jueves, 28 de noviembre de 2013

TEMPUS FUGIT de Roberto.es




El tiempo, omnisciente; conocedor de nuestra existencia, de nuestro principio y nuestro final.  Convidado de piedra que nos acompaña en nuestras experiencias vitales.  A través de él, viajamos como  pesado tren –el tren de la vida – por raíles cuyas traviesas marcan el transcurrir de los años, como muescas en un árbol, donde el tempo impone el ritmo de nuestro destino.  No hace valoraciones; solo nos lleva de la mano y testifica las decisiones que tomamos a nuestro libre albedrío.
Es en este destino, donde mi madre –omnipresente –motor del tren de mi existencia y eje central de mi más tierna infancia, genera positivas influencias en mi vida; entre ellas, el amor a la naturaleza, a las plantas, a las flores y de manera especial, a las rosas.
Rememoro la vehemencia con la que cuidaba de sus rosales y cómo, casi pidiéndoles perdón, cortaba con suma delicadeza las hermosas flores de sus ramos para decorar cualquier rincón de la casa.  Las adoraba y mimaba con religiosa devoción.

Aquel recuerdo arraigó en mi ser, y empatizó con ese sublime amor por las rosas, presente a lo largo de toda mi vida.
Cuán lejos quedan esos dulces años de juventud, inocentes y despreocupados, que nos adentran en un mundo de dos, de complicidad compartida, donde nuestro espíritu enamorado galopa con la intensidad de los encuentros clandestinos, de los besos robados, de las caricias furtivas.
La primera rosa que cortaron para mí, echó raíces en la memoria de mi corazón.  Me la entregó mi amor, mi único e inmenso amor, como símbolo de nuestro profundo e intenso afecto, que selló nuestras almas para la eternidad.
Las rosas, presentes a lo largo de mi vida como cordón umbilical de mi destino, trasminando de sus sedosos pétalos el aroma que ha perfumado los acontecimientos más importantes de mi existencia.
Rojas las rosas, como rojo el corazón que bombea este intenso amor que lo abrasa todo, se evapora y se condensa, y vuelve a caer como gotas de  ardiente pasión.  Rojas las rosas, aferradas a mi existencia, siempre estarán vivas en mí.  Sólo el tiempo podrá marchitarlas.



LA SOLEDAD EN COMPAÑÍA de Alicia Carmen




¡Oh, Señor! ¿Por qué me siento tan sola? Aunque no lo estoy; dentro de esta precaria embarcación estamos muchos, apiñados.  No conozco a ninguno, no los había visto jamás.  No sé cómo tomé semejante determinación: escapar, huir de esta miseria que me atenaza.  Y ahora ¿qué será de mis ancianos padres y de mis pequeños hijos que he dejado atrás?  Me consuelo pensando que pronto reuniré el dinero suficiente para regresar, ponerlos en una escuela, comprarles vestidos, darles una vida digna, la que nunca les he podido ofrecer.
En medio de mi desesperación, miro a mis compañeros de viaje.  La mayoría tienen caras tristes, preocupados, posiblemente, con los mismos pensamientos que a mi me asaltan.  Sin embargo, para mi sorpresa, también veo caras alegres, esperanzadas, con sus ojos fijos en el horizonte, como interrogándolo.
Un sudor frío me recorre la espalda.  Me siento confundida, asustada, casi arrepentida de esta precipitada decisión.  Siento que el tiempo está apremiándome, me persigue, me muerde los talones, no me deja descansar.  Debo llegar pronto a mi destino, ¡tengo tantas cosas que hacer!.
Una gigantesca ola, acompañada de un fuerte viento, me regresa a la realidad.  Todavía estoy aquí, pero creo ver unas lucecitas, ahora debo ser fuerte pero… ¿cómo?.  Oigo los lamentos de unos compañeros enfermos y las canciones tristes y melancólicas de otros que me hacen recordar mi pueblecito de polvorientos senderos y, como en una fotografía, veo mi querida escuela donde la hermana Dulce María me insufló el deseo de superación.  Nunca he olvidado aquel día en que escribió en nuestro humilde pizarrón estas dos palabras: Preparación y Oportunidad.
Niñas, nos dijo, si quieren conseguir una vida mejor, es necesario que estudien y se preparen y eso depende de ustedes.  Si tienen el suficiente interés, lo pueden lograr.  La oportunidad, eso ya depende de otras personas y para alcanzarla, les deseo mucha suerte.
Y por esas palabras tan sabias, estoy en esta patera.  Espero llegar al lugar adecuado y encontrar a las buenas personas que me ofrezcan la oportunidad para sacar adelante a mi familia, incluyendo a la criaturita que llevo en mis entrañas.


ERAN OTROS TIEMPOS de Lilia Martín Abreu





A Mario lo amparaba el anochecer y se refugió en su guitarra como tantas otras veces.  Para él, ella era su bien más preciado; mientras la tocaba emergían los recuerdos… y, al hacer un repaso por su memoria, irrumpían las palabras de su abuelo Ramón, que retumbaban nítidas en su cabeza como el primer día.  ¡Cuántas y cuántas veces las escuchó, siendo él tan solo un niño.
-¡Estudia, hijo!, que los títulos abren puertas, te lo digo por experiencia.  Mi profesión de contador me simplificó el camino por la vida, era como un aval que me representaba y, gracias a eso, no me tocó cruzar el mar para emigrar como a tantos otros; corrieron tiempos difíciles en esa época.

