jueves, 24 de noviembre de 2016

SEGUNDO PREMIO NARRATIVA HERTE 2016

CHOCOLATE

de

Nela Cabrera

         ¿Qué prefiero, pintar o escribir?.  Me levanto esta mañana y decido escribir.  Enciendo el ordenador, se me para, ¡qué asco!.  Él también está como yo. 
         Lo llevo al técnico.  Señora, lo tiene que dejar y lo miramos.  Vuelvo a casa, desayuno por segunda vez.  Yo quiero bajar de peso, dos kilos por lo menos pero…me da por comer, ¿qué se le va a hacer?
         Llaman al teléfono, es mi amiga Carmelita.  ¿Cariño, cómo estás?, me pregunta pero, sin dejarme contestar, empieza:  yo fatal, tengo muchos dolores y encima mi hermana metida en una depresión y no es capaz de salir de casa, me dice todo eso de carrerilla, sin respirar. Y la perrita cada vez más vieja, ¿qué voy a hacer si se va?.  No pienses en eso, le digo, pero no me oye o no quiere oírme y…continúa: ahora tengo que ir a recoger al niño al colegio –el niño es el hijo de su sobrino que le toca cuidar a ella–; claro, como no tiene hijos –.
         Y cuando le iba a contar mis historias, zas! va y me dice que tiene que dejarme, que se va a comprar.  ¿Y yo qué?, ¿quién piensa en mí?, así que me pregunto ¿con quién descargo yo?, se supone que para eso están las amigas, eso dicen al menos.  El caso es que pongo un café y me siento a ver la tele.   Lo tomo despacito pero no me gusta lo que veo, todo son malas noticias, qué asco de día.

         Otra vez el teléfono, es mi prima quien llama.  ¿Salimos?, me dice.  Pues sí, en la calle por lo menos no como.  La voy a buscar, nos vamos a un centro comercial, nos tomamos un refresco. De pronto, suena el móvil, tic, tic, tic, es el sonido que puse al whatsapp del grupo. Los reviso. Todos felicitan a Leo, es su cumpleaños.  Yo también lo hago pero no en privado, eh!!, no quiero que se haga ilusiones.  Él suele mandar mensajes de enamorado al grupo, pero no sé si van dirigidos a mí porque no pone nombre y cuando hablo de eso con mis amigas todas coinciden en que no quieren estar con él a solas.  ¿No será que Leo está desesperado y lo deja caer por si alguna tonta resbala y…?  ¿Por qué no te gusta?, me pregunta mi prima.  Pues no lo sé, es muy atento pero no soporto ese interés subliminal.  A mí me gusta la gente que es más directa y que no se va por las ramas.  Por eso no consigues novio, me dice.  La verdad es que tiene razón, pero cuando miro a los hombres, no veo uno que diga dios lo guarde. Así que aquí estoy, tomando un café frente al televisor,  digiriendo como puedo tantas malas noticias y… comiendo chocolate, uhm!!,  qué rico está este chocolate.


lunes, 14 de noviembre de 2016

RELATO GANADOR DEL PREMIO NARRATIVA HERTE 2016

EL VIENTO EN SUS VELAS
de

Roberto Escarvajal




         Fue una mujer especial, enigmática...; cariñosa sin excesos; aunque siempre nos sentimos arropados por ella. Recuerdo su sonrisa, triste sonrisa, colgada de unos ojos tristes, húmedos, que anhelaban lo que sus labios callaban. Tras el cristal, se quedaban perdidos en el tiempo, en su tiempo...: barrera impenetrable que no permitía franquear. Única; nacida  en una acomodada familia de Santander, jamás hubieran  imaginado sus padres que aquella niña, dulce y obediente, iba a causar la mayor hecatombe en su honorable familia desbaratando los planes de futuro que habían diseñado para ella: su hija..., su heredera. Tal fue el escándalo y la vergüenza, que decidieron marcharse a otro país y comenzar un nueva vida. Tenía dieciocho años y se llamaba Constanza... Nunca más se habló de ello...
         La joven fue obligada a casarse con un muchacho  al que siempre  quiso, pero del que nunca se enamoró. Él la amó durante cuarenta años, sin reserva, calladamente..., velando y protegiéndola, sobre todo de sí misma, de su alma atormentada. Constanza lloró su muerte. Fue un excelente compañero de vida. Aquello la sumió en un mutismo existencial, a pesar de nuestros insistentes ruegos para que nos contara lo innombrable. ¿Porqué inquietante razón aquella espada de Damocles, que supuso tanta ignominia, proyectaba tan alargada sombra...? Ante aquel temor, encontramos siempre al silencio por respuesta; un silencio pesado, desconsolado, preñado de amargo secreto.
         Falleció unos años más tarde aunque, mucho tiempo antes, su mente ya la había abandonado dejando tan solo un nombre que repetía constantemente en sus labios...: Samara.
         Hace unos meses, encontré en el doble fondo de un cajón, un atado de cartas que trasminaban a jazmín, el perfume preferido de Constanza. Hablaban de una historia de amor, de pasión irrefrenable... A escondidas se amaron,  sucumbiendo en lo prohibido. Un fuego que les abrasó el alma, que les hizo tocar el cielo y también descender a los infiernos. No lo pudieron evitar, y aquel querer fue mancillado por maledicentes bocas sufriendo así el escarnio que una sociedad pacata y cruel les impuso. Sus progenitores, imbuidos por aquella cerril educación, no lo consintieron y se la llevaron lejos, muy lejos... Pero, ¡ay...!, la desmembraron; le arrancaron un trozo de corazón. Fue una mordida en el alma.
         Hoy sé que Samara se asienta en la estepa rusa, a orillas del río Volga. Sin embargo, para Constanza, que así se llamaba mi madre, aquel era también un lugar anclado en el corazón: guarida de su dolor, epicentro del tsunami que arrasó su vida. Ella jamás pudo olvidar aquel amor; su único y verdadero amor. Porque, lo que la verdad esconde, es que Samara tiene nombre de mujer...; nombre que se hizo carne y habitó para siempre en ella; como un impulso vital, como el viento que sopla en sus velas...






