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lunes, 24 de febrero de 2014

HORIZONTES de Carmiña Gohe



Esa tarde, miraba desde la ventana y, frente a mí, la inmensa extensión del mar, a la izquierda terminaba la cordillera verde, donde asomaban unas casitas que daban un colorido agradable a la vista.  Estaba esperando que el sol se ocultara en el horizonte; un maravilloso espectáculo, distinto cada día, con unos coloridos amarillentos o rojizos, dignos de la paleta de un pintor.  La gran bola de fuego fue cayendo, poco a poco, hasta que se ocultó, dejando un resplandor que se iba extinguiendo a medida que llegaba la noche.  Esto ocurría y seguirá ocurriendo todos los días, ¿no es maravilloso?
Llegada la noche, en medio de la oscuridad del mar, se podían ver pequeñas luces parpadeando sobre las aguas.  No era ningún misterio, eran los pescadores de un puerto cercano que venían con sus lanchas a pescar en alta mar, para al día siguiente, la Manuela y la Negra pasearan por las calles del pueblo con sus cestas sobre la cabeza, pregonando y vendiendo su mercancía: ¡pescado fresquito, señora!
Cuando había luna llena y su luz se reflejaba sobre el horizonte, formando un hermoso camino, mis hermanos y yo nos quedábamos en silencio, mirando tanta belleza.  La naturaleza siempre nos ofrece estos regalos que dan motivos para meditar.

Cuando de las nubes caían grandes tormentas con truenos y relámpagos, también me gustaba, pues a esa edad no sentía miedo alguno.  Una noche, vi como caía un rayo, allá a lo lejos, sobre una hermosa palmera.  Espectacular sí, pero no me gustó tanto.  Al día siguiente, el amanecer se presentaba tranquilo y fresco.  Yo me levantaba de la cama, me vestía y, abrigada, cogía los libros y, como hacía a diario, me iba al colegio muy contenta.



jueves, 28 de noviembre de 2013

COMIENZOS de Carmiña Gohe





A Raquel, cuando era niña, le gustaba mucho leer cuentos y como su amiga Irene tenía una buena colección que su padre le había comprado; uno a uno, se los iba llevando a casa para disfrutar de su lectura.  Estaban encuadernados en piel de color rojo y los autores de aquellas maravillosas historias, impregnadas de fantasía que los niños leían con tanto interés, eran famosos.

Creo que fue así, con la lectura de aquellos cuentos, como Raquel comenzó el camino para convertirse, ya adulta, en una buen lectora.

jueves, 21 de noviembre de 2013

BOMBONES de Carmiña Gohe





No siempre conocemos a una persona en el momento de la presentación; tendríamos que tratarla algo más, pues no podemos llevarnos por las apariencias y así, formarnos una idea equivocada.  Suele pasar que luego te lleves una gran desilusión, al creer que es como quiere aparentar.  Lo mejor es tratar de llegar a su interior para saber como es y, aún así, no hay certezas.

La mente y el corazón estás unidos por hilos muy finos y hay que caminar por ellos con mucho cuidado para tratar de profundizar en ellos.  Es casi como abrir un bombón.  Verlo por fuera no nos asegura saber como es por dentro.


jueves, 14 de noviembre de 2013

BLANCO O NEGRO De Carmiña Gohe.


Creo y parto de la premisa de que no es así, pienso que hay, como en todo, los términos medios. No hay más que ver la paleta de colores de un pintor o el arco iris y veremos las bonitas y variadas tonalidades que existen, no sólo el blanco y el negro.
En la vida ocurre algo parecido, no tenemos que indagar mucho, por ejemplo: un matrimonio en el que existe armonía, en un momento dado por una cosa que generalmente es trivial, están discutiendo, los dos creen tener la razón y aunque pudiera ser así, logran ponerse de acuerdo y llegar a un término medio, la vida de esta forma se les hace más fácil.

