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miércoles, 31 de enero de 2018

OLFATO Águeda Hernández


Sentido por el que se perciben los olores denominado mucosa olfatoria.  Referido a percibirlo, cuando estos constipada no huelo nada.  Producir o despedir olor: los huevos podridos huelen muy mal.  Oler repetidamente con ahínco e insistencia y descubrir lo que está encubierto, esto también es tener olfato. Los perros tienen el olfato desarrollado o facilidad para descubrir lo que está encubierto.
La parte externa llamada nariz, parte que sobresale entre los ojos y boca y forma la entrada del aparato respiratorio.  Las gafas se apoyan sobre la nariz.  Las hay de forma aguileña, respingonas, narizotas, narizudos, nariz perfilada…
Tenemos la dicha que, gracias a nuestro olfato, recibimos el olor de variedad de fragancias, de perfumes, de las flores.  Pasar por la rosaleda, zonas arboladas y oler… uhmm
No puedo perder la ocasión de opinar sobre los olores.  Abuelas, ojo al dato, siempre me quedo con el perfume que exhalan los bebés: agradable, suave, bienoliente.  Ellos todos son de la fragancia más suave y agradable que existe.


jueves, 22 de octubre de 2015

HISTORIA DE MI PELO Águeda Hernández




            Recuerdo a mi madre decir que cuando yo era bebé, sobre mi cabeza sólo había un par de pelusas que, creciendo, se convirtió en pelo amarillo, ¡cómo un pollito, me imagino!. Tanto así que por nombre me llamaban “rubia”, hasta para distinguirme de mi hermana.
            Y lo más curioso, nunca pensé que mi pelo cambiaría de color, ni que algún día sería “una tonta del bote más”, ¡ignorancia la mía!.  Cuando con mis doce o trece primaveras, al oír decir que mi rubia melena, que tanto me gustaba, estaba dando paso a un cuerpo opaco, ¡me estremecí! ¡no me gustaba ese cambio de color en mi pelo!.
            Pero a esa edad siempre parecen surgir más fácil los milagros y así fue. Primera solución, enjuagar el pelo con tisana manzanilla o sea, la flor con unas gotitas de agua oxigenada, te sientas con la posición, la frente sobre las rodillas, con tu pelo suelto de la forma que le dé el sol a todo pulmón, o hasta que el cuerpo aguante ¡remedio santo!: un rubio dorado perfecto.
Y pensando en el ir y venir de los años, recordé la canción “Volver” de Carlos Gardel.
                        Volver…con la frente marchita
                        Las huellas del tiempo blanquearon mi “sien”
                        Que…70 años no es nada, con mis potes de rubio
                        Que llegan a cien.




martes, 7 de abril de 2015

SI FUERA de Águeda Hernández





Si Rita fuera Chapete, como muñeco de trapo que es, con esa figurilla tan cómica que tiene, iría al Bazar donde viven todos los muñecos como él, además de todos los juguetes que puedas imaginar.   Actualmente vive como todos en Gran Bazar y es el tercero de todos sus vecinos, porque Chapete es malo, muy malo, rematadamente malo.  Sus travesuras y fechorías no tienen fin.  La Pepona, el Bombero, la Pastora, Voltereta y los demás muñecos que viven en la misma vitrina que Chapete están con el alma en un hilo y todos piden a Dios que venga pronto algún comprador que cargue con el terrible muñeco y les libre de este tormento. 
Un día, aburrido, Chapete, que había agotado ya los recursos de su imaginación y que estaba desvelado, decidió salir de la vitrina y por enésima vez recorrer el Bazar.  Al empezar su recorrido, le dio un tirón de pelos a la Pepona y  de paso escondió el casco del bombero.  En una casa de muñecas, la más linda del Bazar, hizo tal desaguisado, que a la mañana siguiente al levantarse la dueña creyó volverse loca al encontrarse el fregadero y las sartenes en el comedor, el armario de luna en la despensa, los muebles de la sala encima del fogón, y la escoba y vajilla en el lavabo.  ¡A por ese, a por ese!, gritaron unos cuantos muñecos.  Chapete, al verse descubierto, corrió tanto que desapareció.  En la mañana, todos los muñecos levantaron la cabeza y quedaron estupefactos.  Un globo rojo subía y subía hacia el cielo de cristal.  Al extremo de la cuerda pendían Chapete y Pepona.  Adios, amigos, dijo la voz del fugitivo con una sonora carcajada.




