jueves, 10 de diciembre de 2015

CONFÍA EN EL DESTINO Sandra Mai






 Como una persona tan joven, nos preguntábamos todos, podía tener tan amargo carácter. Las dos teníamos la misma edad y pertenecíamos a la misma familia. Marta es mi prima, siempre estábamos juntas, a pesar de su mal humor permanente. En el colegio ya tenía problemas, siempre le estaban llamando la atención y sus padres,  o sea mis tíos, ya no sabían cómo actuar con ella. Es hija única, lo que se le antojaba, al instante lo tenía y cuando no obtenía alguno de sus caprichos, sus padres la consolaban con otro regalo. Pobres mis tíos, tuvieron muchas dificultades para tener hijos y cuando por fin se dio el milagro...todas las atenciones, el cariño y los regalos eran pocos para contentar a aquella hija, tan deseada por ellos. Hasta que un día, recibió una carta de un centro de acogida de niños huérfanos, solicitando su ayuda y colaboración en una campaña de recogida de juguetes. Marta se preguntaba de qué manera podía ella ayudar, para nada iría a regalar sus cosas a niños que no conocía de nada y mucho menos sin saber si esos niños se lo merecían o no. Por otro lado, se sintió halagada de recibir aquella carta certificada a su nombre, aquello la hacía sentirse importante, así que decidió ir a visitar el orfanato. Se puso su mejor vestido, eligió unos zapatos blancos de medio tacón y una cartera a juego. Ese día tenía que dar la mejor imagen, aquellas personas la habían elegido a ella, como la mejor joven de entre todas, para servir de ejemplo a todos aquellos niños y niñas.

 Lo único que sabemos los demás, es que al regreso de Marta, que había permanecido todo el día en el orfanato, ya no era la misma joven. Su rostro había cambiado por completo, la manera de andar era más pausada y su tono de voz sonaba distinto.... ¿Qué pasó? No lo sabemos...pero desde entonces mi prima Marta, es la persona más dulce y bondadosa de todas. Cuentan que fueron sus padres, los que le enviaron la carta a su nombre, que eligieron un orfanato al azar y dejaron que el destino obrará un milagro...por aquel entonces, ya era Navidad.





EL JUEGO de Alicia Carmen





            Ya sabemos que la vida es sueño, pero, ¿no será también un juego?. No sé.  Lo digo porque en la bruma de mis recuerdos quedó grabado este episodio y tiene que ver con juegos, unos inocentes; otros no tanto.
            Todo comenzó esa mañana, en mi escuela, yo tenía pocos años y eran tiempos difíciles. Martina, mi compañera de clases  tenía tantas cosas que a mí me apetecían: una casa grande y luminosa con un hermoso patio, una reluciente bicicleta azul con rayas amarillas y las postales… eso sí me entusiasmaba, eran de todos los países visitados por sus parientes y cada vez que me las prestaba yo soñaba con conocer las ciudades que se habían convertido en mis favoritas.
            Te espero a las 4 de la tarde en mi casa y  tendremos bizcocho de limón y chocolate caliente para merendar, me anunció mi amiga. Vaya tentación, allí estaré le contesté.
            Estábamos enfrascadas viendo las postales nuevas, instaladas en las escaleras de la entrada del chalet, cuando de repente oí un ruido procedente de la tapia del jardín, levanté los ojos y ¡oh! sorpresa, era ese chico guapo del que siempre se nos recomienda alejarnos, dicen que ni estudia ni trabaja y siempre anda con un cigarrillo entre los labios. Lo vi muy claramente, tenía los ojos brillantes, luciendo músculo, moviéndose como un ladrón que conoce bien el camino para llegar a su presa. En ese momento, percibí un aroma a un exagerado perfume que hasta me produjo arcadas y a nuestro lado estaba ella, la tía Amparo, la mayor de las hermanas de su madre. Martina no pareció darse cuenta.
            A pesar de la hora, la tía Amparo lucía una sugerente bata negra semiabierta, enseñando escote, a mí me costó reconocerla, la verdad. Se acercó al joven y le sonrió con los labios más pintados que de costumbre y su melena entrecana suelta que la hacía tan diferente. Él, con actitud posesiva, pasó su brazo por la cintura de la tía Amparo y los dos muy risueños entraron con un caminar lento y sensual hacia los aposentos. De pronto, Martina me tiró de la trenza y me gritó: ¡descuidada! ¿y qué? Pareces alelada, se te ha caído una postal la mejor de todas. Yo le quise preguntar algo pero ella en ese instante estaba tan seria que no me atreví. Severamente me apuntó con sus dedos y me preguntó : ¿se te ha olvidado para qué has venido a mi casa? ¡vamos a jugar!.



