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jueves, 8 de febrero de 2018

LA HIPOCRESÍA Lali Marcelino




De repente un buen día, caminando por un sendero algo solitario y no fue un sueño aunque lo parezca después de lo que voy a contarles, tenía ante mí un ser totalmente extraño, sin boca, con unos ojos inmensos de un azul que hacía daño mirarlos, con un cartel en la mano que decía: ¿HIPOCRESÍA?

       Después de toda una vida impartiendo clases de química en un instituto de mi ciudad y  disfrutando en la actualidad de mi soltería laboral, tenía que resolver un reto, el más difícil de mi vida.

       Por medio de un dibujo que hice en una pizarra, aparecíamos el extraño ser y yo abrazándonos con el placer reflejado en nuestras caras, en otro dibujo aparecíamos igualmente abrazados, con cara de enfadados mostrando una actitud totalmente agresiva. Como vi que su cara reflejaba “mi no entender”, borré los dibujos y le escribí: ¡¡POLITICOS HIPÓCRITAS!!. Sus grandes ojos azules se abrieron más y a mi pregunta: ¿entendiste?, asintió con su cabeza y se fue muy convencido de mi definición.

       Hasta en Marte han oído hablar de nuestros mentirosos e hipócritas  políticos.



COMUNICACIÓN ENGAÑOSA Lali Marcelino



Viajes de ensueño, cremas rejuvenecedoras, niños escuálidos, refugiados sin hogar, ciclones y terremotos, guerras, toros sí, toros no, reyes que matan elefantes, princesas corruptas, coches de oro, atletas que lloran, premios nobles injustos, yates millonarios, niños violados, políticos buenos, políticos  malos.
¡Es George Clooney!, con su aromático café, que no sé ni la marca. Con un toque de tecla se me va de la vista.
Es impresionante cómo sin darnos cuenta, pasamos del café, al duradero, efectivo, sabroso y colorido ¡Durex!. Lo mejor de lo mejor, para tus momentos más “íntimos y gozosos”…jejejejeje,  aunque con otro toque de tecla, escucho como un alza cuellos de la vieja guardia, defiende a ultranza la concepción y un no rotundo a los anticonceptivos. El dedo es muy sabio y cambia de canal con un automatismo inconsciente. En un debate, un famoso juez relevado de sus funciones, nos habla de las cajas B y de cómo castigar el hecho. Más de lo mismo.
¡Te llevará a la felicidad segura! Es el resumen de lo que a continuación veo. Charlize Theron, con su impresionante presencia, nos lleva ante un perfume que debe ser algo así como el salvador de almas y parejas. De inmediato comienza el capítulo 1200 de una serie enfermiza, donde el padre del niño, es alguien que tiene una madre pérfida y malvada que no quiere saber nada de su nieto ni de su posible nuera.
Otra vez el dedo inconsciente, que nos salva de este aterrador momento. ¡Por fin!, imágenes de un bosque maravilloso, más bien selva. Kilómetros y kilómetros de un paisaje verde, a vista de pájaro. ¡Oh no!, máquinas demoledoras llevan a cabo un crimen. Una urbanización en medio de esta maraña de verdes diversos. Ecologistas en acción con pancartas y gritos de ¡fuera, fuera!.
El dedo vuelve a sacarme de lo que ya no me gusta. En mi búsqueda de un lado al otro del mundo, me gustaría quedarme en alguno, pero no sé en cuál. Nada me satisface y me pregunto el porqué de tanta ansiedad. Me apetece llevar mi dedo en busca de un lugar dónde no exista la sinrazón, la injusticia…pero sobre todo, la manipulación de los medios de comunicación.
Me rindo y echo mano de un libro, que también elijo a dedo de mi biblioteca particular.


miércoles, 31 de enero de 2018

EL SENTIDO Lali Marcelino





La nariz de Margarita no funciona, nunca lo ha hecho. Margarita no conoce a qué huele la albahaca, el cianuro, el  huevo duro, un bizcocho cuando se está horneando o simplemente la tierra cuando llueve. Tiene olfato policial, es incisiva y muy ingeniosa, culpa del llamado  “sentido”.

       Es por todo esto, que cuando pasa delante de una panadería no puede saber si es que comemos mucho pan por el olor que desprende o es más bien por el sabor en sí mismo, …del mismo modo…que  nos dan asco los excrementos, más por su nauseabundo olor que por su aspecto.

       Ha aprendido a leer en las caras de las personas, para reconocer los olores pero, aun así, a veces acribilla a preguntas:

-Explícame con pocas palabras cómo es el olor de una cebolla. ¿Tiene algo que ver con su sabor?
-¿Por qué cuando alguien se muere le llevan tantas flores…es para esconder otros olores o porque las flores huelen bien?

