jueves, 21 de marzo de 2013

BARNIZADA de Carmen Garcés Pujades



Esta es una historia con mucho armario…; con una mano de barniz volverá a quedar como nueva.

LA VERDADERA HISTORIA DE BLANCANIEVES Y SU MADRASTRA de Alicia Carmen





Estos siete amiguitos me contaron lo que en realidad pasó.  Ayer Blancanieves le preguntó a su pañuelo:
-¿No es cierto que la seda tan exquisita de este estampado de manzanas rojas, que adorna mi cuello, me hace ver como la más bella de todas?
La madrastra, que también quería verse guapa, le lanzó un zapato al espejo, pero al final, le arrancó el pañuelo a Blancanieves, diciendo:
-Al espejo ni con mimosín lo suavizo
Y se miró a través del pañuelo, riendo a carcajadas porque el estampado rojo atenuaba todas sus arrugas y se veía súper rejuvenecida.
Blancanieves se enfureció por no poder doblar el espejo para ponérselo al cuello y mucho menos hacer una lazada, así que compró una pegatina con siete rayitos que decía:
-Tú eres un sol
Y así se sentó a esperar a su príncipe.

PACO EL PIBE de Mercedes Álvarez







Paco, un chico de 18 años recién cumplidos, empieza a trabajar de celador en la Residencia Sanitaria de La Candelaria, allá por los sesenta.  Dada su juventud, los compañeros de trabajo empiezan a llamarle Paco el Pibe y así se dio a conocer por todo el centro, pues igual lo llamaban para hacer algo en una planta, como en la zona de Rayos X o en el mismísimo quirófano.  Bien fuera para sacar o entrar las camas con los pacientes o haciendo lo que fuese, cuando el Pibe se trasladaba a cualquiera de estas zonas para hacer su trabajo, se formaba el gran revuelo entre las compañeras del servicio y unas a otras se decían:
-¡Qué viene el Pibe, qué viene el Pibe!
Luego, todas revoloteaban a su alrededor, ilusionadas y frititas por él.  Pero el Pibe, a pesar de sus pocos años, era muy responsable y no perdía para nada su compostura y seriedad.  Sólo a la hora del café, al que todas le invitaban, se sentaba para bromear y reírse con todas, para luego volver a cumplir con su trabajo, mientras todas quedaban suspirando por él.
Pasa el tiempo y entra a trabajar en Rayos X una linda, joven y dicharachera auxiliar de enfermería llamada Rosy Yanes.  ¡Aquello fue la bomba!, pues lo primero que consiguió fue enamorar al chico que tenía alborotadas a las demás compañeras.
Con el transcurrir del tiempo, Rosy y Paco se casaron.  Él esperaba el momento de seguir con sus propósitos y aspiraciones, por eso, pronto pasó a ser Jefe de Celadores, sin embargo, al poco tiempo tuvo que renunciar por perseguir un sueño aún más grande que era estudiar enfermería.  Eso le obligó a trabajar por la noche y estudiar en las mañanas.
Aquellos fueron unos años duros, pero Paco cumplió con su objetivo de terminar la carrera y se incorporó al Centro como A.T.S.  En ese momento la pareja ya tenía tres hijos y hasta el día de hoy, que llegó la hora de jubilarse, están juntos.
¡Qué curiosa es la vida!.  Cuando entró a trabajar era el más joven de todos sus compañeros y por eso le apodaron el Pibe; hoy, Paco y Rosy son felices abuelos. ¿Qué más da, Pibe? ¡Viva la jubilación!

HISTORIAS DE PELUQUERÍA de Esther Morales





-Regué las plantitas, limpié las ventanas de la cocina, tendí la ropa, fregué el piso y puse al fuego un potajito.  Ahora me peino y después de comer, voy a bailar.  Para una anciana de 86 años no está nada mal, ¿verdad?. 
-Se murió Chávez.  Está muerto, muerto, esa es la pura verdad; muerto el perro se acabó la rabia.
-Sí, pero dejó la mierda por donde pasó. ¿Qué qué va a pasar?  Eso es una incógnita.
Esas y muchas cosas más me cuentan todos los días mis clientas de la peluquería; ¡cómo para no aburrirme!


PAÑUELOESPEJO de Tatiana Silkwood





Ella se miraba en el pañuelo, retocando el sutil rubor de su cara.  Peinando la puntilla de encaje, la chica pensaba y  acicalaba sus bellos ojos rasgados y oscuros, como una pluma al viento, mientras que, con el espejo, se enjugaba las lágrimas, aquellas que corrían hacia el suelo.
Se miró de nuevo en el pañuelo y, aún así, pensó:
-¡Es un bello recuerdo!.

miércoles, 20 de marzo de 2013

DOS MICROLOCURAS de Ana R. Benítez


ARMARIOHISTORIA  
   de  Ana R. Benítez

El armario estaba repleto de personajes célebres; se peleaban por salir de la historia y conseguir de una vez el tan ansiado anonimato.


