Yo estaba allí. Todavía no me he
recuperado del susto; fue horrible… Era un atardecer desapacible; tenía mucho
frío, y allí, encogido por la pena, añoraba mi casa, mi familia, sentados
alrededor de la mesa ante un plato de sopa caliente. De pronto, un estruendo
ensordecedor me sacó de aquellos entrañables pensamientos… Se me encogió el
alma. Por unos segundos creí que estaba en mi país, en la Universidad, donde
los últimos bombardeos aceleraron mi desquiciada huida dejando atrás una vida
de trabajo docente prohibida por el régimen bajo pena de muerte… Marché sin mirar atrás… No sabía lo que pasaba. En la confusión, la
gente corría sin saber qué hacer ni adonde ir en aquella angustiosa
incertidumbre. A esas explosiones siguieron otras y entonces pude escuchar,
aterrorizado, los gritos de socorro de algunos pasajeros de aquel endemoniado
barco. Algunas personas de la Alameda, se lanzaron al agua para tratar de
ayudar a los hombres y mujeres que intentaban alejarse de aquel infierno.
También yo tuve el mismo impulso pero, por desgracia no sé nadar. Pronto se
empezaron a oír sirenas que se aproximaban al lugar del accidente. De repente,
alguien me dijo: ¡muchacho vete de aquí o tendrás problemas!. Era un anciano
que me observaba desde hacía rato. El miedo a ser detenido y devuelto a mi país
hizo que saliera corriendo de aquel lugar, pues el color de piel delataba mi
condición de exiliado. También era yo un superviviente de un viaje sin retorno
donde, hacinados en una patera, muchos de mis compatriotas perdieron la única
pertenencia que les quedaba: su propia vida…
RELATOS DE LOS COMPONENTES DEL TALLER DE LECTURA DIRIGIDA Y NARRATIVA “EL TRANVÍA”
lunes, 13 de junio de 2016
ORGULLO. Esther Morales.
Era un día de invierno, frío y
nebuloso. Mis hijas y yo estábamos de compras en el rastro, buscando y
regateando con los tenderos. El mar estaba en calma y muchos barcos anclados en
la bahía y sus alrededores.
Las esperanzas eran que el día
levantara y los turistas dejaran mucho dinero en la ciudad, que a los
comerciantes les fuera muy bien y vendieran todo lo más posible.
A pesar del mal tiempo, reinaba la
alegría y el bullicio del momento.
Mis hijas no paraban de probarse
todos los trapos que encontraban a su gusto (que eran muchos).
De pronto, una explosión sacude el
suelo, mirando alrededor descubrimos un
barco en llamas y unas personas nadando apuradas para alcanzar la orilla.
Mi reacción fue llamar al 911 para
que vinieran a ayudar. Mientras busco a mis hijas y las distingo junto a otras
personas en la bahía socorriendo a los heridos y ayudando a los que nadaban
exhaustos, todo en medio de un gran caos y gritos por doquier.
Sí, no me siento orgullosa de mi reacción tanto como de la de
mis hijas.
SUPERVIVENCIA Lali Marcelino.
Era una tarde de puro invierno y las
olas parecían geiseres en erupción. Vi todo desde donde me encontraba,
refugiado de tan tremendo temporal. Incluso cómo se partía la barcaza en dos,
el chirriar de los hierros, la gente tirándose al mar, aquel mar que podría destrozarlos aún más.
Quedé paralizado ante tanto horror y
no me atreví a hacer nada. Preferí salir huyendo antes de que llegara la
policía y aquello se empezara a llenar de gente.
Teniendo en cuenta que había llegado
en una patera y hasta ese momento me encontraba de paso por allí, hasta que
arreciara el mal tiempo y encontrara un refugio mejor, recordé mi llegada a
aquel muelle sufriendo casi las mismas circunstancias que aquellos pobres que
no me atreví a socorrer. Sin papeles, sin documentación, así estaba mi
situación. Probablemente obré egoístamente, pero para saber si obré bien o mal,
primero hay que meterse en la piel de todos los que llegamos a otro país,
jugándonos la vida, buscando otra mejor.