En los labios de Mario se dibujó una sonrisa enigmática al recordar aquellas palabras.  La incertidumbre lo acompañaba y oscuros nubarrones se cernían sobre su futuro.  Ahora, a treinta años de distancia de aquellos consejos de su abuelo, a él sí le había tocado emigrar como a tantos otros y eso que había seguido su consejo al pie de la letra y contaba con un currículum bastante sustancioso para su edad.  Hoy por hoy, disponía  en su haber de una licenciatura, un máster, un doctorado y cuatro idiomas, pero por ironías de la vida, su sustento lo obtenía gracias a su guitarra.  Eran otros tiempos, no cabía duda.

DETENER EL TIEMPO de Maruca Zamora



-Si hubiera sabido detener el tiempo –pensó Ana, al recordar épocas pasadas en las que la vida era de color de rosa.
Pero todo cambia, para bien o para mal.  Sentada en la terraza de su casa evocaba los viajes que había hecho.  Entre ellos, uno a la boda de su sobrino.  Fue en un pueblecito del llano venezolano.  Aquellos bellos paisajes le habían impresionado.  Esa fue la primera vez que había visto los toros colados y todo era alegría.  Su familia había venido de España y todos participaron en los preparativos.
Luego, Ana recordó el nacimiento de sus hijos, o las amistades que había ido añadiendo a través de los años y otras que se perdieron por el camino.
Ojalá hubiera podido detener el tiempo en aquella época tan bonita de su vida, insistía en ese pensamiento aunque ella sabía que cada año de nuestras vidas es un mundo que pasa y no se puede detener porque es ella, la vida, quien manda.
Con todos aquellos recuerdos amontonados y sentada en su terraza, junto a su marido, Ana contempló en el horizonte aquella puesta de sol con tan bellos colores: amarillos, naranjas, grises en todas sus gamas, entre nubes blancas y el azul del mar.  Era un espectáculo maravilloso de la naturaleza digno de contemplar.
-Dicen que no se puede detener el tiempo. Claro. No en el bolsillo, ni en la cartera, pero sí en nuestra memoria –le dijo a su marido.
Se agarraron de la mano.

-Tienes razón –le contestó abrazándola – Los recuerdos pasados y este maravilloso espectáculo que Dios nos ha regalado es para recordarlo siempre, aunque el tiempo pase.


DIARIO DE UNA TAZA de Ana Rosa Benítez



Soy una taza de desayuno y mi dueña se llama Katy; tiene seis años.  Vivimos con sus padres  –ella los llama papi y mami –y su hermano Daniel, aunque a veces, cuando Katy se enfada le llama idiota; creo que es su segundo nombre. Llegué a esta casa, una tarde de invierno, después de vivir una larga temporada en la estantería de unos grandes almacenes.  Ya estaba perdiendo la esperanza de que alguien me adoptara, hasta que mi dueña se encaprichó de mí.  Así empezó mi nueva vida.
Daniel Idiota me llama “taza cursi” porque mi piel es de color rosa y tengo un tatuaje de una niña rubia sonriendo; se parece mucho a Katy.  Yo creo que por eso le gusto tanto.
Katy me utilizaba todas las mañanas para desayunar: leche con cornflakes de chocolate que le encantaban, tanto a ella como a mí.  Los restos que dejaba, yo también los saboreaba.
Una mañana, para hacerla enfadar, Daniel me usó para su desayuno.  Yo me puse a temblar. ¡Qué horror! No soportaba esas galletas que utilizaba para mojar en leche, unas con forma de dinosaurio. ¡Me daban miedo!.  Temblé tanto, tanto que la leche se desparramó por todos lados!
Daniel Idiota  –ahora yo estaba enfadada y lo llamaba por sus dos nombres –no paraba de gritar.
-¡Taza inútil, estúpida! ¡Me he quedado sin desayunar por tu culpa! ¡No te usaré jamás!

Al oír esas palabras, yo me puse tan contenta que mi color rosa se volvió más intenso y brillaba en el locero, entre las demás.  La felicidad se reflejaba en mi rostro.


COMPAÑEROS de Mercedes Álvarez



Empieza un nuevo curso de narrativa, volvemos a encontrarnos todos aquí para continuar compartiendo nuevas y siempre estupendas historias.  Este es mi tercer año y lo mejor es que sigo viniendo con la misma ilusión que cuando comencé.  Es más, me retrasé un poco en el regreso porque coincidieron las fechas con mis vacaciones y ¡les juro! que ya tenía eso que se llama mono por dar comienzo a mi clases, lo cual significa que entre ustedes no me lo paso nada mal.
Recuerdo el grupito que había cuando vine por primera vez.  Éramos solo unas pocas, luego se fueron añadiendo más compañeras y hasta ¡un compañero! y el grupo se ha ampliado bastante.
Mi primer día, entré por la puerta muerta de miedo, observando todo.  De pronto, me encaré con Isabel, la profe, quien me facilitó la entrada con una tierna mirada, extendiéndome las manos para ofrecerme asiento.  Lo mismo hicieron mis compañeras que me arroparon haciéndome sentir cómoda.