TIJERATELA  de  Ana R. Benítez

La afilada tela cortaba y cortaba sin compasión; le importaba bien poco que las tijeras se quejaran de tanto dolor.




PAÑUELOESPEJO de Ana R. Benítez




Narciso se miraba y se miraba en el pañuelo, y viendo gotear por sus mejillas lágrimas de emoción, limpió  con ellas el espejo, para observarlas luego.




DOS IMPOSIBLES de Carmen Fumero

TELATIJERA  de  Carmen Fumero




 Envolví mi cuerpo con la tijera convirtiéndola en un vestido y luego, con la tela me corté unas rayas.



PAÑUELOESPEJO  de Carmen Fumero



Doblé el espejo por la mitad y lo anudé en mi cuello, mientras el pañuelo me miraba, lleno de celos.

PAÑUELOESPEJO de Carmen Garcés Pujades



Después de mirarse en el pañuelo, secó las lágrimas de su rostro con el espejo que llevaba en el bolsillo.


PAÑUELOESPEJO de Naty Cabrera





Al coger el espejo sintió su tacto, suave como  la seda y entonces, decidió amarrarlo con dos nudos.  Luego, se quedó observando a través del pañuelo como se reflejaba en él su esbelta y bella figura.


ESPEJOTIJERATELA de Maruca Morales







La tijera las descubrió mirándose en el pañuelo y se escondió tras el espejo no fuera que aquellas telas le cortaran las ideas 

ARMARIOHISTORIA de Carmen Garcés Pujades








      ¡Esta historia es horrible!, me voy a deshacer de ella, 
               ya veré después qué armario le cuento a mi suegra.







PAÑUELOESPEJO de Juani Hernández




El espejo limpió el pañuelo  y, con mal humor, sintió que nada estaba claro; no se reflejaba.



TIJERATELA de Mercedes Álvarez





La tijera se estira, se estira metros y metros, mientras la tela se enfada y se corta, se corta en pedazos; no sabe bien por qué.


martes, 19 de marzo de 2013

ARMARIOHISTORIA de Lilia Martín Abreu



Haciendo posible lo imposible, en el teatro se han cambiado los roles: la historia guarda el vestuario de todos sus actores y nada más subir el telón, el armario cuenta la biografía del gran Cristóbal Colón


TRAPITO de Esther Morales



Me llamo Trapito y hay muchas señoras a quienes les encanta ponerme en sus cuellos para mirarse al espejo con todo el regocijo del mundo; ¡así es el amor!.  ¡Pero que bonito es y que elegante me veo con él!, dicen todas al verse conmigo. Siempre quedo bien, no importa el color que tenga, modestia aparte.  Bien bello, bien útil, todas me adoran, lo sé.



FANTASEANDO de Maruca Zamora



Qué pasaría si, de repente, se me antojara envolverme de pies a cabeza con aquel espejo y me mirara en este pañuelo y que en él se reflejara un campo de flores, a ser posible, rosas.  Sería bonito, sí, aunque ya lo es a través de mi imaginación: ¡es pura magia!.


EL GALÁN DE LA COMUNIDAD de Alicia Carmen





Siempre me han gustado las cosas bellas, los paisajes, las flores, un maravilloso libro, unos versos inspirados y…¿a quién no?.  Pero, a los 17 años. tener un vecino muy guapo y tropezarme con él todos los días, era algo alucinante.  Cada vez que lo veía, no podía evitar abrir los ojos como platos y tener una sonrisa tonta en los labios.  Él, por supuesto, se daba cuenta de mi admiración y me imagino que se sentía muy halagado.
Un día se me acercó y me invitó al cine.  Te esperaré el domingo a las seis de la tarde en la heladería de la esquina, me dijo.  Yo me quedé tan impactada que no podía creer que se refería a mí.  Pero pasados unos momentos, se encendieron las alarmas en mi cabeza y me acordé haber oído decir a mi prima que este chico la había invitado también a ella, y luego a la chica del número 13, y luego a la de la planta baja.  Vaya, se comporta como un pavo real, pensé, ¿y ahora me toca a mí?.
Con cierta pena, dejé pasar las 6 de la tarde del domingo y le di plantón al guapo de la comunidad.  Demás está decir que nunca más me saludó y yo llegué a preguntarme  en aquellos días, si había hecho bien o mal dejando pasar aquella tentación.
Años más tarde, supe que nuestro galán se había casado y divorciado tres veces y sabría Dios cuántos hijos habría dejado regados por ahí.
Así que la moraleja de esta historia no puede ser otra que aquella que dice que:
Una retirada a tiempo vale más que una victoria




QUO VADIS de Eva Mª Sacramento Delgado





Había un César a quien le encantaba tocar el arpa y hacer poesías horrorosas en forma de canción.  Estaba tan loco que, una vez, se le ocurrió la idea de mandar incendiar Roma para buscar inspiración para sus cantos.
Tenía un amigo que tuvo la desgracia de estar cerca de él para escuchar una y otra vez, sus espantosos versos cantados.  Creo que si ese amigo se hubiera retirado a tiempo, no habría tomado la decisión de suicidarse.
La moraleja dice que:
Una retirada a tiempo vale más que una victoria
aunque a esta historia le vendría mejor…
Una retirada a tiempo vale más que una desgracia.