jueves, 5 de marzo de 2015

Y ENTONCES, SE MARCHÓ. Águeda Hernández





Hace años me lo contó; hoy es feliz.
Mamá, David y yo hemos decidido vivir juntos, anunció desafiante mi obstinada hija de 18 años a la hora de la cena. Su novio estaba a su lado. Al oír sus palabras, el corazón me latió con más fuerza y sentí que se me encogía el estómago. Fue uno de los momentos más tristes de mi vida. ¿Cómo podía convencer a mi hija de que tal vez estaría cometiendo un terrible error?. Miré a mi hija, la vi tan niña, pensé no tendría la fuerza para esa responsabilidad y me salió la pregunta. ¿Habrán pensado en la posibilidad de que quedes encinta? Mi hija miró con cierta vergüenza a su novio, y reconoció que no habían previsto esa posibilidad.
Realmente no me importa lo que piensen papá y tú. Tendrán que aceptarlo. De pronto busqué con la mirada a mi esposo que aún no había dicho ni mu, respaldado en su butacón con los ojos entreabiertos, señal de que no quería ver pero estaba viendo, no pude más y grité ¿JOSE!  ¿Por qué no hablas? Dile algo a tu hija. La responsabilidad no es sólo mía. Se levantó, y sin mirarme me dijo ¿Tú lo estás haciendo muy bien? Y te digo más, los hombres inteligentes saben cuándo quedarse callados. Cogió sus llaves y cigarrillos…y entonces, se marchó.





jueves, 29 de enero de 2015

ESCRITO POR ÁGUEDA PARA ALICIA

 AMIGA INVISIBLE 






Amiga mía:
Ojalá puedas seguir mi delirio, cuando por primera vez leo una carta dirigida a ti. 
Me gustaría que esta misiva tuviera palabras, dibujos, expresiones que te dijeran son para ti y que así lo sintieras.
Aunque cierre los ojos y piense en ti, te veo con tus transparentes ojos claros, tu sonrisa pícara y dulce, al mismo tiempo que tu rostro inteligente y hermoso.
Hace poco decíamos que el mundo se estaba equivocando, pero hoy tuve dudas; verás:
Paseando por una angosta acera, un adolescente que venía de frente, antes de llegar a mí, bajó de ella para cederme el paso y, ¡cómo te conozco!, sé que tú habrías dicho que el mundo había dejado de ser desquiciado.  Aún existe gente que interrumpe su paso para ser amable.  Sabiendo cómo eres, sé que a ti también te habría alegrado el día.
Sigue siendo como eres.
Querida amiga, ¿cómo te describo?, así:
Eres una dama, toda sensibilidad y ternura.
A veces siento que no puedo transmitir para dar lo que quiero dar. Cuando terminé de escribir esta carta, la leí tratando de no olvidar que era mía para ti.


