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miércoles, 31 de enero de 2018

PISANDO FIRME Esther Morales



Mi ser no solo se alimenta con un explosivo potaje con gofio, no.  Se alimenta con el murmullo de los brezos y las hayas en un paseo por los montes de Anaga.  El bramido de los pinos en un día de lluvia y viento en el monte de la Esperanza. La armonía de las olas que se acallan al romper en la playa de arena.
Remontándome a mi niñez, cuando el viento susurraba los mensajes en mi querido San Andrés, el sonido de las olas batiendo en el mar de El Golfo o el profundo silencio de la Hoya del Pino.

Mi alma y todo mi ser necesitan de esa naturaleza; olerla, respirarla y pisarla, porque también de ella me alimento.


miércoles, 10 de enero de 2018

COLGADAS de Esther Morales



Margarita y Sara caminaban por el centro de la ciudad dadas de mano.  Ellas, madre e hija, habían ido para hacer unas compras de última hora ya que esa noche celebrarían el quinto cumpleaños de la niña.
Dados los últimos acontecimientos del país en aquel momento, donde se hablaba mucho de robos de niños para sacarle los ojos y venderlos o, no sé si peor o mejor, violarlos, matarlos, Margarita apretaba  de tal forma la mano de su hija, en medio del tumulto de gente, que ésta la seguía renuente, escapándose en cuanto podía para ver los juguetes en los escaparates en medio de un embeleso.
La madre, cansada de tirar de la niña o de correr tras ella, le dijo:  Sara, como te vuelvas a soltar de mí, te cojo y te cuelgo.  La niña no volvió a soltarse, asustada.
Cuando llegaron a casa, Sara le pregunta a su mamá muy seria: mamá, ¿cómo se cuelgan las niñas? ¿se traban con pinzas?


miércoles, 28 de septiembre de 2016

NO SE LO DIGAS A NADIE Esther Morales





 – ¡Cuánto me alegro de que vayas a ser abuela!  Yo perdí la esperanza, ya es imposible.
 –¿Y por qué?  Todavía tus hijos son jóvenes

–Sí, son jóvenes pero…, entérate, en mi vida nada es lo que aparenta.  Ni el varón es varón, ni la chica es chica, ni yo soy todo lo correcta que aparento ser, pero no se lo digas a nadie, es mejor que sigan creyendo… 



jueves, 15 de septiembre de 2016

LA AMISTAD. Esther Morales.





            Hace algunos años unas cuantas amigas nos reuníamos para estudiar la cábala. Éramos unas cuantas personas en busca de las verdades de la vida, verdades, inquietudes místicas y esotéricas que la iglesia o mejor dicho el cristianismo no ha sabido responder con claridad.
            De esas reuniones aprendí muchas cosas y sobre todo el arte del diálogo, en contraposición a lo que en ellas sucedía, por allí  sólo existía un monólogo de la anfitriona de la casa, ya que ella era la única que se pasaba dos horas seguidas hablando  sin parar sin permitir que otro interviniera.
            Entre otras cosas me quedó una gran amistad. Amistad que valoro mucho, que ha perdurado con el tiempo  y se ha reafirmado en varias ocasiones.
            Salimos a hacer alguna que otra locura, junto con otra amiga; como ir al Teide de noche a descubrir el rosal o meditar en Mesa Mota o brindar por el año nuevo después de las 12 de la noche, muertos de frío, tomar una copa en el Ábaco y bailar  el paso doble Islas Canarias en su patio Colonial.
            Quiso la vida y nuestro eterno buscar que nos alejáramos unos de otros. Pero  como nuestros deseos se cumplen, uno de los tres se casó, realizándose sus peticiones. En esa boda volvimos a encontrarnos para continuar nuestra amistad. Es un orgullo para mí compartir este taller de Literatura con este gran amigo y su intelecto.
            Gracias Juan Pedro.





martes, 13 de septiembre de 2016

ESQUINAS DOBLADAS. Esther Morales.