       Es su forma de averiguar a qué huelen… los olores….  De esa manera ha terminado aprendiendo que “no todo el campo es orégano”.


miércoles, 10 de enero de 2018

EL ENCIERRO Lali Marcelino



No sabemos cuánto tiempo más tardarán en venir a abrirnos la puerta. Cada mañana, desde hace tres meses, escuchamos pasar al butanero con su tintinear de bombonas chocando unas con otras. Lo peor que llevamos de este encierro circunstancial y ante tan bajas temperaturas, es bañarnos con agua fría.

         Nuestra despensa está llena, cada semana alguien nos surte, según nos portemos y sí cumplimos con el objetivo propuesto. Después de tres meses de encierro, sin ver a nadie más que a nuestros compañeros de juego,  la rutina diaria nos hace recordar nuestro cautiverio voluntario, que  convierte cada momento del día en una pesada carga.

         ¿Qué necesidad me hizo llegar a este punto de mi vida? Entrar en un concurso televisivo que siempre había visto como algo vulgar, chocante y hasta hortera. Vender mi vida privada para todo el que quiera ver mis miserias y mis alegrías porque, aunque lo que se pretende es aparentar teatralizándolo todo…es imposible que con el paso de los días no muestres tu ser, tal cual es, por dentro y por fuera, sin máscaras.

         Ya sé la respuesta…, vine aquí para huir de todo lo que se cuece: envidias, corruptelas, “quítate tú, pa ponerme yo”, hipocresías, egos disparatados y disparos perdidos que salen de mentes enfermas; …mejor encerrada sin agua caliente.


jueves, 26 de octubre de 2017

LIBRO DE FAMILIA Lali Marcelino



Hay quién dedica toda su vida a llevar un control de  lo que  ocurre y para ello, recopila todo tipo de documentos, fotos, recuerdos de bautizos, bodas, comuniones, óbitos…incluso datos de las enfermedades, de las alegrías y las penalidades que ocurren a su alrededor…, o de cuando uno de sus hijos se sacó el carnet, o el día que nació su primer nieto. De hecho, es tan enriquecedor este Libro de Familia, que todos hemos recurrido alguna vez a él para consultar alguna que otra duda.  En mi familia, el creador de esta obra literaria fue mi padre.

Recuerdo cuando uno de mis hijos necesitó una fecha: la de su bautizo. Sinceramente ni yo la recordaba y… allí estaba. En otra ocasión, dio fin a un debate familiar, de esos en los que, por cualquier motivo, se convierten en discusión. Fue el día en que debatíamos sobra la fecha en la que el equipo titular de nuestra isla había subido a primera división. Pues eso también estaba allí, bien documentado.

Esa costumbre, una vez mi padre se hubo ido de esta vida, nadie en la familia se ocupó de seguir. 


domingo, 8 de octubre de 2017

ESTACIONES – Lali Marcelino




El primer verano después de mi adiós a la vida laboral…; un cambio importante que causa muchas depresiones, pero también, como en mi caso, más ilusiones, más proyectos, más amistades, más tiempo para mis seres queridos… Sumar es lo que me he propuesto…; restar sólo los años. Porque a partir de aquí restaré, no sumaré…y espero dar mucha guerra a la sustracción.
-¿Es cierto que cada verano proyectas, o quizá da igual en qué estación te encuentres?
-Te diré que en cada estación los proyectos tienen diferentes formas porque influye muchísimo el ánimo. En primavera, suelen tener formas alegres, florales, divertidas… No se me ocurre utilizar colores o formas tristes o melancólicas, eso lo dejo para el otoño, que también podría ser de renacimiento o de muerte.
Para el invierno se me ocurren cantos nostálgicos, fiestas familiares… La familia que retorna y también que se va, lágrimas porque la nostalgia conlleva enfrentarse a la soledad, al reencuentro… Todos quieren estar juntos y ahí es donde nos damos cuenta de que algunos no podrán, por diferentes circunstancias, y se sufre en la distancia del espacio, del tiempo o  de los sentimientos perdidos y que nunca volverán, porque ninguno se atreve a buscarlos. La cobardía se une con la desgana y la costumbre con la desidia.
Y… llega el verano, dónde la ebullición de viajar, de conocer nuevos lugares, nuevas costumbres y tradiciones…o sencillamente desmadrarse y entregarse al placer…; dejarse llevar por la magia de las noches estivales. El sol necesario y que esperas durante todo el año, nos llena de buenas vibraciones para el resto. Es una estación para hacer nada, de dejarse llevar y adentrarse en cada pueblo, en cada momento pasivo, con una buena lectura debajo de un parasol o un árbol, asistir a eventos que hasta el año próximo no volverán, preñarse en definitiva de buena energía para proyectarla en los demás.