Águeda


miércoles, 21 de enero de 2015

31 DE DICIEMBRE 11:00 HORAS: “CLO, CLO, CLO…” Águeda Hernández




            Me encontraba en la calle. Al regresar a casa, vi expuesto en la puerta de un local una caja con hermosas naranjas que invitaban: ¡comedme!. Al entrar, recordé las tienditas de antaño, con comestibles y fruta de todo un poco, con una amable señora tras el mostrador.
            Estaba pesando mis naranjas, cuando entró una mujer y por su saludo intuí era de amistad. Sigo con mi compra, pedí ½ docena de huevos; al verlos exclamé:
            -¡Qué pequeñitos!
 La vendedora sonrió, la señora que había entrado, dirigiéndose a mí, dijo:
            - ¿No sabe que los huevos pequeños tienen más clara?
            -Yo creo- le contesté, que  según el tamaño tendrá más cavidad. Piense en un huevo de “perdiz”.
 Risas. Luego con entusiasmo, comentó la vendedora.
            -Por cierto, hablando de huevos, esta noche “fin de año” será, papas y huevos fritos.
            ¡Incrédula de mí!:
            - ¿Vive sola? -Pregunté con suavidad.
            –No,  no; con mi marido y será nuestra cena.
            Les cuento que salí de allí “embriagada”. ¡Sí! De huevos con más  o menos claras, cena de huevos fritos, noche tan señalada no la veo romántica, en fin terminé confundida.
            Llegué a casa, dos de la tarde, entro a mi cocina, comienzo, alborotada, a pelar y freír papas con aceite de oliva virgen, luego el huevo cuando lo veo en la sartén… una gotita de yema, corrí por otro y paré porque tres es mucho para mí, les confieso, me encanta mojar el pan en la yema del huevo.




jueves, 15 de enero de 2015

LA VENTANA Águeda Hernández



            Cuando abrió la puerta de su vivienda, nada más entrar vio como la ventana del salón estaba abierta.  En ese momento, el aire que entraba hizo volar el papel que estaba sobre la mesa.  Lo recogió y sonrió.  Era de su pequeño.
            Mamá, en vista de que aún no llegas, que sepas que voy a entrenar con los amigos que vinieron a buscarme. ¡Te quiero!.
            Ella cerró la puerta, pasó la llave y con las bolsas de la compra, entró a la cocina.
             Ese día, su exesposo irrumpió por la ventana que había quedado abierta.  Le asestó once puñaladas con un cuchillo de cocina.
            Ella esperaba recuperarse en paz de sus heridas, entre ellas, una que le destruyó la laringe, para poder criar a sus dos hijos.  No ha sido así.
            Su ex se encuentra en la cárcel; se le impuso una condena de veinticinco años, pero desde ella la ha demandado por su derecho a visitas de sus hijos. ¡Qué cruel paradoja!.  

            Ella desearía que para él jamás se abra esa puerta.  Ojalá no hubiera dejado nunca abierta la ventana.


jueves, 11 de diciembre de 2014

DEVORADO Águeda Hernández





Paseando por la playa, puede observar a un mar hambriento devorando al sol.  De pronto, una oscuridad invadió el universo.  La nube nueva apareció, enojada; no era aún su turno pero tuvo que adelantar su salida; el sol había sido devorado.  Mientras tanto, mi perro cacareaba, intentando posarse en aquella nube que se empezaba a llenar...


miércoles, 19 de noviembre de 2014

FATAL OLVIDO Águeda Hernández



Cuando llegué a este mundo, mi abuelo fue el elegido para ir a registrar mi nombre ya que mi madre y yo vivíamos con los abuelos.  Mi padre estaba ausente; por su trabajo, ni en esos momentos pudo estar presente.  Lo que no pudo ser, no fue. 
Llegó el día de que mi abuelo partiera a la misión que le había sido encomendada; ir al Registro.  Mi madre le recordó mi nombre: se llamara Mayore. En el momento de decirlo, al ser preguntado, mi abuelo se llevó las manos a la cabeza; la estrujaba y por mucho que lo hiciera, de la cabeza no salía ni una gota de su memoria. 
 –Es…, es… –repetía una y otra vez…
De pronto, dijo gritando:
 –¡Mary Cuqui!  
De regreso a casa, se preguntaba qué había hecho, se decía que lo iban a matar, ¡Dios mio!, se le había olvidado.  Luego, les explicó que Mary porque se acordó de una novia que había tenido de joven en Cuba y Cuqui, el nombre de su perrito que tanto quería.
 –¿Sabes? La llamaremos tal como tú la inscribiste –le dijo mi madre– Maricuqui.
Yo quise mucho a mi abuelito. Lo recuerdo sentado en su sillón con Cuqui a sus pies.