jueves, 13 de octubre de 2016

COSTUMBRES EXTRAÑAS Alicia Carmen



Me desperté sobresaltada, con el cabello mojado de tanto sudor y seguro que grité porque desde la puerta entreabierta de mi dormitorio asomaba la pálida cara de mi madre que, con voz temblorosa, me preguntó:
-¿Qué te pasa, hija? ¿Estás bien?
-Es el olor a quemado, mamá.  Al pobre hombre lo están devorando las llamas, encima lo han ahorcado y se está balanceando en lo más alto del árbol del patio.

-¡Por Dios, hija!, es que has tenido una pesadilla, te dije que no vieras la película Domingo de Resurrección, acuérdate que es una tradición, es solo un monigote relleno de ropa vieja al que hacen pagar las maldades de algún personaje y el pueblo descarga su ira en estas fechas.  Sabrá Dios cómo será el testamento pero, ¿cómo te hubieras puesto si te hubiera pasado la terrible visión que tuvimos tu padre y yo un día en que por ser festivo, decidimos pasear por los alrededores de Caracas?  Todo estaba en paz y cuando llegamos al pueblo muy lindo que se llama San Francisco de Yare, de repente aparecieron diablos por todas partes y eso no era una película, era la pura realidad, todos vestidos de rojo, con capas, máscaras grotescas, adornos con cruces y escapularios y sonando marcas y blandiendo látigos que llevaban en las manos; eso sí que era terrorífico.  Luego me enteré de que es una tradición de Corpus Christi; una danza ritual donde el bien triunfa sobre el mal, donde los diablos danzan y rezan.  Hija, será mejor que te vistas, yo te invito a almorzar una arepas de chicharrón con una polarcita.


DOS OJOS Y UN SENTIMIENTO Juani Hernández



Como tantas tardes de estío, paseaban y en sus paseos expresaban cuánto se necesitaban el uno al otro.
Gracias a ti, yo libero ese torrente de desolación que en ocasiones me embarga y que las palabras renuncian a expresar.  Gracias a ti, mis queridos ojos, puedo liberar todo el desencanto, toda la amargura, vaciando de pena mi interior, le confiaba el sentimiento.
Reconozco que son pocas las ocasiones en que me permito la libertad, no creas, que soy bastante prudente con mostrarme, pero cuando tú eres herido tan cruelmente, no hay quien detenga el río de sal de estos ojos, que no  tienen ni saben otra forma de protegerte, les respondían al unísono como uno solo.
Recuerdas, fueron otros tiempos bonitos, en los que llorar…, llorar sí que sabían y tanto que sabían… Mirar, lo que se dice mirar, aún saben, pero sobre todo…ver…, que es aún más difícil. Juntos, desde hace mucho tiempo, navegamos por esos mares de desconsuelo y soledad.
Ya, ya sé de qué me hablas…, de miserias que ocultan amables sonrisas y que con el tiempo se transforman en siniestras muecas, provocadoras de sentimientos y dolores gratuitos.  Insolentes porque creen ser merecedoras de un vasallaje que otros le otorgan y en su cinismo manipulador trasladan a otros que, absurdamente, les siguen el juego; ya por carecer de criterio propio, ya porque carecen de lo que a ti y a mí nos sobra: Ojos para mirar y sentimientos para expresar.




