viernes, 20 de diciembre de 2013

NUESTRO VIAJE POR EL 2013

   

Bajo el PARAGUAS  de Alicia, comenzamos este viaje que, de acuerdo a las ONCE LÍNEAS de Ana Rosa, nos llevaría directo a la esperanza. Estábamos decididos a llegar hasta allí, lloviera o relampagueara.  Resueltos y sin ambages, nos embarcamos en aquella tarea junto a ROSA ALEGRÍA, una amiga que había traído al taller Carmen F.  El trayecto había empezado ya, cuando Carmen G se unió al grupo, justo en la segunda parada, pero no lo hizo sola, llegó acompañada, nada menos que de DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA.  Carmiña no se dio cuenta porque andaba ella entre ÁRBOLES Y AVES, aunque Clotilde pronto la alertó, convenciéndola de que aquello era cosa DE ESPÍRITUS.  Elena insistía en permanecer ENTRE LAS NUBES y el asunto que, no hacía más que empezar, se complicó aún más cuando Esther anunció QUEDARSE DE HIELO.  Nada de qué preocuparse, pues Eva encontró pronto la solución: dijo haber traído con ella a ÁNGEL SÍPUEDO, así que con su ayuda, pronto arreglaríamos aquel embrollo.  ¿Solución?, irnos directo a CHISTELANDIA y, tras echarnos unas risas, nos dejamos convencer por Isabel para adentrarnos en el espeso bosque de los CUENTACUENTOS.  Juani dijo AQUÍ ESTOY y Lilia respondió enseguida que era cosa de CREER Y CREAR.  Por su parte, Maruca M advirtió que tal vez ella iría EN LA GUAGUA, mientras que su tocaya Maruca Z nos aseguraba con insistencia que a fin de cuentas LO IMPORTANTE ESTÁ DENTRO. 
Mercedes se empeñó en llevar con ella a PACO EL PIBE  y Naty argumentó, inmediatamente, que sólo era cuestión de ponerle PASIÓN al asunto.
Isabel tuvo que abandonar el tren por un tiempo, ocupada como estaba en cuidar historias  muy próximas al alma, y en su lugar quedó  Carmen G que nos condujo, dulce y suavemente, por los senderos intrincados del otoño, dejando en ellos, signos de su saber hacer.  Nos regaló horas estupendas, llenas de nuevos retos que vencimos con el arma de la ilusión, siempre dispuesta.  Gracias Carmen, ¡¡eres un sol!!, dijimos todos. 
Así de motivados y entusiastas, seguimos adelante y Nina, de vez en cuando, nos recordaba mantener vivo el espíritu de CADA JUEVES A LAS SIETE.  A eso nos ayudó mucho, la llegada a nuestro tren en marcha, de Roberto, que nada más arribar nos dio a todas un FUERTE ABRAZO.
Ya por aquel entonces, Isabel  estaba de regreso y juntos  seguimos el trayecto, haciendo caso al consejo de Zuleima; no dejar nada al AZAR y al de nuestra entrañable Águeda; ESCUCHAR CON EL CORAZÓN, de modo que empecinados en nuestro viaje hacia la esperanza, llegamos y nos hicimos con ella, pero   no termina en este punto nuestro periplo, no, no, ¡nada de eso!  aquí seguimos y seguiremos, abriendo puertas a la imaginación, alimentando sueños y amistades, maravillándonos con el tesoro de las palabras, haciendo nuestros toda la fantasía, la ilusión y el deseo de aprender, juntos en nuestro empeño de  volver el MUNDO AL REVÉS, cada jueves a las siete.


 
¡Feliz Navidad y Venturoso 2014!




Isabel Expósito Morales

jueves, 5 de diciembre de 2013

EL TIEMPO HABLÓ de Sandra María




Nada más preciso que el tiempo, pensó Laura, para darse cuenta del final.  De nuevo, sola ante su imagen desnuda, en aquella habitación.
Siempre los miércoles, a la misma hora, en el mismo lugar. ¿Hasta cuándo seguiría así?. ¿Hasta cuando seguir compartiendo la mitad de su vida con él? ; la otra mitad era de ella.
Sin embargo, esa tarde fue distinta.  Tal vez un abrazo no sentido, una mirada perdida o un te quiero, ya un tanto lejano.  No estaba segura; tal vez fuera solo el tiempo que había puesto las cosas en su lugar.  Lo que sí sabía era que había llegado el momento de partir, de dejar todo aquello que ya no le pertenecía.  Tal vez nunca lo fue, sin embargo, hasta ese instante, lo había vivido como suyo.  Algo indescifrable hizo que aquella tarde se diera cuenta de que él no merecía sus besos, sus abrazos entregados, ni su corazón honesto.
Hoy era jueves y era tiempo de levantar el vuelo.  Estaba dispuesta a vivir para ella.  Se iría con la maleta llena de todo su tiempo, de todo su amor, decidida a entregarlo de nuevo, a alguien que lo quisiera, que lo cuidara y lo amara.  Pasara lo que pasara, ella seguía pensando, que había sido más feliz que él, porque amó con todos sus sentidos y vivió la mayor historia de amor de su vida.
Laura sabía a lo que se enfrentaba pero también tenía la certeza de lo que esperaba de una relación y él no le había entregado, precisamente, lo que ella siempre había soñado.
De aquella historia había aprendido mucho: a comprender situaciones que no se deben dar, pero existen, a entender el sufrimiento del otro, a saber esperar… y a conseguir la fuerza que necesitaba para dar este gran paso.
De este gran romance, Laura se lleva consigo, los mejores momentos de amor jamás imaginados, aquellos llenos de ternura y también de intensa pasión.  A pesar de sentirse apenada por el final no alcanzado, sabe que tiene mucho más que dar.  Está dispuesta a seguir adelante con su vida y a volverse a enamorar mil millones de veces más.