martes, 4 de noviembre de 2014

SOLA Águeda Hernández


         Ella está sola, sola.  A su paso, las madres de los demás niños cuchichean y murmuran.  Ya no la invitan a las cenas de parejas, los que antaño fueran amigos comunes ni le llaman.  Está sola.
         Ahora está sola, sola y lo imposible comienza a ser real.  Se prepara para avanzar por primera vez en solitario.  Ha decidido enterrar en la memoria la inseguridad, el miedo y emprender un nuevo camino.  Está sola y sin embargo, se siente plena del amor que brota de sí misma, que ayuda, apoya y anima.

         Ella está sola y, sola, se dispone a salir al exterior airosa y valientemente, encaramado sobre unos tacones rojos.


miércoles, 21 de mayo de 2014

INVENTANDO PALABRAS de Águeda Hernández




Que me perdone, D. Julio Cortázar (escritor) por favor no puedo desarrollar esta tarea, qué pena no haberle conocido cincuenta años atrás. El tener que insertar palabras imaginarias en las que prevalezca una atmósfera erótica…  aquí comienza mi odisea, consulto con mi diccionario de doce tomos y nada, sigo con la Biblia, me quedo en ayunas, sigo por El Quijote y termino con el libro gordo de Petete. En el mismo instante que pensaba, esto para mí es desde todo punto de vista imposible de realizar, ¡Aleluya!, llega a casa una de mis amigas, llegaba de “Mexico”; vive temporadas allí, ya que su hija tiene su residencia en ese país. Me encontró con mis resoplidos continuados, ¡le conté!.  Ella se plantó ante mí con sus brazos en jarras y comenzó a espetar.
¡Pero mujer! No te has enterado de que tus “neuronas” ¡eróticas! se han borrado de tu cerebro, ¡ya no existen!. Piensa en que no las encontrarás. Recuerda a la Jurado; su canción, pero ella fue de “tanto usarlo”, pero ¡tú! es de ¡NO!
¡Venga! Me dice para animarme, rodeando mis hombros con sus brazos.  Vamos a la cocina, que es lo nuestro. Te prometo que lo vas a pasar muy feliz haciendo esta receta, que te voy redactando, y tú te encargas de realizar. Te prometo que será de lo más divertido
Pavo al Tequila.      Elaboración.
1.      Vaya a comprar el pavo.
2.      Tómese un trago de tequila.
3.      Ponga el pavo en el horno.
4.      Tómese otros dos tragos de tequila.
5.      Ponga el grado a 180 hornos.
6.      Tómese tres tequilas más de trago.
7.      Asa el prendo.
8.      Tequila otra botella de trago.
9.      Inserte el pavo en el termómetro
10.   Saque el horno del pavo.
11.   Repave el lleno
12.   Consígase otra tequella de brotilla
13.  Bendiga la dición, sirva y cómase.
14.  Lissssto, ¡hip!



martes, 20 de mayo de 2014

COMPRAR UNA NOCHE. De Águeda Hernández





Cuando unas amigas me llamaron invitándome a una despedida de solteros me pareció insólito, según ellas será una despedida tranquila, ¡somos  cuatro otoñales, me dijo! Y dos de ellas son las consuegras, y los novios invitarán a su pandilla, como la van a hacer en el “Club de Golf” donde se encuentra un apartado, preparado para hacer parrilladas, también se encuentra una gran piscina rodeada de un verde césped, yo me imaginé, que las otoñales seria para hacer de cocineras y así fue.

