domingo, 18 de septiembre de 2016

EL ARROZ PODRIDO SOBRE EL PUENTE. Lali Marcelino.





         Mi historia comienza en un cumpleaños.
         Nadé en una gran piscina climatizada, en compañía de pimientos, tomates, guisantes, aceitunas, zanahorias… ¡Qué divertido lo pasamos!.
         De repente, se secó y todo se llenó de agradable olor y de blanco pasé a amarillo. Daba gusto compartir aquella gran orgía de colores, sabores, olores, con más amigos: las gambas, los mejillones y los berberechos, batían sus alas cuando alguien los removía. El tomillo se empeñaba en salir afuera y el laurel imponía su delgado cuerpo.
         ¡Qué mala suerte tuve! Acabé en el cubo de la basura. Alguien no me quiso y me pregunto, ¿por qué  si soy igual que mis hermanos de raza?.
         Llevo aquí sobre este puente varios días. Me dejaron fuera, porque a quien tiró la basura, se le rompió la bolsa. Rodé y rodé hasta los bajos del contenedor, justamente lejos del alcance de las ruedas de los coches, de los caminantes.
         Me siento fatal; baboso, maloliente, ni siquiera las moscas y las cucarachas me quieren. Me doy asco a mí mismo.
         Por fin, por aquí asoma mi salvación. Un hociquito con bigotitos, ¡me observa, me huele, me chupa! Creo que estoy asistiendo a mis últimos segundos aquí, soleado, soportando la lluvia y el frío y lo que es peor, ¡mi propio olor!.

         ¡Venga, gatita anímate!.



1 comentario:

  1. Bajo este título imposible, no se podía esperar menos que un relato surrealista como el que nos has traído. Me encanta descubrir como sigues el juego y te adaptas a él, sin miedo a adentrarte en el reto de crear mundos fantásticos pero creíbles, porque…¿quién no siente pena por el destino aciago de este pobre y solitario arroz podrido?

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