PUNTO DÉBIL de Sandra



Él se había cansado de decirle que no tenía ninguno.
-Como su mismo nombre indica, eso es cosa de débiles –repetía Patricio cuando se disponía a abandonar aquel lugar.
Fátima creía que aquello la podía ayudar, a pesar de que no estaba bien visto por la sociedad.  Ella sabía que, en sus fiestas privadas, su marido –de vez en cuando – consumía…, pero él nunca lo reconoció.
Aquella situación le causaba un dolor tan atroz que su alma por momentos se ausentaba.  Era capaz  de arañar con su mirada todo aquello que no sufriera como ella.  Se había convertido en un tormento.
Recluida entre aquellas cuatro paredes y aislada de su vida, pasaba el tiempo, ausente de la realidad; como si nada tuviera sentido para ella.
A su esposo lo sentía cada vez más lejos y todos los demás eran extraños.  No quería ver a nadie, ni que nadie la viera así.  Su vida estaba tan al borde del horizonte que… sonaban campanas de despedida.
La idea del viaje para alejarse de tan tortuoso camino, la hacía pensar constantemente en la partida.  Vislumbraba el descanso físico y la liberación de aquel dolor, que segundo a segundo, minuto a minuto, le robaba el aliento.
Ya, en medio del viaje, sintió alivio seguido de un confortable calor…Era como si sintiera una hermosa melodía que la transportaba al lugar de sus sueños, aquellos en los que se refugiaba a menudo, cuando necesitaba aislarse de este mundo, tantas veces injusto.

Sentía una paz confortable y enseguida comprendió que había vuelto al origen al que su alma pertenecía… 



EL TIEMPO de Ana R. Benítez


Nada más preciso que el tiempo, pensó Laura, aunque siguiera anclada en él, mientras el espacio seguía su marcha, sin ella.  Su vida había dejado de tener sentido desde el momento en que él se fue.  Se aferraba a los recuerdos para vivir el día a día, pero éstos la consumían y la apagaban intensamente.  Se perdía en el camino angosto de la vida; no quería continuar sin él.

Y aquí sigue, esperándole, sin ser consciente de la marcha de los días, de los años, mientras él hace ya tiempo que…se olvidó de ella.


LA VISITA de Esther Morales




Al salir de la habitación del hospital, donde fuimos a visitar a un familiar enfermo, quedamos atrapadas en el ascensor junto a tres personas más.  Es curioso analizar la reacción de las personas cuando se presentan situaciones como ésta.  Una gritaba, otra lloraba llena de angustia y, las que estábamos serenas, tocamos el timbre de emergencia mientras nos sonreíamos.  Una señora muy cordial contestó nuestro llamado y al escucharla, sentimos mucho alivio.  En un ratito, salimos todos del ascensor, felices de vernos libres de aquel encierro involuntario.  Aquella fue una visita inolvidable.


PASIÓN de Carmen Garcés



Soñó con ser escritor y se quedó a las puertas de una Editorial, aunque como portero, claro.  Eso no le impidió que su auténtica vocación siguiera marcando su camino; escribir había sido su sueño, casi su obsesión desde su infancia y, un obstáculo no le iba a impedir conseguirlo.  Así que, a sus treinta y ocho años, decidió que ahora era el momento, su momento.
En su tiempo libre, comenzó a escribir lo que para él sería su obra decisiva; poniendo en ella todo su corazón, toda su alma y, con esa sensación de última oportunidad que le atenazaba la mente, consiguió la fuerza necesaria para realizarlo.  Así, en pocos meses, el libro quedó terminado.
Con él bajo el brazo y toda la decisión que da el apremio del tiempo, se presentó en la oficina del editor y, sin aceptar negativa alguna por parte de éste, dejó encima de su mesa, aquel sobre con el manuscrito de su libro y junto a él, todas sus ilusiones.
Pasaron los días, las semanas…, sin que recibiera las tan anheladas noticias.  Esto le hizo sentirse tan decepcionado, tan desilusionado que decidió centrarse en su trabajo y dejar a un lado escribir.  Por ahora, sería únicamente el portero de una Editorial, por ahora –pensó.
Un día como tantos, al llegar a casa recogió una carta del buzón, el remitente era la Editorial donde trabajaba.  Presuroso,  procedió a abrirla, intrigado de cuál podría ser la razón del envío.  Conteniendo la respiración, leía su contenido.  Al llegar a uno de los párrafos, de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas.
“…tenemos el placer de notificarle que esta Editorial ha tenido a bien la publicación del manuscrito de su libro…”, por fin había llegado el día por el que tanto había luchado y esperado.

La felicidad que sentía era indescriptible; la perseverancia y la espera habían dado sus frutos.  Él nunca había claudicado ante las adversidades ni las negativas, porque siempre lo tuvo claro; escribir había sido y era su pasión.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿VACACIONES? de Mercedes Álvarez


Por culpa de aquellas vacaciones, Pedro dejó de hablarle a José Manuel durante una larga temporada.  Todo empezó en verano, que fue cuando se reunieron todos los amigos en el pueblo para pasar juntos las vacaciones, ya que el resto del año lo pasaban estudiando en la ciudad.
Como cada año, planificaron lo que podían hacer el tiempo que compartirían juntos aquel verano.  Montar a bicicleta para recorrer los lugares más cercanos o subir a la parte más alta del monte, para luego deslizarse monte abajo, sentados sobre un cartón grueso…y muchas cosas más.  Así lo habían hecho siempre, año tras año, hasta llegar a la adolescencia. 
A José Manuel se le ocurrió organizar un viaje con el fin de que fueran unas vacaciones diferentes, con un destino exótico, asiático, por ejemplo.
Viajaron y, al llegar al hotel, dejaron las maletas en sus habitaciones para empezar su ruta turística.  Cogieron los carritos que utilizan los turistas para trasladarse.  El recorrido no resultó muy agradable pues les cayó una tromba de agua y se vieron obligados a regresar al hotel para descansar.
Ninguno de ellos hubiese imaginado lo que iban a encontrar, ¡qué horror!.  En la habitación había ¡cucarachas!.  Pedro miró a José Manuel.
-¡No me  puedo creer lo que nos está pasando! –le dijo
-Pedro, yo lo he hecho con la mejor de las intenciones, si ha salido mal ¿qué más da?
Tras dar las quejas en la recepción del hotel, decidieron ir a comer algo, aprovechando que había amainado la lluvia.  Encontraron un bonito puesto de comida típica muy cerquita y se animaron a picar diferentes delicias del lugar.
A la mañana siguiente, todos y cada uno de los chicos amaneció con vómitos y diarreas, excepto José Manuel.