Floración… Estío… Ocaso… Frío o Invierno
Sentirlas todas, cada una en su momento y lugar
Sentirlas y diferenciarlas, para eso debemos cuidarlas
Ahora se unen después de maltratarlas y  no apreciarlas
Son importantes y necesarias para nuestra madre tierra
Tanto, que da igual en este momento y lugar,
no saber cuál es cuál
Quizá ha llegado la ocasión de pensar…
 ¿nos da igual?





lunes, 30 de enero de 2017

EL TRUEQUE Lali Marcelino (Accésit PREMIO NARRATIVA HERTE 2016)


Comienza la semana con muy mal augurio. La pasada, dos de mis compañeros fueron detenidos.
Hoy, igual que ayer, espero volver a escapar de la presión, tanto de los míos cómo de la justicia o de la opinión pública. Mi familia está de vacaciones en el pueblo, al margen de todo esto.
Tres días después de la última detención y todavía sigo libre. Hoy miércoles me ha telefoneado Jesús, comisario y amigo, aconsejándome que ponga todo al día, no tardarán mucho en venir por mí.
Son las ocho de la mañana de un jueves del mes de julio. El agua choca contra la mampara y parece que el tiempo se detiene sintiendo como cae sobre mi espalda. No oí el timbre, pero sí los golpes en la puerta. ¡Abran, policía! Me enrollé la toalla alrededor de mi cintura y atropelladamente abrí. Dos hombres sin uniforme me mostraron su placa y la autorización judicial para pasar a mi domicilio y violar mi intimidad. Estuvieron todo el día revisando, preguntando y he de decir que no se ensañaron.
En la madrugada del viernes me dejaron libre, bajo arresto domiciliario. Me eché sobre la cama apartando y tirando al suelo: bragas, calzoncillos, pijamas, calcetines,….procedentes de las gavetas de los muebles. No podía cerrar los ojos, pensando, cómo explicárselo a Julia, mi mujer. Éste es el principio del infierno. Nunca pensé que me acusaran de corrupción. Hacer favores a cambio de, una semana en un hotel, un coche, el mejor colegio para mi hija, una tarjeta de crédito, un chalet en la sierra o un yate… todo necesario en el medio en que nos movemos. Debemos mantener buenas relaciones con empresarios, compañeros de partido, e incluso por qué no, algún juez, policía, comisario…Lo propio en política.
Me despierto y aún suena en mis oídos: corrupto, chorizo, ladrón… gritaron a la entrada y salida de comisaría. No me identifico con estos insultos. Recibir algo material a cambio de algún favor administrativo, que a nadie perjudica, es un trueque. Julia me ha llamado porque me esperaba anoche. He tenido que contarle que no he podido terminar el trabajo pendiente y que hasta la semana próxima no me espere.
Hoy domingo, no me apetece ver en todas las cadenas de TV, mi cara, como presunto corrupto. Mejor un baño en la piscina, ver una película, me apetece, “El Padrino”. Desayuné al estilo inglés. Pedí comida italiana para almorzar y japonesa para cenar. Sonó el teléfono. Julia llorando y pidiéndome explicaciones de todo lo que estaba viendo en TV, respecto a mi posible corrupción.
¿Qué decir? Sigo insistiendo en que sólo hice uso de una antigua forma de pago, el trueque.



jueves, 13 de octubre de 2016

LA ISLA DE LOS GENIOS Lali Marcelino



Mi madre siempre había soñado con viajar allí y nunca pudo. Jamás nos respondió la razón de aquel extraño interés por un lugar tan lejano y tan extraño.
Socotora o Socotra está situada en un archipiélago formado por cuatro islas, más cercanas al continente africano que al asiático, de las que Socotra es la mayor. Sin embargo pertenece a Yemen. Bañada por el Océano Índico.
Patrimonio de la humanidad, con más de doscientas especies vegetales y animales, endémicas. Su riqueza biológica hacen de ella un escaparate y un atractivo para todo biólogo. He ahí cual era la razón por la que mi madre estaba totalmente enamorada de éste lugar, porque allí pasaba la mayor parte del tiempo su amor, que no era mi padre.
A través de sus cartas, le describía tan bien todas las maravillas que allí se dan cita, que le parecía estar en ella caminando por sus maravillosas playas y admirando sus extrañas plantas y árboles, únicos en el mundo. Su paisaje de otro planeta, esos árboles de extrañas formas y el contraste de una arena blanca con el turquesa de sus aguas, según le explicaba Mauro su “amigo”, la entusiasmaba cada día más a pasar en Socotra sus últimos días con él. Y soñaba, y soñaba….mientras nosotros, su familia, le recordaba cada día lo necesaria que era.
Un buen día, se fue a una agencia de viajes, según supimos años después, por un diario que llevaba, que por fin se iba a embarcar en una aventura, dejando atrás todo lo que hasta ese momento, le impedía correr a los brazos de la libertad. Su amor no permitido.
Al mismo tiempo, los resultados de unos análisis rutinarios, frenaron una vez más sus impulsos. Una enfermedad incurable, de la que no pudo recuperarse.
Los habitantes de Socotra, practican la nigromancia, arte que por medio de vísceras y contacto con espíritus, se invoca y se adivina el futuro. De ahí su nombre “Isla de los genios”.
En esos días llegó una carta de Mauro a casa, que recogí yo, dado que mi madre ya no estaba y sorprendentemente le comentaba, que  había visitado a un genio de la isla y por medio de ésta práctica, le habían pronosticado que algo malo iba a sucederle a una persona muy querida. En ella decía que esperaba estuviera bien y que por favor, le contestara lo más rápidamente posible, ¿cuándo llegaría?
Ya lo tengo todo preparado, esperándote.




