Hoy vi su foto en un periódico e
inmediatamente me pregunté: ¿Será para bien o para mal?
Es para mal. Acaba de fallecer, se terminó su paso por la vida. ¡¡Cuántas
vivencias, cuántos aromas, cuántas novedades!!
Mis ojos se llenan de luz y color,
ella me ha transportado a un mundo que hace tiempo caducó, esa foto ha
disparado hermosos sentimientos. He notado la exquisita fragancia de las flores
silvestres, de la naturaleza, inmensa y suave a la vez.
Ella fue una reina de belleza
singular, cuando la conocí era muy joven y también ingenua, encantadora. Ahora,
ya estaba mayor pero conservaba la frescura de su lejana juventud. Representaba
el país bonito, alegre y amable, hasta algunas arepas fueron bautizadas con su
nombre.
Las canciones de la época nos hablan
de su paso por el Caminito de Guarenas, de los Cadetes donde la marina tiene un
barco y la aviación tiene un avión y de la Caracas vieja que se va con los años, en la que con cada reja que dejamos
de ver se va un idilio, se va un romance, se va el recuerdo de nuestro ayer.
Esa nostalgia también la sentí
cuando no pude observar los maravillosos amaneceres de La Laguna, el paso de
los niños uniformados hacia nuestro cercano colegio, los divinos efluvios de la
panadería de la esquina, los paraguas de increíbles colores de los flamboyanes
que próximamente volverán a florecer.
Pero lo que más extrañé fueron mis
clases de narrativa. Cada jueves sentía el impulso de buscar mi cartera y
llegar hasta la Plaza del Tranvía, necesitaba ese calor hermano que se respira
en mi clase en cualquier época del año.
Nos acercas a ese sentimiento de añoranza de lo que no está, de lo que cambia con el tiempo; nostalgia por lo que perdimos, por todo lo que queda en el camino del vivir. También por lo que está lejos y hoy regresa: nuestro punto de encuentro semanal que todos añorábamos y que esta tarde celebraremos. Un abrazo, Alicia.
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