Hoy en día estoy trabajando en
un hotel de esta tierra, legalmente.
Tengo mi pareja, dos hijos, pero jamás seré feliz del todo. Mis recuerdos
siguen estando vivos, y nunca podré olvidar cuanta gente se traga el mar
diariamente, buscando la otra orilla.
lunes, 6 de junio de 2016
COÑO, SACA EL MÓVIL Y GRABA Ana Benítez.
Era un día apacible de invierno, con
mucho frío, aunque de vez en cuando salía el sol a saludar; pero rápidamente
volvía a desaparecer. Me encontraba haciendo un reportaje fotográfico sobre el
muelle de mi ciudad; famoso por sus
aguas tranquilas y por la cantidad de barcos que varaban por allí cuando una
explosión azotó la tranquilidad del mar y arrastró a cuantos estábamos en la
bahía; y también a mi cámara; que desapareció al instante. Intenté buscarla
ante tanto caos. No sabía lo que había sucedido pero tenía que grabarlo. No la
encontré. Pero mi instinto me habló: ¡coño!, saca el móvil y graba, graba… No
puedes perder esta oportunidad de ser testigo de una tragedia en primer plano.
Ya me enteraría más tarde qué era lo que había pasado.
LA DEUDA Alicia Carmen.
Oh Dios mío, oh Dios mío, qué
desastre, ¿qué habrá sucedido?. No, por favor, mi Dios, no me castigues así, en
el fondo no soy tan mala, sólo he sido una persona mimada. Sí, siempre tuve lo
que quise, ¿es mi culpa?. No lo creo,
los que me rodeaban me hicieron la vida muy fácil, demasiado diría yo y
simplemente no fui capaz de superar mi primer fracaso.
Oh, señor, debería preguntar a uno
de los sobrevivientes cómo se llama el barco accidentado, debería tener la
certeza. En el caso que sea el “Costa de las Buganvillas”, yo también me
hundiré, ya mi vida no tendrá sentido y cada vez que vea a un niño preferiré
haber muerto.
Tenía tantas ilusiones, soñaba ser
una mujer responsable compartir con mi hijo tantas cosas que le podía ofrecer,
nosotros dos, con mi amor él no necesitaría de nadie más.
Odio las leyes que permiten a los
padres compartir vacaciones con los niños.
Desde que nos divorciamos siempre habrá evitado que
se llevara lejos a mi Alberto esta vez un estúpido enfado hizo que él escogiera
a su padre para pasar las vacaciones navideñas.
Me sentiré culpable toda la vida, si
le ha pasado algo.
Oh Dios no permitas que lo que dije
en un momento de rabia se materialice: ¡¡Qué les vaya mal!!, les grité a los
dos por dejarme aquí sola y desesperada…
Este espantoso recuerdo no me dejará
vivir, así es que ya sé que nado bastante mal, pero no me importa, allá voy de
todas maneras, si no lo encuentro, si no es su barco, rescataré a otros, me
sentiré aliviada, esa será mi manera de agradecer que mi hijo está a salvo.
SE FUE de Roberto.Es
Buenas noches, papi,... ¿has visto? La
he hecho sonreír como tú me pediste. ¡Ah!, papi, acuérdate de que no falten los
dulces de fresa que me encantan y, ¡papi, papi!... dile al hada madrina que
quiero unas alas como ella para poder volar con los pajaritos y jugar al
escondite entre las nubes. !Uf...¡ qué sueño tengo...! Te quiero, papi.
jueves, 2 de junio de 2016
INDECISIÓN Lali Marcelino.
-Por los pelos, así
terminé la ESO.-le comenté a mi abuelo.
Él me dijo:
Hay que estudiar
Alberto, es la única forma de que no acabes como un ignorante.
-No me mola estudiar
asignaturas que no tienen sentido. Entiendo que hay que prepararse…pero como
están las cosas, no sé qué será mejor, si seguir estudiando o dedicarme a lo
que realmente me gusta, aunque tenga menos futuro, total pa acabar en las colas
del paro.
-Soy un romántico y me
da vergüenza de mis coleguitas, que están todo el día hablando tonterías y
escuchando música disparatada, que para mí ni es música ni na que se le
parezca, sepan que mi música preferida es de hace un par de siglos.