Otro ejemplo, el día y la noche parece que están uno a cada extremo pero cuando el sol va llegando al ocaso, el cielo se torna más oscuro y lo vemos todo grisáceo, hasta que llega la noche. Todo esto y más. Nos hace meditar en tantas maravillas.


martes, 29 de octubre de 2013

CANDILEJAS de Carmiña Gohe



Cuando era una niña, quizá de nueve años, todos los domingos mamá nos daba a los hermanos y a mí unas pesetillas para comprar caramelos.  Nada más entrar en el teatro, íbamos a comprarlos a la cantina.  Mis hermanos varones, y más golosos, sabían que a mí aún me quedaban parte de ellos y, en el descanso de la película, venían corriendo a pedírmelos.
Ya era una señorita y después de estar en el cumpleaños de una amiga, todas contentas nos fuimos al teatro y, ni cortas ni perezosas, subimos al escenario y nos pusimos a bailar y a hacer tonterías.  Tengo que decir que no nos llamaron la atención hasta que se acercaba la hora de la función de la noche.  Debo aclarar que esto lo pudimos hacer porque mi padre tenía arrendado el teatro en ese entonces.
Estando ya viviendo en La Laguna, mi prometido y yo nos fuimos al cine a ver la película Candilejas en la que trabajaba Charles Chaplin.  El argumento era triste.  Esa fue la primera vez que me pasó su pañuelo para enjugar mis lágrimas, cosa que seguiría haciendo estando ya casados; no entendía tanto lloriqueo, pero es que soy así.  Se trataba de un viejo payaso y una bailarina que danzaba sin cesar.  El triste clown con su cara pintada nos hacía reír a todos, pero su triste corazón sufría hasta que, al fin, murió.  Aquella dulce melodía de Candilejas, perduraría en el tiempo como recuerdo del amor por la bailarina.

A los pocos días, mi prometido me trajo la partitura de Candilejas y es por eso que recuerdo su melodía, con mucho cariño.




miércoles, 23 de octubre de 2013

EL VECINO DE MARÍA De. Carmiña Gohe



El vecino que vivía frente al edificio de María la conocía bien. Habían estudiado en el mismo colegio y él sabía en ese entonces cuales eran sus planes de futuro. Siempre le comentaba que le gustaban los animales, así que iba a estudiar veterinaria.
Pasó el tiempo y un día este vecino, que vivía un piso más alto, vió a una mujer que le  recordó a María, cogió sus prismáticos y desde ese día, con muchísimo cuidado, la observaba.  Así, fue notando  que María no era feliz. Años atrás, sus padres habían fallecido en un accidente de tráfico, así que se quedó solo con ese dolor y junto a ese dolor otro, pues no había podido cumplir el deseo de ser veterinaria.

Un día que llovía mucho, María veía a sus únicos amigos: sus dos gatos, en el balcón, pero no hacía nada para abrirles la puerta y que la lluvia no los mojara ¿Qué le estaba pasando?.



martes, 1 de octubre de 2013

EL RECORRIDO de Carmiña Gohe



Carlota, elegante, rubia y con ojos azul claro,  salió de casa como hacía a diario.  Abrió la puerta y Ringo, su perro fiel, se puso a su lado.  Caminaron y al llegar a la parada, ella puso atención a los ruidos del tráfico.  Pasaron tres autobuses y cuando uno de ellos paró y el chofer grito línea 82, hacia Morillo y Carvajal, Ringo tiró de la correa.  Subieron y Carlota se sentó; el perro a su lado.

Carlota iba a trabajar a un centro de niños disminuidos.  De regreso a su casa, la misma operación.  Ya fuera del autobús y en el trayecto a casa, al pasar por la panadería, pensó que debía comprar pan y buñuelos.  El olor era fuerte pero muy bueno.  A unos treinta pasos, comenzó a llegar hasta ella el aroma de las rosas que tenía plantadas en su pequeño jardín.  Ringo subió los escalones que los separaban de la puerta.  Carlota pasó la mano por los números y comprobó que era el 225.  Estaban en casa.  Abrió la puerta y entró enseguida, seguida de Ringo.  Al día siguiente harían lo mismo.