-¿Por qué habré aceptado yo el plan de vacaciones de José Manuel? –se preguntaba, cada vez más enfadado, Pedro.


TODO ES MENTIRA de Nina Padrón Barbuzano



Buscas la verdad en medio de la mentira, buscas la mentira en medio de la verdad.  Corres. Te escondes. Te buscan, te encuentran, pero todo es mentira.  Sueñas que vuelas, que te sacas la lotería, pero todo es mentira.

Ves la pobreza en las caras de la gente, hambre de muchas cosas, demasiadas. Pobreza, hambre, paro, y eso…eso no es mentira.  Gente que se mueve en las calles, esperando un milagro.  Solo se detienen en falsos videntes, para escuchar alguna palabra de esperanza que les proporcione instantes fugaces de felicidad y…, aunque todo es mentira, se agradecen aquellos trozos de mentiras mezclados con la verdad.



¿VACACIONES? de Lilia Martín Abreu




Por culpa de aquellas vacaciones, Pedro dejó de hablarle a Juan durante un tiempo indefinido. Empezaba abril, cuando estos dos amigos inseparables por años, decidieron organizar unas vacaciones juntos, como tantas otras veces y compraron unos billetes para viajar a Italia en el mes de julio.  Allí los esperaría Antonio, un magnífico camarada que estaba estudiando en ese país.  Los tres juntos convertirían esas vacaciones en una experiencia inolvidable.
Ya avanzado mayo, Juan recibió una carta donde le notificaban que era  beneficiario de una beca para estudiar idiomas, por lo que debía incorporarse en el mes de julio.  Juan, emocionado con la noticia, se lo comunicó rápidamente a Pedro y éste, en vez de alegrarse por su amigo, estalló en cólera.  Sólo atinaba a preguntarle que iba a pasar con las vacaciones que tenían organizadas.  Juan le contestó que no había inconveniente, sólo las aplazarían por un tiempo, o que viajara solo, que Antonio lo estaría esperando.
A Pedro, esa prórroga no le gustó y viajar solo mucho menos, así que le exigió a Juan que cumpliera con lo acordado y si no… que le pagase el costo del billete.  Juan calibró aquellas palabras, lo miró fríamente, se dio media vuelta y se marchó.
Así terminó una amistad que nunca más se recuperó.  Y todo 

PASIÓN de Naty Cabrera





Soñó con ser escritor y se quedó a las puertas de una editorial, aunque como portero, claro.  Eso no le impidió seguir escribiendo.  Camilo observaba todo lo que sucedía en su trabajo.  Así fue como creyó descubrir, a través del cristal, como  era su jefe,  al ver como aquel hombre sacudía a su secretaria con extrema rudeza.  Se quedó de piedra.  Había escuchado los gritos desde lejos y corrió por el largo pasillo buscando de dónde venían los alaridos de aquella chica.  Al llegar, su asombro fue aún mayor, al percatarse de que era una mujer de cabellos dorados sentada en una silla de ruedas.  Tal fue su impacto, que no se podía mover.
Hasta el portero llegaban los aplausos y recibió un  abrazo de felicitación  casi sin notarlo.  No entendía qué era todo aquello.
-¿Qué es lo que está pasando? –preguntó en pleno desconcierto,

-Querido Camilo, hemos escenificado el principio de tu Pasión, cambias el inicio y publicamos tu novela –le explicó el jefe.


ESCUCHAR CON EL CORAZÓN de Águeda Hernández



Un día, cuando tenía cinco años, Dani estaba jugando cerca de la casa con su hermano Gus, de seis.
-¿Qué es esa cosa chistosa que tienes en la oreja? –le gritó un niño que pasaba por allí.
Dani no respondió, ni siquiera se había dado cuenta de que el niño se burlaba de él, pero Gus si lo había advertido.
-¡Te estoy hablando! –continuó el provocador.
Gus apretó los puños y sintió que el corazón se le desbocaba.
-¡Déjalo en paz! –y entonces Gus y el bravucón se liaron a golpes rodando por el suelo.
Con el tiempo, nadie más se burlaba ya de su problema.  Dani se había convertido en líder de la comunidad universitaria.  En una entrevista transmitida por televisión en su lenguaje por señas, alentaba para que no se descorazonaran por ser sordos.
-Si necesitan ayuda, ¡ayúdense ustedes mismos!- dijo.
Un día, casi al final de la temporada, Charlie –aquel que le había dado un manual y había pasado largas horas enseñándole lo que los entrenadores querían que hiciera- con lágrimas en los ojos, anunció en pleno entrenamiento que Dani había sido nombrado para formar parte de la selección de fútbol universitario, además de que había sido merecedor del premio Jugador Defensivo del Año, otorgado por primera vez a un sordo.

Dani, desconcertado, paseo la mirada por todo el campo.  Vio a todos en pie; le dedicaban una silenciosa ovación , en su propio lenguaje.  Alzadas las manos abiertas, movían los bracos de un lado a otro.  Luego, dando una vuelta para que todos lo vieran, expresó por señas:
-Les quiero.