Cuando llegué vi tanta rebujina, tantas cajas de cerveza y tantas botellas bebidas. Y claro nosotras las otoñales les preparamos todo como a las once de la noche, entre comida y bebida aquello se iba calentando. Y las cuatro otoñales sudando la gota gorda asándoles la carne. Llegó el momento que olíamos a humo y decidimos ya que el club y piscina no había nadie. Estas cuatro oliendo a queso ahumado nos fuimos sin que nadie nos viera, dimos de bruces a la piscina, ¡que bien está el agua! Repetíamos. Cuando más divertidas estábamos disfrutando nuestro baño, pum…..apareció toda la juventud a tirarse al agua, unos de cabeza, otros de pie, de culo, con la chica a la pela y otros, dos pasos adelante  cuatro para atrás, buscando por donde mejor era la caída. Yo cuando noté el agua se iba calentando, salí de la piscina despavorida. Me envolví en la toalla, y me acosté en el césped. En ese mismo instante se apagaron automáticamente todas las luces del club y con ello el garaje quedó trancado no podía salir nadie hasta las 6 de la mañana. Yo estaba tan cansada, que me dormí cuando me desperté horror todo a mi alrededor, como si hubiera pasado una batalla campal, cuerpos tendidos sobre el césped. La noche fue tan oscura, ni siquiera una estrellita que alumbrara, ya amaneciendo pude ver la juventud toda en el suelo unos acá otros allá que no coincidían con sus parejas, al novio pude verle entre todos buscando la de él, y la culpa la cerveza y la noche tan negra y….¡Salvaje!.




jueves, 13 de febrero de 2014

SUBIR LA CUESTA De Águeda Hernández





Nada más verla, Águeda creyó que no podría subirla…
Cuando el Sr. Peter, de 89 años, me contó esta vivencia suya, él entrecerraba los ojos como si enfocara hacia las montañas, creo que más distante. Así comienza:
Me llamó la actitud furtiva del hombrecillo que buscaba algo en el maletero, y después sacó un objeto pesado, envuelto en un pedazo de tela. Me sacó de mi fascinación. No creo que me haya visto mientras cruzaba trabajosamente la carretera. Con curiosidad, le seguí a distancia. Se movía con dificultad, deteniéndose de vez en cuando para tomar aire, finalmente llegó a la cresta de una pequeña loma, estudió la pendiente, alzó su bulto y empezó a descender.
Corrí hacia él pero cuando llegué a la cima ya él estaba abajo. Se arrodilló y desenvolvió el bulto con cuidado. La pieza de madera parecía pesar seis kilos, seguía teniendo el aspecto de la madera y se había convertido en piedra con destellos de colores. El viejo se agachó, acarició cariñosamente la piedra. Al fin se levantó, acarició una vez más su piedra. Yo corrí monte abajo. Me vió, luego miró su piedra y volvió a mirarme tímidamente .
-Es una hermosa piedra –le  dije.
-Tenía que devolverla –dijo.
-¿Cuándo la encontró?.
-Hace 60 años. Yo tenía 13.  Mi hermano y yo la sacamos de aquí y la escondimos en casa. Mi padre se enfadó cuando la vio, pero para entonces vivíamos fuera de allí. Siempre pensaba que la había tomado prestada. Juré regresar  y devolver la roca que amé con tanto remordimiento a través de los años.
 Él miró hacia la cima ¡horror!, imposible subir esa cuesta, horriblemente pendiente. Yo me ofrecí a ayudarlo. Pude distinguir la sonrisa en el rostro de mi acompañante, un viajero atrapado entre el alivio y la pérdida.