EL JUEGO Ana Benítez.








             –¿Dónde están las presumidas de las rojas?
             –Salieron anoche y aún no se han levantado –afirmaron al unísono las verdes.
            –¡Siempre lo mismo!.
            –¿Y las amarillas?
            –Están tan comidas que se fueron al hospital.
            –¿Y las azules?
            –Se fueron a pelear con la Oca –volvieron a contestar las verdes.


            Rompí el tablero, así no hay manera de jugar una partida de Parchís.




NO ERA PARA ELLA. Juan Pedro






            Después de haber sucumbido al deseo de leer una carta no dirigida a ella, la quemó. Tenía que guardar aquello en secreto. No quería ni pensar en las consecuencias que se originarían si Eva se enteraba de que había defraudado la confianza que le había depositado contándole acerca de esa nueva relación, y que sería terrible que transcendiera, ya que se trataba de un hombre casado. Sabía que ahora se encontraba en una situación comprometida, la curiosidad y el demonio de los celos le habían tentado y fueron más fuertes que la fidelidad hacia su amiga, a la que envidiaba. Mientras yo todavía no he encontrado a mi compañero de viaje –cavilaba ella-  y el que quiero no repara en mí, Eva sin embargo tiene una facilidad innata para comenzar nuevos idilios, no me parece justa la vida o el destino, qué sé yo.
            Pero su tropiezo fue doblemente mayor, y su desdicha, al terminar de leer. El firmante de la carta era Alberto, el hombre en que ella había puesto sus ojos. Así que, desconsoladamente y con rabia quemó la carta.




EL JUEGO. Esther Morales.







            Ellas estaban deseando que fuera la hora para salir corriendo y con sus gritos y algarabía inundaban los pasillos y escaleras, corriendo hacia el patio; eran puro movimiento y vida. Los chicos muy raramente se mezclaban en los juegos de las niñas y ellas parecían saltamontes, no paraban ni descansaban un minuto.
            Jugando al pase misi pase misa, a una de las niñas se le trabó un dedito en la boca de otra que, acto seguido, la cerró causándole un fuerte dolor con la mordida. Juegos de niños inocentes que no dejan de ser peligrosos por su velocidad e ingenuidad.




EL DESEO. Juani Hernández.





            Paula encendió una vela con sigilo, miró a un lado y a otro para asegurarse de que estaba todo cerrado…,no quería sorpresas.
            Su madre era una cotilla, de todo quería enterarse y siempre la estaba presionando para que buscara un novio
            –Qué más quisiera ella- cómo si fuera tan fácil…
            Ella no era agraciada ni física ni de carácter amable, y la presión de su madre la sacaba de quicio.
            Al final había sucumbido al deseo de abrir aquella carta. La encontró en la oficina al lado de su fotocopiadora…,”raro” le pareció un sobre azul con un sello de correos muy original y ya casi en desuso.
            No había podido resistir la tentación de guardarlo con disimulo en su bolso, era tan bonito no había visto nada igual. El sello tenía impresos una flor y un colibrí diminuto…todo invitaba a soñar…
            Con el corazón latiendo aceleradamente y un sudor cálido en todo el cuerpo como si de una adolescente se tratara, ella que ya peinaba canas…¡Pero qué locura es esta! Exclamó Paula, dándose cuenta de lo que iba a hacer; ella era una persona de principios, qué dirían sus compañeros de oficina, si se enteraban se moriría de vergüenza. El lunes según llegara la dejaría en el lugar donde la encontró. Nadie sabría nada de esto.
            El lunes llegó temprano y con disimulo la colocó en el mismo lugar, y se sentó a hacer su trabajo como siempre desde hacía ya tantos años, sin percatarse de que una mano se deslizaba a su espalda llevándose el sobre: era su compañero más antiguo que no hacía mucho regresó de unas vacaciones en no sé qué isla caribeña.
            Mirando Ángel con tristeza a Paula pensaba, ¡siempre seré para ella invisible!
            Ella era el amor de su vida, pero habían tantas diferencias…siempre sería invisible.

Moraleja:

            Cuando cierras una puerta a la vida no hay llave que abra tu corazón.



DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA Lali Marcelino.