            Era un gran ejército que invadía las grandes ciudades. No paraban, caminaban y caminaban, no encontraban descanso. Llegaban  a una esquina y la doblaban y seguían buscando hasta llegar a la otra y así  continuamente. Habían pasado años, décadas, siglos en ese plan. Estaban bien aprovisionados, cargados de toda la fauna y la flora del bosque, y este ejército de árboles lo que buscaba era un lugar en el que  plantar sus raíces, en la tierra que el hombre les había arrebatado, mucho, mucho tiempo atrás…



martes, 14 de junio de 2016

MI CORAZÓN Esther Morales




            Tengo los ojos cansados de mirar al horizonte, desde que te fuiste vengo aquí  todos los días al sitio nuestro, nuestro escondite, que sabe de nuestros sueños y esperanzas, también de nuestro amor secreto y prohibido. ¿Te acuerdas cuando veníamos a escondidas y soñábamos con irnos juntos a vivir nuestra vida, libres y alegres para siempre?.
            Ya sé que eso es imposible, te fuiste solo. Hoy, después de mucho esperar en medio de esta soledad abrumadora tengo la certeza de que no regresarás.

            El mensaje es claro e imposible no entenderlo. Físicamente no estás, pero permanecerás en mi corazón eternamente.



lunes, 13 de junio de 2016

ORGULLO. Esther Morales.





            Era un día de invierno, frío y nebuloso. Mis hijas y yo estábamos de compras en el rastro, buscando y regateando con los tenderos. El mar estaba en calma y muchos barcos anclados en la bahía y sus alrededores.
            Las esperanzas eran que el día levantara y los turistas dejaran mucho dinero en la ciudad, que a los comerciantes les fuera muy bien y vendieran todo lo más posible.
            A pesar del mal tiempo, reinaba la alegría y el bullicio del momento.
            Mis hijas no paraban de probarse todos los trapos que encontraban a su gusto (que eran muchos).
            De pronto, una explosión sacude el suelo, mirando alrededor descubrimos  un barco en llamas y unas personas nadando apuradas para alcanzar la orilla.
            Mi reacción fue llamar al 911 para que vinieran a ayudar. Mientras busco a mis hijas y las distingo junto a otras personas en la bahía socorriendo a los heridos y ayudando a los que nadaban exhaustos, todo en medio de un gran caos y gritos por doquier.
            Sí, no me siento  orgullosa de mi reacción tanto como de la de mis hijas.



jueves, 3 de marzo de 2016

LOS BESOS BABOSOS Esther Morales






Solía odiar los besos babosos pero algo hizo que aquella tarde empezara a verlo de manera distinta.  Les cuento que, para que Paco se calme cuando yo llegó de la calle, tengo que cogerlo en brazos y él se priva por darme lengüetazos en la cara; cosa que yo no soporto porque odio que me dé sus besitos babosos…que me dan un asco terrible. 
Cuando lo tomo en mis brazos para que se calme, suelo girar mi cara hacia el otro lado hasta que aquella tarde mi percepción cambió, al comprobar que él también hacía lo mismo: daba vuelta a su hocico al lado contrario que el mío.  ¿Será para que yo no lo babee? Se me olvido decirles que Paco es mi perro.





jueves, 25 de febrero de 2016

LLUVIA DE HIPERBREVES Esther Morales





1.
Tapias, sordos y muros cuentan al mejor postor, ¿quién da más?

2.
Oye, mira, me estás tomando el pelo…del vaso grande

3.

