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jueves, 5 de julio de 2018

LA DUCHA Juan Carlos Chávez






      Y ahora toca ducha. ¡Qué bien! Lo cierto es que lo necesitaba; me hará sentir como nuevo después de un día duro de trabajo, en el que he tenido que cavar no sé ni cuantas zanjas bajo un solajero infernal. Y encima me tocó con un compañero nada hablador. Intenté unas palabras con él y no logré sacarle nada. Entiendo que no está permitido y que hay ojos y oídos por todos lados, pero  ¡hombre!, algún comentario de vez en cuando por lo bajo, escaparía seguro. En cambio, la semana pasada me pusieron a uno que no paraba de parlotear, lo que provocó que le llamaran la atención. Espero que mañana me toque uno igual de atrevido y precavido que yo, que seguro los habrá entre tanta gente, y si no, pues nada; acabaré adaptándome al silencio; no me quedará otro remedio.
     Tras estos pensamientos,  unos hombres con mascarillas  echaron gas desde arriba.

martes, 6 de marzo de 2018

UN ALEGATO MACHISTA Y SU RESPUESTA Juan Carlos Chávez


 ALEGATO 

 -¿Que te crees, que no me percaté de lo que pasaba en esa casa? ¿Cómo es posible que habiendo tres mujeres como castillos, si, tres, todo se encuentre patas arriba? Y lo que más me hace rebotar de indignación, es el argumento ese de la igualdad que utilizan para justificar tal desorden y ocultar su holgazanería. Pero si es que las tareas de la casa les corresponde sólo y exclusivamente a las mujeres. Eso siempre ha sido así y así debe de seguir. Al igual que el cuidado de los hijos, que así lo determina la naturaleza, no tienes más que ver lo que sucede en el reino animal. ¿Quién se hace cargo de las crías? Las hembras, por supuesto. Por ello veo inviable su entrada en el mundo laboral. Aparte, claro está, que su rendimiento tanto físico como intelectual estaría por debajo de la del hombre.


LA RESPUESTA      


     -¿Y qué te crees, que yo voy a permitir que mi reacción se encoja ante ese pensamiento absurdo y cerrado con candado que tienes, sin que yo de una respuesta? Pues no. Yo apoyo la reivindicación de esas tres mujeres. No es de recibo que ellas estén esclavizadas con las tareas de la casa, mientras sus dos hermanos se paseen como señoritos sin mover un solo dedo. ¡Que no son capaces ni tan siquiera de recoger su plato del comedor ni su ropa sucia del baño! ¡Hay que contribuir, que sus hermanas no son sus criadas! Si quieren que les hagan lo que les corresponde que paguen de su bolsillo a alguien de fuera. Y no podemos compararnos con el reino animal, guapito mío, puesto que si estos estuvieran dotados de una inteligencia como la nuestra, veríamos a los machos también cuidando a las crías. Y para que se te salte ya de una vez ese candado que cierra tu mente, la mujer también tiene derecho a llevar una vida laboral y no tiene ningún sentido que se las excluya por el simple hecho de ser mujer. Además, así no tener que depender del hombre, y que cuando considere que la relación no va bien, poderse emancipar y no quedarse atada de por vida, por no tener medios económicos para subsistir sola con sus hijos. Y capacidad tenemos, guapito mío, para realizar cualquier trabajo, tanto físico como intelectual, y cuando quieras te lo demuestro.