JUEGO DE MANOS

            Esta es la historia de dos hermanos que cuando eran pequeños, con sus manos se acariciaban, se pasaban el pan de la mesa, se abrazaban, se saludaban, también de vez en cuando se daban algún cachete.
            A la vuelta de los años, ya con hijos y precisamente por ellos, esas mismas manos acariciadoras, se convirtieron en garras de destrucción y lo que fue un juego de manos, afectuoso, caluroso, de hermanos, se convirtió en JUEGO DE VILLANOS, olvidándose del amor que se tuvieron y de la importancia que tienen los lazos familiares.
            Sería maravilloso, que algún día no muy lejano, obraran con cordura y raciocinio y que ese juego inocente del amor filial perdurara generación tras generación procurando no caer en las redes del juego malicioso.



  JUEGO CONCILIADOR.                


            Cada sábado desde hace ya más de diez años, se reúnen para jugar a las cartas, es la excusa para verse, para hablar de política, para comentar las amarguras y alegrías, incluso apostando algún dinerillo.
            Procuran no faltar porque, aun siendo familia, es el único día de la semana que se miran  a los ojos con calma y se abrazan, se tocan, en resumen, el juego es quien los une; aunque parezca contradictorio, así es.
            Se espera al sábado para reunirse con entusiasmo y disfrutar de la timba, pero sobre todo de la buena compañía, aderezada con algunas exquisitas viandas.

EL JUEGO. Carmen Garcés




Debo confesar que…, todo comenzó como un juego. Sí, como un estúpido juego. Ahora comprendo que fue un juego absurdo, peligroso,  y cruel. Aún no me explico de donde me nació tanto ensañamiento, ¡mi naturaleza siempre ha sido contrapuesta  a ello!, o… ¿quizás no me conocía tan bien como yo creía?.
            Haciendo recuento de lo sucedido,  siento profunda vergüenza de mis actos. Me doy cuenta hasta qué punto he jugado vilmente con las  ilusiones y anhelos de un ser humano sin el menor atisbo de piedad.  ¿Cómo he podido –tan sólo por diversión- suscitar un sentimiento de amor tan profundo sin corresponder a ello y después destruirlo con tanta crueldad? ¡No puede caerse más bajo!.
Sé que por ello deberé soportar una pesada carga el resto de mi existencia; tan solo expiar el daño causado dará paz a mi conciencia. Mas, soy consciente de que un agravio de esa magnitud es casi imposible de reparar, aun así, he de intentarlo cuantas veces sea preciso, ¡el resto de mi vida si es necesario!.
            Un juego, un estúpido juego…, ¡ha cambiado tantas vidas!.





EL ANIVERSARIO Maruca Morales




Lo supe nada más leer la carta.  Aquella noche se iba a producir, por fin, el encuentro con la persona con la que hacía mucho tiempo estaba deseando compartir unas horas de conversación.  Preparé la cena, puse la mesa muy bonita, con velas incluidas, saqué mi mejor vajilla.  Quería que aquella cena resultara inolvidable para esa persona que había anunciado su visita con aquella carta.  Mi amiga del alma venía esa noche a cenar conmigo para celebrar su aniversario.



ESTAFADA Maruca Zamora


Abrí compulsivamente tu carta, presta a sucumbir al deseo de reunirme contigo.  Mientras la abría, soñaba con ese momento que pasó por mi mente tan rápido como un rayo de luz.  Me llevé un disgusto al comprobar que se trataba de una despedida muy cordial, pero muy fría; habías encontrado otro amor y pensabas seguir ese nuevo camino, en el que yo no tenía cabida.
Me senté y comencé a analizar mi vida.  La había dedicado enteramente a ti y ahora me sentía sola, abandonada, engañada.  En un acto de rebeldía, me llené de valor pensando que debía tratar de rehacer mi vida, que el mundo no se acababa, aunque sabía que me costaría dolor y sufrimiento, ya no era tan joven, y el tiempo había pasado, me sentía estafada y vacía.
Pese a todo, me prometí salir de este paso, por dignidad y orgullo lo voy a lograr.  Empiezo en este mismo momento.  Has dejado de existir para mí.