COSTUMBRES EXTRAÑAS Maruca Zamora






Todos los días salía de la casa para hacer los trabajos del campo.  Lo primero era coger sus tijeras de poda, era su inseparable amiga, con ella comenzaba el ritual de cada mañana.  Atravesando los caminos, miraba a un lado o al otro y fueras suyas o no las fincas, allí donde veía un árbol descuidado que necesitara podas o injertos, entraba y los arreglaba.  Luego, al regreso, ya se lo diría a sus dueños.  Los árboles eran su pasión, a todos los consideraba como parte de su familia, de hecho, los injertos que hizo noventa años atrás, se mantienen aún de pie, quizá para recordarme quién fue aquel personaje tan singular.  Son muchos los que, como yo, al mirar los árboles se acuerdan de él.



LA ISLA DE LOS GENIOS Lali Marcelino



Mi madre siempre había soñado con viajar allí y nunca pudo. Jamás nos respondió la razón de aquel extraño interés por un lugar tan lejano y tan extraño.
Socotora o Socotra está situada en un archipiélago formado por cuatro islas, más cercanas al continente africano que al asiático, de las que Socotra es la mayor. Sin embargo pertenece a Yemen. Bañada por el Océano Índico.
Patrimonio de la humanidad, con más de doscientas especies vegetales y animales, endémicas. Su riqueza biológica hacen de ella un escaparate y un atractivo para todo biólogo. He ahí cual era la razón por la que mi madre estaba totalmente enamorada de éste lugar, porque allí pasaba la mayor parte del tiempo su amor, que no era mi padre.
A través de sus cartas, le describía tan bien todas las maravillas que allí se dan cita, que le parecía estar en ella caminando por sus maravillosas playas y admirando sus extrañas plantas y árboles, únicos en el mundo. Su paisaje de otro planeta, esos árboles de extrañas formas y el contraste de una arena blanca con el turquesa de sus aguas, según le explicaba Mauro su “amigo”, la entusiasmaba cada día más a pasar en Socotra sus últimos días con él. Y soñaba, y soñaba….mientras nosotros, su familia, le recordaba cada día lo necesaria que era.
Un buen día, se fue a una agencia de viajes, según supimos años después, por un diario que llevaba, que por fin se iba a embarcar en una aventura, dejando atrás todo lo que hasta ese momento, le impedía correr a los brazos de la libertad. Su amor no permitido.
Al mismo tiempo, los resultados de unos análisis rutinarios, frenaron una vez más sus impulsos. Una enfermedad incurable, de la que no pudo recuperarse.
Los habitantes de Socotra, practican la nigromancia, arte que por medio de vísceras y contacto con espíritus, se invoca y se adivina el futuro. De ahí su nombre “Isla de los genios”.
En esos días llegó una carta de Mauro a casa, que recogí yo, dado que mi madre ya no estaba y sorprendentemente le comentaba, que  había visitado a un genio de la isla y por medio de ésta práctica, le habían pronosticado que algo malo iba a sucederle a una persona muy querida. En ella decía que esperaba estuviera bien y que por favor, le contestara lo más rápidamente posible, ¿cuándo llegaría?
Ya lo tengo todo preparado, esperándote.




COSTUMBRES EXTRAÑAS





Desde pequeña veo caras en todas partes. No las busco; ellas se presentan ante mí. Caras en las nubes, en las grietas de las paredes, en las sombras de las cortinas, en las montañas, en el suelo. Rostros de animales o personas. Muchas veces deformes y terroríficas; que a veces dan miedo y otras  se instalan en tu propia casa; en tu vida.  Una de ellas lleva años mirándome de frente, con rostro malévolo y facciones en relieve; retándome. Yo aparto la vista pero presiento que me vigila. Lleva muchos años allí y se ha convertido en una figura más de la estancia. Pero yo la sigo ignorando;  aunque a veces tengo  curiosidad por saber qué significa y dudo si plantarle cara  a la espera de su reacción, porque estoy segura de que tiene vida. Pero al día de hoy no he logrado unir el valor suficiente para hacerlo.