PASIÓN de Maruca Morales



Laura se levantaba muy temprano todos los días para ir al trabajo.  Aquel día preparó café  como siempre, ésta vez para ella y el esposo, que parecía no iba a salir aquella mañana.  Como su marido estaba en casa, aprovechó la ocasión para no levantar tan pronto al niño, sin embargo, él se adelantó a explicarle que no lo podría cuidar porque iba a estar ocupado en un asunto con su amigo Pancho.
Pancho era un vecino que tenía un camión de mudanzas con el que se ganaba la vida y el esposo de Laura ocuparía su día libre en ayudarle.  En aquellos días, ella había notado algo raro entre el esposo y su amigo, una especie de secretismo extraño,  por eso le preguntó qué era aquello que tenían que hacer.  Él, con una sonrisa en los labios, le respondía que era una sorpresa.
-Vete tranquila al trabajo y cuando regreses, te digo –le dijo.
Laura se fue preocupada y ese día hizo todo lo posible por regresar más temprano que nunca del trabajo.  Y lo hizo.  Llegó antes de la hora acostumbrada.
Se llevó una enorme sorpresa.  Al llegar, se encontró con todos los muebles en la puerta y cajas por todos sitios.
-¿Esto qué es? .-le preguntó Laura a su esposo
-Rápido, nos vamos a mudar, ya viene Pancho con el camión para cargar todo.
-Pero…¿dónde vamos?  -Preguntaba sin cesar, llena de asombro
Sólo cuando llegaron a las puertas de un edificio altísimo, de unos dieciocho pisos, el esposo le habló de la sorpresa.  Había buscado trabajo en muchos sitios pero en todos le decían que era mayor, que el único trabajo que podía realizar era el de portero y limpieza.  Había aceptado y allí estaban.
-Yo no sé limpiar pero tú me vas a enseñar, ¿verdad mi amor?
La respuesta fue sí y allí se quedaron durante muchos años, poniendo pasión y entusiasmo en las labores diarias.

Algo después de instalarse en el alto edificio, supieron que estaban reestrenándolo pues hacía diez años que se había caído, a causa del terremoto del año 1968.


jueves, 28 de noviembre de 2013

TEMPUS FUGIT de Roberto.es




El tiempo, omnisciente; conocedor de nuestra existencia, de nuestro principio y nuestro final.  Convidado de piedra que nos acompaña en nuestras experiencias vitales.  A través de él, viajamos como  pesado tren –el tren de la vida – por raíles cuyas traviesas marcan el transcurrir de los años, como muescas en un árbol, donde el tempo impone el ritmo de nuestro destino.  No hace valoraciones; solo nos lleva de la mano y testifica las decisiones que tomamos a nuestro libre albedrío.
Es en este destino, donde mi madre –omnipresente –motor del tren de mi existencia y eje central de mi más tierna infancia, genera positivas influencias en mi vida; entre ellas, el amor a la naturaleza, a las plantas, a las flores y de manera especial, a las rosas.
Rememoro la vehemencia con la que cuidaba de sus rosales y cómo, casi pidiéndoles perdón, cortaba con suma delicadeza las hermosas flores de sus ramos para decorar cualquier rincón de la casa.  Las adoraba y mimaba con religiosa devoción.

Aquel recuerdo arraigó en mi ser, y empatizó con ese sublime amor por las rosas, presente a lo largo de toda mi vida.
Cuán lejos quedan esos dulces años de juventud, inocentes y despreocupados, que nos adentran en un mundo de dos, de complicidad compartida, donde nuestro espíritu enamorado galopa con la intensidad de los encuentros clandestinos, de los besos robados, de las caricias furtivas.
La primera rosa que cortaron para mí, echó raíces en la memoria de mi corazón.  Me la entregó mi amor, mi único e inmenso amor, como símbolo de nuestro profundo e intenso afecto, que selló nuestras almas para la eternidad.
Las rosas, presentes a lo largo de mi vida como cordón umbilical de mi destino, trasminando de sus sedosos pétalos el aroma que ha perfumado los acontecimientos más importantes de mi existencia.
Rojas las rosas, como rojo el corazón que bombea este intenso amor que lo abrasa todo, se evapora y se condensa, y vuelve a caer como gotas de  ardiente pasión.  Rojas las rosas, aferradas a mi existencia, siempre estarán vivas en mí.  Sólo el tiempo podrá marchitarlas.



LA SOLEDAD EN COMPAÑÍA de Alicia Carmen




¡Oh, Señor! ¿Por qué me siento tan sola? Aunque no lo estoy; dentro de esta precaria embarcación estamos muchos, apiñados.  No conozco a ninguno, no los había visto jamás.  No sé cómo tomé semejante determinación: escapar, huir de esta miseria que me atenaza.  Y ahora ¿qué será de mis ancianos padres y de mis pequeños hijos que he dejado atrás?  Me consuelo pensando que pronto reuniré el dinero suficiente para regresar, ponerlos en una escuela, comprarles vestidos, darles una vida digna, la que nunca les he podido ofrecer.
En medio de mi desesperación, miro a mis compañeros de viaje.  La mayoría tienen caras tristes, preocupados, posiblemente, con los mismos pensamientos que a mi me asaltan.  Sin embargo, para mi sorpresa, también veo caras alegres, esperanzadas, con sus ojos fijos en el horizonte, como interrogándolo.
Un sudor frío me recorre la espalda.  Me siento confundida, asustada, casi arrepentida de esta precipitada decisión.  Siento que el tiempo está apremiándome, me persigue, me muerde los talones, no me deja descansar.  Debo llegar pronto a mi destino, ¡tengo tantas cosas que hacer!.
Una gigantesca ola, acompañada de un fuerte viento, me regresa a la realidad.  Todavía estoy aquí, pero creo ver unas lucecitas, ahora debo ser fuerte pero… ¿cómo?.  Oigo los lamentos de unos compañeros enfermos y las canciones tristes y melancólicas de otros que me hacen recordar mi pueblecito de polvorientos senderos y, como en una fotografía, veo mi querida escuela donde la hermana Dulce María me insufló el deseo de superación.  Nunca he olvidado aquel día en que escribió en nuestro humilde pizarrón estas dos palabras: Preparación y Oportunidad.
Niñas, nos dijo, si quieren conseguir una vida mejor, es necesario que estudien y se preparen y eso depende de ustedes.  Si tienen el suficiente interés, lo pueden lograr.  La oportunidad, eso ya depende de otras personas y para alcanzarla, les deseo mucha suerte.
Y por esas palabras tan sabias, estoy en esta patera.  Espero llegar al lugar adecuado y encontrar a las buenas personas que me ofrezcan la oportunidad para sacar adelante a mi familia, incluyendo a la criaturita que llevo en mis entrañas.