¡NUNCA MÁS! de Carmen Fumero




Después de un fin de semana con un fuerte temporal de viento y agua, el lunes por la mañana regresaba del sur por la autopista escuchando la radio.  Oí la historia de un pasajero de avión que hablaba de que había vivido la peor experiencia de su vida, el domingo por la noche, en el trayecto Madrid – Tenerife.  Después de un viaje movidito, estando ya cerca del aeropuerto, el avión no paraba de dar bandazos de derecha a izquierda y, después de varios intentos de aterrizaje, no fue posible.  Los pasajeros, aterrorizados, no paraban de gritar, pedían información y nadie sabía nada.  Transcurridos unos 40 minutos, finalmente lograron aterrizar en el aeropuerto Tenerife Sur y apenas el avión tocó tierra, todos aplaudieron al saberse a salvo.  Las azafatas, muy amables,  se despidieron pidiendo disculpas pero, diciendo que les esperaban verlos de nuevo a bordo.  Creo que algunos contestaron que..¡nunca más!


NO HAY QUE TOMARSE LA VIDA TAN SERIO de Carmiña Gohe





Un padre que tenía cuatro hijos pensó en dejarles una buena herencia y por ello trabajaba muchísimo, lleno de ilusión.  Así fue hasta que llegó el día en que se enfermó.  Entonces les llamó para indicarles que todo su dinero sería repartido a partes iguales entre los cuatro hermanos.  Una vez lo hubo hecho…, todos fueron despilfarrando lo que a ellos no les había costado esfuerzo alguno.  De esta historia podemos extraer la moraleja de que no hay que tomarse la vida tan en serio como lo había hecho aquel padre, sino vivirla.


jueves, 14 de marzo de 2013

YA NO HAY GENIOS de Juani Hernández




Dedicado a mis compañeras del Taller de Narrativa

Ésta es una tertulia semanal, donde un grupo de personas de diferentes edades y culturas, entablan interesantes discusiones y amenas charlas sobre literatura, poesía, pintura, política y filosofía. ¡Siempre geniales!.
Todas, revestidas de ansias de saber y deseos de compartir sus ideas y conocimientos con quienes las quieran escuchar; todas con una particular sensibilidad.  Personas que hacen que la vida avance y tenga un mejor significado.  Con su ingenio e inteligencia asombran al mundo…, en ocasiones lo atemorizan…, indiscutiblemente…¡incomprendidas!

Ya no hay genios, pues la genialidad nace de la visión, pura y auténtica, de lo que nos rodea.  Y la medicina… trata de “sanarlos” con antidepresivos o, lo que es peor, en casas de salud mental…



¡NO HAY QUE TOMARSE LA VIDA TAN EN SERIO! de Mercedes Álvarez




Tienes un grupo de amigos de muchos años con los cuales compartes muchas cosas de tu vida, incluso llegas a creerte que sin ellos no eres nadie.  Son como un pilar para poder seguir adelante. 
Yo siempre estaba de acuerdo con todo lo que se decidía en conjunto en nuestra relación de amistad y creía que ésta marchaba muy bien, hasta que, últimamente, por unas circunstancias que no viene al caso contar, el grupo se ha distanciado.  Claro, en principio, creí que no iba a poder seguir adelante porque todo en mi mundo se estaba derrumbando y no veía la solución por ningún lado, sin embargo, al pasar el tiempo, me doy cuenta de que en mi nueva vida empiezan a ocurrir ciertos cambios.  ¡Caramba!, me dijo a mí misma, he vuelto a renacer, tengo nuevos amigos, a los que percibo alegres y sinceros.  Ellos me repiten siempre: ¡Chica, la vida no hay que tomársela tan en serio!, date cuenta de que la alegría y la diversión también existen y por eso no dejamos de ser como somos en realidad.
La moraleja que yo extraigo de esta experiencia es que en esta vida, nunca sabes con la que ganas o pierdes, hasta que no te arriesgas y lo haces.