Por todo eso, quiero darles las gracias y decirles que si estoy aquí hoy es por todo eso ¡Gracias, compañer@s!


EL MITO DE SAN PATRICIO de Alicia Carmen



Cuentan que San Patricio estaba caminando un día por los senderos de Irlanda, cuando de pronto irrumpió en su camino una joven hermosa que, mirándolo fijamente, dijo:
-Que injusto es este mundo para las mujeres
-¿Y por qué me dices eso? –le contestó sorprendido.
-Porque las mujeres tenemos que esperar que nos pidan matrimonio y, a veces, ellos no se atreven y pasan y pasan los años. y así perdemos nuestra juventud.
San Patricio, que era persona sabia, buscó la solución para este conflicto y proclamó:
“Cada 29 de febrero, las mujeres podrán declarar su amor al elegido”
Es por eso que en Irlanda, cada cuatro años, el 29 de febrero, se ven mujeres arrodilladas con un anillo en la mano, pidiendo matrimonio a su despistado amor.




COMIENZOS de Carmiña Gohe





A Raquel, cuando era niña, le gustaba mucho leer cuentos y como su amiga Irene tenía una buena colección que su padre le había comprado; uno a uno, se los iba llevando a casa para disfrutar de su lectura.  Estaban encuadernados en piel de color rojo y los autores de aquellas maravillosas historias, impregnadas de fantasía que los niños leían con tanto interés, eran famosos.

Creo que fue así, con la lectura de aquellos cuentos, como Raquel comenzó el camino para convertirse, ya adulta, en una buen lectora.

EL TEATRITO de Juani Hernández



Dedicado a mi nieta Alejandra


Érase que se era… una abuela y su pequeña nieta Alejandra; una niña preciosa de ojos grandes, vivos y alegres, pelo negro y ondulado y… ¡un particular sentido del humor!.
Los domingos o algún que otro sábado, la abuela Juani, que la quería mucho y con quien tenía una especial complicidad, solía llamar por teléfono para asegurarse de que estaría en casa, para subir a jugar un rato con ella, a los diferentes juegos que a ambas le gustaban.
Un día, tocó sesión de maquillaje y peluquería, otro a médicos, enfermeras y enfermitos, en otra ocasión a dibujar y recortar figuras con las que Alejandra decoraba el salón de su casa.  Pero…, el juego que ella y la abuela preferían, sin lugar a dudas, era el teatro de marionetas.
-¡Abuela, yo soy el lobo! ¡Tú, la abuelita!
A veces, se cambiaban los roles y la abuela era el cazador y Alejandra la Caperucita.  Todo con una puesta en escena muy ordenada, abriendo y cerrando el telón, después de cada acto.  Pasado un buen rato, tanto orden y seriedad terminaban cansando y ella, con cara de travesura, le preguntaba:
-Abuela, ¿Por qué no jugamos al teatrito loco”
¡Y así comenzaba la auténtica diversión!.  Nuevamente se armaba el teatro, esta vez faltándole algunas piezas.  De esa forma, resultaba más disparatado y entretenido, con las consecuentes carcajadas de Alejandra que, una y otra vez, recogía el juguete del suelo, incansable y divertida.
Cualquier locura tenía cabida en el juego de rodar por el suelo; teatro, nieta y abuela, siempre acompañadas de las más extravagantes muecas, seguidas de carcajadas y expresiones de humor.
Este es mi cuento más querido y pienso que en la memoria de mi nieta siempre estará la abuela Juani.




LA OVEJITA BLANCA de Maruca Morales





Había una ovejita a quien le gustaba pasear por el bosque, pero un día se perdió al hacerse de noche.
-¡Socorro! ¡Ayuda! ¡Qué alguien me ayude! –no paraba de gritar.
Nadie la escuchó.  Ella estaba muy asustada porque sabía que en aquel bosque había lobos pues en una ocasión, en uno de sus paseos, se había encontrado con un cachorro; un lobezno.
Corrió y corrió y corrió y, sin darse cuenta, llegó a su casa.  Pasó el resto de la noche con todo el susto y el miedo metido en el cuerpo, repitiéndose a sí misma que nunca más se alejaría tanto de su casa, por lugares que podían ser peligrosos.



EL MIRÓN de Esther Morales




La cocina del colegio daba a un patio trasero que, a su vez, se comunicaba con la entrada de un garaje, de la que nos separaba una  reja alta  con puerta que estaba siempre cerrada con llave.
En varias ocasiones veía a un hombre que se paraba en la reja y me observaba fijamente, con una mirada de loco en celo.  En esa época yo pecaba de vergonzosa e ingenua y no sabía lo que pasaba.
Un día, me di cuenta de que aquel hombre hacía movimientos extraños con una mano escondida entre sus pantalones, mientras no  dejaba de observarme con aquella mirada extraviada.  Entré al salón despavorida y mis compañeras, al verme llegar de esa manera, me preguntaron enseguida:
-¿Qué te pasa? ¿Por qué estás llorando? ¡Estás pálida como un muerto!
Yo les conté lo que había visto y todas saltaron como resortes de sus asientos.  Una cogió unas tijeras, otra un palo, una tercera la escoba y juntas salieron a la calle tras él. 
No lo encontramos; se confundió entre la multitud y yo, al contarles que no era la primera vez que había visto a aquel hombre en la reja, quedé presa de las palabras de mis compañeras de clase.
-¡Eres pendeja, boba! ¿Cómo se te ocurre callarte?  Eso no se puede tolerar nunca.  Tú no eres culpable, el malo es él.