ERAN OTROS TIEMPOS de Lilia Martín Abreu





A Mario lo amparaba el anochecer y se refugió en su guitarra como tantas otras veces.  Para él, ella era su bien más preciado; mientras la tocaba emergían los recuerdos… y, al hacer un repaso por su memoria, irrumpían las palabras de su abuelo Ramón, que retumbaban nítidas en su cabeza como el primer día.  ¡Cuántas y cuántas veces las escuchó, siendo él tan solo un niño.
-¡Estudia, hijo!, que los títulos abren puertas, te lo digo por experiencia.  Mi profesión de contador me simplificó el camino por la vida, era como un aval que me representaba y, gracias a eso, no me tocó cruzar el mar para emigrar como a tantos otros; corrieron tiempos difíciles en esa época.

En los labios de Mario se dibujó una sonrisa enigmática al recordar aquellas palabras.  La incertidumbre lo acompañaba y oscuros nubarrones se cernían sobre su futuro.  Ahora, a treinta años de distancia de aquellos consejos de su abuelo, a él sí le había tocado emigrar como a tantos otros y eso que había seguido su consejo al pie de la letra y contaba con un currículum bastante sustancioso para su edad.  Hoy por hoy, disponía  en su haber de una licenciatura, un máster, un doctorado y cuatro idiomas, pero por ironías de la vida, su sustento lo obtenía gracias a su guitarra.  Eran otros tiempos, no cabía duda.

DETENER EL TIEMPO de Maruca Zamora



-Si hubiera sabido detener el tiempo –pensó Ana, al recordar épocas pasadas en las que la vida era de color de rosa.
Pero todo cambia, para bien o para mal.  Sentada en la terraza de su casa evocaba los viajes que había hecho.  Entre ellos, uno a la boda de su sobrino.  Fue en un pueblecito del llano venezolano.  Aquellos bellos paisajes le habían impresionado.  Esa fue la primera vez que había visto los toros colados y todo era alegría.  Su familia había venido de España y todos participaron en los preparativos.
Luego, Ana recordó el nacimiento de sus hijos, o las amistades que había ido añadiendo a través de los años y otras que se perdieron por el camino.
Ojalá hubiera podido detener el tiempo en aquella época tan bonita de su vida, insistía en ese pensamiento aunque ella sabía que cada año de nuestras vidas es un mundo que pasa y no se puede detener porque es ella, la vida, quien manda.
Con todos aquellos recuerdos amontonados y sentada en su terraza, junto a su marido, Ana contempló en el horizonte aquella puesta de sol con tan bellos colores: amarillos, naranjas, grises en todas sus gamas, entre nubes blancas y el azul del mar.  Era un espectáculo maravilloso de la naturaleza digno de contemplar.
-Dicen que no se puede detener el tiempo. Claro. No en el bolsillo, ni en la cartera, pero sí en nuestra memoria –le dijo a su marido.
Se agarraron de la mano.

-Tienes razón –le contestó abrazándola – Los recuerdos pasados y este maravilloso espectáculo que Dios nos ha regalado es para recordarlo siempre, aunque el tiempo pase.


DIARIO DE UNA TAZA de Ana Rosa Benítez



Soy una taza de desayuno y mi dueña se llama Katy; tiene seis años.  Vivimos con sus padres  –ella los llama papi y mami –y su hermano Daniel, aunque a veces, cuando Katy se enfada le llama idiota; creo que es su segundo nombre. Llegué a esta casa, una tarde de invierno, después de vivir una larga temporada en la estantería de unos grandes almacenes.  Ya estaba perdiendo la esperanza de que alguien me adoptara, hasta que mi dueña se encaprichó de mí.  Así empezó mi nueva vida.
Daniel Idiota me llama “taza cursi” porque mi piel es de color rosa y tengo un tatuaje de una niña rubia sonriendo; se parece mucho a Katy.  Yo creo que por eso le gusto tanto.
Katy me utilizaba todas las mañanas para desayunar: leche con cornflakes de chocolate que le encantaban, tanto a ella como a mí.  Los restos que dejaba, yo también los saboreaba.
Una mañana, para hacerla enfadar, Daniel me usó para su desayuno.  Yo me puse a temblar. ¡Qué horror! No soportaba esas galletas que utilizaba para mojar en leche, unas con forma de dinosaurio. ¡Me daban miedo!.  Temblé tanto, tanto que la leche se desparramó por todos lados!
Daniel Idiota  –ahora yo estaba enfadada y lo llamaba por sus dos nombres –no paraba de gritar.
-¡Taza inútil, estúpida! ¡Me he quedado sin desayunar por tu culpa! ¡No te usaré jamás!

Al oír esas palabras, yo me puse tan contenta que mi color rosa se volvió más intenso y brillaba en el locero, entre las demás.  La felicidad se reflejaba en mi rostro.


COMPAÑEROS de Mercedes Álvarez



Empieza un nuevo curso de narrativa, volvemos a encontrarnos todos aquí para continuar compartiendo nuevas y siempre estupendas historias.  Este es mi tercer año y lo mejor es que sigo viniendo con la misma ilusión que cuando comencé.  Es más, me retrasé un poco en el regreso porque coincidieron las fechas con mis vacaciones y ¡les juro! que ya tenía eso que se llama mono por dar comienzo a mi clases, lo cual significa que entre ustedes no me lo paso nada mal.
Recuerdo el grupito que había cuando vine por primera vez.  Éramos solo unas pocas, luego se fueron añadiendo más compañeras y hasta ¡un compañero! y el grupo se ha ampliado bastante.
Mi primer día, entré por la puerta muerta de miedo, observando todo.  De pronto, me encaré con Isabel, la profe, quien me facilitó la entrada con una tierna mirada, extendiéndome las manos para ofrecerme asiento.  Lo mismo hicieron mis compañeras que me arroparon haciéndome sentir cómoda.