miércoles, 28 de septiembre de 2016

UN CABRONCETE SIN ESCRÚPULOS Lali Marcelino


¡¡Mira qué cosa más bonita!!. Esta expresión era la preferida de Vicente, cuando veía a una “tía”, refiriéndose a una mujer de cualquier edad.
Una cosa material, por ejemplo, un cinturón de Lotuosse,  un reloj Cartier, un polo Lacoste o unos zapatos de Manolo  Blahnik , eso sí son cosas, sin embargo para él eran lo más preciado y “una maravilla, una obra de arte”. “Las mujeres son “cosas”, que  las cojo, las uso y procuro lucirme con ellas”, porque además, por su buena presencia, todas caían como moscas sobre la miel. Se permitía la licencia de escoger las más llamativas. Rubias, morenas, pelirrojas o castañas, le daba igual, para lo que le servían, más o menos como un kleenex. Procuraba, por supuesto, que  su presencia impactara, para  producir esa envidia que le tenía todo aquel que lo miraba. Le gustaba sentirse observado y se regocijaba apostando por el tiempo que le duraba su conquista.
No les tenía el menor aprecio. Sólo les sacaba el jugo, tanto el corporal como el material. Generalmente las buscaba bien situadas, que  costearan sus gastos y los de él.
Se fue creando una fama, entre el género femenino, cada vez más hastiado de su trato, de verdadero “cabroncete”, hasta tal punto que, sin que él se enterara, se unieron y decidieron darle un escarmiento. Crearon una asociación denominada “cosas bonitas”.
Lo invitaron a una fiesta, más bien “orgía”, a la que acudió sin poner resistencia. Consistía en vendarle los ojos para hacerle verdaderas maravillas, según le dijeron. Una vez sentado en el centro de un círculo, ellas alrededor, comenzó el juego. Como ya lo conocían, sabían perfectamente que iba a hacer todo lo que le dijeran, siempre que fuera  para pasar un buen rato y sin coste alguno.
Al finalizar el juego, él estaba exhausto y pleno de satisfacción. Antes de despojarle de la venda, le ofrecieron unos papeles dónde tenía que estampar su firma para volver a repetirlo cuando él quisiera.
-¿Por qué tantos?, preguntó.
Una de ellas contestó: Porque es uno por cada una de nosotras. Así te aseguras de que volvemos todas.

Aquellos papeles no eran otra cosa que la venta de todas sus propiedades, por la orgía y por las siguientes. Ellas iban a cumplir lo que prometieron,  él se quedó sin nada. Sólo las podía tener a ellas cuando quisiera.


VERANO DEL 18 Lali Marcelino


Con su California voladora soñó ella muchas veces y quizá ese verano hubiera sido feliz con semejante compañera de viaje, pero el destino, que es muy sabio, intuyó, auguró, que tal vez sería mejor buscar otra opción.
Si esa era su ilusión y la opción que siempre quiso para sus últimos días en su paso por la vida, ¿qué la hizo retroceder?
A punto de terminar con su vida laboral y con la esperanza que durante algunos años mantuvo encendida, vio ante sus ojos cómo se desmoronaba toda su vida futura, subida en su alada California.
Los sueños, sueños son. Cuando toda tu ilusión se basa en un sueño sin condiciones, sin tropiezos, sin fronteras…mientras sueñas, todo perfecto. Llega la realidad y nada de lo que habías previsto en tus sueños, ni cuaja ni cuadra.
Otros han soñado por ti, han programado un final para tu historia que, aunque no sea de tu agrado, de alguna forma es el que te labraste durante tu vida pasada y no se produce el cambio deseado y esperado, porque debes despertar de ese maravilloso sueño.
Está aquí, mírala, obsérvala, es ella, tu California te espera, date prisa, corre, vuela, no la dejes escapar. Sólo pasa una vez.
Quizá tenga que esperar hasta el verano del 19. No importa, probablemente está escrito en alguna parte del camino de su historia, que si no es en el verano del 18, será en el del 19 o su tan deseado verano no llegará, porque siempre le ha parecido mejor quedarse en el invierno.
¿Pero….te vas a rendir? ¡Qué cobarde eres!, arriésgate, huye de este ruido, búscate otros ruidos que te huelan a libertad.




domingo, 18 de septiembre de 2016

EL ARROZ PODRIDO SOBRE EL PUENTE. Lali Marcelino.





