jueves, 3 de mayo de 2012

LA HEROÍNA de Esther Morales Fernández





Al amanecer de aquel día de julio, todo el mundo estaba en la calle, esperando a que Sara llegara  triunfante de su viaje.  Se había convertido en la heroína del pueblo, su estrella más luminosa.  Sus padres no cabían en sí de gozo y orgullo.  Desde luego, tenían motivos; no todos los días se gana una medalla de oro en Las Olimpiadas.

LOS SUEÑOS DE MIGUEL de Lilia Martín ABreu







Miguel pesca ilusiones en un mar de sueños.  Siempre fue así; un soñador de imposibles.  Luchador incansable para lograr sus metas y cumplir sus sueños; su vida nunca ha sido fácil, perennemente sembrada de injusticias, sólo por tener la desdicha de haber nacido en un país pobre.
Los recuerdos de su vida pasean por los pasillos de su mente, mientras la expresión de su rostro se va transformando al recordar el día cuando, aún siendo un niño, las circunstancias le obligaron a subir a una patera, en busca de un futuro mejor.  Como equipaje llevaba la ilusión y como compañero de viaje, la congoja por lo que dejaba atrás.
En las oscuras noches de travesía, conoció el frío junto con una soledad imperiosa, que le hizo sentir nulo frente a un mar que le pareció interminable y lleno de sombras.  Con el miedo clavado en las entrañas, él solo se encomendó a Alá, porque aquel mar negro y profundo, podía ser la puerta a un mundo de esperanza o quizá, su propia tumba.
A Miguel, la angustia le castiga en su interior al recordar las miserias que le ha tocado vivir.  Completamente explotado por el patrón y perseguido por la justicia, como si fuera un delincuente, sólo por estar indocumentado.  Le ha tocado vivir una existencia llena de carencias y de ausencias; pese a lo cual nunca ha abandonado sus sueños.
Le reconforta pensar que sus esfuerzos no han sido estériles porque él siempre ha sido de la convicción de que el mundo y los logros son de los que arriesgan y él lo ha arriesgado todo por alcanzar sus sueños, aunque a veces esos sueños sean imposibles de alcanzar.

MIGUEL PESCA ILUSIONES de Alicia Carmen





Pues sí, siempre he sabido que su cabecita está llena de ilusiones.  Espero que se le realicen todas, sin embargo yo opino que en nuestro camino a veces se cumplen y otras muchas se derrumban como un castillo de naipes. ¡Qué pena que así sea pero es la realidad!.
Tal vez hoy me expreso así, un poco incrédula, algo negativa pero, es que el día amaneció triste con negros nubarrones y las noticias, mejor no comentarlas.  Esto no ha ayudado mucho.
Volviendo a Miguel, diré que han pasado los años y él sigue pescando ilusiones y yo me admiro de eso pues en mi caso no veo las cosas con el mismo prisma.  Realmente no me importa si Paris está más hermosa que nunca, si Hawaii tiene olas más maravillosas o si en Dubai atan los perros con longanizas.  Tampoco el jamón serrano me dice nada, entre otras cosas porque no me sienta bien, ni los pasteles de chocolate.  Y, conociendo la vida de Miguel, como diríamos, agridulce, siento cierta envidia pues a pesar de los tanganazos recibidos, sigue teniendo intactas sus ilusiones.

PESCANDO ILUSIONES de Ana Rosa Benítez Hernández




Acrílico de Pintora Costarricense  Rosmary Vega

Miguel pesca ilusiones con su vieja caña.  Pescó un trabajo y lo despidieron.  Pescó a una mujer y lo abandonó.  Pescó una casa y el banco se la quedó.  Pescó amigos y lo traicionaron.
-Pierdo todo lo que pesco- pensó Miguel-.  Algo tengo que cambiar.
Meditó y meditó y finalmente decidió jubilar a su vieja caña.  Empezaría a pescar con red a ver si podía mantener las ilusiones intactas.

FELICITACIÓN CUMPLEAÑOS DE AMIGAS DE NARRANDO CADA JUEVES




Resplandece en el cielo
Se mezcla con las nubes
Aterriza en la tierra
Penetra en las entrañas
de una madre feliz
Que sus latidos siente
El mes se acerca
El día trece nace
Se convierte en poeta
Enseñando a su gente
A compaginar las letras
Para decirle este día
¡Felicidades maestra!