Por todo eso, quiero darles las gracias y decirles que si estoy aquí hoy es por todo eso ¡Gracias, compañer@s!


EL MITO DE SAN PATRICIO de Alicia Carmen



Cuentan que San Patricio estaba caminando un día por los senderos de Irlanda, cuando de pronto irrumpió en su camino una joven hermosa que, mirándolo fijamente, dijo:
-Que injusto es este mundo para las mujeres
-¿Y por qué me dices eso? –le contestó sorprendido.
-Porque las mujeres tenemos que esperar que nos pidan matrimonio y, a veces, ellos no se atreven y pasan y pasan los años. y así perdemos nuestra juventud.
San Patricio, que era persona sabia, buscó la solución para este conflicto y proclamó:
“Cada 29 de febrero, las mujeres podrán declarar su amor al elegido”
Es por eso que en Irlanda, cada cuatro años, el 29 de febrero, se ven mujeres arrodilladas con un anillo en la mano, pidiendo matrimonio a su despistado amor.




COMIENZOS de Carmiña Gohe





A Raquel, cuando era niña, le gustaba mucho leer cuentos y como su amiga Irene tenía una buena colección que su padre le había comprado; uno a uno, se los iba llevando a casa para disfrutar de su lectura.  Estaban encuadernados en piel de color rojo y los autores de aquellas maravillosas historias, impregnadas de fantasía que los niños leían con tanto interés, eran famosos.

Creo que fue así, con la lectura de aquellos cuentos, como Raquel comenzó el camino para convertirse, ya adulta, en una buen lectora.

EL TEATRITO de Juani Hernández



Dedicado a mi nieta Alejandra


Érase que se era… una abuela y su pequeña nieta Alejandra; una niña preciosa de ojos grandes, vivos y alegres, pelo negro y ondulado y… ¡un particular sentido del humor!.
Los domingos o algún que otro sábado, la abuela Juani, que la quería mucho y con quien tenía una especial complicidad, solía llamar por teléfono para asegurarse de que estaría en casa, para subir a jugar un rato con ella, a los diferentes juegos que a ambas le gustaban.
Un día, tocó sesión de maquillaje y peluquería, otro a médicos, enfermeras y enfermitos, en otra ocasión a dibujar y recortar figuras con las que Alejandra decoraba el salón de su casa.  Pero…, el juego que ella y la abuela preferían, sin lugar a dudas, era el teatro de marionetas.
-¡Abuela, yo soy el lobo! ¡Tú, la abuelita!
A veces, se cambiaban los roles y la abuela era el cazador y Alejandra la Caperucita.  Todo con una puesta en escena muy ordenada, abriendo y cerrando el telón, después de cada acto.  Pasado un buen rato, tanto orden y seriedad terminaban cansando y ella, con cara de travesura, le preguntaba:
-Abuela, ¿Por qué no jugamos al teatrito loco”
¡Y así comenzaba la auténtica diversión!.  Nuevamente se armaba el teatro, esta vez faltándole algunas piezas.  De esa forma, resultaba más disparatado y entretenido, con las consecuentes carcajadas de Alejandra que, una y otra vez, recogía el juguete del suelo, incansable y divertida.
Cualquier locura tenía cabida en el juego de rodar por el suelo; teatro, nieta y abuela, siempre acompañadas de las más extravagantes muecas, seguidas de carcajadas y expresiones de humor.
Este es mi cuento más querido y pienso que en la memoria de mi nieta siempre estará la abuela Juani.




LA OVEJITA BLANCA de Maruca Morales





Había una ovejita a quien le gustaba pasear por el bosque, pero un día se perdió al hacerse de noche.
-¡Socorro! ¡Ayuda! ¡Qué alguien me ayude! –no paraba de gritar.
Nadie la escuchó.  Ella estaba muy asustada porque sabía que en aquel bosque había lobos pues en una ocasión, en uno de sus paseos, se había encontrado con un cachorro; un lobezno.
Corrió y corrió y corrió y, sin darse cuenta, llegó a su casa.  Pasó el resto de la noche con todo el susto y el miedo metido en el cuerpo, repitiéndose a sí misma que nunca más se alejaría tanto de su casa, por lugares que podían ser peligrosos.



EL MIRÓN de Esther Morales




La cocina del colegio daba a un patio trasero que, a su vez, se comunicaba con la entrada de un garaje, de la que nos separaba una  reja alta  con puerta que estaba siempre cerrada con llave.
En varias ocasiones veía a un hombre que se paraba en la reja y me observaba fijamente, con una mirada de loco en celo.  En esa época yo pecaba de vergonzosa e ingenua y no sabía lo que pasaba.
Un día, me di cuenta de que aquel hombre hacía movimientos extraños con una mano escondida entre sus pantalones, mientras no  dejaba de observarme con aquella mirada extraviada.  Entré al salón despavorida y mis compañeras, al verme llegar de esa manera, me preguntaron enseguida:
-¿Qué te pasa? ¿Por qué estás llorando? ¡Estás pálida como un muerto!
Yo les conté lo que había visto y todas saltaron como resortes de sus asientos.  Una cogió unas tijeras, otra un palo, una tercera la escoba y juntas salieron a la calle tras él. 
No lo encontramos; se confundió entre la multitud y yo, al contarles que no era la primera vez que había visto a aquel hombre en la reja, quedé presa de las palabras de mis compañeras de clase.
-¡Eres pendeja, boba! ¿Cómo se te ocurre callarte?  Eso no se puede tolerar nunca.  Tú no eres culpable, el malo es él.

Después de todos los años transcurridos desde estos hechos, pienso que aquello fue una de las primeras lecciones de liberación femenina y de autoestima que me enseñaron.


lunes, 25 de noviembre de 2013

¡FELICITACIONES, LILIA!, RELATO PUBLICADO

Un relato de Lilia Martín Abreu, alumna del Taller de Narrativa El Tranvía, 
publicado en Cartas al Director de
 diario El Día, 25 noviembre 2012.