         Mi historia comienza en un cumpleaños.
         Nadé en una gran piscina climatizada, en compañía de pimientos, tomates, guisantes, aceitunas, zanahorias… ¡Qué divertido lo pasamos!.
         De repente, se secó y todo se llenó de agradable olor y de blanco pasé a amarillo. Daba gusto compartir aquella gran orgía de colores, sabores, olores, con más amigos: las gambas, los mejillones y los berberechos, batían sus alas cuando alguien los removía. El tomillo se empeñaba en salir afuera y el laurel imponía su delgado cuerpo.
         ¡Qué mala suerte tuve! Acabé en el cubo de la basura. Alguien no me quiso y me pregunto, ¿por qué  si soy igual que mis hermanos de raza?.
         Llevo aquí sobre este puente varios días. Me dejaron fuera, porque a quien tiró la basura, se le rompió la bolsa. Rodé y rodé hasta los bajos del contenedor, justamente lejos del alcance de las ruedas de los coches, de los caminantes.
         Me siento fatal; baboso, maloliente, ni siquiera las moscas y las cucarachas me quieren. Me doy asco a mí mismo.
         Por fin, por aquí asoma mi salvación. Un hociquito con bigotitos, ¡me observa, me huele, me chupa! Creo que estoy asistiendo a mis últimos segundos aquí, soleado, soportando la lluvia y el frío y lo que es peor, ¡mi propio olor!.

         ¡Venga, gatita anímate!.



RECUERDOS. Lali Marcelino.




         Hay algo muy importante en mi vida que valoro mucho. En mi niñez, en mi adolescencia, en mi madurez, actualmente, sigue vigente ese valor, sigue ahí y es evidente que me ha marcado positiva y negativamente.
         Debo estar agradecida porque es un privilegio gozar y disfrutar de ella, aunque una buena parte ya no está. Bien es cierto que disminuye más que crece.
         Mis recuerdos de aquella época con ella, la mayoría son de felicidad. Vacaciones, navidades, reuniones, cumpleaños, juegos. Es cierto que la mía era una familia muy unida, defensora unos de otros, celosa de los suyos, pero sobre todo conservadora y tradicional, pendiente de los problemas que acuciaban a sus miembros, apoyándose en lo malo y congratulándose de lo bueno.
         Cada año al llegar Navidad, procuro hacer un recordatorio de lo que se hacía, las costumbres, las rutinas, la comida… e intento llevarlas a cabo, porque me gustaba como se sucedían unas tras otra.
         La noche de Reyes y todos los días que antecedían, se vivía de manera especial. Soy la mayor de cuatro hermanas. Mi hermano, ocho años mayor que yo, no participaba de esta fiesta en la misma situación. Esa noche “dormíamos” juntas, más bien no pegábamos ojo. Oíamos todo con cierta ansiedad y a la vez temor. Mi madre y mi tía, ayudadas por mi abuela materna, cosían toda la noche ropita para las muñecas de otros años y uno de mis tíos, la planchaba y la colocaba en una canastilla. Mientras, mi hermano hacía de rey mago, voceando y tocando en las puertas, creando ambiente. Mi padre y otro tío, llegaban de madrugada con churros para las costureras.
         Entre murmullos, repicar de máquinas de coser, toques y voces, risas, ruido de bolsas y papeles, llegaba la hora de salir de la habitación, al aviso de ¡¡ya llegaron, ya llegaron!!. Nerviosas, temblando de emoción,  venían a por nosotras y nos tapaban los ojos. Nos guiaban hasta donde se suponía que Melchor, Gaspar o Baltasar, habían dejado nuestros regalos que, sorprendentemente y para la época, eran abundantes.
         Siempre nos hacían alguna trastada, como sustituir  dentro de la caja de la muñeca más esperada, una desteñida, antigua, incluso rota. Inmediatamente subsanaban “el error”.
         Sigo con esa costumbre y vivo esa noche, preparando la trastada de turno, primero para mis hijos pequeños, que siguió de mayores y actualmente al resto de la familia también. Desde el verano, comienzo a confeccionar los regalos, la mayoría reciclados y hechos con mucho cariño. Esta es una consecuencia de mis vivencias y solamente por ver las caritas de mis nietos, igual que hacía mi madre, mis tíos y abuelos. Todos querían ver nuestras caritas también, todos querían estar presente cuando despertábamos.



jueves, 15 de septiembre de 2016

PRESENTIMIENTO Lali Marcelino.