miércoles, 13 de marzo de 2013

MI MORALEJA de Maruca Morales




Verdad es que en esta época en que estamos hay que estar prevenido pues yo, aunque sea desconfiada, prefiero estar alerta,  Por ejemplo, no soporto que nadie caminé detrás de mí en la calle.
Un día que salí al mercado por unas cosas, no sentí que nadie me estuviera siguiendo, cuando de pronto, alguien me coloca las manos en las orejas.  Por un momento, creí que era alguna amiga que quería sorprenderme, pero no; fue tan grande el golpe que me quedé paralizada.  Me quitaron los zarcillos que me habían regalado mis hijos por el día de las madres.  El susto tan enorme que sentí al ver la sangre que salía de una de mis orejas, no se me olvida.  Ver manchada la blusa blanca que llevaba puesta y la cara de terror de mis hermanas cuando me vieron de aquel modo, hará que nunca me olvide de aquel día.
Podrán entender entonces que a partir de aquel suceso, cuando siento que alguien camina detrás de mí, le pido que pase delante y voy siempre prevenida por  la calle…

Esta es mi moraleja:
-¡Ojo! ¡No dejen caminar a ningún desconocido detrás de ustedes por la calle!

¡NO SE LO CREAN! de Lilia Martín Abreu




Esteban, desde pequeño, siempre tuvo actitudes de líder y se jactaba de ello.  Ya en el colegio, combatía por ser delegado de clase, ofreciendo cosas que ni soñando se podían cumplir, como bebederos de cocacola, menos horas de clase y cero exámenes.  De mayor, ya quiso ser alcalde, prometiendo, como buen político, que si él ganaba no se pagarían impuestos, tendrían pagas extras, viajes y fiestas por todo lo alto.  En ofrecer derrochaba toda su energía, pero la gente ya lo tenía calado y sabían que perdía la fuerza por la boca y comentaban:
-Lo que ofrezca Esteban, ¡no se lo crean!
Así fue como se ganó a pulso el apodo Noselocrean.  Han pasado años y aún hoy su familia, sin haber ofrecido nada, son beneficiarios de tan vergonzoso apelativo…¡perdón, perdón!, ahora que recuerdo… si hay un nieto llamado Mariano que heredó todos sus genes y costumbres.  Advertidos quedan:
-Si él les ofrece algo, ¡NO SE LO CREAN!.




ANIVERSARIO de Águeda Hernández




Nos veíamos un tanto ridículos; dos personas de cincuenta años, sentados solos ante una mesa de juego en el patio trasero de la casa y con sombrero atado bajo la barbilla.  No era así como había imaginado la celebración de nuestras bodas de plata.
En mis sueños, cientos de invitados, una orquesta de seis músicos que tocaría nuestra canción predilecta, “Nuestro amor jamás se acabará”, y nosotros deslizándonos por la pista de baile.  La realidad fue muy distinta.  Los chicos habían asado hamburguesas y salchichas en la parrilla y las habían engullido para, acto seguido, marcharse, dejándonos solos, no sin antes dejarnos a mi esposo y a mi,  la tarea de limpiarlo todo.
Sobre la mesa descansaban los regalos: unas batas de baño con sus correspondientes toallas.  Mi esposo sacó de la parrilla la última hamburguesa y me la ofreció.  Me la llevé a la boca.
-Hemos pasado un rato agradable –comentó –
- ¿Sabías que Richard Burton le regaló a Elizabeth Taylor un diamante raro y ella a él un largo abrigo de pieles – le pregunté yo.
-¡Y que iba a hacer yo con un abrigo como ese! –gruñó.
Él y yo habíamos pasado por dos guerras, por cinco casas, tres hijos, compartido el dentífrico, las deudas, los armarios…  El regresó a donde estaba sentada y me dijo:
-Tengo un regalo para ti
-¿De verdad? ¿Qué es? –pregunté emocionada.
-Cierra los ojos –respondió.
Cuando los abrí, sostenía ante mí una de esas coliflores que vienen en un frasco.
-La quité de la vista de los ojos de los chicos porque sé que a ti te encanta la coliflor –me explicó.
-Quizá, así de sencillo es el amor –pensé.




NO HAY QUE TOMARSE LA VIDA TAN EN SERIO de Tatiana Silkwood





Andaba siempre preocupada, con un rictus de pena y amargura; era doña Angustias, la que no vivía pensando en lo que podría ocurrir mañana…., que si la casa, que si los hijos, que si su marido tenía alguna…, que le dolía aquí o allá, que seguro tenía algo grave…  En fin, que con este rosario de quejas, la convivencia con ella se hacía insoportable.
Esa noche, doña Penas sale angustiada: su hijo mayor no ha llegado a casa.  La cabeza no para, va más deprisa que sus pies, llega a casa de la mamá de Carlitos, sube hasta el polideportivo, hasta piensa en ir a la policía…¡mejor regreso a casa!, piensa.   El bueno de su marido saldrá con ella en el coche…¡SORPRESA! ¡Cumpleaños Feliz…!