GRIETAS Juan Carlos Chávez



    


     En una montaña perdida, Pedro, el campesino, descubre una cueva, en cuya entrada se podía observar un brillo muy luminoso. La curiosidad, en su osadía, le alentaba a entrar, y él, con la mirada ávida por saber qué era aquello que brillaba con tanta intensidad, se posicionó en la entrada. El júbilo le abordó con fuerza, puesto que en el fondo de esa cueva se hallaban apilados cuatro montones de lingotes de oro; lo suficiente para sacarlo del arduo trabajo en el campo, y además, lo que siempre había ansiado; llevar una vida de rey. Pero se percató de que en el techo había una ancha grieta con una longitud que su vista no alcanzaba a ver. Sentía que ese techo aguardaba su entrada para desplomarse sobre él. Su júbilo, entonces, se agrietó y salió el sentimiento de decepción.
     Volver al pueblo a pedir ayuda significaría tener que aceptar el reparto y seguiría teniendo garantizada una vida sin madrugar para coger la azada, pero no le brindaría esa abundancia deseada. Su opción fue olvidar lo que había visto y regresar al pueblo.
     Nunca supo que detrás de aquellos lingotes había un bote de pintura negra.




lunes, 12 de febrero de 2018

EL BEBÉ DE LOS PRIETO Juan Carlos Chávez


                                         



     -¡Ya está otra vez llorando el puñetero bebé de los Prietos! Todas las noches lo mismo.  Pepe, el compañero de trabajo, me dice que me ponga unos tapones en los oídos, pero ¿no se da cuenta ese tarado que si lo hiciera, no oiría el puto despertador por la mañana? Ayer, por fin, le puse cara a ese perturbador de sueños cuando lo vi en el carrito con su madre en el supermercado. Ese niño acaparó la atención de todos los que pasaban por allí. Que si era mono, que si se lo comerían; pues a ver si se lo comen de verdad y puedo por fin pegar ojo. ¡Que ya está bien! Y la culpa es de la madre, que no sabe acurrucarlo. Las de antes sí que sabían. La mía, por ejemplo, no sé cómo se las arreglaba, pero a mi hermana nunca se la sintió llorar por las noches.
     Desquiciado por ese lloro insistente que ya le causaba cefalea, se levanta de la cama.
         -¡Ya no aguanto más! ¡Esa madre me va a oír -Se asoma a la ventana del patio interior, y se encuentra en la cornisa de la azotea un gato maullando.  



miércoles, 7 de febrero de 2018

¿QUÉ ES UN LIBRO? Juan Carlos Chávez






     Un extraterrestre de apariencia humana adulta, en su visita a la tierra, se detuvo en un parque dónde había una niña jugando con su muñeca. Le llamó la atención esa personita y, para entrar en conversación con ella, adoptó la apariencia de otra niña para evitar que su madre, absorta con un móvil en un banco cercano, pudiera caer en la desconfianza y romper esa interacción.
     -¡Hola! Me gusta tu muñeca. ¿Cómo se llama? -Le preguntó con entusiasmo.
     -Nely.
     -¿Nely? Bonito nombre.
     -Es el nombre de una niña que leí en un libro
     -¿Un libro? ¿Y qué es un libro?
    -Un libro es un montón de hojas pegadas una de la otra por los lados, escritas con muchas palabras para leer, y algunos también tienen muchos dibujos.
     -¿Y qué se lee?
     -Pues historias que se le ocurren a los mayores.
     -¿Historias de qué?
     -Historias de castillos, princesas y príncipes.
     -¿Sólo eso?
     -No, también de animales, de brujas, de niños.......
     En ese momento interrumpe la madre;
     -¡Ariana! ¡Vamos! ¡Qué se hace tarde! ¡Y dile adiós a la extraterrestre! ¡Que ella no me ha reconocido, pero yo sí!



miércoles, 31 de enero de 2018

ADIÓS Juan Carlos Chávez

                                                

     Unas veces en el mar, otras veces en la tierra; un puñadito de piedritas se me escapaba. Intentaba afanadamente retenerlas, pero  algunas siempre acababan por deslizarse entre mis dedos.
     Un aciago día causó que mi esencia comenzara a enrojecerse de lágrimas castigadas por un resquemor intenso; entonces, ya no se trataba de un puñadito; sino de un puñado.
     Mi silueta es ahora la que se estremece por un ardor penumbroso, que se solidifica en mis doloridas entrañas; aumentando así, y de forma alarmante, el número de puñados de piedritas que se me escapan.