No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo. Si he de ser sincero, disfrutaré si llega a pasar lo que he estado labrando durante algún tiempo. Por fin voy a poder ejercer mi profesión de salva almas.
Es un aburrimiento todos los días oír las mismas confesiones, las mismas quejas, ver las mismas caras, fingiendo lo que no quieren hacer. Por mi condición de pastor de la iglesia, me entero de todos los secretos que guardan unos y otros, o sea de sus pecados, los cuales pasan a ser también mis “secretos de confesión”. Todos temen la ira de Dios, encarnado en mí y me satisface que así sea, porque temer es necesario en esta sociedad de libertinaje y desenfreno.
Se imaginan la cara del Sr. Alcalde, cuando su mujer le diga que está enterada de con quién se la está pegando o cuando la abuelita tan candorosa e inocente sepa que el monaguillo es su nieto. Su hija se fue a parir fuera del pueblo y se lo entregó a la ventera, su amiga de siempre, para que le guardara el secreto y lo acogiera como su hijo. Al cabo de unos años esta mujer se dio cuenta que el niño tenía su  sexualidad desviada y además su intención era cambiarse de sexo,  por cuyo motivo, el insensato ha estado robando del cepillo de la iglesia para reunir un capital e ir a operarse a  Estados Unidos. Hoy lo voy a poner en conocimiento de la guardia civil, para que lo detengan.
El señor médico también se las trae, aparte de cobrarle abusivamente a estos pueblerinos, les exige a las mujeres, que primero pasen por la camilla, entre ellas la ventera, que lo ha puesto en conocimiento del alcalde, porque claro, a ella le interesa más, favorecer al inquilino del ayuntamiento.
Cuando la verdadera madre del monaguillo, vecina e hija de la abuelita más vieja del pueblo, se enteró de todo lo que estaba pasando con su hijo, se personó de inmediato, después de más de muchos años sin aparecer por el pueblo y le contó una verdad a medias, a su madre. La vieja, le exige que le diga quién es el padre del niño y porqué se lo ha ocultado.
Cuando me enteré que esta mujer estaba en el pueblo, me personé en su casa dónde me enteré quien era la madre del monaguillo y le dije; “o me pagas todo lo que tu hijo ha robado o la iglesia o lo denunciaré”
Sí, pues adelante, denuncia a tu hijo si eres capaz. Ya no te acuerdas cuando impartías los cursos de catequesis y moralidad, lo que nos hacías a las niñas que acudíamos. Yo soy la Bene, de la que te encaprichaste ¿no me recuerdas? Venías a buscarme aquí a esta casa con maniobras maquiavélicas y usando tus dotes de buena persona, engañando a mis padres porque me necesitabas para trabajos administrativos. Yo acudía porque me chantajeabas, me amenazabas  con contarle a todo el pueblo que yo te seducía y por no avergonzar a mis padres, cedí a tus “necesidades fisiológicas”, como tú las llamabas. No voy a negar que en un principio me gustaste, pero con el tiempo me di cuenta que sólo me utilizabas, por lo que cuando me enteré de mi embarazo, huí, pero sólo por  temor a lo que hubieras podido hacerme al enterarte. Cometí un error, no criar a mi hijo, porque creí que era hijo del pecado. Me arrepiento de haber tomado semejante decisión.
En medio de todo éste embrollo, no me di cuenta que en los pueblos las puertas están abiertas, para todo el que quiera pasar. Todos los habitantes del pueblo, llevados por la vuelta de la Bene,  incluida la guardia civil, estaban allí escuchando y viéndolo todo.
El monaguillo también, por supuesto. Se abalanzó contra mí y me asestó una puñalada certera en medio del corazón, sin que nadie pudiera evitarlo. Sólo dijo una frase, que yo no escuché.

-¡No abusarás más de nadie!


martes, 13 de septiembre de 2016

LA ASTUCIA DEL PEZ DE CARLA Lali Marcelino.


 
Lienzo de Garay
Una tarde fría del mes de agosto, Carla entró en mi vida.  Nunca olvidaré su carita de niña buena, aunque no me engañó, a ella le hice creer que sí.
Desde mi nacimiento, siempre viví en aquel maravilloso barrio lleno de algas, caballitos, estrellas. Mi familia, los Mero, pertenecía a la élite de aquellos fondos marinos. Vivíamos en la parte alta de la ciudad, en un caserón rodeado de corales de todos los colores. Nuestro jardín es, de los de la zona, el más visitado por humanos y por todas las demás familias: los Abadejo, los Salmonete, los Cherne…..Todos nos respetan y admiran por lo bien que sabemos ignorar a los humanos. Conocemos todos los rincones y escondrijos de nuestra ciudad, por cuya razón mi familia se conserva intacta.
¿Qué por qué lo de la élite? Muy sencillo, así se lo expliqué a Carla y ella lo entendió:
Nuestro cuerpo es de los más perseguidos, por desgracia para nosotros. Es una pena que algún día dejemos de existir. Sé que somos necesarios para la supervivencia de los humanos y también de la de nuestra propia raza, pero de alguna manera, tenía que hacerle entender a Carla que me dejara en mi hábitat, y que se fuera tranquila, que cada vez que quisiera verme, sólo tenía que darme un silbidito por las rocas, donde nos vimos la última vez y saldría con mis mejores galas a recibirla.
Y así fue. Un buen día escuché su silbido. Salí a la superficie y me sorprendió que no viniera sola. Su barco estaba lleno de gente curiosa y deseosa de vernos, a mí y a mi familia.  Me sugirió, me pidió que por qué no traía a toda mi familia.