miércoles, 4 de diciembre de 2013

ESCUCHAR CON EL CORAZÓN de Águeda Hernández



Un día, cuando tenía cinco años, Dani estaba jugando cerca de la casa con su hermano Gus, de seis.
-¿Qué es esa cosa chistosa que tienes en la oreja? –le gritó un niño que pasaba por allí.
Dani no respondió, ni siquiera se había dado cuenta de que el niño se burlaba de él, pero Gus si lo había advertido.
-¡Te estoy hablando! –continuó el provocador.
Gus apretó los puños y sintió que el corazón se le desbocaba.
-¡Déjalo en paz! –y entonces Gus y el bravucón se liaron a golpes rodando por el suelo.
Con el tiempo, nadie más se burlaba ya de su problema.  Dani se había convertido en líder de la comunidad universitaria.  En una entrevista transmitida por televisión en su lenguaje por señas, alentaba para que no se descorazonaran por ser sordos.
-Si necesitan ayuda, ¡ayúdense ustedes mismos!- dijo.
Un día, casi al final de la temporada, Charlie –aquel que le había dado un manual y había pasado largas horas enseñándole lo que los entrenadores querían que hiciera- con lágrimas en los ojos, anunció en pleno entrenamiento que Dani había sido nombrado para formar parte de la selección de fútbol universitario, además de que había sido merecedor del premio Jugador Defensivo del Año, otorgado por primera vez a un sordo.

Dani, desconcertado, paseo la mirada por todo el campo.  Vio a todos en pie; le dedicaban una silenciosa ovación , en su propio lenguaje.  Alzadas las manos abiertas, movían los bracos de un lado a otro.  Luego, dando una vuelta para que todos lo vieran, expresó por señas:
-Les quiero.



jueves, 21 de noviembre de 2013

UNA MAMI PRÁCTICA de Águeda Hernández





Cierta vez, una madre joven con cuatro hijos, de seis, cinco, dos años y el más pequeño de ocho meses, para poder llegar a tiempo a una cita que tenía en una población cercana, pidió a su madre que fuera a su casa a cuidar del benjamín, darles el desayuno a todos y dejarlos en el colegio.
En la mañana, en cuanto llegó la abuela, la joven madre le puso el bebé en brazos y subió corriendo a despertar a los otros chicos.  Sabiendo la abuela  lo difícil que es lograr que se apresuren tan de mañana, se quedó de una pieza al verlos bajar al cabo de cinco minutos, vestidos y listos para desayunar.
Comenzaba la abuela a felicitarlos por ser tan buenos niños y haberse dado prisa, cuando uno de ellos, el mayor, la miró con ojos vidriosos, exclamado:
-¡Abuela! ¡No!, resulta que cuando nos bañamos fue anoche.  Mami no nos dio pijama, nos vistió con esta ropa de salir, así vestidos nos metió en la cama.  Ahora nos despertó ya vestidos, solo limpiarnos los dientes y ¡ya!, listos para desayunar.
Al momento, esa madre bajaba lista para salir, con tres mochilas colgando de la mano, dándole a cada cual la suya.
-¡Venga, chicos! ¡Cada uno a su misión!, se despiden de la abuela y el bebé –y diciendo esto, salió de casa a toda prisa, con su prole corriendo detrás de ella.
A los cinco segundos, se oyó el grito del hijo de seis años.
-¡Mami!
Ella contestó sin mirar atrás.
-¿Qué pasó?
-¡Ay, que tengo un calcetín en un pie y en el otro ninguno!
-Seguro que se quedó entre las sábanas –le contestó y, aún sin darse la vuelta, le pregunta -¿Tienes los pantalones puestos?
-Eso sí, mami
-Pues estira la manga del pantalón para abajo y verás como no se nota, ¡venga campeones! Seguidme.


martes, 1 de octubre de 2013

¿DÓNDE? de Águeda Hernández




Queridas amigas:
Después de unas prolongadas vacaciones, con sonrisas y alguna que otra lágrima, nos encontramos de nuevo en el sitio donde tanto deseábamos llegar.
¿En que lugar sino aquí, abrazaría a tantas amigas?  La única manera de sembrar la felicidad es compartirla con alguien.
¿Dónde conservaría el alma joven, sino  en medio de un grupo donde hacemos un desfile de modas semanal y aunque siempre me vista de la misma manera, oír decir que mi vestido es bonito?
¿En qué otra parte sino aquí, me abrazaría a una jovencita que me dijera que me quiere como a una abuela?
¿En qué otro lugar tendría el privilegio de que una joven señora, el segundo día de clases, me dijera mirándome fijamente que yo le recordaba a su madre por mi parecido con ella? No olvido sus ojos vidriosos que me hicieron entender que ya no la tenía con ella y como nos fundimos en un abrazo.
¿Dónde más podría nuestra profesora, guiar en la escritura de las primeras letras como narradoras de algún buen relato y quién sabe si un libro?
¿En qué otro sitio derramaría lágrimas de alegría por dar comienzo a un año más de relaciones felices, entre cuentos, poesía y palabras?





