jueves, 25 de febrero de 2016

LLUVIA DE HIPERBREVES Ana Benítez




JUGAR CON FRASES HECHAS Y REFRANES


1.      Nos vamos porque apagaron la luz

2.      A caballo regalado, un jinete ganado

3.      Juega con gatos y arañado acabas

4.      Ahógate en un vaso de agua y descubrirás los fondos marinos

5.      Al criar pelo las ranas tienen que ir a la peluquería

6.      No des el brazo a torcer porque te ganas una escayola

7.      Mejor que en blanco, es pasar la noche en rojo pasión


CAMBIO DE ROLES

1.      Los libros guardaban cientos de armarios apilados

2.      Era la hora de comer así que puse la silla y me senté en la mesa

3.      El marido mueve la colita mientras el perro le hace carantoñas


POEMAS

1                                                                                            2
Necesito tu olor                                                                  La vida es complicada
Necesito tu sonido                                                             Diferentes historias contarán tu vida
Necesito rozarte                                                                 Unas, difíciles
Mar y arena                                                                         Y otras de esperanza

3                                                                                            4
Baila con el son de las manecillas del reloj                   Lucha contra las adversidades
Y danza cuando dejen de latir                                         Busca soluciones
                                                                                              Aprende de los errores y triunfos
                                                                                              Experimenta la vida


      

LLUVIA DE HIPERBREVES Laura Marrero Marcelino

HIPERBREVES   de  Laura Marrero

Jugando con la literalidad






Perder la cabeza
Se levantó tarde, se desayunó rápido, no se cepilló los dientes (¡no había tiempo que perder!), cogió el coche, arrancó, puso el intermitente y miró por el retrovisor. ¡No se vio, no vio sus ojos!, ¡no sabía dónde, pero había perdido la cabeza!.

Dar calabazas
Siempre que me daba calabazas, yo hacía dulces postres.

Hablar por los codos
Mientras hablaba por los codos con la vecina, se fue a recoger el pedido en la tienda de la esquina.

Meter la pata
Metió la pata hasta el fondo, hasta que ya no hacía pie.

Matar el gusanillo
Mataba el gusanillo con hojas verdes envenenadas en azufre.

Se le ve el plumero
La capa no la tapaba entera, se le veía el plumero asomando por el cuello.

Las paredes oyen
-¡Las paredes oyen!-gritó con intensidad
-Entonces, ¡cuéntale todos los secretos!-le murmuró al oído



SAQUEO. Lali Marcelino.






         Es increíble que estemos en invierno y no caiga una gota de agua, decía un cliente a otro, mientras esperaban su turno.
         Esto es culpa de que la pinocha de nuestros montes, llevan años recogiéndola y a hurtadillas se la llevan en camiones cargados hasta los topes con dirección al muelle, para embarcarla con destino a Marruecos. Nos están robando la humedad, dijo el cliente de más edad.

         El otro, el más joven, descreído le contestó ”puede que mañana llueva”. Y terminó la conversación sin apenas discutir.


EL PACTO. Juan Pedro.


         Al contrario de lo que está ocurriendo hoy en día en este país, en la situación política que nos está tocando vivir, en la que distintas fuerzas no deciden actuar debido a querer sopesar en exceso los pro y los contras de posibles pactos que pudieran mermar sus expectativas de lograr altas cotas de poder, para mí el acuerdo que he establecido implica poco o casi nada, a nivel ganancial o personal, ya que en él no hay un “otro” con el que haya tenido que llegar a un pacto en el que secretamente se tiene la intención de ser uno mismo el que salga ganando.