Después de todos los años transcurridos desde estos hechos, pienso que aquello fue una de las primeras lecciones de liberación femenina y de autoestima que me enseñaron.


lunes, 25 de noviembre de 2013

¡FELICITACIONES, LILIA!, RELATO PUBLICADO

Un relato de Lilia Martín Abreu, alumna del Taller de Narrativa El Tranvía, 
publicado en Cartas al Director de
 diario El Día, 25 noviembre 2012.

 Bravo, Lilia, estoy orgullosa


jueves, 21 de noviembre de 2013

ABRIR PUERTAS de Ana Rosa Benítez




Sofía pasaba muchas horas en aquella sala de espera.  Siempre sentía frío.  No sabía si era miedo o si el aire acondicionado estaba demasiado fuerte.
Hacía ya cinco meses que se repetía la misma escena y también los mismos sentimientos.  Las sesiones de quimioterapia se hacían interminables, pero ella no podía concentrarse en ninguna de las distracciones que estaban a su alcance: la televisión, la lectura, sopa de letras, sudokus… No tenía la mente para ninguna concentración.

Así sucedía siempre hasta que, un día, en una de las mesitas de la sala de espera, divisó una hoja de papel en blanco.  Una especie de fuerza mayor la invitó a cogerlo y… empezó a escribir, a expresar lo que su cuerpo y su alma sentían.  A partir de entonces, las horas ya no fueron tan tediosas, las pasaba escribiendo.  Para Sofía fue como abrir puertas a la vida, a la expansión vital, a la esperanza…


LA DANZA DE LAS FLORES de Juani Hernández





Las flores son una de las más bellas creaciones de la naturaleza; me fascinan.  En ningún momento dejan de sorprenderme la delicadeza y la fragilidad de su textura, así como la fuerza de sus colores y, cómo no, la fragancia de su perfume.  Son un regalo para los sentidos, ¡cuánta perfección!.
Desde que aprendí a reflejarlas sobre un lienzo y a modelarlas con mis manos –hace tiempo ya–, trabajar con flores es mi pasión.  Ellas son portadoras de una vibración que, sólo cuando se está en consonancia con ella, se produce el milagro: el baile con los elementos, ¡el vuelo entre las flores!.  Se inicia entonces una bellísima danza, el cantar de la creación.  La finura y la fuerza, entre la naturaleza y el alma del artista.  Un espectáculo que es un regalo para los sentidos, que solo los más receptivos y sensibles podrán apreciar.
Todos tenemos dones dignos de ser apreciados y estamos obligados a ofrecerlos al mundo, pues no es justo que guardemos para nosotros algo que puede beneficiar a tantos, porque esos dones son un regalo del cielo.

Sé que todo esto puede parecer una autoalabanza o una falta de humildad, pero les aseguro que nada más lejos de mi intención.  Sólo es puro agradecimiento al cielo por ser una de las agraciadas para poder expresarlo.  Gracias infinitas.


NOCHE DE HALLOWEEN de Eva Mª Sacramento




Una noche parecida a la de hoy, yo, Eva María, me transformé en un personaje de terror: Samara La Señal.  Hice un par de tarjetas de horror: Sweeny Todd, Eduardo Manostijeras, Drácula, Freddy Kruger, para entregárselas a mis compañeros del Taller de Narrativa.
A todos les asustó mi aspecto y las tarjetas les causaron pavor.  A medida que pasaba la noche, más terrorífica se volvía.  De pronto, se apagó la luz del centro y la puerta de la clase estaba cerrada.  La llave que tenia la profesora no podía abrir la puerta y todos estaban temblando de miedo porque se oía mucho ruido, pasos extraños, sonidos muy raros…  Trataban de tranquilizarse y a mí me tenían apartada porque mi rostro les daba terror.  Cuando empezaron a caer unas gotas de agua, la aparente tranquilidad se volvió histeria y, poco a poco, la clase se inundó.

Roberto me observaba, sonriendo y tranquilo hasta que se dio cuenta de que era yo quien lo estaba provocando.  Con su bastón, me dio en la cara de Samara La Señal y yo quedé sin conocimiento, volviendo todo a la normalidad.