jueves, 19 de septiembre de 2013

LA MUJER DE LAS FLORES de Águeda Hernández




Todas las mañanas de aquel verano de hace seis años atrás, viajábamos –aún medio dormidos –en la misma guagua.  Entre nosotros, había una mujer de pelo gris que, cada mañana, se dirigía a un centro de recreo para personas jubiladas.  Encorvada y triste, subía penosamente los escalones de la guagua y se sentaba sola, detrás del conductor.  Nadie reparaba mucho en su presencia.
Así hasta aquel día de julio, cuando saludó al chofer antes de ocupar su asiento, volvió la miope mirada hacia el fondo del vehículo y esbozó una sonrisa.  El conductor respondió con una inclinación de cabeza.  A la mañana siguiente, la mujer subió a la guagua con paso vivaz, sonrió abiertamente y dijo en voz alta: ¡les deseo a todos ustedes un hermoso día!.  Sorprendidos, algunos nos volvimos a mirarla y respondimos con un buenos días.
Una de aquellas mañanas, subió a la guagua con un ramillete de flores silvestres en la mano.  El conductor sonrió y le preguntó: ¿Te has conseguido un novio, Regina?.  La mujer hizo un tímido gesto de asentimiento.  Todos los pasajeros silbaron y aplaudieron.  Desde entonces, todos los días nuestro personaje aparecía con una flor y algunos de los pasajeros más asiduos llegaban con flores para añadirlas a su ramo.
El verano llegó a su fin, dando paso al otoño.   Un lunes, nuestra amiga no se presentó en la parada habitual.  Como tampoco estuvo allí los días que siguieron. El viernes, al parar la guagua en el centro de recreo, uno de los pasajeros le pidió al conductor si esperaba un momento.  Todos contuvimos el aliento, mientras se dirigía a la puerta para preguntar por nuestra amiga.  La señora Regina está bien, informaron, pero no había acudido al centro en los últimos días porque alguien muy querido para ella había fallecido.

El lunes siguiente, tampoco se encontraba en la parada aquella mujer que nunca nos fallaba.  Todos íbamos en la guagua tan callados como si estuviéramos en una iglesia.  Aunque no nos pusimos de acuerdo, todos llevábamos entre las manos un ramo de flores silvestres.



miércoles, 13 de marzo de 2013

ANIVERSARIO de Águeda Hernández




Nos veíamos un tanto ridículos; dos personas de cincuenta años, sentados solos ante una mesa de juego en el patio trasero de la casa y con sombrero atado bajo la barbilla.  No era así como había imaginado la celebración de nuestras bodas de plata.
En mis sueños, cientos de invitados, una orquesta de seis músicos que tocaría nuestra canción predilecta, “Nuestro amor jamás se acabará”, y nosotros deslizándonos por la pista de baile.  La realidad fue muy distinta.  Los chicos habían asado hamburguesas y salchichas en la parrilla y las habían engullido para, acto seguido, marcharse, dejándonos solos, no sin antes dejarnos a mi esposo y a mi,  la tarea de limpiarlo todo.
Sobre la mesa descansaban los regalos: unas batas de baño con sus correspondientes toallas.  Mi esposo sacó de la parrilla la última hamburguesa y me la ofreció.  Me la llevé a la boca.
-Hemos pasado un rato agradable –comentó –
- ¿Sabías que Richard Burton le regaló a Elizabeth Taylor un diamante raro y ella a él un largo abrigo de pieles – le pregunté yo.
-¡Y que iba a hacer yo con un abrigo como ese! –gruñó.
Él y yo habíamos pasado por dos guerras, por cinco casas, tres hijos, compartido el dentífrico, las deudas, los armarios…  El regresó a donde estaba sentada y me dijo:
-Tengo un regalo para ti
-¿De verdad? ¿Qué es? –pregunté emocionada.
-Cierra los ojos –respondió.
Cuando los abrí, sostenía ante mí una de esas coliflores que vienen en un frasco.
-La quité de la vista de los ojos de los chicos porque sé que a ti te encanta la coliflor –me explicó.
-Quizá, así de sencillo es el amor –pensé.