 Bravo, Lilia, estoy orgullosa


jueves, 21 de noviembre de 2013

ABRIR PUERTAS de Ana Rosa Benítez




Sofía pasaba muchas horas en aquella sala de espera.  Siempre sentía frío.  No sabía si era miedo o si el aire acondicionado estaba demasiado fuerte.
Hacía ya cinco meses que se repetía la misma escena y también los mismos sentimientos.  Las sesiones de quimioterapia se hacían interminables, pero ella no podía concentrarse en ninguna de las distracciones que estaban a su alcance: la televisión, la lectura, sopa de letras, sudokus… No tenía la mente para ninguna concentración.

Así sucedía siempre hasta que, un día, en una de las mesitas de la sala de espera, divisó una hoja de papel en blanco.  Una especie de fuerza mayor la invitó a cogerlo y… empezó a escribir, a expresar lo que su cuerpo y su alma sentían.  A partir de entonces, las horas ya no fueron tan tediosas, las pasaba escribiendo.  Para Sofía fue como abrir puertas a la vida, a la expansión vital, a la esperanza…


LA DANZA DE LAS FLORES de Juani Hernández





Las flores son una de las más bellas creaciones de la naturaleza; me fascinan.  En ningún momento dejan de sorprenderme la delicadeza y la fragilidad de su textura, así como la fuerza de sus colores y, cómo no, la fragancia de su perfume.  Son un regalo para los sentidos, ¡cuánta perfección!.
Desde que aprendí a reflejarlas sobre un lienzo y a modelarlas con mis manos –hace tiempo ya–, trabajar con flores es mi pasión.  Ellas son portadoras de una vibración que, sólo cuando se está en consonancia con ella, se produce el milagro: el baile con los elementos, ¡el vuelo entre las flores!.  Se inicia entonces una bellísima danza, el cantar de la creación.  La finura y la fuerza, entre la naturaleza y el alma del artista.  Un espectáculo que es un regalo para los sentidos, que solo los más receptivos y sensibles podrán apreciar.
Todos tenemos dones dignos de ser apreciados y estamos obligados a ofrecerlos al mundo, pues no es justo que guardemos para nosotros algo que puede beneficiar a tantos, porque esos dones son un regalo del cielo.

Sé que todo esto puede parecer una autoalabanza o una falta de humildad, pero les aseguro que nada más lejos de mi intención.  Sólo es puro agradecimiento al cielo por ser una de las agraciadas para poder expresarlo.  Gracias infinitas.


NOCHE DE HALLOWEEN de Eva Mª Sacramento




Una noche parecida a la de hoy, yo, Eva María, me transformé en un personaje de terror: Samara La Señal.  Hice un par de tarjetas de horror: Sweeny Todd, Eduardo Manostijeras, Drácula, Freddy Kruger, para entregárselas a mis compañeros del Taller de Narrativa.
A todos les asustó mi aspecto y las tarjetas les causaron pavor.  A medida que pasaba la noche, más terrorífica se volvía.  De pronto, se apagó la luz del centro y la puerta de la clase estaba cerrada.  La llave que tenia la profesora no podía abrir la puerta y todos estaban temblando de miedo porque se oía mucho ruido, pasos extraños, sonidos muy raros…  Trataban de tranquilizarse y a mí me tenían apartada porque mi rostro les daba terror.  Cuando empezaron a caer unas gotas de agua, la aparente tranquilidad se volvió histeria y, poco a poco, la clase se inundó.

Roberto me observaba, sonriendo y tranquilo hasta que se dio cuenta de que era yo quien lo estaba provocando.  Con su bastón, me dio en la cara de Samara La Señal y yo quedé sin conocimiento, volviendo todo a la normalidad.

UNA MAMI PRÁCTICA de Águeda Hernández





Cierta vez, una madre joven con cuatro hijos, de seis, cinco, dos años y el más pequeño de ocho meses, para poder llegar a tiempo a una cita que tenía en una población cercana, pidió a su madre que fuera a su casa a cuidar del benjamín, darles el desayuno a todos y dejarlos en el colegio.
En la mañana, en cuanto llegó la abuela, la joven madre le puso el bebé en brazos y subió corriendo a despertar a los otros chicos.  Sabiendo la abuela  lo difícil que es lograr que se apresuren tan de mañana, se quedó de una pieza al verlos bajar al cabo de cinco minutos, vestidos y listos para desayunar.
Comenzaba la abuela a felicitarlos por ser tan buenos niños y haberse dado prisa, cuando uno de ellos, el mayor, la miró con ojos vidriosos, exclamado:
-¡Abuela! ¡No!, resulta que cuando nos bañamos fue anoche.  Mami no nos dio pijama, nos vistió con esta ropa de salir, así vestidos nos metió en la cama.  Ahora nos despertó ya vestidos, solo limpiarnos los dientes y ¡ya!, listos para desayunar.
Al momento, esa madre bajaba lista para salir, con tres mochilas colgando de la mano, dándole a cada cual la suya.
-¡Venga, chicos! ¡Cada uno a su misión!, se despiden de la abuela y el bebé –y diciendo esto, salió de casa a toda prisa, con su prole corriendo detrás de ella.
A los cinco segundos, se oyó el grito del hijo de seis años.
-¡Mami!
Ella contestó sin mirar atrás.
-¿Qué pasó?
-¡Ay, que tengo un calcetín en un pie y en el otro ninguno!
-Seguro que se quedó entre las sábanas –le contestó y, aún sin darse la vuelta, le pregunta -¿Tienes los pantalones puestos?
-Eso sí, mami
-Pues estira la manga del pantalón para abajo y verás como no se nota, ¡venga campeones! Seguidme.


MIS AMIGAS de Maruca Morales






Hoy me levanté muy motivada.  Les voy a contar por qué.  Tengo un jardín muy bonito y yo tengo por norma, regarlo un día fijo a la semana.  Ayer se me olvidó, así que lo primero que he hecho al levantarme es ponerme a regar mis plantas y a darles ese cariño tan necesario.  Me puse a hablar con ellas, como siempre.  Eso les hace felices a ellas y a mí, sobre todo aquellos días en los que no tengo nadie con quien hablar.  Mis plantas me dan vida y yo a ellas.  Cuando por alguna razón rompo esta rutina,  se ponen tristes, o al menos a mí me lo parece.  Mis plantas y yo somos buenas amigas.