Hay un amor perverso que mata mi estómago



jueves, 11 de febrero de 2016

RAPIDEZ Esther Morales




            Sí, fue un comienzo de un año inusual, raro y difícil.
            Hace algunos años tuve que acompañar a una amiga al juzgado de familia, había sufrido violencia de género. Ya el hecho de estar en los juzgados y la policía un primero de enero da mucho susto. Mi amiga estaba muy nerviosa y disgustada, nada más mirarle la cara se comprendía el mal rato que pasaba, porque era el reflejo de su disgusto y  de sus nervios,  aunque al mismo tiempo llena de coraje  por el espanto vivido y el  que se avecinaba.
            Vi mucha gente con problemas: hombres, mujeres, niños, abuelos, todos esperando que la justicia les arreglara sus problemas y desavenencias; la sala estaba llena.
            Se nos acercó una mujer todavía joven y se puso a conversar con nosotras. Su aspecto dejaba mucho que desear, era un poco descuidado y pobre. Un detalle que no pasé por alto fueron sus botas negras; tenían la suela pegada a la piel con cinta adhesiva negra, toda enrollada alrededor del pie. En su cháchara explicó que estaba allí por un amigo, le pegó a la mujer y ella lo denunció.  ¿Ve señora?, ella no lo quiere, ¿cómo una mujer que quiere a su marido lo mete en la cárcel? Dicen que yo soy su amante pero no es verdad yo sólo soy su amiga. Están todas ahí afuera, las hijitas, la mujer, hermanos, padres y toda la familia. Pero ellos no lo quieren, yo sí lo quiero. ¿A qué ellos no le trajeron lo que yo?, vea, vea, mire lo que yo  sí me preocupé de comprarle. Y me mostraba un montón de calzoncillos, qué menos mal que estaban nuevos y limpios, y se los voy a enseñar al señor juez. Yo sí lo quiero, repetía…y…repetía.
            Hay momentos que la vida nos pone a prueba y no se sabe si es mejor reír o llorar. Después del tiempo y la distancia hoy me parece algo grotesco.




jueves, 10 de diciembre de 2015

EL JUEGO. Esther Morales.







            Ellas estaban deseando que fuera la hora para salir corriendo y con sus gritos y algarabía inundaban los pasillos y escaleras, corriendo hacia el patio; eran puro movimiento y vida. Los chicos muy raramente se mezclaban en los juegos de las niñas y ellas parecían saltamontes, no paraban ni descansaban un minuto.
            Jugando al pase misi pase misa, a una de las niñas se le trabó un dedito en la boca de otra que, acto seguido, la cerró causándole un fuerte dolor con la mordida. Juegos de niños inocentes que no dejan de ser peligrosos por su velocidad e ingenuidad.




jueves, 3 de diciembre de 2015

INSOMNIO Esther Morales


Resultado de imagen de consultar con la almohada


No podía parar de reír después de haber leído la carta y ahora no iba a pegar ojo en toda la noche dándole vuelta a la idea de dejar su soltería después de tantos años de soledad y libertad.  Néstor, aquel novio de su juventud, aquel con quien tanto soñó años atrás, se había cruzado de nuevo en su vida.  El joven, guapo y alegre amigo de hacía muchos años, ahora irrumpía en su camino, después de muchos años de estar viuda.  En su carta le pedía matrimonio y le confesaba estar profunda y locamente enamorado de ella.  El sueño se alejaba, más que insomnio le producía risa la idea.

Al final, ya de madrugada, se durmió y su último pensamiento fue, no sé, voy a ver qué me dice la almohada.


jueves, 26 de noviembre de 2015

ELLOS. Esther Morales.






            Ellos se reunían todos los días en el banco más grande de la plaza, pasaban muchas horas juntos.
            -Oye Pablo ¿viste aquel tipo que traía doscientos camellos cargados de cebada?
            -Sí Juan, y a continuación pasó Miguel que puso en la punta del monte veinte tiburones como burros.
            -Sabes el carnero que pesqué el otro día tenía las escamas como una paellera y la carne parecía de pollo.
            -Bien, me voy para la casa -dijo Matías- a ver si digiero tanto camello, tiburón y carnero mientras duermo.




jueves, 19 de noviembre de 2015

CASTILLO 31. Esther Morales.






         Pablo llegó a Tenerife proveniente de una isla menor. Cogió la guagua para la Laguna y el chofer se puso a hablar con él. ¡Qué bien se está en Tenerife!, se conocen muchas cosas,  gente y costumbres. Pero aquí, entre nosotros, en confianza, a mí me gustaría conocer  una chica y sentir lo que nunca he sentido.
         Bueno Pablo, entre tú y yo, ya que somos amigos, te voy a mandar a un sitio que seguro no te disgustará. Tú ve a Castillo 31 y pregunta por María y ya me contarás.