COSTUMBRES EXTRAÑAS Juan Roberto Núñez


Se han visto en películas familias raras pero la de los Torrado aún no la han hecho.
Fueron mis vecinos a lo largo de mi vida, cuando llegaron parecían normales y cuando se fueron también.
Aquella tarde de verano nos conocimos por encima del muro y tras saludarnos entre familias, la madre de Joselito, Francisca, me invita a merendar, de lo cual me alegré y fui.
Golpeo el zaguán, me abre la abuela con un extraño gato mojado en brazos y dice…, hicimos una excepción porque recién llegamos, pasa… Cuando quise mirar atentamente el animal, se giró bruscamente y se fue a su cuarto, dejándome en el corredor, a lo cual Francisca dice, ven por aquí, que estamos en familia… y con una incómoda sensación, lo hice.
Mamá no deja de bañar el gato, así pasa todo el día y de noche, lo centrifuga en el lavarropas una vez y lo seca con su secador de pelo, para acostarlo con ella, le dije que eso no es normal, pero está tan vieja que parece enferma… y bueno, serán cosas de la edad… ¡Pero si los gatos no se bañan!, ¡No pasa nada, lleva años muerto! Lo ahogó en la bañera jugando y como lo quiere tanto, mandó a disecarlo para quedarse con él, mamá es de lo que no hay, es única.
Pensé…, debe ser broma de nuevos vecinos y no le di importancia.  Pasamos a la cocina, allí estaban Joselito con su hermana Filomena y su padre Fausto, me sientan a un lado de la mesa frente a un vaso con leche y una tapa de galleta, tan dura como una tabla de madera… Sin decir nada, espero a que se sirvan y no lo hacen.  Están todos a mi alrededor sentados y mirándome sin hablar, no sabía si hacerme humo, o esperar  que en algún momento me tragara la tierra.  ¿No te gusta la merienda?,¡Sí, los espero a ustedes! Es que solo tenemos eso, empieza tranquilamente como en tu casa, que nosotros solo miraremos…, creo que desmayé sin darme cuenta, sudé repentinamente y faltándome el aire, suena la voz de la abuela, ¡es broma! A esta gente loca le encanta bromear, después de eso, digamos que fue una tarde normal.
Esa semana mis padres se iban de viaje y los vecinos me invitaron a quedarme en su casa, mi madre se quedaría más tranquila y por desgracia no me dejó la llave, acepté de buena gana, porque el pobre gato me dejó intrigado, nada de esto había contado aún en casa.
Puse algo de ropa en la mochila, despedí a mis padres y fui a la casa. Francisca me hace pasar y dice, ¿qué has traído? Es ropa, y con una risa sarcástica dice… aquí somos nudistas, ven Filomena está jugando a ser maniquí y su abuela la está vistiendo…, pensando que era otra broma entré, y ahí estaba frente al espejo como una estatua, desnuda y sin moverse para que la vistieran, no daba crédito a lo que veía, su abuela estaba también desnuda y con el gato mojado debajo del brazo, dice… si no quieres jugar a esto con nosotras, ve con Joselito que está jugando a ser Drácula en su dormitorio…, atónito y con las piernas a punto de salir corriendo, ya me veía con una mordida en el cuello. Salí de ahí sin mochila y navegando en una nave espacial, salté el muro y me metí en el gallinero de casa, ahí estuve durmiendo entre gallinas durante una semana, ya  solo faltaba poner un huevo, menos mal que el almacenero me fio mercancía, que  si no sólo quedaba comerme los pollos.
Ni que decir que aquella amistad, había terminado sin empezar, Joselito pasó todo el caluroso verano subido al muro disfrazado del Zorro, con su sombreo negro de plástico, capa, espada, al rayo del sol y cada vez que me veía pasar decía… ya no soy Drácula, ahora soy el Zorro…
No sé si todo esto es normal, pero sí sé que son costumbres extrañas… 




lunes, 3 de octubre de 2016

RELATOS FINALISTAS PREMIO NARRATIVA HERTE 2016

RELATOS      FINALISTAS
PREMIO DE NARRATIVA
  HERTE 2016

Después de una siempre difícil selección, y posterior deliberación, 
el jurado del Premio Narrativa HERTE 2016, ha dado a conocer 
los títulos de los OCHO relatos finalistas de este año.   
La identidad de sus autores será desvelada 
el día 5 de noviembre en Acto de Entrega de Premios, a celebrarse
en Salón de Actos Centro Ciudadano El Tranvía - La Cuesta

  El orden en que, a continuación, enumeraremos  los relatos seleccionados 
 es absolutamente aleatorio y no tiene nada que ver con su posición en la 
 selección. 

 Entre ellos están el primero, segundo y tercer premio.  

¡Felicitaciones a todos, finalistas y no finalistas! 