jueves, 26 de septiembre de 2013

ROCOCÓ de Carmiña Gohe




El armario estaba ya cansado de llevar dentro toda la historia del vestuario, olvidado allí desde hacía ya mucho tiempo.  Por eso, pensó que tendría que salir para lucirse por las calles.  Hablaron aquel vetusto armario y aquel antiguo vestuario y llegaron a un acuerdo: juntos contarían las dormidas historias de Chippendale  Rococó  y su Gótico oscuro con aire oriental.


lunes, 1 de abril de 2013

EL SECRETO DE RAQUEL de Carmiña Gohe







Raquel vivía con sus padres y hermanos en una gran hacienda de un lejano país. Sus padres trabajaban las tierras que pertenecían a un matrimonio muy rico y a ella le tocaba encargarse de llevar las verduras y frutas a la casona.  A la señora le caía bien y hablaba mucho con Raquel, por lo que sabía que ni la niña ni sus hermanos iban al colegio.
Un día, la señora le dijo que si quería, ella le enseñaría a leer.  Así fue.  Con el tiempo, la señora se dio cuenta de lo lista que era Raquel y le propuso que se pusiera a escribir cuentos, narrando la vida que llevaba su familia y como ella los ayudaba a trabajar y sembrar las tierras.  Quedaron en que aquello sería un secreto entre las dos.
Mucho después, un buen día, Raquel recibió un paquete, con varios ejemplares de un libro y un sobre, dentro del cual venía un cheque a su nombre, proveniente de una editorial. ¡ El libro de sus cuentos se estaba vendiendo muy bien las librerías!   Fue así que aquel secreto dejó de serlo.


martes, 19 de marzo de 2013

NO HAY QUE TOMARSE LA VIDA TAN SERIO de Carmiña Gohe





Un padre que tenía cuatro hijos pensó en dejarles una buena herencia y por ello trabajaba muchísimo, lleno de ilusión.  Así fue hasta que llegó el día en que se enfermó.  Entonces les llamó para indicarles que todo su dinero sería repartido a partes iguales entre los cuatro hermanos.  Una vez lo hubo hecho…, todos fueron despilfarrando lo que a ellos no les había costado esfuerzo alguno.  De esta historia podemos extraer la moraleja de que no hay que tomarse la vida tan en serio como lo había hecho aquel padre, sino vivirla.


martes, 12 de marzo de 2013

CLARISA LARRISA de Carmiña Gohe




En una aldea, vivían los padres de Clarisa y sus hermanos.  Todas las mañanas, se levantaban temprano a hacer las tareas en el campo, pero como Clarisa era la más pequeña, se quedaba jugando con su amiguita Pepi.  Se divertían y no hacían sino reírse y reírse, siempre contentas, sobre todo cuando la madre de Clarisa salía a la puerta de la cocina y les decía, ¡a desayunar!, ¡vamos, Pepi, hay tortitas de miel!.
Las niñas fueron creciendo y llegó el día en que Clarisa se enamoró de un aldeano muy apuesto, pero llegó la fecha en lo alistaron para ir a la guerra en Oriente.  Ellos se escribían todas las semanas, pero Clarisa empezó a ponerse triste porque últimamente no recibía correspondencia.  Una mañana, les tocaron a la puerta dos soldados y le dieron un sobre, en él le comunicaban que Pedro estaba en paradero desconocido. Clarisa se quedó callada, le parecía que eso no le iba a pasar a ella, imposible.
No hablaba y por supuesto no tenía ni una sonrisa en su cara.  Pasaba los días deambulando por la casa sin saber qué hacer hasta que, una mañana temprano, cuando salió al jardín, vio a lo lejos la figura de un hombre.   El corazón le dio un vuelco y salió corriendo a su encuentro pues reconoció que era su novio.  La risa que alegraba a todos volvió a la casa de Clarisa, como siempre había sido en toda su vida.