Autora:  Nina Padrón Barbuzano  en nombre de todo el Taller

miércoles, 21 de marzo de 2012

HISTORIAS DEL TREN de Génesis Dávila Padrón



                    Como cada sábado, a eso de las 7 de la tarde, cogí  el tren desde París hasta casa. El trayecto dura unos 25 minutos, y la verdad es que ni te enteras. Después de recorrer medio tren hasta encontrar un asiento libre, pensé en todas las personas que, al igual que yo, volvían  a sus hogares, ansiosos por ver a sus hijos, maridos o mujeres. Mientras ando por  los pasillos, hilera tras hilera en busca de un sitio, observo detenidamente a cada una de las personas que dejo a mi paso y que por supuesto ya están cómodamente sentadas  en sus mesas, mientras se toman un café cream o un chocolate caliente. La mayoría duerme durante el trayecto, supongo que están cansados del trabajo. Otros hacen pasatiempos, escuchan música, juegan con el móvil, el ordenador  y muchos de ellos continúan trabajando, esos son precisamente   los que   llaman mi atención. Cuando por fin encuentro asiento, me coloco plácidamente, me quito los abrigos, los guantes y me dispongo a observar el paisaje que iré dejando atrás según avancé el tren.  Me siento en un juego de 4 sillones con una mesa al centro. Justo enfrente de mi hay dos personas y al lado otra. Uno de los que está delante, un hombre no muy mayor quizás tendrá unos 38 años, bien vestido elegante rubio y con un abrigo azul fuerte hasta los pies, saca de su maletín de cuero marrón un bloc de dibujo. Pienso: -Uhmm que bien- así podré ver lo que hace. Quizás es un estudiante de arte, o un escultor o un dibujante parisino….  Pero cuando abre delicadamente el block, pasa una o dos hojas y veo lo que allí hay, me quedo perpleja. Es imposible dejar de mirar, tengo mucha curiosidad por eso que hace. En la hoja en la que trabaja hay una gran cara de mujer, pintada con sus enormes ojos, nariz  y boca, las mejillas bastante destacadas, el mentón y la frente, no es un dibujo normal, como otro cualquiera.  De cada parte de la cara salen flechas con puntos de colores y números y unas especies de operaciones matemáticas que yo no lo logro entender. Acaso será un futuro da Vinci inventor de quien sabe que  cosa… o simplemente son números sin más que rotan por su cabeza. Sin embargo,  Cuando por fin puedo ver bien el dibujo, entiendo en qué consiste y el por qué de esas flechas y colores. El joven del abrigo azul y pelo rubio es médico y esos extraños trazos  te hacen entender que se dedica a la cirugía estética. Es decir, que a las 7 de la tarde en el tren,  hay un cirujano preparando su próxima operación tal vez para mañana o dentro de unos días, mientras, en otro lado de París, una mujer ansía desesperadamente una nueva cara, un nuevo rostro con el que verse feliz y que por supuesto le  dará el muchacho del tren.  Miro a mi alrededor y continúo observando. Hay una mujer con un bebé que no deja de llorar  y ella, desesperada, le  canta una canción, aunque esta vez, la música no amansa a la fiera. Justo al lado de ella hay un chico de origen asiático; no sé distinguir si chino japonés o coreano, habla por su teléfono móvil en su idioma, claro, y pese a que no entiendo nada de lo que dice, intuyo que habla con su mujer, o novia tal vez.  Su tono de voz es relajado y cariñoso y en su cara está dibujaba una gran sonrisa. Posiblemente  su amor está al otro lado del océano, en tierras vírgenes y verdes llenas de colorido y música, mientras él trabaja o estudia en la soñada ciudad de París.  Me quedo dormida mientras escucho al joven hablar por teléfono; el murmullo de su voz que se va alejando y los suaves movimientos del tren hacen mi sueño más placentero a modo de mecedora. Me despierta la voz de megafonía que anuncia mi parada, y así en un abrir y cerrar de ojos, salgo de mi sueño, en el que la mujer que esperaba un nuevo rostro se encontraba con su médico, su salvador, la mamá jugaba alegremente con su niño, éste ya no lloraba, y el muchacho asiático de voz dulce se envolvía, en un fuerte abrazo, con su amada, bajo la hermosa estampa de la torre Eiffel.
    

jueves, 15 de marzo de 2012

UN DÍA ESPECIAL de Maruca Zamora

             