DEBUT  Y DESPEDIDA
chocolate
IDA  Y VUELTA
El viento en sus velas
LA VIDA
EL MENSAJE
Perplejidad y superstición
EL TRUEQUE


miércoles, 28 de septiembre de 2016

UN CABRONCETE SIN ESCRÚPULOS Lali Marcelino


¡¡Mira qué cosa más bonita!!. Esta expresión era la preferida de Vicente, cuando veía a una “tía”, refiriéndose a una mujer de cualquier edad.
Una cosa material, por ejemplo, un cinturón de Lotuosse,  un reloj Cartier, un polo Lacoste o unos zapatos de Manolo  Blahnik , eso sí son cosas, sin embargo para él eran lo más preciado y “una maravilla, una obra de arte”. “Las mujeres son “cosas”, que  las cojo, las uso y procuro lucirme con ellas”, porque además, por su buena presencia, todas caían como moscas sobre la miel. Se permitía la licencia de escoger las más llamativas. Rubias, morenas, pelirrojas o castañas, le daba igual, para lo que le servían, más o menos como un kleenex. Procuraba, por supuesto, que  su presencia impactara, para  producir esa envidia que le tenía todo aquel que lo miraba. Le gustaba sentirse observado y se regocijaba apostando por el tiempo que le duraba su conquista.
No les tenía el menor aprecio. Sólo les sacaba el jugo, tanto el corporal como el material. Generalmente las buscaba bien situadas, que  costearan sus gastos y los de él.
Se fue creando una fama, entre el género femenino, cada vez más hastiado de su trato, de verdadero “cabroncete”, hasta tal punto que, sin que él se enterara, se unieron y decidieron darle un escarmiento. Crearon una asociación denominada “cosas bonitas”.
Lo invitaron a una fiesta, más bien “orgía”, a la que acudió sin poner resistencia. Consistía en vendarle los ojos para hacerle verdaderas maravillas, según le dijeron. Una vez sentado en el centro de un círculo, ellas alrededor, comenzó el juego. Como ya lo conocían, sabían perfectamente que iba a hacer todo lo que le dijeran, siempre que fuera  para pasar un buen rato y sin coste alguno.
Al finalizar el juego, él estaba exhausto y pleno de satisfacción. Antes de despojarle de la venda, le ofrecieron unos papeles dónde tenía que estampar su firma para volver a repetirlo cuando él quisiera.
-¿Por qué tantos?, preguntó.
Una de ellas contestó: Porque es uno por cada una de nosotras. Así te aseguras de que volvemos todas.

Aquellos papeles no eran otra cosa que la venta de todas sus propiedades, por la orgía y por las siguientes. Ellas iban a cumplir lo que prometieron,  él se quedó sin nada. Sólo las podía tener a ellas cuando quisiera.


LA LLAVE Juan Pedro Cabrera




            El anciano encontró la llave en el macetón de la entrada a la casa, después de haber rebuscado, con gruñidos y maldiciones entre los matojos, manchándose las manos de tierra. 
             –Ya le había dicho al pillastre de mi nieto que no la guardara aquí, es un lugar demasiado obvio y nos pueden robar –masculló mientras empujaba la puerta.
            Luna, la gata, le dio la bienvenida entre maullidos.
             –Bueno, tu compañía es mejor que nada, vamos a comer algo y luego a descansar…
            Seguidamente, se repanchigó frente al televisor, no sin antes reparar en que aún no tenía la llave en la mano.
            –¡¡Maldito Alzheimer!! –dijo entre dientes, y entonces la escondió en una gaveta llena de cachivaches.




VOCES Juan Roberto Núñez




El narrador le dijo al poeta, ¿por qué no dejas de soñar y pones los pies sobre la tierra?. 

Seguro que lo haré, pero seguiré soñando, le contestó, no sé por qué te molesta; a mí tus líneas no me perturban, solo que algunas veces parecen muertas…, en cambio las mías están llenas de vida, amor y esperanza…

Sí, pero tus poemas tienen gran contenido abstracto e irreal, confunden lo palpable con lo visible y para mí son como burbujas de cristal…

¿Ves?, a momentos rozas la delgada línea que existe entre nosotros, usando algunos térmicos poéticos.  Creo que sin mí no serías nada; el amor encendió la poesía y de ahí el cuento…  Cuando salgas, narra lo que dicen las voces, que yo por otro lado, expresaré su intensidad y deseo y el porqué de sus lágrimas…

Así que sal tú primero, que yo cerraré esta cueva de creación…, las entrañas de nuestra madre  y a ustedes, todos los que nos leen o escuchan, han de saber que aunque iguales, ante el ojo del narrador serán muy distintos que frente a la pluma de un poeta…

Sí, ve hermano y cuenta, cuenta…   Yo lo haré pero, desde esta bendita burbuja de cristal…