UNA MAMI PRÁCTICA de Águeda Hernández





Cierta vez, una madre joven con cuatro hijos, de seis, cinco, dos años y el más pequeño de ocho meses, para poder llegar a tiempo a una cita que tenía en una población cercana, pidió a su madre que fuera a su casa a cuidar del benjamín, darles el desayuno a todos y dejarlos en el colegio.
En la mañana, en cuanto llegó la abuela, la joven madre le puso el bebé en brazos y subió corriendo a despertar a los otros chicos.  Sabiendo la abuela  lo difícil que es lograr que se apresuren tan de mañana, se quedó de una pieza al verlos bajar al cabo de cinco minutos, vestidos y listos para desayunar.
Comenzaba la abuela a felicitarlos por ser tan buenos niños y haberse dado prisa, cuando uno de ellos, el mayor, la miró con ojos vidriosos, exclamado:
-¡Abuela! ¡No!, resulta que cuando nos bañamos fue anoche.  Mami no nos dio pijama, nos vistió con esta ropa de salir, así vestidos nos metió en la cama.  Ahora nos despertó ya vestidos, solo limpiarnos los dientes y ¡ya!, listos para desayunar.
Al momento, esa madre bajaba lista para salir, con tres mochilas colgando de la mano, dándole a cada cual la suya.
-¡Venga, chicos! ¡Cada uno a su misión!, se despiden de la abuela y el bebé –y diciendo esto, salió de casa a toda prisa, con su prole corriendo detrás de ella.
A los cinco segundos, se oyó el grito del hijo de seis años.
-¡Mami!
Ella contestó sin mirar atrás.
-¿Qué pasó?
-¡Ay, que tengo un calcetín en un pie y en el otro ninguno!
-Seguro que se quedó entre las sábanas –le contestó y, aún sin darse la vuelta, le pregunta -¿Tienes los pantalones puestos?
-Eso sí, mami
-Pues estira la manga del pantalón para abajo y verás como no se nota, ¡venga campeones! Seguidme.


MIS AMIGAS de Maruca Morales






Hoy me levanté muy motivada.  Les voy a contar por qué.  Tengo un jardín muy bonito y yo tengo por norma, regarlo un día fijo a la semana.  Ayer se me olvidó, así que lo primero que he hecho al levantarme es ponerme a regar mis plantas y a darles ese cariño tan necesario.  Me puse a hablar con ellas, como siempre.  Eso les hace felices a ellas y a mí, sobre todo aquellos días en los que no tengo nadie con quien hablar.  Mis plantas me dan vida y yo a ellas.  Cuando por alguna razón rompo esta rutina,  se ponen tristes, o al menos a mí me lo parece.  Mis plantas y yo somos buenas amigas.



UN FUERTE ABRAZO de Roberto.Es




Volvían a encontrarse después de tanto tiempo. Aunque se ignoraban, existía entre ellos un remoto nexo que los unía; un lejano…, invisible cordón umbilical, testigo de un pasado en el que sus existencias fueron de la mano y sus corazones latieron en un mismo pálpito.  No había recuerdo de la infancia en el que no estuviera el uno sin el otro.  Sólo ellos habitaban en su particular mundo impúber.

El tiempo había hecho mella en sus vidas.  Cuarenta años habían pasado.  Eran sus rostros, ajados y encanecidos, reflejo de vidas desconsoladas y resignadas.  Aquellos años permanecían anclados en su memoria; años de entrañable complicidad en los que, los dos, eran solo uno, en los que el sol amanecía cada día, única y exclusivamente, para ellos, como luz cenital sobre sus vidas.

Hicimos lo correcto, se repetía con insistencia, aquello no podía continuar.  Nos hubiéramos hecho mucho daño.  No podíamos seguir amando a la misma persona.  Aquel sentimiento que los aturdía, alimentó su egoísmo, negándose a compartir ese amor. Fue precisamente ese amor enfermizo y enloquecido el que nos separó, se decía a sí mismo.  No podíamos continuar con ese peligroso juego de tres.  Aquella pasión se tornó en celos y maliciosas disputas que envenenaron nuestro corazón.  Tuvimos que decidir y lo hicimos.  Pagamos un precio muy alto; el único que podíamos asumir. Hoy, en esta etapa de nuestras vidas, aquellos recuerdos ya reposados no duelen tanto –seguía reflexionando él–. Quizá seamos capaces de reflotar de lo más profundo del alma, esos sentimientos hasta ahora ahogados en un mar inquieto.  Y en silencio, mirarnos a los ojos.  Sólo mirarnos y fundirnos en un abrazo, un fuerte abrazo…



EL MORICHAL de Esther Morales

Cuadro de Segundo Aponte


Esta historia sucedió en lo más profundo de la sabana, llano adentro, en un morichal cerca del gran río que surca su rivera con gran serenidad y quietud.  Bueno, una quietud relativa, pues a veces es rota por los seres vivos que habitan esas soledades.  Eso suele pasar con nuestros amigos, el loro y la guacamaya, que viven entre chaguaramos y palmeras.
Un día, cansada de tanta soledad, la guacamaya fue a visitar al loro.
-Loro, Lorito, ¿te quieres casar conmigo?
-No, Guacamaya, no quiero.  Estoy bien así.
La guacamaya, decepcionada, marchó a su palmera, llorando desconsoladamente.  El loro se arrepintió de haber sido tan brusco nada más irse su amiga y salió en su busca.
-Guacamaya, Guacamaya, estaba de broma, yo sí quiero casarme contigo.
-No Lorito, ahora soy yo la que no quiere casarse y además, no somos de la misma especie.
El lorito se que fue triste, pensando que se lo tenía merecido.
Pero…, la guacamaya reflexionó y corrió tras él.
-Lorito, Lorito, yo sí quiero casarme contigo
-No Guacamaya, yo quiero estar soltero.
Y así se pasan la vida la guacamaya y el lorito de aquel morichal, volando de palmera a palmera, de chaguaramo a chaguaramo, de moriche en moriche, sin que ninguno de los dos se decida a vencer su orgullo, y dar el primer paso para el sí.