         Ocurrió del modo más poco convencional. Mi promesa se la hice a alguien de naturaleza implacable y que sé que está siempre ahí, vigilante, al acecho. No puedo establecer ni cuantificar en años, en siglos, en ninguna medida de tiempo cuando se selló el mismo, quizás desde siempre, pero a pesar de lo intangible de la relación con alguien tan cercano y lejano a la vez, aunque a veces pienso que me he zafado de él, cuando menos lo espero, vuelve a aparecer de distintas formas y en diversas circunstancias, quizás para recordarme que las cosas no son tan fáciles como yo quisiera que fuesen. No obstante, debo reconocer que ha habido momentos en  los que sólo el hecho de sentir su presencia me ha inspirado y fortalecido, y a veces, en esas situaciones en que nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, he reflexionado sobre el curioso amor e interés que me transmite ese ser tan peculiar.


DESIERTO. Juan Roberto Núñez.



         Supongo que en algún momento donde hubo vida y agónicamente hoy no, es un desierto.  Espiritualmente el amor también puede tornarse agónico desierto lleno de brechas y hondas marcas donde en un momento corrían ríos de esperanzas, alegrías, ilusiones, sueños y torrentes de pasión.
         Quizás el tiempo es el que erosiona el corazón. La lluvia de lágrimas, vientos de disensión, sol de rabias, también en el amor existen agentes erosivos que corroen, desgastan y transforman lo que una vez fue aquel paraíso, aquel edén fresco, vivo, colorido e ilusamente eterno.
         Tal vez luchar contra el tiempo es imposible. Al igual que tratar de vencer el desengaño de ya no más… pero ¿cómo? ¿Cuáles son las palabras justas? ¿Cuál es el porte necesario? Para adelantar y no retroceder…¿es que el desierto es tan grande que uno no puede salir, que las brújulas no marquen el camino; ¿por qué el hombre es tan errante?.
         Existirá tal vez un oasis que refresque las decisiones justas, que armen el coraje necesario para enfrentar la odisea que paso a paso se hace inevitable.

         Muchas veces uno no decide las cosas, sino que es al revés; simplemente uno se vuelve espectador y no actor, quizás el esperar sea el móvil que libere esta situación, quizás sólo quizás…puede que mañana llueva.


LLUEVE. Juani Hernández.





         Llueve…llueve, lo sé;
son lágrimas de cristal
rompiendo en ti y en mí,
ineludibles lazos del tiempo,
mediocre fragilidad de la cobardía
Llueve…
¡Empapando de lluvia nuestros deseos!
¡Diluyéndose en aromas de agonía!
Quebrando…
Eso y nada; que tú y yo sabemos.


Pequeños fragmentos de un poema inacabado.





ANHELO. Roberto ES.





         Fue un día como hoy: lluvioso y frío. En mis recuerdos, tan lejanos ya, lo veo… allí, de cuclillas, sonriéndome. Puedo sentir cómo abraza con sus poderosas  y acogedoras manos mis manos infantiles, inocentes, mis huérfanas manos…; y sus ojos, fijos en los míos como frágiles cristales a punto de estallar de emoción contenida, me prometen que algún día volverá.
         Esas imágenes que atesoro y a las que me aferro como un náufrago a un madero, permanecen intactas en  mi corazón, ángel custodio que las protege para evitar que sean pervertidas. Las rememoro constantemente, de una forma casi compulsiva; me alimento de ellas para que no se desvanezcan con el paso inexorable del tiempo que, implacable, se empeña en diluirlas.
         Me reflejo en el espejo que, indolente, me devuelve un rostro ajado, cansado y cano. Pero en mi interior habita un niño triste y desconsolado, esperando que en cualquier momento su padre abra la puerta y lo abrace, elevándolo por los aires con su risa clara, franca y llena de amor.
         La noche oscura invade mi habitación como un silente lamento. Estoy cansado, muy cansado; sólo deseo poder dormir; y albergo la esperanza de que el nuevo día me lo devuelva. Porque puede que mañana llueva, quizás, vuelva a llover…




PUEDE QUE MAÑANA LLUEVA. Alicia Carmen.