CARTA A MI PADRE de Alicia Carmen



Por favor, papá, no te enfades con lo que voy a pedirte, no me atreví a decírtelo por teléfono.  Esto es vital para mí.  Entiende mi problema: cuando les devuelvo los trabajos a mis alumnos en el colegio, firmados por mi, me miran raro.  Creo que les da la risa.  Para colmo, el otro día estaba en la sala de espera de mi doctora y cuando me llamaron para pasar a la consulta, hasta las personas que antes ponían cara de dolor, cambiaron el semblante por otro mucho más alegre y, claro, yo les miré a todos con expresión tan furibunda que volvieron a quejarse de sus dolencias.  Pero, papi, lo peor no es eso, es que estoy enamorada y loca de contenta: me han pedido en matrimonio y tú serás el padrino, pero el problema es que mi novio se apellida Santacruz. ¿Vas entendiendo?.  Ahora será toda la ciudad quien se reirá de mí.  Por favor, papi, déjame ir a la oficina del Ayuntamiento a cambiarme este apellido, prometo sustituir solamente una R por una V.  Ya sabes que me encanta perderme por el Corte Inglés, o el Meridiano Carrefour, o el Parque Boulevar, así es que, si me das permiso, en lugar de Clarisa Larrisa de Santacruz, me convertiré en Clarisa LaVisa.



UN VECINO MOLESTO de Maruca Zamora




Edelma estaba enfrascada en una lucha contra su vecino Luis; no podía con él.  Por más que lo corriera, lo asustara, le tirara la puerta, le echara agua, él no dejaba de fastidiarla.  Parecía que se dedicaba únicamente a pensar cómo molestarla.
Llegó el día en que Edelma no aguantó más.  Lo esperó, escondida entre los árboles del jardín, con toda la paciencia del mundo.  Él llegó, como todos los días, muy confiado en que todo sería como siempre.  Cuando Edelma lo tuvo a tiro, dirigió el chorro de la manguera hacia él y lo puso como una sopa.  El vecino salió disparado, chillando despavorido.  Estaba claro que no lo esperaba.
A partir de ese día no ha vuelto a molestarla.  Edelma lo ve merodeando por su casa, la mira, pero no se acerca.
Edelma pensó que, tal vez,  se había convertido en un ser pensante y que el gato de la vecina había llegado a la conclusión de que una retirada a tiempo valía más que una victoria.


martes, 12 de marzo de 2013

PEPA SINSUERTE de Ana R. Benítez




Me llamo Pepa y vivo con Marta y Cecilia; también está Paco, de aspecto fuerte y color oscuro, igual que mis compañeras.  Yo, en cambio, soy blanca.  Antes éramos más, pero sólo quedamos nosotros.
No conocí a mi madre.  He oído decir que murió cuando yo nací; es la razón por la que dicen que estoy famélica, por no mamar de pequeña.  Lo normal es que estuviera gordita, pero no es así.  En cambio, Marta y Cecilia, sí lo están, ¡y ni qué decir de Paco!.  Él es muy cariñoso con ellas, y a mi ni se me acerca.  También son las favoritas de mi cuidador.  Todas las mañanas, cuando entra a darnos de comer, todo son halagos hacia ellas; a mí me mira con desprecio y a veces hasta con compasión. 
Yo me sentía sola y vulnerable, maldecida por la fortuna hasta que le escuché  decirme:
¡Pepa, tienes que comer más si no este año tampoco te va a tocar a ti! ¡A este paso no vamos a sacar de ti ni una ristra de chorizos! ¡Qué mala suerte hemos tenido con Pepa!


CLARISA LARRISA de Carmiña Gohe




En una aldea, vivían los padres de Clarisa y sus hermanos.  Todas las mañanas, se levantaban temprano a hacer las tareas en el campo, pero como Clarisa era la más pequeña, se quedaba jugando con su amiguita Pepi.  Se divertían y no hacían sino reírse y reírse, siempre contentas, sobre todo cuando la madre de Clarisa salía a la puerta de la cocina y les decía, ¡a desayunar!, ¡vamos, Pepi, hay tortitas de miel!.
Las niñas fueron creciendo y llegó el día en que Clarisa se enamoró de un aldeano muy apuesto, pero llegó la fecha en lo alistaron para ir a la guerra en Oriente.  Ellos se escribían todas las semanas, pero Clarisa empezó a ponerse triste porque últimamente no recibía correspondencia.  Una mañana, les tocaron a la puerta dos soldados y le dieron un sobre, en él le comunicaban que Pedro estaba en paradero desconocido. Clarisa se quedó callada, le parecía que eso no le iba a pasar a ella, imposible.
No hablaba y por supuesto no tenía ni una sonrisa en su cara.  Pasaba los días deambulando por la casa sin saber qué hacer hasta que, una mañana temprano, cuando salió al jardín, vio a lo lejos la figura de un hombre.   El corazón le dio un vuelco y salió corriendo a su encuentro pues reconoció que era su novio.  La risa que alegraba a todos volvió a la casa de Clarisa, como siempre había sido en toda su vida.