BOMBONES de Carmiña Gohe





No siempre conocemos a una persona en el momento de la presentación; tendríamos que tratarla algo más, pues no podemos llevarnos por las apariencias y así, formarnos una idea equivocada.  Suele pasar que luego te lleves una gran desilusión, al creer que es como quiere aparentar.  Lo mejor es tratar de llegar a su interior para saber como es y, aún así, no hay certezas.

La mente y el corazón estás unidos por hilos muy finos y hay que caminar por ellos con mucho cuidado para tratar de profundizar en ellos.  Es casi como abrir un bombón.  Verlo por fuera no nos asegura saber como es por dentro.


LA RANITA PILOTO de Carmen Garcés





Andrew es una ranita simpática, alegre, juguetona y un poco soñadora; vive con sus padres y su hermana en un gran estanque, que está en el hermoso campo de un circuito de carreras de coches.
Desde pequeñito, al ver pasar los coches veloces de hermosos colores, soñaba ser uno de esos pilotos que conducían aquellas máquinas.
Según Andrew crecía, también crecía su sueño.
 Un día, antes de irse a dormir, se asomó por entre las plantas del estanque y miró la luna.  La vio tan grande y luminosa que pensó, que estaba tan  diferente,  que le iba a pedir un deseo a ver si se lo concedía.  Cerró los ojos fuertemente y dijo en voz alta:
-Luna, lunita, concédeme un deseo, quiero ser un chico de verdad.
Ilusionado, aunque no demasiado convencido, dejó volar la imaginación durante un rato y al final se durmió.
Por la mañana temprano,  Andrew se despertó como cada día, pero esta vez se sintió extraño.  Tenía frío y el agua del estanque le empapaba la piel.
-¡Qué raro! –pensó, así que para ver qué le pasaba, se asomó al estanque a ver su reflejo.  ¡No se podía creer lo que veía!.  El reflejo le mostraba la imagen de un chico, ¡un humano!.  Se tocó el rostro una y otra vez, para comprobar que era él quien se reflejaba en el agua y asi, convencerse de que era verdad lo que estaban viendo sus ojos.
Aún no se lo podía creer; se había cumplido su deseo.  Ahora, ya podía hacer su sueño realidad, ya podría ser piloto de coches de carrera.


Con el tiempo, Andrew llegó a ser campeón, aunque tuvo que cambiarse el nombre por otro más popular.  Ahora se llama Fernando Alonso.


UNA AVENTURA INESPERADA de Carmen Alicia




-A ver, mi querida nieticita, ¿por qué estás despierta todavía?  Ya es muy tarde.
-Bueno, abuela, es que esta noche no me has contado un cuento.
-Ay, si es verdad, pues mira, hoy te contaré las aventuras de la abuela Sisebunda.
-Oye, abuela, ¡y qué nombre tan feo tenía esa señora!
-Pues sí, mi querida nietecita, yo la conocí y te quería mucho. Bueno, te cuento:
“Parece que una tarde, la abuelita se dio cuenta que la despensa de su casa estaba bastante vacía, así es que fue a comprar unos tomates para hacer una ensalada, pero en la frutería le ofrecieron un décimo de la lotería y ella, que siempre guardaba unas moneditas extras en un bolsillito escondido, decidió comprarlo…y…¡milagro! salió premiado.  Ay, pensó la abuela al enterarse, ¿qué haré con tanto dinero?, pues …¡lo compartiré con mi familia!.  Seguramente, con este dinerito a mi nieto se le quitará el enfado, pues sin darme cuenta le quemé la camisa con la plancha en toda la espalda y ¿qué dirá la novia?, y mi nieta me disculpará porque sin querer. se me cayó su colonia favorita, solo quería unas gotas para ir guapa a la misa del domingo.  Yo, por supuesto, me guardaré algo en mi estratégico bolsillo.
Con este dinero, su hija decidió que todos iban a pasear a Diseney World, ¡y qué bien se lo pasaron!.  El chico conoció al amor de su vida, una niña vestida de Princesa Aurora.  A la niña le compraron un traje de Blanca Nieves y un montón de chicos querían ser los enanitos y la persiguieron el día entero.
De repente, la abuela Sisebunda se dio cuenta de que su hija llegaba con una enorme bolsa que decía Carolina Herrera; era un espléndido vestido, con él su hija parecía una princesa de cuento de hadas.
Dios, pensó la abuela, estoy contenta de haber traído tanta felicidad con un décimo de lotería, pero en ese momento, el padre dijo, vaya vaya, ¿y a mí no me toca nada?, pues ya verán y salió a comprarse un ultraliviano e


invitó a la abuela a lanzarse por un acantilado. ¡Socorro!, gritó la abuela Sisebunda, mientras salió corriendo espantada, ¡qué yo no uso pantalones y vaya espectáculo que daré a los de abajo!


