la manipulación de los medios de comunicación.
Me rindo y echo mano de un libro, que también elijo a dedo de mi biblioteca particular.


EL ASESINO SIEMPRE VUELVE AL LUGAR DEL CRIMEN Juani Hernández




Todo el mundo lo sabe, siempre vuelven; aunque aquel crimen había sido…distinto.
A diario salía dar su matinal paseo.  Era muy agradable pasear por su barrio de pequeñas casas ajardinadas, bien cuidadas y de gente pacífica y educada.  Había sido un acierto mudarse allí; se lo tenía que agradecer a la insistencia de su dulce y encantadora esposa…Claro que, ella conocía muy bien el barrio porque había crecido en él.  Y aunque guardara el terrible recuerdo del asesinato de sus dos hermanas menores y la posterior muerte de sus padres de una extraña y desconocida enfermedad, ella insistió en que había heredado la casa y allí se irían a vivir el resto de sus días.  Así  mismo fue.  Se trasladaron a la antigua casa familiar.
Él había notado un sutil cambio en la actitud de su esposa; estaba seguro que se debía a los desagradables sucesos acaecidos allí pero, no dejaba de intrigarle la afición repentina en convertir el jardín en un bello oasis, casi casi un santuario.  Había colocado hasta cuatro cruces rodeadas de bellos rosales y perfumados alhelíes.  Es más, hasta había encargado una nueva cruz, en fin esa manía de su esposa no le molestaba ni lo más mínimo, si ella era feliz así y la mantenía entretenida.
Un día, como de costumbre, la esposa preparó la mesa para la cena con un impoluto mantel y un primoroso ramo central.  No cabía duda de que ella era de una sensibilidad fuera de lo común, pensaba el marido, aunque hoy no sabía por qué, al regreso de su paseo, había encontrado en el jardín esa enorme zanja.  No imaginaba qué pensaba plantar allí.  Miró a su esposa y le recorrió un escalofrío al descubrir en sus ojos y en su sonrisa un brillo macabro y estremecedor, no sabía si de satisfacción…
Come, querida, hoy he cocinado algo muy especial.  Una antigua receta familiar que, desde que falta mi familia, no había vuelto a cocinar…



UN VERANO EN EL HORIZONTE Ana Benítez





En lo alto de las montañas vive Bruno; el tiempo era inhóspito y gélido hasta tal punto que las orejas se le caían para abrigar su rostro. Las pezuñas de sus patas estaban aclimatadas a caminar por las heladas laderas. Y también habituado a que su dueño le increpara por sus quejidos rebuznos; gritándole incesantemente: “maldito ignorante, no sé de qué protestas, si lo único que haces es comer y dormir”. Entonces, el burro cabizbajo, cabeceaba todo el tiempo como si le diera la razón. No quería poner en peligro su pequeña ración de alfalfa.
Ya faltaba poco para llegar a su destino; y era el único momento en que al asno se le iluminaban las facciones de alegría; y hasta las orejas volvían a su estado natural. La felicidad con que los niños del colegio le recibían; a los que le llevaba leche y pan todos los días; hacía olvidar las penurias de su viaje y de su existencia. Nervioso, intranquilo, divisó a Carlitos; el de quinto curso, que venía corriendo a narrarle el cuento como hacía cada día; en los escasos minutos que su dueño le daba de descanso antes de reemprender el camino de vuelta. No se cansaba de oír, en boca del niño, las aventuras de un burro que se llamaba Platero, que con su amo, recorría el mundo contemplando paisajes maravillosos donde el sol y el mar eran testigos de su complicidad y del amor que se profesaban. Saboreaba cada palabra, cada frase, cada metáfora… como en su imaginación saboreaba las naranjas, granadas o brevas que aparecían en el cuento. Era tan feliz que movía el rabo al ritmo de un musical de rock and roll.  Bruno soñaba cada día, cuando oía este relato, en un verano en el horizonte en busca de Platero.