ÁNGEL SIPUEDO de Eva Mª Sacramento Delgado




Lo pensaba una y otra vez, mientras se ponía los patines de cuatro ruedas para bajar por la Cuesta Piedra, esquivando coches, motos, guagua, personas, semáforos, hasta llegar a la Plaza de España.
-Sí puedo, sí puedo –repetía sin descanso Ángel.
Al llegar al comienzo de su aventura y ver la fuerte inclinación de la calzada, le entró pánico.  Tenía sudores fríos por el miedo a sufrir un accidente.
-¿Y si mi caigo? ¿Y si me doy contra un coche? ¿y si…?, pero… sí puedo, sí puedo llegar a mi destino –pensaba.
Así que sacó fuerza de voluntad para comenzar a patinar.  Con los ojos bien abiertos, una fuerte tensión le recorrió todo el cuerpo.
Finalmente, llegó a la Plaza de España sano y salvo y con una amplia sonrisa en su rostro, dijo:
-¿Ves? ¡Al final sí pude llegar a mi destino!


CASIMIRO TORPEDO de Carmen Garcés Pujades





Casimiro siempre fue un niño inquieto, hiperactivo y peleón.  Desde muy pequeño, a sus padres siempre les resultó difícil que el niño controlara sus constantes arrebatos de mal genio y sus escapadas de casa cuando recibía alguna reprimenda o castigo, por alguno de los tantos problemas en los que solía meterse, se hicieron cada vez más frecuentes.
Pasaron los años y el carácter impulsivo y pendenciero de Casimiro fue empeorando.  Le gustaba ir a las fiestas del pueblo, para una vez allí y sin ningún motivo, buscar pelea con casi todos los chicos que encontraba.  Así transcurrieron los años de su juventud en los cuales, tantos eran los problemas en que se metía, que en su pueblo le pusieron un apodo: Torpedo.  Ese mote le acompañaría el resto de su vida, como si fuera parte de su propio nombre y así lo conocían todos por allí, porque siempre parecía tener un único objetivo: ir directamente en busca de alguien contra el que liberar todo su carácter explosivo; igual que un misil disparado por un cañón.
Y cuentan todos en el pueblo que, cuando alguien hablaba de él, no lo hacían simplemente de Casimiro, sino que siempre se nombraba al ya tan conocido Casimiro Torpedo.


ESTEBAN ¡NO SE LO CREAN! de Juani Hernández





Un predicador muy afamado, de esos que predican en grandes auditorios y a través de programas televisivos de máxima audiencia, con grandes masas de seguidores, era alabado por multitudes de todos los rincones del territorio; todos con gran fe, sobre todo de…¡muy buena fe!.  Él aconsejaba a sus feligreses, muy vehementemente, que practicaran las grandes virtudes, especialmente la caridad y la generosidad con el prójimo, el desapego de los bienes materiales, convenciéndoles de que eso les llevaría a una vida más rica y placentera y que, a los ojos de Dios, los llevaría directo al cielo… ¡No se lo crean!
Poseía un gran control sobre sus feligreses, dada su excelente oratoria y poder de convicción.  Le solían obsequiar con lo mejor de sus cosechas, pertenencias y generosos donativos. Él los aceptaba, asegurando que serían bien repartidos…¡No se lo crean!
Acostumbraba hacer largos viajes a un lugar por nadie conocido donde tenía una lujosa mansión, coches último modelo y disfrutaba de fiestas entre sus amistades, todas de la más alta burguesía de una isla paradisíaca del Caribe.  ¡Todo lo contrario de  lo que predicaba!
¡No se lo crean!


ROSA ALEGRÍA de Carmen Fumero







Rosa Alegría vivía en un castillo.  Una tarde, mientras preparaba una salsa de pistacho, reconoció un sonido muy agradable que hacía mucho tiempo que no oía.  Un pequeño pajarito azul había entrado volando por la ventana.  Sorprendida, le preguntó si había venido a cantar con ella.
Rosa Alegría empezó a cantar y muy pronto se unieron a ella una bandada de pajarillos mientras el dulce sonido de sus cantos se extendió por toda la cocina y Rosa, más alegre y contenta que nunca, no paraba de reír.

jueves, 7 de marzo de 2013

ASÍ ME LO CONTARON… Y YO ME LO CREÍ de Juani Hernández


             