UN FUERTE ABRAZO de Roberto.Es




Volvían a encontrarse después de tanto tiempo. Aunque se ignoraban, existía entre ellos un remoto nexo que los unía; un lejano…, invisible cordón umbilical, testigo de un pasado en el que sus existencias fueron de la mano y sus corazones latieron en un mismo pálpito.  No había recuerdo de la infancia en el que no estuviera el uno sin el otro.  Sólo ellos habitaban en su particular mundo impúber.

El tiempo había hecho mella en sus vidas.  Cuarenta años habían pasado.  Eran sus rostros, ajados y encanecidos, reflejo de vidas desconsoladas y resignadas.  Aquellos años permanecían anclados en su memoria; años de entrañable complicidad en los que, los dos, eran solo uno, en los que el sol amanecía cada día, única y exclusivamente, para ellos, como luz cenital sobre sus vidas.

Hicimos lo correcto, se repetía con insistencia, aquello no podía continuar.  Nos hubiéramos hecho mucho daño.  No podíamos seguir amando a la misma persona.  Aquel sentimiento que los aturdía, alimentó su egoísmo, negándose a compartir ese amor. Fue precisamente ese amor enfermizo y enloquecido el que nos separó, se decía a sí mismo.  No podíamos continuar con ese peligroso juego de tres.  Aquella pasión se tornó en celos y maliciosas disputas que envenenaron nuestro corazón.  Tuvimos que decidir y lo hicimos.  Pagamos un precio muy alto; el único que podíamos asumir. Hoy, en esta etapa de nuestras vidas, aquellos recuerdos ya reposados no duelen tanto –seguía reflexionando él–. Quizá seamos capaces de reflotar de lo más profundo del alma, esos sentimientos hasta ahora ahogados en un mar inquieto.  Y en silencio, mirarnos a los ojos.  Sólo mirarnos y fundirnos en un abrazo, un fuerte abrazo…



EL MORICHAL de Esther Morales

Cuadro de Segundo Aponte


Esta historia sucedió en lo más profundo de la sabana, llano adentro, en un morichal cerca del gran río que surca su rivera con gran serenidad y quietud.  Bueno, una quietud relativa, pues a veces es rota por los seres vivos que habitan esas soledades.  Eso suele pasar con nuestros amigos, el loro y la guacamaya, que viven entre chaguaramos y palmeras.
Un día, cansada de tanta soledad, la guacamaya fue a visitar al loro.
-Loro, Lorito, ¿te quieres casar conmigo?
-No, Guacamaya, no quiero.  Estoy bien así.
La guacamaya, decepcionada, marchó a su palmera, llorando desconsoladamente.  El loro se arrepintió de haber sido tan brusco nada más irse su amiga y salió en su busca.
-Guacamaya, Guacamaya, estaba de broma, yo sí quiero casarme contigo.
-No Lorito, ahora soy yo la que no quiere casarse y además, no somos de la misma especie.
El lorito se que fue triste, pensando que se lo tenía merecido.
Pero…, la guacamaya reflexionó y corrió tras él.
-Lorito, Lorito, yo sí quiero casarme contigo
-No Guacamaya, yo quiero estar soltero.
Y así se pasan la vida la guacamaya y el lorito de aquel morichal, volando de palmera a palmera, de chaguaramo a chaguaramo, de moriche en moriche, sin que ninguno de los dos se decida a vencer su orgullo, y dar el primer paso para el sí.



BOMBONES de Carmiña Gohe





No siempre conocemos a una persona en el momento de la presentación; tendríamos que tratarla algo más, pues no podemos llevarnos por las apariencias y así, formarnos una idea equivocada.  Suele pasar que luego te lleves una gran desilusión, al creer que es como quiere aparentar.  Lo mejor es tratar de llegar a su interior para saber como es y, aún así, no hay certezas.

La mente y el corazón estás unidos por hilos muy finos y hay que caminar por ellos con mucho cuidado para tratar de profundizar en ellos.  Es casi como abrir un bombón.  Verlo por fuera no nos asegura saber como es por dentro.


LA RANITA PILOTO de Carmen Garcés





Andrew es una ranita simpática, alegre, juguetona y un poco soñadora; vive con sus padres y su hermana en un gran estanque, que está en el hermoso campo de un circuito de carreras de coches.
Desde pequeñito, al ver pasar los coches veloces de hermosos colores, soñaba ser uno de esos pilotos que conducían aquellas máquinas.
Según Andrew crecía, también crecía su sueño.
 Un día, antes de irse a dormir, se asomó por entre las plantas del estanque y miró la luna.  La vio tan grande y luminosa que pensó, que estaba tan  diferente,  que le iba a pedir un deseo a ver si se lo concedía.  Cerró los ojos fuertemente y dijo en voz alta:
-Luna, lunita, concédeme un deseo, quiero ser un chico de verdad.
Ilusionado, aunque no demasiado convencido, dejó volar la imaginación durante un rato y al final se durmió.
Por la mañana temprano,  Andrew se despertó como cada día, pero esta vez se sintió extraño.  Tenía frío y el agua del estanque le empapaba la piel.
-¡Qué raro! –pensó, así que para ver qué le pasaba, se asomó al estanque a ver su reflejo.  ¡No se podía creer lo que veía!.  El reflejo le mostraba la imagen de un chico, ¡un humano!.  Se tocó el rostro una y otra vez, para comprobar que era él quien se reflejaba en el agua y asi, convencerse de que era verdad lo que estaban viendo sus ojos.
Aún no se lo podía creer; se había cumplido su deseo.  Ahora, ya podía hacer su sueño realidad, ya podría ser piloto de coches de carrera.


Con el tiempo, Andrew llegó a ser campeón, aunque tuvo que cambiarse el nombre por otro más popular.  Ahora se llama Fernando Alonso.