Alicia Carmen UNA HORA EN LA VIDA DE…




         Pues sí, en una hora sucedía todo de lunes a viernes y a las seis de la mañana. Yo me sentía como James Steward y Grace Kelly, en la película “La ventana indiscreta”, “Sólo me faltaban los prismáticos”.
Justo a esa hora se encendía la luz de la cocina del piso que me quedaba enfrente.  Yo sólo necesitaba incorporarme un poco de mi cama y ver el espectáculo. En ese momento ella aparecía con su pelo alborotado, su bata vieja y mal abrochada, sus zapatillas deshilachadas arrastrándose por la cocina. Con desgana comenzaba a preparar el café, a calentar la leche, a tostar el pan. Traía la mermelada, la mantequilla, volvía a abrir la nevera, ahora le tocaba a los huevos, la tocineta. A través de las ventanas entreabiertas me llegaba el aroma, sí, supongo que era buena cocinera.
         Momentos después aparecían los niños, eran tres. La mayor siempre tratando de subirse la falda, enrollándola en la cintura y los más pequeños protestaban, quizás querían panquecas con miel, eso yo no lo oía, o porque la leche estaba demasiado caliente, o la tocineta fría. Ella sin inmutarse, seguía trajinando y soportando los malos humores mañaneros.
De repente aparecía el esposo bien trajeado, siempre con unas elegantes corbatas y el pelo engominado y por sus gestos parece que le exigía a su mujer, que en vez de huevos fritos quería tortilla o que en lugar del café, hoy le apetecía un té.
Por fin todos parecían satisfechos, los hijos agarraban sus mochilas y se despedían con un tímido movimiento de sus manos y el padre le daba un beso fugaz en la mejilla. Todo estaba en calma y ahora ella se sentaba, tomaba un sorbito de su bebida preferida y pensaba en las tareas que seguían a continuación: lavar la ropa, fregar el piso, preparar almuerzo y cena y un largo etcétera. En ese momento empezaba de verdad su día.
        
Se acercaba al tocadiscos y ponía a todo volumen música bailable: mambo, bolero, cha-cha-cha…cuánto más movida mejor. Se descalzaba, se hacía una coleta en el pelo y fuera esa horrible bata…y ¡a bailar! Su cuerpo se volvía un torbellino, movimientos voluptuosos, insinuantes…jamás vi una bailarina profesional moviéndose con ese estilo. Vaya ritmo, todo sensualidad, su cuerpo parecía flotar.
        
Una sola hora en la vida de una mujer dan para mucho.
        


¿A QUÉ LIBRO TE IRÍAS A VIVIR? María Elena Padrón




Ante aquella pregunta formulada por su hijo adolescente, la mujer pidió tiempo para meditar la respuesta.  Outlander no era una buena opción porque transcurría en época de bárbaros y guerreros.  Tal vez la hermosa ribeira sacra de Todo esto le daré de Dolores Redondo o ese Tiempo entre costuras, por estar tan bien ambientado. ¡Ya lo tenía!.  Sin ápice de duda, la mujer se llenó de brillo en los ojos y dijo:
         –Las haciendas cafetaleras de Palmeras en la Nieve sería un lugar mágico e idílico para vivir.




miércoles, 7 de febrero de 2018

¿Qué es POESÍA? Carmen Garcés





            Érase una vez un humilde campesino que vivía en las verdes y frondosas tierras;  una de las tantas que tiene América del Sur.
            Cierto día, mientras trabajaba en sus sembradíos, vio cómo se acercaba  un ser extraño; enseguida supo que ese ser no era de este planeta.
            Este raro hombrecillo había llegado a la Tierra con una única misión,  ¡entender  qué era la poesía!. Dado que no había nadie más en los alrededores, decidió abordar al atemorizado hombre; y así, sin mucho preámbulo,  le pidió que se lo explicara.
Al principio el campesino vaciló, sin embargo,  una vez recuperado del susto, comenzó a hablar:
            “Carajo compae, chiquita vaina  me etá echando usté. A ver como se lo digo, porque yo no soy estudiao y de esas cosas poco sé, pero bueno… voy a procurar.
Mire, allí en el cielo, ¿ve los rayos de sol po en medio´e las nubes…?. Venga, venga, fíjese como la tierra generosa, me da sus fruto en pago al sudor´e mi duro trabajo…; y, ¿ve estas flores que están por to el campo? Las hay rojas, amarillas, blancas…, acérquese, huélalas, ¿verdá que huelen bien?, toas tienen un oló distinto, y  tos los días, cuando vengo pa´ca pueo sentilo…
¿Ve aquellos pájaros con plumas tan bonitas y oye sus cantos?, ¿a qué  son lo mejó que ha escuchao nunca?.  
Ahora, va ir conmigo a mi ranchito, verá con el amor que me recibe mi mujer  cuando vuelvo`e  bregá;  y  luego, tumbaos en una  hamaca, veremos cómo se pone el sol por detrá aquella montaña;  son tantos los colores en el cielo,  que`os ojos se le ponen a uno,  aguaitos´e  la alegría.
            La verdá, no sé si he podido aclarárselo bien, pero pa mí, compadrito, pa mí ¡eso´e la Poesía!”.