LOS MIL Y UNOS de Lilia Martín Abreu




Cuenta una leyenda urbana que, en un país de cuyo nombre no puedo acordarme, vivía un rey un tanto sibarita a quien le gustaba disfrutar de variedad de aficiones y pasatiempos, nada austeros para los tiempos que corrían.  En tanto él se dispersaba, el país naufragaba en una voraz crisis económica entre constantes escándalos financieros.
El rey, despreocupándose del reino, cruzaba pasadizos secretos para reunirse con sus atractivas doncellas.  Ellas le entretenían y deleitaban contándole historias de la vida cotidiana y así comenzaban sus relatos:
-¡Oh, rey afortunado!, he llegado a saber que en un lugar llamado Genovaís, un tal Alybárcenas encontró una lámpara maravillosa de la que, nada más frotar, sale un genio sorprendente que reparte aparatosos sobres a los allí presentes, después de lo cual el tal Alybárcenas viaja en alfombras mágicas en busca de paraísos fiscales.
También se cuenta, oh venturoso rey! que ese mismo lugar es transitado por unos cuarenta ladrones que se esconden en vasijas para no ser sorprendidos por tal Gúrtela, que los persigue y acosa.  Oh, su majestad, por su bien tengo que advertirle, ¡abra bien sus ojos! porque Al-Ándalus, trono de los antepasados califas, es hoy conocida como la tierra de los sERES; unos bandoleros muy sociales y astutos, a la vez.
Si me lo permite, rey generoso, dígole también que ¡treinta años de derechos de los súbditos se han demolido y lanzado al viento!, y a los estudiantes…,¡las tasas no le permiten avanzar!.  Mi gran rey, ¡las becas para idiomas y las olimpiadas fueron metidas en una Botella y las lanzaron al mar!
¡Oh justo rey, ruego me dispense pues, esta humilde doncella, después de deshilvanar tantas madejas secretas, tiene la boca seca. ¿Le parece a su altísima majestad tomar una  in Fanta  conmigo?
Tras esto, el rey la mira con recelo y le contesta:

-De buena gana lo haría pero…, la in Fanta tiene mucho sabor a chorizo y después la repito.  Lo que me apetece es que me acompañe a Plaza Mayor para tomarnos un relaxing cup of café con leche, ¡qué leches!...




miércoles, 20 de noviembre de 2013

LA ORQUESTA de Maruca Zamora




En el campo había un gran revuelo esa mañana que no era como otras, porque todo sucedía con una armonía maravilloso
- IO IO IO –dijo el turpial
Una ardilla se había  lastimado al caer de un árbol y lloraba amargamente.  Al escucharla, acudieron todos sus amigos.
Los pájaros , PIO PIO , la lagartija ZZUZZU , las ranitas croa croa

-No te muevas  -le dijeron el conejo y otros –que te vamos a ayudar
En ese momento llegó el pájaro canario y, al ver que la ardillita se quejaba, decidió cantarle una canción con su bella melodía GRI III GRI III, con la intención de distraerla, poniendo en ello todo su corazón.
La abeja ZZZZZZ, que por allí pasaba, le ofreció un poquito de miel y el pájaro carpintero TOC TOC TOC con su canto estridente le entablilló la patita rota.
Todos  querían volverla a ver alegre, saltando de rama en rama y deseaban ayudar.
-Cuando te mejores, vamos a celebrar una fiesta- les dijo muy dispuesto el ruiseñor Iii PIPI III itu RRRR , que llegó cantando en ese momento –formaremos una orquesta, bailaremos, cantaremos, ¡será muy divertido! ¡Me pondré manos a la obra!.
El ruiseñor será la guitarra   CHARRRA CHAARRAA
El cantor, el cantante 
El canario, el timple   PIN PIN CHIPIN
El carpintero, la batería   TOC TOC TOC
La cigarra, sería el violín CHIRRI CHIRRI
El cardenalito, el arpa  PLUN PLUN PLUM
El señor cuervo, el bajo  DUM DUM DUM
El mirlo, la bandurria PRIN PRIN PAN
La ranita, el contrabajo  CROOOO CROOO

A todos les pareció bien la idea, lo importante era que su amiguita estuviera feliz, pero el señor cuervo que era un poco gruñón dijo que no participaría sin tener alguna recompensa.  Todos le miraron disgustados y tristes.  Al verlos, enseguida Don Cuervo comprendió que era egoísta, reflexionó y concluyó que era una buena labor y que debía unirse al grupo, sin esperar nada a cambio.  Pensando estaba, cuando llegó el pájaro cantor con su bello trino TRIIII TRIIII y se ofreció a colaborar también, cantándole todas las mañanas para que se mejore pronto.
La abejita, que venía cargada de miel ZZZZZZZ, dijo que la endulzaría todos los días
-Estoy siendo muy egoísta  CRUUUAAA CRUUUAAA y me siento avergonzado –exclamó el cuervo –tocaré en la orquesta sin pedir nada a cambio.
            