jueves, 3 de diciembre de 2015

LA SORPRESA Roberto.es






Sucumbir a un deseo, casi a oscuras, apenas a la luz de una vela…Sólo la sombra arrancada de su piel comparte la anhelada vigilia, bailando frenéticamente al ritmo que la marca la sinuosa candela.   Embriaga por la fantasmagórica visión, se deja arrastrar por su delirante embeleso.  Allí está, ese cuerpo de ébano, turgente, de líneas perfectas, cinceladas por dioses, envuelto en oros que invitan a la desenfrenada y lujuriosa pasión.  Se acerca despacio, con miedo, todo su cuerpo tiembla, y el azorado corazón se detiene…  Sus manos trémulas desnudan con veneración aquel refulgente cuerpo, lo despojan lentamente de sus brillantes vestiduras.  Una ardiente y desconsolada boca muerde con vehemente lascivia la cobertura de aquel deseado bombón…

LA DUDA Lali Marcelino





Es imprescindible que estés a mi lado en este momento, sólo así aliviarás mi carga, esta carga que dura demasiado.  Tal vez si no se hubiera sembrado la desconfianza que se generó entre nosotros, motivada por habladurías sin sentido, no estaríamos como estamos. Lo que más me dolió fue que, después de conocernos y ser amigos toda la vida, dejaras de creer en mí y dudaras, hasta tal punto, de creer más en personas que apenas conocías que en mí.  Con el tiempo, estás solo y esos amigos a los que tanto amor profesaste en aquellos momentos, hoy en día te han dado la espalda, confirmando con sus actitudes quién realmente valía la pena.  Te fijaste más en el envoltorio que en lo que había dentro y así te ha ido.  Algo de lo que nunca me olvidaré fue del modo en que me despreciaste delante de todo el mundo cuando te enteraste que mi inclinación sexual no era, según la sociedad, “la adecuada”, con tu actitud dejaste de lado y olvidaste nuestra limpia relación.  Nunca te engañé, sabías perfectamente en qué medio me movía, por lo que no entiendo cuál fue realmente el motivo que te indujo a ridiculizarme y llevarme ante un tribunal popular y extender un bulo que destrozó mi imagen de persona seria, cabal y sobre todo honrada, que nada tenía que ver con mi vida íntima y secreta, hasta donde yo quería que así fuera.
Por todo esto, quisiera averiguar y aclarar si todavía dudas de mí.  Me interesa mucho tu amistad; es por eso que deseo que olvides lo pasado y que vuelvas a ser mi amigo.




EL SECRETO Ana Benítez




Encendió una vela para poder leer la carta que había estado ocultando en el bolsillo de su delantal.  Había llegado la hora de sucumbir al deseo de saber quién escribía las palabras de pasión que habían hecho que su rostro se ruborizase y sus manos temblaran.   Se sentó; un vahído le inundó el alma de amargura y furia.  Leía con avidez deseando llegar al final; cada vez más cerca de conocer a su autor.  Apenas tres líneas le faltaban cuando el marido entró en la estancia.  En un rápido movimiento la guardó en el delantal sin ser descubierta.  Su marido nunca sabría que esta carta era para él.





INSOMNIO Esther Morales


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No podía parar de reír después de haber leído la carta y ahora no iba a pegar ojo en toda la noche dándole vuelta a la idea de dejar su soltería después de tantos años de soledad y libertad.  Néstor, aquel novio de su juventud, aquel con quien tanto soñó años atrás, se había cruzado de nuevo en su vida.  El joven, guapo y alegre amigo de hacía muchos años, ahora irrumpía en su camino, después de muchos años de estar viuda.  En su carta le pedía matrimonio y le confesaba estar profunda y locamente enamorado de ella.  El sueño se alejaba, más que insomnio le producía risa la idea.

Al final, ya de madrugada, se durmió y su último pensamiento fue, no sé, voy a ver qué me dice la almohada.