A finales del año pasado, me contaron que el gobierno estaba estudiando unas mejoras en las condiciones de las personas que habían perdido a su marido por fallecimiento y que tenían hijos a su cargo y con pocos recursos económicos.  Pensé, ¡qué bien me va a venir!, pues después de veintisiete años de viuda, por fin iba a poder vivir sin tanto desasosiego (eso sí, tengo que decir que me he convertido en una experta en reciclaje, albañilería, fontanería y tapicería; de una cosa vieja, saco algo nuevo y provechoso).
Con frecuencia pienso en el mal empleo de las leyes y de los recursos de todos, pues no solo perdemos a alguien importante en nuestra vida, sino que lograr una mísera beca para que nuestros hijos finalicen sus estudios, te obliga a vencer un auténtico maratón de obstáculos, de súplicas, ruegos y humillaciones.  Creo que al gobierno le hubiera gustado que, junto a mi marido, se hubiera quemado en la pila funeraria al resto de la familia, como hacían antiguamente en la Indía.
Como dije al principio, estaba expectante con la esperanza y la alegría de que cumplidas las promesas del gobierno, todo iría mejor.
Llegó finalmente el boletín informativo de primeros de año, comprobando decepcionada que, no sólo no habían aumentado algo razonable, sino que no alcanzaría ni para pagar el euro por receta.
Una vez más el gobierno hacía demagogia con los más desamparados y menos culpables.



ASÍ ME LO CONTARON de Mercedes Álvarez



¡Hola!, siéntate un poquito conmigo que te voy a contar algo.  Es un chisme, pero necesito contárselo a alguien que me guarde el secreto y sé que tú lo harás.  ¿Te acuerdas de José? este chico que siempre, desde que estábamos en primaria, me ha tenido loca, ese…  Pues me enteré… que.. ¡no,no, por favor! gay no es, pero tú sabes que desde hace años viaja constantemente.  Yo siempre había pensado que era por su trabajo.  Sí, sí, él es policía secreta y tiene que viajar mucho. Bueno, el caso es que me enteré, y por cierto me he quedado muy decepcionada al enterarme, que se casó en la península y tiene familia con hijos y todo.  Vale, vale, yo con él no he tenido nunca nada, salvo una buena amistad, pero ¿por qué no fue sincero y me lo contó?.  Sí, de acuerdo, teníamos diferentes maneras de ver la amistad, pero eso no me quita el sabor amargo del desengaño que se me quedó cuando, así, me lo contaron.




ASÍ ME LO CONTARON de Elena Castañeda



                                                            

Doña María era una señora mayor, más o menos de la edad de mi madre, y me contó que una vez que venía de la huerta, se encontró con don Ramón.  Este señor era un ricachón del pueblo y, como tal, se creía que podía conseguir todo lo que se proponía, así que trató de conquistarla, diciéndole que estaba loco por ella.  Ella le repetía que era feliz con su marido y que no quería saber nada de él, pero don Ramón seguía insistiendo.
Doña María era una mujer alegre, tenía cinco hijos y su marido era pastor de ovejas, así que aquel ricachón la ve otro día en que ella venía con fruta y esta vez le dice que soñaba con ella, que no podía descansar, que él era capaz de regalarle lo que ella le pidiera, pero que tenían que hacer el amor…
Como eran tan pesado, ella le dijo que bueno, que estaba bien, aunque lo mejor sería hacerlo en su casa, la de ella, para que nadie les viera.  Él, la mar de contento, la acompaña a su casa y al entrar, ella levanta la voz y dice:
-Juan Antonio, prepara la cama que viene Ramón que dice que me va a hacer el amor.
Ella sabía que su marido estaría en casa durmiendo y de este modo le preparó la trampa.
Don Ramón se cagó en la madre que la parió y se marchó, pero nunca más la molestó.


ASÍ ME LO CONTARON de Tatiana Silkwood




  Así me lo contaron y así lo cuento yo…
    En aquel entonces, cuando la guerra civil había dado paso al reposo, dejando paso al hambre, la escasez y la impotencia, donde el sobrevivir del día era una batalla ganada..
    …aquel Santa Cruz con sus marquesinas, su único y pintoresco tranvía, el andar de alpargatas de las chicas de servicio, el tráfico de los cambulloneros en el muelle y éste con su pescante…
    …las vendedoras de pescado madrugaban para correr largas distancias para ir a buscar el pescado que vendían después, con su cesto a la cabeza…
    en medio de todo aquello…
    …Una niña pequeña que cambiaba higos por pescado, en mandato de su madre que usaba a la criatura para infundir lástima, en el saber que en los recados iba el obedecer implícito.  Una vida dura desde la infancia…
    …En las tardes de domingo, aquel paseo por las Ramblas, llenas de juventud y alegría.  La felicidad del que está en paz consigo mismo y viste de conformidad la mirada…
    …así me lo contaron y así…lo cuento yo.



ME LO CONTÓ MI TÍA CORALIA de Lilia Martín Abreu y Coralia Abreu


Cuando le pedí a mi tía Coralia que me contara alguna historia que poder relatar esta semana, me contestó que me la iba a mandar por escrito.  Así lo hizo, pero lo narró de tal forma que no he querido quitarle ni un punto ni una coma,  Se las presento, tal cual ella la escribió y mis créditos, esta vez, los comparto con ella.