Enseguida intuí para qué nos querían a todos allí.  Le comenté a Carla que iba a buscarlos. No volví a ver más su carita de niña buena, porque efectivamente no me engañó. Querían nuestra sabrosa carne, algo que no le recrimino, porque realmente: “De la mar el mero y de la tierra el carnero”.


martes, 14 de junio de 2016

TODO LLEGA. Lali Marcelino.





            Ya la veía cercana, por cuyo motivo empezó a proyectar la forma más atractiva de recibirla y con mucho cariño le dedicaba parte de su tiempo.
            Ir juntas a un hotel o recorrer el mundo subidas en una caravana o por el contrario quedarse en casa hasta aburrirse.  Compartir la lectura de un buen libro o apuntarse a clases de teatro, de tango y por qué no, de yoga; actividades que siempre quiso practicar y ahora con una nueva y buena amiga podría llevarlas a cabo.
            La cuestión era que  para hacer todo aquello que tenía en mente, necesitaba tiempo y ahora con esa compañía, era precisamente lo que iba a tener. Incluso puede que por el camino encontrara más amigas, que se quisieran subir al mismo carro. Compartir piso, llorar, reír juntas, pero sobre todo, divertirse.
            ¡Bienvenida y prepárate, Jubilación, nueva amiga!
            ¿A dónde vamos?.



lunes, 13 de junio de 2016

SUPERVIVENCIA Lali Marcelino.



           
 
Pintura de Carlos de Haes

            Era una tarde de puro invierno y las olas parecían geiseres en erupción. Vi todo desde donde me encontraba, refugiado de tan tremendo temporal. Incluso cómo se partía la barcaza en dos, el chirriar de los hierros, la gente tirándose al mar,  aquel mar que podría destrozarlos aún más.
            Quedé paralizado ante tanto horror y no me atreví a hacer nada. Preferí salir huyendo antes de que llegara la policía y aquello se empezara a llenar de gente.
            Teniendo en cuenta que había llegado en una patera y hasta ese momento me encontraba de paso por allí, hasta que arreciara el mal tiempo y encontrara un refugio mejor, recordé mi llegada a aquel muelle sufriendo casi las mismas circunstancias que aquellos pobres que no me atreví a socorrer. Sin papeles, sin documentación, así estaba mi situación. Probablemente obré egoístamente, pero para saber si obré bien o mal, primero hay que meterse en la piel de todos los que llegamos a otro país, jugándonos la vida, buscando otra mejor.
            Hoy en día estoy trabajando en un  hotel de esta tierra, legalmente. Tengo mi pareja, dos hijos, pero jamás seré feliz del todo. Mis recuerdos siguen estando vivos, y nunca podré olvidar cuanta gente se traga el mar diariamente, buscando la otra orilla.



jueves, 2 de junio de 2016

INDECISIÓN Lali Marcelino.




-Por los pelos, así terminé la ESO.-le comenté a mi abuelo.
Él me dijo:
Hay que estudiar Alberto, es la única forma de que no acabes como un ignorante.
-No me mola estudiar asignaturas que no tienen sentido. Entiendo que hay que prepararse…pero como están las cosas, no sé qué será mejor, si seguir estudiando o dedicarme a lo que realmente me gusta, aunque tenga menos futuro, total pa acabar en las colas del paro.
-Soy un romántico y me da vergüenza de mis coleguitas, que están todo el día hablando tonterías y escuchando música disparatada, que para mí ni es música ni na que se le parezca, sepan que mi música preferida es de hace un par de siglos.
Mi abuelo que tiene salida pa todo, siguió insistiendo. –Es que puedes hacer las dos cosas, dedicarte a la música y seguir estudiando para labrarte un porvenir, y ellos se pierden escucharte algún día tocando esa música que tanto te gusta. Te prometo que yo sí iré a verte.
-El Clavicénvalo, el Laud, la Viola…instrumentos del barroco que no están a mi alcance, ya sabes que en el chozo lo estamos pasando muy mal, el viejo parado, la vieja cobrando la ayuda familiar, así no se sale pal ante ni de coña. Mejor que tú no lo sabe nadie, gracias a ti comemos, así que, estoy por largarme a trabajar a Viena, la capital de la música, allí hay escuelas de las mejores y con un curro que pueda conseguir, me pago las clases, aunque no creo que mis padres me dejen, así que de momento no sé qué hacer…desde luego seguir estudiando chorradas, ni soñando.
-Yo te ayudaré a convencer a tus padres y verás que todo se arregla, no te preocupes, todo se andará.