DESESPERANZA Alicia Carmen




Encendió una vela al llegar a su habitación.  En la penumbra abrió la carta y su olfato percibió el aroma de su cuerpo…, pero él ya no estaba en la cama donde lo había dejado.  ¿En qué momento se fue?, se preguntó Beatriz.  Sería cuando yo estaba en el salón tratando de organizar mis perturbados pensamientos.  ¿Quizás se ha dado cuenta de mi insensata actitud?.  Habrá adivinado que me estoy debatiendo entre sus brazos y los del otro, ese que me ha mandado la carta, el escondido, el imposible… Seguro que se ha percatado de que me oculto para leer ciertas cartas.  Desde que conocí al otro, no logro pensar con claridad, no sé por cuál decidirme. ¡Qué incertidumbre! ¡Qué infierno!  ¿Por qué tuve que ir a esa reunión sola? ¿Por qué tuve que conocer al otro?.  Me ha descolocado la vida, ahora todo mi mundo, toda mi paz, lo que tenía como cierto, todo se tambalea.  Las dudas me producen una terrible desazón.  ¿Y la carta?  Con esta angustia ni la he leído, a ver.  Vaya, esto no lo esperaba, me pide que no nos veamos más, que su mujer  ha descubierto su infidelidad, que tal vez lo perdonará, así es mi querida Beatriz, punto final a nuestra aventura.  ¿Aventura? ¿Eso es lo que he sido para él? ¿Y en qué lugar quedo yo ahora que anhelo sus besos, ahora que lo llevo dentro del alma?  Me siento tan abatida, tan vulnerable.  Estoy invadida por la desesperanza.


EJERCICIOS TALLER: ¡CON LA FRUTA SÍ SE JUEGA!




DE FRUTA EN FRUTA   Maruca Zamora


Me contó que conoció a un higo muy dulce, que no se parecía en nada a aquella naranja carnosa con la que había cortado, y mucho menos con la inteligente manzana de meses atrás, ni la fresa tan chic del pasado verano, ¿qué importaba?, dulzura era lo único que necesitaba en aquellos momentos.



POR LA MAÑANA    Esther Morales

Me contó que conocía a una naranja con la que, acompañada con dos apasionadas fresas, la empalagosa mora y la mentirosilla piña tropical, enriquecería su jugo de las mañanas. ¡Algunos tienen mucha suerte!



EN EL CAMPO  Maruca Morales

Me contó que tenía relaciones de amistad con una sandía, a la que invitaba siempre que iba de paseo al  campo porque su agua apagaba su sed de inmediato.





HABANA   Juani Hernández

Me contó que conocía a una naranja muy alegre que bailaba siempre sobre el sombrero de una rumbera, en los cabarets de La Habana; sí, mi amor –le decía–:  ¡¡Azúcar!!



ANTIPÁTICA   Águeda Hernández

Conocemos a una piña un poco antipática que no quiere que se acerquemos a ella porque dice que nos puede hacer daño si pretendemos besarla. ¡Lástima, porque está buenísima!

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LIBRE    Perla

Me contó que conoció a una cereza que, muy oronda, se paseaba por la mesa recién puesta; se había escapado de su queso aquella misma mañana.


EN TRÁNSITO    Roberto.es

Me contó que conoció a una mandarina que 
quiso ser mandarín






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Me contó que conocía a un mango con sobrepeso que vestía siempre con varios calores, entre amarillos, rojos y verdes.  Creía que era por su carácter aunque en lo profundo…¡era tan dulce!
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FESTIVA   Lali Marcelino

Me contó que conocía una fresa que se paseaba por todas las orgías repartiendo alegría por doquier

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CONCILIADORA  Ana Benítez

Me contó que conocía a una papaya que intervenía siempre para apaciguar las peleas que organizaban los estómagos de sus amigos







ELLA LO SABÍA Carmen Garcés

Obra de  Jean-Baptiste Santerre
            Apagó la vela después de haber leído aquella carta. Nada sería lo mismo a partir de entonces, ella lo sabía, porque lo que aquellas líneas contenían, estaba cambiando  por completo su vida.
         Le fue imposible conciliar el sueño, miles de inquietas mariposas revoloteaban en su estómago; su mente divagaba, la trasladaba a ese lejano lugar que pronto sería su nuevo hogar.
         Sabía que, a partir de ahora tendría que enfrentarse a una nueva vida, y debería hacerlo sacando toda esa fortaleza que guardaba en su interior. No sería fácil, ¡ella lo sabía!, pero eso no la amilanaba; al fin  estaba  realizando su sueño, ese que le había acompañado desde niña.

         Partiría pronto. ¿Regresaría algún día?, se preguntaba cuando las dudas la asaltaban; no obstante,  las arrancaba presurosa de sus pensamientos; estaba decidida a disfrutar plenamente de esa maravillosa experiencia, consciente de que  únicamente el tiempo poseía la respuesta.



EL RELOJ Lilia Martín Abreu



            No  podía  parar  de  reír,  después  de  haber  leído  la  carta,  y  ahora  no  iba  a  pegar  ojo  en  toda  la  noche,  dándole  vueltas  a  la  idea  de...  ¿Quién  será  quien  está  interesado  en  verme  en    el  programa  de  televisión,   Traigo  una  carta  para  ti?    Confieso  que  solo   leí   la carta  de  invitación,   y   me  causó  tal  ataque  de    risa  que,  temiendo  estoy,  ¿qué  no me  dará  ese  día  en  el  programa.?