Esto es solo un recuerdo, de muchos que aún hoy persisten en mi memoria, a pesar del paso del tiempo. 
Corrían los años sesenta, cuando ocurrió esto que les voy a contar.  En mi pueblo había una tienda; su dueño era un señor mayor llamado don Antonio Peña.  Este señor ya no trabajaba a causa de los achaques de la vejez, él se sentaba en una silla en medio de la tienda para controlar a sus empleadas, que eran varias; creo recordar unas cuatro o cinco.  Cuando no había clientes que atender, las empleadas pasaban a la trastienda para preparar el género, teniendo en cuenta que en esa época se colocaban piezas de tela, ya que no se vendía ropa confeccionada, como ahora.  En la tienda, además de telas, también se vendía todo género de mercería y contaban con ropa interior y demás accesorios.  La tienda estaba muy surtida, era el Corte Inglés de la época.
Mientras las empleadas estaban en la trastienda, llegó un cliente, un señor muy famoso en el pueblo, ya que era abogado, se llamaba don Estanislao y quería comprar calzoncillos.  Casi detrás de él, también entró una señora que buscaba huevos de madera para zurcir calcetines.
Cuando salió una empleada, don Antonio le dijo:
-Carmen, bájale los calzoncillos a don Estanislao y enséñale los huevos a la mujer.
Todo esto sucedió tal y como lo cuento, claro que cada quien le da la interpretación que quiera…



ASÍ ME LO CONTARON de Eva Sacramento Delgado



                                                              
Una tarde del mes de abril, estaba en posición horizontal sobre el mar cuando sentí, debajo de mí, un extraño movimiento.  Al poco rato, vi que se trataba de un delfín que se acercaba.  Me puse en pie, flotando en el agua para verle mejor.  Muy cerca de mí, le acaricié la cabeza y le di un beso en la frente.
-Los de tu raza están acabando con nuestra comida, están ensuciando el lugar donde vivimos.  ¡Ayúdanos, por favor!   ¡Ayúdanos,  querida amiga! –sentí que me dijo.
Salí del agua, me vestí y fui al Ayuntamiento, a las zonas de pesca, a discutir con cualquiera de mi raza que pudiera parar aquello.
Durante un tiempo, trabajé duro, apenas dormía, intentando buscar una solución a este problema. 
Pasó un año y, por fin, lo conseguí.  Fui a una rueda de prensa y los periodistas me preguntaron el porqué de mi interés para salvar al mundo marino.  Les conté la historia del delfín y terminé diciéndoles:
-Así se los cuentos porque, un día, así me lo contaron.


ASÍ ME LO CONTABA de Carmiña Gohe



Así me lo contaba y así lo cuento.  Siendo yo  una niña, María me venía a contar cuentos cuando ya estaba en la cama.  Me encantaba oírla, sobre todo las historias de brujas.  Ella decía que las había y que salían por las noches.  Hasta me contaba cuáles eran los sitios por donde se podían ver: en el barranco de Barroso, yendo hacia Tigaiga…
En alguna ocasión, cuando yo pasaba por esos lugares, de día ¡eh! se me ponían los pelos de punta, pues por ese camino íbamos a coger hojas de los morales, para darle comida a los gusanos de seda.  A todos nos dio por eso; veíamos los cambios por los que iban pasando los gusanos y nos encantaba.
Volviendo a la historia de las brujas, esa en la que María me decía que en las noches oscuras se veían luces moviéndose por “las vueltas” –que así se llamaba al camino que iba al pueblo de Icod el Alto–. 
Ahora, me sonrío al recordar lo que me contaba  mi cariñosa María, pues aquellas luces seguramente eran las personas que se alumbraban con faroles, porque aquella era una vereda solitaria.  Cuando era niña ¡yo me lo creía!  ¿Las hay?  Puede




ASÍ ME LO CONTÓ de Maruca Zamora





De niña, mi abuela me contó un cuento que un día se iba a convertir en realidad.  Me dijo que una niña viajaría a otro país muy grande y bonito, se iría en un gran barco, muy lujoso, que surcaría los mares.  Ese barco tendría muchos camarotes, piscinas, restaurantes, para comer como sin de una pensión con comida se tratara y hasta bailes se iban a celebrar en pleno viaje.  Al final del recorrido, esa niña se encontraría con sus padres que estaban esperándola al otro lado de ese gran mar. A mí me parecía imposible porque para mí, el mar no tenía fin y me preguntaba aquel barco se podía aguantar sobre las aguas.
Aquel cuento de mi abuela se hizo realidad cuando aquella niña  viajó a ese país soñado, pero el encanto se esfumó al llegar allí porque no todos los cuentos que te dicen de niño tienen un final feliz.  Aquella niña era yo.