Mi abuelo que tiene
salida pa todo, siguió insistiendo. –Es que puedes hacer las dos cosas,
dedicarte a la música y seguir estudiando para labrarte un porvenir, y ellos se
pierden escucharte algún día tocando esa música que tanto te gusta. Te prometo
que yo sí iré a verte.
-El Clavicénvalo, el
Laud, la Viola…instrumentos del barroco que no están a mi alcance, ya sabes que
en el chozo lo estamos pasando muy mal, el viejo parado, la vieja cobrando la
ayuda familiar, así no se sale pal ante ni de coña. Mejor que tú no lo sabe
nadie, gracias a ti comemos, así que, estoy por largarme a trabajar a Viena, la
capital de la música, allí hay escuelas de las mejores y con un curro que pueda
conseguir, me pago las clases, aunque no creo que mis padres me dejen, así que
de momento no sé qué hacer…desde luego seguir estudiando chorradas, ni soñando.
-Yo te ayudaré a
convencer a tus padres y verás que todo se arregla, no te preocupes, todo se
andará.
-No lo creo abuelo,
tengo un cacao mental, que o sé qué haré
con mi life.
ALFANJOR DE POLLO Juan Roberto Núñez.
Solía odiar a mi Sargento Rodríguez, un hombre frío, poco
accesible, creído y negro, pero algo hizo que aquella tarde, empezara a verlo
de manera distinta. Les cuento que una de esas tardes llegaba de guardia de la
casa presidencial, más que apresurado al Escuadrón de Armas al cual pertenecía
y después de tanto jaleo por fin volvería a casa, no hice más que llegar y dejé
el equipaje para pasar por agua y rajar, pero al hacerlo zas ¿Quién estaba allí?
El Alfajor de Pollo del Sargento rodríguez si se preguntan el porqué del apodo
es que para mí no existe me di la vuelta para hacer tiempo de que éste se fuera
y en ese momento me dice… ¡Buenas tardes agente Núñez! Al girar y verlo tenía
una expresión que para mí no le conocía de esas que ningún enemigo se alegraría
al verte, mantuve mi educación y no me quedó otra que responderle ¡Buenas
tardes mi Sargento! Y éste me dice…si tiene tiempo lo estaba esperando quería
hablar con usted…me di cuenta que tal vez quería limar asperezas y de que
aparentemente una educación latente tenía.
No perdí oportunidad de desvelar
tanto polo opuesto desde el primer día y le dije: que sí, que para mí no era
problema, ¡ya sabía yo que todo venía por la acalorada discusión que tuvimos!,
la cual me costó 30 días de arresto a rigor en un calabozo de no más de 2
metros, para que me enfriara todo por acusarme de algo que no hice y por
llamarle racista…¡claro! Queda gracioso viendo el panorama; como un muerto asustado
por un fantasma.
Llegamos al debate y dijo…Mire no sé
por qué me enfrenta, si soy la autoridad, me llamó racista delante de todos y
hoy me entero que también me dice Alfajor de Pollo…¿y sabe qué? No paraba de
reírme, mire aquí ingresan jóvenes sin valores con poca educación y yo lo único que he tratado
de hacer es medir los suyos, sólo eso…, al escucharlo sentí ganas que lo
fulminara un rayo y eso que soy manso
como agua de pozo pero con una sonrisa le dije…
Mire hay cosas que no
cambian como el que nace para pito y no llega a corneta. Antes de medir valores
habría que ver los que uno tiene y para hacer vales la autoridad, no es
necesario dejar de ser gente, cuando ingresaron a mi madre usted no me autorizó
a salir para verla, cuando estaba en el calabozo diciéndome que primero estaba
el ejército y después la familia a lo cual le dije que para mí es al revés, y
que es la primera vez que veía aun negro racista de su imagen, por lo cual no
debería tener espejo en su casa y seguramente lo afeitaría su mujer… si a usted
eso le sonó fuerte que deja para mí sabiendo que estaba violando el reglamento
al cual usted se rige como norma de vida, así que ya no queda nada más que
decir: Alfajor de Pollo.