jueves, 7 de marzo de 2013

ASÍ ME LO CONTABA de Carmiña Gohe



Así me lo contaba y así lo cuento.  Siendo yo  una niña, María me venía a contar cuentos cuando ya estaba en la cama.  Me encantaba oírla, sobre todo las historias de brujas.  Ella decía que las había y que salían por las noches.  Hasta me contaba cuáles eran los sitios por donde se podían ver: en el barranco de Barroso, yendo hacia Tigaiga…
En alguna ocasión, cuando yo pasaba por esos lugares, de día ¡eh! se me ponían los pelos de punta, pues por ese camino íbamos a coger hojas de los morales, para darle comida a los gusanos de seda.  A todos nos dio por eso; veíamos los cambios por los que iban pasando los gusanos y nos encantaba.
Volviendo a la historia de las brujas, esa en la que María me decía que en las noches oscuras se veían luces moviéndose por “las vueltas” –que así se llamaba al camino que iba al pueblo de Icod el Alto–. 
Ahora, me sonrío al recordar lo que me contaba  mi cariñosa María, pues aquellas luces seguramente eran las personas que se alumbraban con faroles, porque aquella era una vereda solitaria.  Cuando era niña ¡yo me lo creía!  ¿Las hay?  Puede




martes, 12 de febrero de 2013

ILUSION DESILUSIÓN de Carmen Gohe




En el patio del colegio, sentada en un banco, Lucrecia pensaba dando vueltas a sus pensamientos.  Sus padres siempre le estaban diciendo que cuando terminara sus estudios, la carrera que debía estudiar era Derecho, para trabajar con él en su despacho.  Y Lucrecia, que siempre estuvo internada en un gran y prestigioso colegio para señoritas, callaba y no le contradecía aunque pensaba que se estaba equivocando.
Ella era muy buena estudiante y muy inteligente así que, llegado el momento, se decidió por la carrera de Químicas y sus padres ni se enteraron.
Pasó el tiempo y, al llegar a casa con el título en la mano, el padre se llevó una gran desilusión; no era lo que esperaba.  Lucrecia, que tenía carácter, trato de convencerlo  de que eso era lo que ella había elegido porque su ilusión era trabajar en los viñedos que la familia tenía abandonados.
Con gran tesón se puso a trabajar, buscó obreros que entendieran sobre viñas y sus cultivos y transcurrido el tiempo necesario, las cepas cobraron vida y empezaron a salir los primeros racimos de color verde que, poco a poco, fueron madurando ayudados por los rayos del sol.
Fue así como el padre de Lucrecia pensó que no se debían anular las ilusiones de los hijos, solo aconsejarles y dejar que ellos sean los que elijan como vivir su vida.


jueves, 7 de febrero de 2013

EN LA GUAGUA de Carmiña Gohe



Yo estaba en la guagua, cuando entró una mujer que, supongo, venía del mercado, por la compra que llevaba en la cesta; verduras, frutas, huevos…  Luego, siguieron subiendo distintas personas, algunas de otros países.  A mi lado, se sentó un italiano que me preguntó cómo podía ir a Puerto de la Cruz, que pensaba hospedarse allí para, en varios días, recorrer la isla de Tenerife.  Desde otros asientos, oía a jóvenes con el móvil a tope, sin que les importara molestar hablando tan alto, o que al resto de pasajeros no les interesara escuchar sus conversaciones.  Escuchando esas voces y en varios idiomas parecía que estábamos en una competición en la cual, los que íbamos calladitos, éramos los perdedores.Seguían bajando y subiendo otras personas en las diferentes paradas del recorrido.  Delante de mí se sentaron dos muchachas y, como llevaban carpetas y libros, supuse que eran estudiantes.  Así era.  Les oí comentar que el profe de matemáticas estaba guay y que iban a echarle los tejos, por ver si caía en la trampa. 
Lo más gracioso fue que, en la siguiente parada se sube otra joven que se sienta delante de ellas y, al cabo de un rato, un joven que acababa de subirse a la guagua, se acerca a ella.
-Hola, cariño –le dice - ¿Cómo has pasado la mañana?                     
-Bien, pero cuando lleguemos a casa, todo irá mejor –le contestó con picardía y complicidad.
Como ven, en un trayecto tan corto como Santa Cruz – La Laguna, hay distracción suficiente para pasar un buen rato.  También hay sustos…, con los frenazos del chófer, digo, que vi a  la pobre señora que venía del mercado, muy apurada porque los huevos se le iban a caer, ¡ rodando por el piso de la guagua!