-No lo creo abuelo, tengo un cacao mental, que  o sé qué haré con mi life.


domingo, 13 de marzo de 2016

POR FIN Lali Marcelino


Desde que tuve conciencia, supe, intuí que “algo” pasaba en mi cuerpo y en mi mente, que rechazaba a la vez que me atraía.
Hasta mi adolescencia no comprobé qué es lo que pasaba, pero seguí negándome a lo evidente. Mi círculo de amistades cada vez más reducido, porque yo así lo quería, se fue quedando con cuatro amigos: Antonio, Gerardo, Carlos y Anselmo. Inconscientemente, las féminas del grupo fueron saliendo de mi vida, por el continuo desamor.  Con ellos tenía muchas cosas en común: el fútbol, la cerveza, el ajedrez, pero sobre todo, nuestra mayor afición, las motos.
Odiaba mi nombre, Silvia. Con un simple cambio de vocal la “a” por la “o”, qué feliz hubiera sido.
Anoche, a mi regreso después de un paseo en moto por el norte de la isla, paré en un guachinche, ansiosa de un poco de calor y una copa de vino, para seguir mi rumbo. Detrás de la barra, una mujer de pelo pelirrojo, con una amplia sonrisa y unos ademanes suaves y a la vez contundentes, llamó mi atención. Sólo el hecho de dirigirme a ella y fijar mis ojos en los suyos me producía rubor. No hizo falta, ella se dirigió a mí, en vista que quedé petrificada y como si me conociera de toda la vida:
-¿Cariño que va a ser?.
Me pareció que aquellos tremendos ojos me miraron con un interés especial.
Balbuceé  -vino….una copa…tinto-.
Me cogió las manos, en un intento de tranquilizarme y un escalofrío placentero recorrió todo mi ser, eran suaves, seguras y calurosas.
El reencuentro con mi niña interior, me hizo saber que mi nombre era muy bonito, y que mis contradicciones por lo que parecía y no era, o por lo que si era y no parecía, llegaba a su fin y se abría un nuevo camino con una pasajera en mi moto.




jueves, 3 de marzo de 2016

PROBAR O NO PROBAR Lali Marcelino



Les cuento que no me solían gustar los aguacates, sin embargo, aquella tarde empecé a verlos de otra manera. Una vecina me regaló dos hermosos ejemplares procedentes de la isla colombina.
-Recién cogiditos del árbol, -según me comentó-, todavía están un pelín verdes. En una semana podrás comértelos.
Sinceramente ella estaba más ilusionada que yo. Por no desairarla, no le comenté que no me gustaban, aunque no sabía por qué, jamás los había probado. Según decía mi abuela “hay que probarlo todo”. Siguiendo sus consejos y por su aspecto y las referencias tan buenas que tenía de su procedencia, me provocaban y decidí hincarles el diente y así comprobar que ese sabor a almendra, que relamiéndose comentaba mi abuela, era cierto.
Todo un ritual alrededor de aquel ovalado cuerpo de color verde brillante. Partido por la mitad sobre la tabla de cocina, una de ellas con un hueco y la otra con una especie de boliche que asomaba. Escogí la del hueco y como había visto a mi querida abuela, espolvoreé un pelín de sal fina y con una cucharita de postre comencé a deleitarme el paladar, con todo el placer que pude…y efectivamente sabía a almendra y no paré hasta que también me comí la otra mitad. No me sacié, y seguí el mismo procedimiento con el otro, que me esperaba en el frutero.
Alergia, empacho, no lo sé. A las tres horas terminé en urgencias y comprobé que hasta que no se me quitara el sabor a almendras de la boca, jamás volvería a comer aguacates…ni almendras.







jueves, 25 de febrero de 2016

LLUVIA DE HIPERBREVES Lali Marcelino

HIPERBREVES Lali Marcelino


Refranes conocidos
A perro gordo, todo son lombrices.
Más vale moño, que pelo al viento.
A quien trasnocha, el colchón se lo agradece.
A falta de clavos,  buena es la saliva.
A quien a buena mesa se arrima, mala digestión se aproxima.

Cambio de roles
 ¡Cállate olfato, no vez que los oídos vomitan porque el gusto mira sin ver lo que la vista ignora!
Mientras tu mano caminaba por la avenida, mi escalera salió a recibirla.
Ese árbol está harto de que todos los días pasen por su casa libros y más libros solicitando ayuda.
Doña Falda sale de paseo con su sombrero, eso sí, atado y con el bozal

Jugar con la literalidad
Por más que busco mi cabeza, no hay forma de encontrarla.
El agricultor regaló calabazas a diestro y siniestro.
Un codo le dijo al otro, ¿te duele como a mí?
-Gusanillo, gusanillo, ¿dónde estás, que no te encuentro?
 -Aquí debajo de esta  hojita. Ah sí, pues ya verás, plash.

Le dice la pared blanca a la azul: A mí me tocó el año pasado tu color, me gusta más el blanco. Le contesta la pared azul. ¡Ya te cansarás!