La cara le cambió, parecía la bola 8
y sin más dijo “mañana tomaré cartas en el asunto y lo pasaré al calabozo por
faltar a la autoridad” y yo le dije…no encontrarás las cartas porque soy yo
quien tiene el mazo. ¡Se ve que no te has enterado que ya no vendré más!, pasé
la baja definitiva hace 3 días y para que medites, vas a ser vos quien pase al
calabozo mañana, porque remití la denuncia de violación del reglamento por no
dejarme salir a los 15 días de los 30 que me regalaste. Mi amigo el Coronel
falló a mi favor, para que veas que no es necesario ser Sargento, tener
autoridad ni andar midiendo valores. Muchas veces alcanza sólo y simplemente
con caer en gracia…
Y ahí se quedó en aquel bar un
Alfajor de Pollo bebiendo cerveza.
jueves, 31 de marzo de 2016
CRISÁLIDA de Roberto.Es
Bahiya estaba nerviosa. Al día
siguiente comenzaría una nueva aventura. Por fin había llegado el momento que
tanto esperaba.
Desde pequeña la han preparado
para afrontar este desafío vital. Pero está asustada. Por primera vez en su
vida, se alejará de su amado pueblo y de su venerado padre Wakusi, Rey de los Okrika.
Sus guerreros la llevarán hasta los confines de la aldea. Allí estará sola.
Sola con la luna, bajo un capazo de
estrellas que, curiosas, le harán
guiños en la oscuridad; a orillas del rio, de su rio, el que la ha
arrullado desde niña con sus manos de agua: sus líquidas manos. En su remanso
se siente tranquila.
Mientras, en el poblado, la
tribu duerme sus sueños; una melodía irrumpe silenciosamente en la quietud de
la noche. Proviene de las profundidades de la selva. Es Bahiya cantándole a los
espíritus del agua. Es la dulce pero amarga despedida para aquellos que la han
protegido desde su niñez. Bahiya canta y
llora..., llora y canta. Pasan las horas, los días, las noches y Bahiya,
extenuada, casi sin fuerzas, continúa con su lamento, su triste melodía, su adiós.
Pronto vendrán a buscarla. Ya
no verán a la princesita que marchó inocente y asustada. Porque el rio, tras
una mágica metamorfosis, les devolverá a una mujer que ha roto el cordón
umbilical que la unía a su pequeño pasado, para renacer en un nuevo presente y
afrontar con orgullo su real destino.
Pero Bahiya, Soberana de los
Okrika, llevará en su corazón la impronta de un rio que la amará para siempre.
lunes, 21 de marzo de 2016
EL PELO Juan Pedro.
Si pudiera dar una definición al
pelo de la cabeza o cabello, diría que es el vestido de la misma. A todos nos
preocupa, lo admitamos o no, su estado y apariencia, no hay más que ver la
cantidad de tiempo, esfuerzo y dinero que desde tiempos remotos la gente
invierte en cortar, colorear, cepillar y arreglar sus cabellos.
La forma o apariencia con que
presentamos nuestro pelo a los demás habla de nuestra personalidad, es como un
mensaje de nuestro estado, tanto anímico como de salud, pero su verdadera
función natural es la de ejercer como un aislante protector del frío o del
calor. Sólo que los seres humanos le hemos asignado otros papeles como el de
influenciar a los demás en la medida de lo posible para que nos vean de una
manera determinada, más atractiva. Ello tiene profundas raíces emocionales y
psicológicas. En efecto, lo emocional tiene además una relación directa con el
estado del pelo, no hay más que ver el encanecimiento progresivo debido a las
tensiones, disgustos, así como la caída del cabello debido al estrés, llegando
incluso a la calvicie. Pero no hay que olvidar que en esto también hay un
componente genético y hereditario, así como la edad.
Yo particularmente opino que el pelo
hay que cuidarlo pero sin pasarse, lavarlo en exceso así como teñirlo muy a
menudo no hace sino agredirlo y dañarlo. En fin, como decía mi abuelo, al pelo
mientras menos potingues le eches, mejor, y lavarlo con jabón Lagarto.
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