                 Hace años fui invitada a una fiesta de cumpleaños.  Me llamó la atención que me mandaran una tarjeta –muy bonita y original, por cierto– donde se me pedía asistiera a la celebración de los quince años de su hija.  La fiesta se realizaría por todo lo alto, en un club muy elegante, adornado con muy buen gusto.  Fueron muchos los invitados, sobre todo, jovencitas como la cumpleañera que, a propósito, estaba preciosa con su traje blanco, su pelo adornado con flores y una sonrisa en su cara que decía lo feliz que estaba con todos sus amigos y entre ellos uno muy especial que le hacía acelerar el corazón de sólo verlo.  Ese era Luis.
Después de abrir el baile con su padre y más tarde su hermano, estaba bailando con Luis cuando llegó la sorpresa que le tenían preparada porque sabían lo mucho que le gustaba: ¡que le cantaran unos mariachis!.  Entraron a mitad del baile; la orquesta dejó de tocar y se oyeron unas mañanitas a la que siguieron muchas más.  Recuerdo especialmente una que a mi siempre me gustó: la de la mochila azul, muy apropiada para esas edades.
Nunca vi una niña tan emocionada.  Mientras los mariachis cantaban, ella lloraba y lloraba.  Tanto que, finalmente el cantante terminó abrazándola y llorando con ella, conmovido al ver la felicidad que esta niña sentía al oír su música.


METAMORFOSIS de Lilia Martín Abreu



               La sombra de un moral daba posada a una familia de orugas.  La más pequeña de ellas no estaba muy orgullosa con su apariencia por lo que se la pasaba contrariada.  No se conformaba con su aspecto verde insecto.  Sus hermanas, regordetas de tanto comer hojas del moral, no la comprendían y con frecuencia se reían de ella.
La pobre oruga vivía una existencia triste y desolada, tanto que se refugio en un rincón a llorar sus penas.  Fueron tantas sus lágrimas y tanto el sentimiento con el que las derramaba que el llanto la cubrió y, como por arte de magia, se convirtió en un capullo y en él permaneció en silencio y en la oscuridad más absoluta por un largo período de tiempo.
Un día, todo se transformó, bajo la mirada atenta y embelesada de sus hermanas.  Del capullo emergió misteriosamente la figura altiva y majestuosa de una mariposa.  Sí, ¡una hermosa mariposa! que revoloteaba mientras se miraba, explorando su cuerpo reflejado en un limpio arroyo.  Al fin le gustaba su aspecto y era tanta la felicidad que sentía que su único deseo era cantar y cantar hermosas canciones todas las tardes para que todo los que la escucharan, supieran que ya no lloraba y lo feliz que era con su nueva imagen.


miércoles, 14 de marzo de 2012

EL SUCESO de Esther Morales

                      

La niña cruzó la puerta como alma que lleva el diablo.  Pasó por el portal y salió al camino. Atravesó por el chiquero del cochino, el gallinero y saltó por la pared de la cuadra del caballo hasta caer en el barranco.  Corrió por él hasta llegar a la casa de sus vecinos con el corazón saliéndole por la boca.  A sus quince años, era la primera vez que veía a su tío con un ataque epiléptico; los ojos revirados, tendido en el suelo, temblando y echando espuma por la boca.


NO HAY SALIDA de Alicia Carmen

   
   
Cuando una oración comienza por NO, seguro que no significa nada bueno.  Lo sé por experiencia. Hubo una época en mi vida que use esa frase y no me enorgullezco de eso porque en el fondo estamos queriendo decir que nos entregamos al desánimo y esto no nos lo podemos permitir. Recuerdo que estaba pasando por una etapa muy bella de mi vida, con muchas ilusiones, logros y expectativas pero, como se dice: “si quieres hacer reír a Dios, haz planes”. 
Nunca imaginé que a mis cincuenta y dos años, de repente o quizá sin darme cuenta, tendría un cambio emocional y otros trastornos que me hicieron ir al consultorio ginecológico.  De allí salí con la hermosa noticia de que tenía un problema hormonal, mejor conocido como menopausia.  Es que de todos los síntomas posibles, yo los presentaba TODOS, aunque el peor era esa fatiga, esa falta de interés, el querer y no poder. Cuando le expliqué a mi hija mi problema, ella me contesto: ¡No te preocupes, mamá; estás siendo tratada por una buena profesional, seguro que te costará pero, más temprano que tarde verás la luz al final del túnel!.
Al recordar estos acontecimientos, debo decir que no tengo palabras suficientes para agradecer a la amiga que me sugirió comprar un libro, a mi hijo que lo buscó hasta conseguirlo y, por supuesto, a la persona que tuvo la inspiración suficiente como para escribir un relato maravilloso que obró en mí el principio de mi recuperación.  No le quitaré importancia a la terapia hormonal sustitutiva pues, en mi caso, resultó imprescindible pero, jamás podré olvidar que ya en las primeras páginas de ese libro, empecé a sonreír como hacía tiempo no hacía.  A veces lo cerraba pues era demasiada belleza junta y me costaba aceptarla toda a la vez.  Se me escapaban unas lagrimitas pero esta vez de felicidad; algo dulce y tierno.
La conclusión a la que he llegado es que si algún día pensamos que no hay salida, debemos saber que con voluntad y buenas personas que nos ayuden SÍ hay salida.