VERANO DEL 18 Lali Marcelino


Con su California voladora soñó ella muchas veces y quizá ese verano hubiera sido feliz con semejante compañera de viaje, pero el destino, que es muy sabio, intuyó, auguró, que tal vez sería mejor buscar otra opción.
Si esa era su ilusión y la opción que siempre quiso para sus últimos días en su paso por la vida, ¿qué la hizo retroceder?
A punto de terminar con su vida laboral y con la esperanza que durante algunos años mantuvo encendida, vio ante sus ojos cómo se desmoronaba toda su vida futura, subida en su alada California.
Los sueños, sueños son. Cuando toda tu ilusión se basa en un sueño sin condiciones, sin tropiezos, sin fronteras…mientras sueñas, todo perfecto. Llega la realidad y nada de lo que habías previsto en tus sueños, ni cuaja ni cuadra.
Otros han soñado por ti, han programado un final para tu historia que, aunque no sea de tu agrado, de alguna forma es el que te labraste durante tu vida pasada y no se produce el cambio deseado y esperado, porque debes despertar de ese maravilloso sueño.
Está aquí, mírala, obsérvala, es ella, tu California te espera, date prisa, corre, vuela, no la dejes escapar. Sólo pasa una vez.
Quizá tenga que esperar hasta el verano del 19. No importa, probablemente está escrito en alguna parte del camino de su historia, que si no es en el verano del 18, será en el del 19 o su tan deseado verano no llegará, porque siempre le ha parecido mejor quedarse en el invierno.
¿Pero….te vas a rendir? ¡Qué cobarde eres!, arriésgate, huye de este ruido, búscate otros ruidos que te huelan a libertad.




RELATIVIDAD Juan Pedro Cabrera




            Soy un reloj de arena caprichoso.  Suelo comenzar a destilar el tiempo a mi manera, soltando mi arena, poco a poco para los impacientes y más rápido y con más caudal para los que no esperan nada, o para los que disfrutan de lo que hacen.  Esta paradoja, ¿es resultado de mi capricho o de lo relativo del tiempo, según cómo a fulano o a mengano le vaya, en lo que tenga entre manos?  Uf, que complicado…, esperaré a que me den la vuelta otra vez.


LA LLAMADA Ana Benítez




        
¡¡RIINNNG…RINNNG…!!  Hablo con…?
         Cortaba la llamada sin haber contestado una palabra. Una poderosa fuerza interior me decía que no lo hiciera. Todas las noches me desvelaba el maldito sonido estruendoso, inquietante, impertinente del teléfono. Unos minutos de tortura…y luego silencio.
Todo volvía a la normalidad. ¿Todo?.
         No recuerdo que hago en esta cama con un teléfono en la mano. Me observo levitando sobre mí. ¡Esto es absurdo!. Intento hacer memoria. Me duele la cabeza. Esas malditas luces vienen hacia mí hasta que las esquivo. Y vuelvo a entrar en un sueño profundo hasta que el maldito teléfono me vuelva a despertar.
         Es inútil, lo he intentado durante semanas y claudico -dijo con melancolía- la muerte.




NO SE LO DIGAS A NADIE Esther Morales





 – ¡Cuánto me alegro de que vayas a ser abuela!  Yo perdí la esperanza, ya es imposible.
 –¿Y por qué?  Todavía tus hijos son jóvenes

–Sí, son jóvenes pero…, entérate, en mi vida nada es lo que aparenta.  Ni el varón es varón, ni la chica es chica, ni yo soy todo lo correcta que aparento ser, pero no se lo digas a nadie, es mejor que sigan creyendo… 



lunes, 26 de septiembre de 2016

VERANO DEL 70 Alicia Carmen



         El anciano encontró la llave en la acera e inmediatamente pensó: es de un coche. Vaya, será de éste o de este otro, pero ninguno de los dos arrancaron.  Con sus pies cansados pero ilusionado, soñando con la recompensa, pasó la calle, probó las llaves en un descapotable precioso y sí…, esas eran las apropiadas y se quedó rumiando, ¿por qué desaprovechar aquella oportunidad?.  Jamás tendré un descapotable último modelo y ahora está al alcance de mi mano, nunca mejor dicho.  Y así, sin pensarlo más se metió dentro del coche y arrancó, no sin cierto esfuerzo pues sus piernas no eran las de antes.
         Al llegar a la esquina, se encontró con Inés, su amor secreto; una chica treinta años menor que él, que le ha hecho creer que sus solapados piropos.  Sube, le gritó el anciano y ella, sabrá Dios por qué, obedeció.  A toda velocidad, enfilaron hacia las afueras de la ciudad. Te invito a una cerveza, exclamó él y frenó violentamente al ver un bar de carretera y zas!!, chocó de frente con un camión, todo por mirar embobado a la, según él, bellísima Inés.
         El camionero bajó y de malos modos, le reclamó al anciano el desperfecto en su vehículo.  Como el pobre hombre no tenía documentación, ni dinero para pagar, el camionero sacó una cabilla y pan!! le rompió los cristales del coche y le explicó con gran cortesía que considerara la deuda cancelada y que podía irse tranquilo.  Inés, aterrorizada, le ordenó al anciano que dieran media vuelta y así lo hicieron.
         Al llegar, ella salió corriendo del coche y lo miró furiosa, llamándolo viejo loco.  El pobre, todo tembloroso, agarró las llaves del coche y con rabia las escondió en el bolso de Inés que, con las prisas, lo había dejado olvidado.  Y salió trastabillando a esconderse en su casa.