jueves, 10 de enero de 2013

ÁRBOLES Y AVES de Carmiña Gohe





Allá por el siglo XVIII, en la hermosa casa de un lejano país, vivía una familia de clase adinerada.  Al padre –de gran bigote, terminado en puntas finas, retorcidas y engomadas –le  gustaba vestir bien.  Un día, pensó que en las tierras que rodeaban su casona, faltaba algo y como le gustaban toda clase de aves, decidió sembrar muchos árboles para que los pájaros acudieran a hacer sus nidos.  Para conseguirlo, transcurrió mucho tiempo pero la buena tierra ayudó mucho y la floresta creció muy compacta y variada.  Su ilusión crecía cada día y entonces, pensó que plantando arbustos y árboles de otros lugares, todo quedaría aún más precioso.  Los mandó a pedir y, pasado el tiempo, como todo estaba verde y lleno del colorido de las flores, se paseaba muy contento por haber conseguido tan complicada tarea.  Convirtió su finca en un gran botánico donde se quedaban las aves de colores preciosos que iban de paso.  El dueño quedó satisfecho por haber cumplido su deseo y se paseaba muy contento, contemplando su gran obra.



miércoles, 26 de septiembre de 2012

AQUEL OLOR de Carmiña Gohe



Aquel olor a monte, a campo, me gustaba.  Íbamos a las medianías y toda la familia –que es muy larga – disfrutaba de lo lindo, era una fiesta.  Juana nos preparaba las primeras papas bonitas de la cosecha, con pescado salado.  Al terminar de comer, todos los primos nos poníamos a la sombra de unas higueras a charlar o a dormir.  Era delicioso.  Yo, por mi parte, me sentaba a escribir una carta, mientras el aire me traía los olores del tomillo, del orégano, hierbahuerto del que Juana tenía sembrado en el terreno. 
No sólo me gustaban esos olores campo.  Los de la mar, también.  El aroma a sal y yodo, cuando estás sola recordando cosas bonitas y agradables.  O el sonido de las olas, cuando estás triste, te relajan y adormecen. 
Recordando olores, ninguno como aquel aroma a maderas olorosas que usaba mi marido, éstos nunca se olvidan.

jueves, 20 de septiembre de 2012

LA DUDA DE ELOÍSA de Carmiña Gohe




Ya había caído el sol por el poniente, cuando Eloísa decidió ir a botar la basura.  Cogió las llaves y dio una sola vuelta a la cerradura pues era bajar y subir en menos de tres minutos.  De regreso, la pobre Eloísa se llevó el gran susto de su vida pues, por mucho que le diera vuelta al pestillo, éste no se abría.  Se puso tan nerviosa que tocó al vecino pidiendo ayuda pero, no había nadie.  Todo estaba en silencio.  Bajó un piso y tocó el timbre de otros vecinos que conocía.  Lo mismo; no recibió respuesta.  Volvió a subir preguntándose si ya nadie vivía allí o si todo el mundo estaba de vacaciones.  Sudorosa por los nervios, empezó a tocar de nuevo, puerta por puerta.  Fue en el tercer recorrido cuando, finalmente, alguien abrió.   Salió un señor que no había visto nunca.  Eloísa se disculpó y le explicó su problema.  El amable vecino la acompañó y no tardó en solucionarlo.
-Señorita, yo creo que la cerradura está bien; el fallo es que a usted le faltaba fuerza porque la verdad es que está un poco dura
Eloísa, muy agradecida, le volvió a dar las gracias.  Luego, entró a su casa, cerró la puerta y poco después se metió bajo el agua fría de la ducha, así los nervios se fueron calmando.
Más tarde, Eloísa dudaba si todo había sido una pesadilla o si había pasado de verdad.  Estaba ya en la cama –sería las once de la noche- cuando sonó el teléfono.  Nunca estaría segura de si aquello había sido real o una pesadilla de la cual la había sacado aquella llamada.