         Pasados unos días, Pablo se sube en la guagua y le dice al chofer. Oye gracias por mandarme a Castillo 31.  María, aquí entre nosotros, en confianza, me ha hecho sentir lo que nadie, ¡en la gloria!. A lo que el chofer, un hombre corpulento y con barba contesta.

         Aquí en confianza, padre Pablo, me alegro que le haya gustado, ya llegamos al seminario, ah y en confianza, padre, María soy yo.



jueves, 29 de octubre de 2015

FURIA DE FUEGO Esther Morales.

                 


                  Ella estaba embelesada ante tanta belleza: las llamas no le dejaban apartar los ojos de la casa que se desmoronaba.
            A él no le importaba; en su furia animal, se sentía complacido por tanta destrucción: ahora ella se quedaría en la calle y eso era lo único que le interesaba.




jueves, 22 de octubre de 2015

EL PERDÓN Esther Morales.





Ay, ay, ay que penita, que penita, ay que pena, es por mi culpa.
            No duermo, ni de noche ni de día, no como no vivo, voy a morir de pena y remordimiento.
            Voy a pedirle perdón ahora mismo en su morada “Rosa, Rosa, Rosa”.
            Estoy aquí Julia, para qué me quieres.
            Quiero que me perdones por hacerte lo que te hice.
            Yo ya te perdoné hace tiempo Julia. Pero quiero que hagas una cosa por mí; coge un vaso de agua y lo derramas sobre mi lápida. Ahora mismo Rosa…
            Rosa…Rosa ya hice lo que me mandaste.
            Bien pues ahora la recoges gota a gota.
            Rosa eso es imposible ¿cómo la voy a recoger? No se puede.

            Sí, es verdad, el agua es como la calumnia que tú levantaste: se esparce y nunca se puede recoger completa.



jueves, 24 de septiembre de 2015

LA PUERTA Esther Morales



         –¡Qué fea y ruinosa estoy!  Voy a la peluquería a ver si un corte cambio la imagen.  No…, no… cortar no, color, que me pongan un color bonito…
         Y Rosa, dispuesta, entra por la peluquería.
         –No sé qué me dices, ¿tú qué opinas? –le pregunta a la peluquera.
         –Es que no sé, quiero un cambio, color nuevo, corte, mechas, ¿tú qué opinas?

         La peluquera, con toda su buena intención, le propone un cambio radical: cortar la melena, un color más luminoso, un cambio de raya.
         –Bueno, es que no sé si eso me quedará bien, ¿cuánto me saldría hacerlo?
         –Eso te sale baratito, más o menos ochenta euros
         –Bueno, es que no sé, no estoy segura, después de todo no me veo tan mal como estoy, ¿tú qué crees?



EJERCICIOS NARRATIVOS TALLER NARRANDO CADA JUEVES

Chic@s, narrar puede ser un juego muy divertido, si logramos vencer el miedo de dejarnos llevar por la imaginación; mucho más si, al hacerlo, nos apoyamos en el sentido del humor, o en la poética propia y personal que todos poseemos.  Estos microrrelatos son una buena muestra de ello.  Gracias por ser tan receptivos con los retos a los que los lanzo cada semana.  ¡Yo disfruto tremendamente escuchándolos! 





TENGO UNOS ZAPATOS   Lali Marcelino
Tengo unos zapatos que, cada vez que salen de su hogar, chirrían, gimen, se quejan… Por todo eso, antes de que terminen en la Uvi, he decidido jubilarlos.

TENGO UNAS TIJERAS    Ana Rosa Benítez
Tengo unas tijeras que cortan tan profundamente que te sangra el alma

TENGO UNOS GUANTES   Alicia Carmen
Tengo unos guantes que hacen que pierda los estribos; son tas resbaladizos que mis amigos ya no creen en mi seriedad

TENGO UNAS TIJERAS   Roberto.es
Tengo unas tijeras que están locas porque se niegan a cortar.  Ellas dicen que han nacido para bailar y giran sobre sí mismas y se abren en espagat.  Les gusta cortar figurines y telas maravillosas por lo delicados que son sus filos.