         Su mujer seguro que lo recibirá con amor, no como la pérfida de Inés que pronto recibirá su merecido y que lo sepa, ¡yo no estoy viejo!



domingo, 18 de septiembre de 2016

SE FUE. Juani Hernández



Se fue;
Me sentí perdida
como si siete años tuviera
perdida en un sueño
de horrible despertar
¡y pregunto…!
 Nadie puede contestar
¿A qué lugar?.
Yo quiero que vuelva
 y que no se vaya más.
Tengo miedo si ella no está…
¡No…no quiero comer!
 Hasta que no regrese no…
no quiero dormir…
quiero de este sueño despertar…
Veintitrés años tenía
y como siete sentía….
 No quiero nada….

Sesenta y nueve hoy tengo
y aún como siete me siento, mamá.
¿Por qué se fue?



GEN 68 MÁS 80. Juan Roberto Núñez.


         En el 68 vino un gen a la vida de forma inesperada, del cual se hizo cargo la abuela paterna, que pasó a ser su madre en toda regla. Hasta el 2012 no supo la verdad de su hogareña creación… Pero eso, es otra historia.
         Este gen, criado de forma exigente, pagando muchas veces las descargas ajenas, le preguntaba a la noche, cosas que la luna, reflejando sus lágrimas, no le daba respuestas, así fue creciendo, con temor, inseguridad, llantos, risas… ¡Claro, todo eso tiene la vida!...
         Van pasando los años y llega el momento en que uno cambia la perspectiva, la forma de ver las cosas; están ahí de igual manera, pero el ángulo es diferente.
         Cuando el gen 68 se sumó al 80 daba mis 14 años…, la edad en la que quise sacarme la camisa de fuerza que nos ponen los padres, reclamando mi abstracta independencia… libertad latente.
         Comenzó el momento de soñar, crear amores no correspondidos, escribirle a ojos ciegos y a susurrarle a oídos sordos, sostener corazones rotos, desear lo inalcanzable…, curar mi joven corazón solitario, bebiendo la música de esa década, abrazando la madrugada de inviernos, dentro de un gabán… caminando errante, parando algunas veces en el oasis de mis lágrimas.
         Y aquí estamos, en un presente de puertas y ventanas abiertas, porque a pesar de todo, lo que desinteresadamente di…  muchas veces las encontré cerradas, y si bien no leí muchas cosas, acuné lo de un gran escritor… Rubén Darío:

Llueve,
negras nubes cubren el cielo azul
Y ocultan el sol,
la luz que, iluminando y calentando los cuerpos,
 calienta e ilumina las almas.
Vivo soñando, amando, sin rencor.




EL LAGARTO DORMIDO EN EL DEDAL. Ana Benítez



         Cansado de la vida arrastrada, caminaba sin rumbo por las calles hasta que un olor insinuante a jazmín me llevó hasta el maravilloso jardín donde una diminuta anciana cortaba flores. Vestía  un delantal a cuadros en tonos verdes que hacía juego con mi piel, así que pasé desapercibido cuando me colé en su bolsillo. No me moví para no asustarla. Fue entonces cuando unas suaves y tranquilizadoras manos me cogieron con firmeza, me sostuvo y apoyó mi cabeza en su pecho. Me recordó a mi madre. Luego, me depositó en un dedal,  con mucho cuidado y me arropó con un retal de color verde también. Pensé que me quería camuflar. Aunque no sabía de quién hasta que le vi. Sus ojos saltones me miraban, sacaba la lengua relamiéndose. Se me puso la piel de gallina y me acurruqué lo más que pude en la cama improvisada que me habían asignado esperando en cualquier momento el zarpazo. Pero no oí nada. Silencio hasta que me quedé dormido. No sé cuánto tiempo había pasado hasta que desperté. Me dolía el cuello y tenía los ojos enrojecidos. Recordé que tenía al enemigo esperando fuera. Repté hasta el borde del dedal y me asomé:  allí estaba. Ay madre, que cerca estoy del cielo!. Mis ojos se encontraron con los suyos y respiré cuando vi su mirada apasionada y romántica. Creo que se había enamorado de mí.