martes, 28 de agosto de 2012

PRESAGIO de Carmiña Gohe





Cuando la profesora me dio la hoja con la foto a partir de la cual construir un relato, me quedé estupefacta y con la boca abierta, tal como la imagen que me había tocado en suerte: un retrete.  Ese lugar, amigas, donde me siento a diario.  Aquel de la foto era un retrete muy particular, con una gran boca, grandes dientes que parecía iban a morder y la tapa, por el contrario, era una gran cara de unos azules y observadores ojos, que no asustaban, a ambos lados de una hermosa nariz rojiza.  Sentí como si estuviera mirando mi reacción y, ante tamaño desengaño, estoy segura de que un presagio se apoderó de aquella foto.  Tenía razón.  Yo, efectivamente, me iría al otro inodoro más normalito y tranquilo, para poder hacer mis… crucigramas diarios.  Así lo hice y fue de esa manera como el presagio de aquel extraño inodoro de la foto de mi tarea, se cumplió.




domingo, 26 de agosto de 2012

ELOINA de Carmiña Gohe




Eloina vivía con su madre y su padrastro porque había quedado huérfana de padre cuando era una niña.  Al principio, todo iba bien pero luego, su vida fue cambiando.  Su madre tuvo que salir a trabajar y la joven dejó de ir a la escuela.  Como el padrastro era un gandul y un lujurioso, empezó por traerle regalitos y a decirle cosas bonitas.  Ante aquello, ella tenía que callar y dejarle hacer lo que quisiera.  Esas situaciones eran cada vez más frecuentes. 
Eloina ya no podía soportarlo y una noche, llenó su mochila y se escapó, cansada de tanta vergüenza y sufrimiento.  Caminaba asustada porque había mucha oscuridad.  De vez en cuando pasaba un coche.  Ya estaba agotada cuando paró uno a su lado.  El hombre que lo conducía era algo mayor y estaba vestido con ropas caras.  Esto le infundió confianza.
-¿Hacia dónde te diriges?- le preguntó
-Hacia el próximo pueblo- respondió la joven
-Pues sube que yo paso por allí
Durante el viaje, estuvieron hablando de muchas cosas pero, Eloina empezó a preocuparse pues notaba que aquel señor se le estaba acercando demasiado.  Aguantó un poco más pero, sin casi pensarlo, abrió la puerta del coche y se lanzó a la carretera.  El vehículo aceleró su marcha y ella tuvo suerte al caer sobre la mochila.
Caminando llegó al pueblo y pronto encontró trabajo en una panadería.  Ya más tranquila, todas las tardes paseaba hasta un desfiladero para ver el mar.  En uno de esos paseos, se le acercó un muchacho y poco a poco, día a día, hablando, ella le contó su vida y el joven con paciencia, le explicó que todos los hombres no son así, que el amor es un sentimiento profundo que con respeto, mucho cariño y comprensión mutua, se puede llevar una vida muy distinta a la que ella había llevado.
Con el tiempo, se casaron y fueron muy felices.



jueves, 12 de julio de 2012

ESTAR SIN BLANCA de Carmiña Gohe



                                                                                
Una tarde, hablando con una amigo, éste me comentó que no podía estar sin blanca.  Yo le dejé hablar porque entendí que él necesitaba relajarse.  Mi amigo siguió diciéndome que le era imprescindible y que no iba a poder vivir de esa manera por mucho tiempo, que tenía que hacer algo para salir de aquella situación.  Mientras tanto, yo seguía poniendo atención a todo lo que me decía hasta que el momento en que me dice que su esposa se había ido de casa.
- ¡Vaya Juan!, eso no cabe duda de que es doloroso, es mucho peor que estar sin blanca, desde luego- le dije intentando darle ánimos de alguna manera.
-Pues eso es lo que te he venido diciendo, que Blanca, mi mujer, se fue de casa y que no puede estar sin ella.