     Una acaricia fría y lúgubre ha provocado mi desplome, la oscuridad me invade, ya no me siento. 

MI ABUELO Juan Carlos Chávez




    
     Allí estaba, en el desván; entre trastos viejos y olvidados, la silla de mi abuelo. La silla dónde cada tarde veraniega, en el balcón, observaba con detenimiento el transcurrir, unas veces lento y otras veces acelerado, del tiempo, dónde su respirar se hacía más pausado, dónde el sol acariciaba su rostro embellecido de arrugas, y dónde me contaba historias rocambolescas, que mi inocente imaginación se encargaba de darle realidad en mis pensamientos.
     En esas tardes, después de cumplir con desgana mis clases de natación, me apresuraba a colocarme a su lado; ansiaba sentir su voz, su mirada, sus guiños, sus caricias en mi espalda, incluso su tos crónica y sus quejas propiciadas por unas rodillas doloridas que la ocupación laboral maltrató.
      Hasta que un quemar intenso y despiadado lo devoró; descabalgándole de esa silla y arrastrándole a otra ubicada más allá del horizonte, de dónde jamás se levantaría.

     A pesar de los años, cada verano respiro su presencia sentada en su silla en el balcón.


lunes, 8 de enero de 2018

LA SOMBRA Juan Carlos Chávez

     


      En una noche agitada por un viento que escocía mis oídos, mi pantalla mental fue ocupada por una sombra sin forma definida, provocando que una desagradable sensación recorriera mí ya cuerpo entregado a movimientos involuntarios. Trataba de desviar mis pensamientos hacia un jardín de rosas rojas y blancas, o en el romper de las olas contra las rocas, pero esa deformada sombra siempre acababa por imponerse. Me propuse abrir los ojos, pero los párpados me pesaban. Intenté moverme, pero mis extremidades estaban bloqueadas. La respiración se hacía espesa. Al mismo tiempo me sentía encerrado. Y fue entonces cuando mi intuición me susurró que  me hallaba dentro de un ataúd.
          -¡Estoy muerto! Exclamaba agónicamente sin mover mis labios.
     Y esa sombra cobró forma humana y comenzó a ondear su mano derecha. La angustia activó su ansia en quererme devorar y mi grito se encalló en el momento en que esa sombra humana fue absorbida por una gran mancha roja que ocupó toda mi pantalla mental.

           Con brusquedad y esfuerzo abrí los ojos, recuperé mi movilidad, y allí estaba mi madre luciendo un negro atuendo y cubriendo con su humedecida mirada la foto de mi padre que portaba.


sábado, 21 de octubre de 2017

TOMMY - Juan Carlos Chávez

                                           



          Tommy llenaba mis paseos solitarios en los recreos escolares de mi infancia. En cada abrazo que le daba podía sentir su respiración y  el latido de su corazón y en cada mirada que le dedicaba, percibía sus guiños de complicidad. Me hallaba tan enfrascado en mi mundo junto a Tommy, que el anhelo por jugar con otros niños en el que  había estado sumido, se había desvanecido por completo.
     Cierto día lo fui a buscar a su baúl y mi mirada se desgarró  al no encontrarlo donde solía estar.
            -¿Dónde estás?  ¿Dónde estás? –me preguntaba sin descanso.
Salí precipitadamente al recreo para buscarlo y allí estaba… Mi corazón de niño se aceleró, mi garganta tragó nudos… y es que acababa de presenciar cómo su decapitada cabeza rodaba impulsada por las patadas que recibía.     
     Aún recuerdo mi alarido de dolor y aquella tristeza  en la que me sumergí.  Había perdido al único amigo que tenía, aquel a quien  me había aferrado con tanto cariño. Aunque era inerte, para el niño que fui, ese peluche había cobrado vida propia, porque no sólo jugaba con él sino que  le contaba mis secretos más íntimos.
     Otro burrito, idéntico al anterior, ocupó el baúl, pero mi entusiasmo se congeló en su aceptación, al descubrir que el nuevo peluche no me brindaba guiño alguno.