             Son  ocho  días  de  perplejidad  que  me  esperan...   ¿quién  será  que  quiere  verme?  ¿Y  para  qué?  Esa  es  mi  incógnita,  mi  cabeza  no  para  de  dar  vueltas  como  una  peonza   y  no  tengo  la  menor  idea  de  quién   pueda  ser,  voy  a   terminar  loca,   haciendo  cábalas   sin  sentido:
            ¿Será  un  enamorado  de  la  juventud?  ¡Oh  que  romántico  seria!
            ¿Y  si  fuera  adoptada  y  mi  madre  biológica  me  estuviera   buscando?  No,  no  creo,   tengo  cinco  hermanos  y  yo  no  soy  la  mayor   y   todos  nos  parecemos.
            ¿Tal  vez, alguien  me  quiera  reclamar   alguna  deuda,   o  algo  del  pasado?

            ¡Oh  Dios  mío!,  tengo  tal  cacao  en   mi  cabeza, que  créanme,   hasta  he  llegado  a  pensar  si  tengo  algún  hijo  secreto,  pero  tendría  que  haberlo  parido,  y  de  eso  sí  que  me  acordaría.  Esta  incertidumbre   me está  matando,  el  reloj  no  para  de    dar  las  horas,  y    yo   con  esta  confusión   que  no  me  deja   dormir.  Bueno,  bueno..., si  resisto,  dentro  de  una  semana  se  enteraran  al  verme  en  el  programa,  si no   me  ven,  por  favor,  búsquenme  en  urgencias   o  en  el  psiquiátrico  que  debo    estar  por  ahí.



jueves, 26 de noviembre de 2015

INSTRUCCIONES PARA HACER CRÍTICAS DESTRUCTIVAS. Alicia Carmen



            Las críticas destructivas serán más exitosas si escogemos a una persona que por una u otra razón consideramos que nos supera en ciertas cosas, o por lo menos así lo sospechamos.
Un puntito de sana envidia nos vendría bastante bien y si no es sana pues mejor todavía.
         Para que nuestro propósito llegue a buen puerto será aconsejable tratar, de una manera sutil, de intimar con la persona que hemos escogido, conocer sus puntos débiles, sus fallos  que como todo el mundo tendrá, sus flaquezas, sus inseguridades, algún secretito lo más inconfesable posible; esto nos allanará el camino. Es aconsejable hacer estas críticas cuando la persona en cuestión no está presente pues de esta manera no podrá defenderse.
         En el caso contrario si la persona está a nuestro lado, decir la crítica en voz bien alta para que todos los presentes volteen a mirarla y ésta se abochorne de tal manera que no pueda contestarnos y nosotros quedemos con una sonrisa de triunfo.
         Un método refinado sería lanzar en privado alguna que otra crítica como al descuido y sólo a la persona que queremos impresionar, esto lo haremos en días o semanas consecutivos.
         Cuando notemos que la persona que nos interesa nos escucha con atención y ya lo tenemos intrigado, entonces lanzamos lo más tremendo, algo realmente demoledor, cuidándonos de que sea de difícil comprobación.
         Es importante poner cara de inocencia y decir más o menos: ¡¡Pobrecita!! Ella es muy buena, no me explico cómo fue capaz. ¡¡Seguro tuvo un mal día!!.

         A estas alturas nuestro interlocutor estará tan dudoso que se tragará con soda cualquier cosa que le digamos y… ¡¡Zas!! Lo hemos conseguido: Hemos destruido la confianza lograda con muchos años de convivencia o quizás el afecto de una buena amiga hacia la otra o tal vez la armonía y cariño entre dos hermanos.



ELLOS. Esther Morales.






            Ellos se reunían todos los días en el banco más grande de la plaza, pasaban muchas horas juntos.
            -Oye Pablo ¿viste aquel tipo que traía doscientos camellos cargados de cebada?
            -Sí Juan, y a continuación pasó Miguel que puso en la punta del monte veinte tiburones como burros.
            -Sabes el carnero que pesqué el otro día tenía las escamas como una paellera y la carne parecía de pollo.
            -Bien, me voy para la casa -dijo Matías- a ver si digiero tanto camello, tiburón y carnero mientras duermo.