Así lo hicieron, invitaron a todos los animalitos del bosque y la ardillita, que ya estaba curada, saltaba de rama en rama, contemplando los preparativos de la fiesta que le organizaron sus amigos.  Fue un éxito y así nació una gran amistad entre todos y el señor cuervo aprendió que no hay que ser tan interesado, ni protestón, que siempre que se pueda hay que hacer algo por los demás, sin esperar recompensa.





jueves, 14 de noviembre de 2013

BLANCO O NEGRO De Carmen Garcés






Laura, una mujer hermosa, inteligente y aparentemente feliz, ha pasado casi toda su vida  librando una batalla interna que, por la naturaleza de su carácter,  no ha podido ganar.
Su obsesión por la perfección la ha convertido en una persona con una visión extremista de la vida y, eso, ha repercutido en sus apreciaciones personales y en sus decisiones cotidianas, tanto que, en ocasiones, ha causado sufrimiento a los que viven a su alrededor; su actitud la ha alejado de ellos, a pesar del cariño que le profesan.
Pero un día algo pasa…, un acontecimiento en su vida hace que Laura se vea obligada a tomar una decisión realmente importante; se encuentra atrapada en una intersección de opciones y debe decidir entre una de ellas.
Después de mucho pensar y analizar los pro y contras de cada una, Laura toma su decisión y, para su propio asombro, lo hace de una manera inesperada; llega a una solución intermedia entre todas las ideas extremas que se había planteado. ¡Sí!, eso, que hasta hace poco hubiera sido impensable para ella, ha logrado solucionar el gran problema que le agobiaba.
Desde ese día, Laura ve el día a día desde otra perspectiva, se ha dado cuenta que la vida tiene, además de variedad de colores, una amplia gama de grises. Se dio  cuenta de que, en la vida, no siempre todo es blanco o negro.




CERRANDO PUERTAS. De Alicia Carmen




Esta mañana cuando fui a comprobar si tenía algún correo en el ordenador, vi con sorpresa uno a nombre de Noemí. Yo no conozco a nadie con ese nombre. Seguro fue una mala jugada de estos modernos aparatos.
Con curiosidad leí este correo que me mandaba una desconocida y decía así:
Amiga, permíteme reflexionar, como si fuera en voz alta,  necesito hacerlo, por favor discúlpame.
Sabes, me ha tocado muchas veces cerrar puertas. Sí, así es, debo reconocerlo y la mayoría de las veces, por desilusión.
Que palabra tan triste, desagradable.
Desilusión, qué es exactamente la desilusión?. Es posiblemente el fin de una bonita ilusión.
Sí, he cerrado algunas puertas pero no me arrepiento, para qué se mantienen puertas abiertas si lo que contienen adentro lastima, hace daño, no deja avanzar??. Hubiera preferido no tener que cerrarlas pero hubiese sido infructuoso.
De todas maneras a veces las personas a las que hemos cerrados las puertas ni siquiera se habían dado cuenta de que las tenían abiertas.
Yo, me preocupé mucho con este correo, creo que mi desconocida amiga se encuentra muy sola, vacía.
Me sentí impotente ante tanta resignación. Ella se está derrumbando. No la voy a dejar sola necesita ayuda así es que sin dudarlo le contesté con unas palabras que me salieron del corazón.
Amiga, debes entender que el amor y la amistad son riesgos que debemos afrontar, posiblemente encontrarás personas que merezcan lo que tú eres capaz de ofrecer. No tengas miedo, ya sabemos que el dolor es inevitable pero el sufrimiento te llegará solo si tú lo permites. Espero que algún día llegues a la conclusión de que en cierta ocasión necesitaste amar para sentirte bien y ahora puedes elegir porque te sientes bien.
Y si tienes la suerte como la tengo yo de vivir en una zona costera sabrás que: El mar y la vida tienen muchas cosas en común, relájate déjate llevar, ten fe de que vas a flotar. Y jamás pienses que te vas a hundir.

La elección es tuya.



HE DESCUBIERTO QUE… de Lilia Martín Abreu



En nuestro paso por la vida, cosechamos muchas amistades, pero lamentablemente, si la vida nos obsequia con reveses e infortunios, en esos puntuales momentos de contratiempos, en los que lo estás pasando mal, cuando más necesitas apoyo y amparo, ¡zas!, como por arte de magia se evaporan los que decían ser tus amigos. Claro, por supuesto que se van, para que se van a quedar, si ya se ha terminado el whisky.
También he descubierto que si, por fortuna,  estás en la cima, paradójicamente, todo el mundo te ofrece de todo pero, cuando es a la inversa, si realmente necesitas, que estás efectivamente perdido y con un raudal de complicaciones, en ese instante, se van cerrando todas las puertas que tocas.
Hay un dicho popular que dice que, cuando se cierra una puerta se abre una ventana, solo es una leyenda; en mi caso no fue así, y mira que se me cerraron puertas y portones, y para rematar, el banco me despojó de mi casa llevándose todas mis ventanitas, me dejó sin nada que abrir, para que me pudiera llegar un poquito de aire. Miento, el banco amablemente me envía un amplio abanico de cartas para recordarme la deuda y así, yo tenga algo que abrir.

¿Qué toca hacer en estos casos?. Recurrir al único comodín que nos queda, el regreso a la casa de los padres.  Cuando me independicé, pensaba que sería definitivo y nada más lejos de la realidad, porque la vida nos da lecciones y no siempre las cosas son blancas o negras; he aprendido que también hay otras tonalidades con variedad de matices.