TENGO UNOS GUANTES   Maruca Zamora
Tengo unos guantes que me sacan de apuros muchas veces.  Los tengo siempre en la cartera y, en algunas ocasiones, guardo en ellos mi móvil, en otras lo uso de monedero y, con frecuencia ocurre que cuando los necesito para el frío, no puedo usarlos porque están ocupados en otra cosa.

TENGO UNOS ZAPATOS  Esther Morales
Tengo unos zapatos que salen de fiesta en fiesta porque les encanta conocer a la gente y sus historias.  Por eso en cuanto pueden, viajan de país en país para traer  sus suelas cargadas de experiencias.  Cuando regresan a la zapatera, son la envidia de los compañeros que, sosos y aburridos, oyen sus cuentos.


TENGO UNAS MUÑECAS  Lali Marcelino

Tengo unas muñecas en el baúl de los recuerdos que estoy pensando regalar y, cada vez que lo intento, me es imposible, porque cada una de ellas, me dice que no con su mirada.

TENGO UNOS RULOS DE PELO   Roberto.es
Tengo unos rulos de pelo que prefieren enrollarse con los cables del ordenador antes que liarse con melenas


TENGO UN CARTÓN DE HUEVOS  Ana Rosa Benítez

Tengo un cartón de huevos que me persigue desde hace un año.  Yo creo que me ha confundido con la gallina que los puso


jueves, 17 de septiembre de 2015

EL SUCESO Esther Morales





Ocurrió ayer, sobre las ocho y media.  Yo estaba feliz, alegre.  Venía el obispo desde Tenerife para confirmarnos, a mí y a unas cuantas niñas más.  Claro, ¡qué ilusión tan grande!

Estábamos en la escuela, preparando el banquete que nos íbamos a dar, cuando se oyó el ruido de un coche en el camino.  ¿Un coche? Aquello no podía perdérmelo.  Fui directa a la ventana y la levanté.  El sistema de apertura era muy antiguo, tenía que ser trabada por los lados con un clavo.  Lo cierto es que mis bracitos de niña pequeña no aguantaron el peso y la ventana cayó sobre mi cabeza, cerrándome la boca de golpe, por lo que.. un trozo de mi lengua cayó en el camino.  Tuve la lengua hinchada y no pude comer nada de aquel banquete.  No quise decirle nada a mi madre para que no me pegara o regañara por estar pendiente de lo que no debía.  Me dolía mucho, quería hablar y no podía, me pasé llorando toda la ceremonia y la celebración.



martes, 18 de agosto de 2015

DRAMA. Esther Morales.








            Se encontró con un gran alboroto y algarabía, había gente por todas partes, todos hablaban y gritaban a la vez, parecía, nunca mejor dicho, un gallinero, sin orden ni forma.
            Ella, llevándose las manos a la cabeza se dijo: Dios mío nunca voy a salir de aquí.
            Después de dos horas de cola y mucha paciencia, de oír todos los comentarios altisonantes, lloros y lamentos con mal presagios, al fin llegó a la ventanilla. Ella iba a un taller de perfeccionamiento en Madrid y tenía que llevar aquel maletín que contenía sus instrumentos de trabajo, todos aquellos males para quien la requisaba. Cuando se lo explicó al funcionario, para su gran alivio, la comprendió  y le dijo: bueno pero lo tiene que pasar por equipaje.
            Estuvo todo el viaje preocupada pero su alegría fue cuando llegó a Barajas y en la cinta transportadora apareció su maletita de mano con sus instrumentos de trabajo para un Congreso de Peluqueras.
            Esto ocurrió el 15 de septiembre de 2001, el Taller y el viaje ya estaba comprado.  Un suceso anterior, en días cercanos, había cambiado el mundo.