         Sí, puede que mañana llueva, pero de lo que sí estoy segura es de que esta noche vi llover y no estabas tú. Como siempre o como casi siempre estabas muy ocupado: amigos, fiestas, cartas, tantas cosas te alejan de mí.
         ¿Acaso no soy importante para ti, de la misma manera en que tú lo eres para mí?.
Tantas promesas, tantas caricias, ¿en qué quedaron?. Esta soledad me resulta, a veces, insoportable y, sobre todo, darme cuenta de que no has sido consecuente, que tu memoria es flaca o ¿quizá nunca pensaste cumplir lo que prometiste?.
         Veo las gotas de lluvia resbalar en los cristales del mismo modo que corren por mis mejillas lágrimas de tristeza o quizás de decepción. ¿Qué pasó con aquel joven dulce y cariñoso que llegó a mi vida cuando menos lo esperaba?. ¿Qué se interpuso en su camino haciendo de él un desconocido?.
         Quisiera pedirle  al tiempo que vuelva para caminar otra vez juntos tomados de las manos.




jueves, 18 de febrero de 2016

OBJETOS QUE DUERMEN* Carmen Garcés




            Objetos que duermen, que callan historias perdidas en el tiempo…, hasta que llega el día en que deciden despertar y, con toda su fuerza, gritan al viento sus vivencias al que esté dispuesto a escucharlos.
            Y eso fue lo que le ocurrió a Carla en su tan anhelado viaje a aquellas tierras lejanas, en su visita al gran  museo.       Inmediatamente, al entrar en él, su grandeza le impresionó, sin embargo, no sospechaba que lo más extraordinario estaba aún por acontecerle.
            Accedió    a una sala     acristalada repleta   de  miles de objetos   antiguos,
 objetos dormidos por miles y miles de años. Al acercarse para contemplarlos, todos comenzaron a hablarle al unísono; ella escuchaba sus voces en su cabeza, le susurraban  historias y, aunque tan sólo eran susurros, los podía oír claramente, incluso en medio de un torbellino de gente hablando y riendo.
            No está segura de cuánto tiempo pasó en aquel lugar, percibiendo relatos de vida, amor, dolor…, muerte, pero al salir de allí lo hizo impregnada de ellos.
            ¿Volverían a dormirse mil años más?, se preguntaba. ¡Quién sabe!; tal vez despertarían nuevamente para relatarle a otro tantos testimonios emocionantes como los que ella había percibido de aquellos seres inanimados.
            Lo que Carla sabía, sin lugar a dudas, era que a ella la habían marcado para el resto de su vida.


*Título tomado prestado de versos de José Hierro

INVIERNO PARA BEBERLO* Laura Marrero Marcelino






         Desde su pelo venía aquel aroma…, ese aroma a invierno, a cuando vienen el frío y las ganas de abrigarse, a cuando las noches son más largas que el día, a gris, al final de un día… Siempre que nos sentábamos juntas en aquella mesa, ella traía algo de beber: si hacía frío, una infusión o leche caliente y, si hacía calor, un refresco o un jugo.
         Saqué la libreta para empezar a escribir, como casi todas las tardes.  Esa vez, quería preguntarle muchas cosas, tenía la cabeza llena de preguntas pero, algo sentí que no hice ni una.  Por primera vez, ella empezó a hablar y yo escribía, por primera vez, ella me dictaba y, sin mediar palabra, yo solo escribía sintiendo un nudo en la garganta, cada vez que dejaba impresa una palabra en el papel.  Cuando terminó, le di un abrazo y ella se marchó a su habitación.  Entonces, miré dentro de mi maleta.  ¡Cuántas tardes habíamos pasado juntas, cuántas imágenes, cuánta información!; ¡qué afortunada me sentí por haber pasado junto a ella todo ese tiempo!.
         Me bebí el último sorbo de la infusión para bajar al estómago todos los nudos de la garganta y atreverme a entrar en su habitación con su dictado en la mano…; se había olvidado de firmarlo.
         A partir de aquel invierno, bebo la misma infusión el mismo día que ella me dictó, para celebrar la vida.

*Título tomado prestado a versos de Vicente Huidobro