jueves, 7 de marzo de 2013

CUESTIONARIO SOBRE EL ROMATICISMO EN EL MATRIMONIO de Águeda Hernández



Hace poco, me decidí a contestar uno de esos cuestionarios que aparecen en las revistas, a través de los cuales, una puede averiguar cuán romántico es su matrimonio.

¿Cuándo ha sido la última vez que su esposo le regaló flores?
Me devané los sesos tratando de recordar y nada.  No lo ha hecho quizá, desde que nació nuestra hija, que ya tiene cinco años.  NEGATIVO.

¿Desde cuándo no toman juntos, su marido y usted, un baño de espuma?
¿Qué? ¿Los dos en la bañera? ¿Yo? ¿La hermana de la misericordia? NEGATIVO.

¿Le ha escrito él, recientemente, un poema o una carta de amor?
¿Él? ¿Un poema? Estando él de viaje, le supliqué que al menos me enviara una tarjeta, una postal para así saber si estaba vivo.  Poco después, recibí una si, pero con este mensaje: “Estoy vivo”.  No, no escribe poemas de amor.  NEGATIVO

Imagínese a su marido en una escena romántica.
Como a estas alturas del cuestionario, mi matrimonio me estaba pareciendo estar en aprietos, sólo me vino a la mente el día que nuestra hija enfermó del estómago.  Esa tarde, se resignó a quedarse en casa cuidándola porque yo tenía que salir.  A mi regreso, lo veo, cuan largo es, acostado en la cama de nuestra hija, durmiendo como un lirón.  ¿La niña? Pues correteando por toda la casa, a pesar de tener fiebre.  Es una imagen que aprecio, pero ¿fue eso romántico? No lo creo.

Después de diez años de matrimonio, tengo que reconocer que él no es el tipo que regala flores, ni yo soy la mujer que espera a su marido en una bañera llena de espuma color rosa.



martes, 12 de febrero de 2013

LA CASA de Águeda Hernández




Está situada en el campo.  Es mucho más callado que la ciudad, en medio de la naturaleza virgen, donde el canto de las aves que cruzan volando, es una delicia por la mañana al despertar, mucho mejor que escuchar el timbre del despertador, desde luego.
Las vistas, a través de las ventanas, pueden resultar carentes de interés para algunos.  No hay olas que embistan playas rocosas, ni montañas cubiertas de nieve, pero el entorno es arbolado y el inconfundible olor de las gardenias llega a mi nariz casi al mismo tiempo que su color, a mis ojos.
Si por las noches sales afuera, cuando la luna tiene ese brillo tan intenso, puedes ver como se ilumina la casa hasta el último rincón del jardín.
No, no se puede echar de menos, si no se conoce un amanecer veraniego en el campo, ni si no se ha disfrutado de esos maravillosos momentos de quietud.  Ni tampoco aquel que nunca ha esperado que se abra la puerta de la casa para que entre alguien que se sabe que vendrá con seguridad, porque esa es su casa, su refugio y porque sabe que alguien espera su regreso.
Alguna vez esa casa soñada tuvo llaves aunque nunca se han necesitado porque puedo entrar en ella cuantas veces quiera, solo tengo que buscar en mis recuerdos.