PRESENTIMIENTO. Carmen Garcés.





         No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo; esta noche he tenido sueños horrendos, me he despertado empapada en un sudor frío  y temblando más que un flan, y eso no es normal en mí. ¡Yo, que duermo como una piedra!.
         No puedo explicar la razón de mi inquietud. ¿Será por lo que averigüé ayer del médico y la mujer del alcalde?; esta relación adúltera puede traer muchas desgracias a todos en el pueblo; vaya par están hechos éstos; ¡egoístas, que no piensan más que en su propio placer!.
         ¿O…, tal vez será por lo que me contó Patricio, el monaguillo?. Pobre chiquillo. Ahora comprendo por qué siempre anda tan callado y melancólico, ¡es que por fuerza tiene que estar traumatizado!. Si no fuera porque le di mi palabra de que no contaría nada, lo gritaba a los cuatro vientos para que el sinvergüenza del Don Justino, el cura, diera cuenta  a la justicia. El muy cabrón, siempre predicando amor al prójimo; ¡pues vaya que sí que da… amor!. ¡Sinvergüenza, que es un sinvergüenza!, no sé si voy a poder contenerme al verlo. Sí, debe ser esto lo que me tiene tan nerviosa; algo así puede destruir cualquier comunidad.
         Hala; me voy a poner a trabajar, tengo que sacarme esta mala sensación del cuerpo, si no, me va a resultar imposible atender la tienda hoy y… tengo mucho que hacer. Uy, pues mira que bien, ahí viene Faustina, seguro que me trae chismes fresquitos de su vecina, eso me va a tener distraída un buen rato.
Vaya joyita es la vecinita de la Faustina, se la da de mosquita muerta y todos conocen sus revoloteos. Si el marido se enterara de sus andanzas,  seguro que salía en los periódicos. ¡Ay dios!, ¿será eso lo que va a pasar?.
¡Ay Prudencia, deja ya de darle vueltas a la cabeza, que con eso no solucionas nada!. Pero lo cierto es que en este pueblo pasan tantas cosas, que si salieran a la luz, aquí se forma la tercera guerra. Menos mal que yo no me meto en la vida de nadie; la gente viene a contarme cosas y claro, una, como buena samaritana y buena vecina pues… se preocupa.     
Nada, nada, voy a colocar las verduras para no pensar más en mis corazonadas. Que cada uno se las arregle como bien pueda.
         ¡Ayayay!, que se me acaba de ocurrir, y ¿si lo que va a suceder es que mi Paco se va a enterar de mi aventura con el Alcalde?.
¡Qué vergüenza, qué vergüenza!, qué van a pensar todos en el pueblo… seguro me convierto en la comidilla del momento.
         ¡Si es que aquí, la gente no hace sino meterse en la vida de los demás!





ANALIZAR NUESTRO ADN. Juan Pedro Cabrera





(Primer eslabón).

         Una tarde, allá por el año 1969, un amigo y yo estábamos en casa jugando con el scalextric, cuando comenzó a oírse una canción que un grupo de chicos estaban ensayando en la casa de al lado. Me quedé inmovilizado escuchando aquella pieza y mi amigo, que observaba mi aturdimiento, me preguntó: ¿no conoces el tema? Es de los Beatles; tengo casi todos sus discos. Mi amigo me los prestó y recuerdo que cuando los escuchaba, pensaba extasiado que esa música parecía de otro planeta. Desde entonces la música me acompaña a todas partes, de cualquier género, tanto clásica como jazz, blues, rock, salsa y heavy metal.

(Segundo Eslabón).

         A veces pasan cosas sobre las que no es posible decidir por uno mismo, como en este caso.  En un principio, no quería acudir a aquella cita pero parecía que ciertas fuerzas me obligaron a hacerlo.
         Ella se encontraba allí, sonriente, plácida, sin necesidad de ostentaciones ni poses innecesarias, y yo la contemplaba diciéndome que semejante diosa estaba lejos de mi alcance, yo, un simple mortal que no la merecía. Uno de los invitados, el típico enterado, pensé yo, se dirigió a ella con comentarios haciéndose el gracioso, poco afortunados y mediocres, y entonces yo,  extrayendo de mí un impulso y osadía que ignoraba poseer, acudí de inmediato al rescate de aquella  beldad poniendo en su sitio a aquel impresentable.

         Justo en ese momento fue cuando ella se dignó a prestarme atención, tanto fue así, que sin entrar en más detalles, establecimos una relación de las más significativas de mi vida y que me hizo dar un giro que hizo que mis circunstancias cambiaran para bien, haciéndome incluso mejor persona.