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jueves, 8 de febrero de 2018

UN VERANO EN EL HORIZONTE Ana Benítez





En lo alto de las montañas vive Bruno; el tiempo era inhóspito y gélido hasta tal punto que las orejas se le caían para abrigar su rostro. Las pezuñas de sus patas estaban aclimatadas a caminar por las heladas laderas. Y también habituado a que su dueño le increpara por sus quejidos rebuznos; gritándole incesantemente: “maldito ignorante, no sé de qué protestas, si lo único que haces es comer y dormir”. Entonces, el burro cabizbajo, cabeceaba todo el tiempo como si le diera la razón. No quería poner en peligro su pequeña ración de alfalfa.
Ya faltaba poco para llegar a su destino; y era el único momento en que al asno se le iluminaban las facciones de alegría; y hasta las orejas volvían a su estado natural. La felicidad con que los niños del colegio le recibían; a los que le llevaba leche y pan todos los días; hacía olvidar las penurias de su viaje y de su existencia. Nervioso, intranquilo, divisó a Carlitos; el de quinto curso, que venía corriendo a narrarle el cuento como hacía cada día; en los escasos minutos que su dueño le daba de descanso antes de reemprender el camino de vuelta. No se cansaba de oír, en boca del niño, las aventuras de un burro que se llamaba Platero, que con su amo, recorría el mundo contemplando paisajes maravillosos donde el sol y el mar eran testigos de su complicidad y del amor que se profesaban. Saboreaba cada palabra, cada frase, cada metáfora… como en su imaginación saboreaba las naranjas, granadas o brevas que aparecían en el cuento. Era tan feliz que movía el rabo al ritmo de un musical de rock and roll.  Bruno soñaba cada día, cuando oía este relato, en un verano en el horizonte en busca de Platero.



miércoles, 31 de enero de 2018

SE FUE Ana Benítez





Mi papá se fue un día a por tabaco y no volvió. Eso le contaba mi mamá a sus amigas. Pensé que seguro  había muerto –porque yo sabía que el tabaco mata– y mi mamá no me lo quería decir para que no me pusiera triste.
Pero…sigo sin entenderlo. ”Si mi papá se fue a por tabaco”…, ¿por qué lo hizo y para qué?... si no fumaba.

Ya lo entenderé cuando crezca…, bueno…, eso dice mamá.



jueves, 13 de octubre de 2016

COSTUMBRES EXTRAÑAS





Desde pequeña veo caras en todas partes. No las busco; ellas se presentan ante mí. Caras en las nubes, en las grietas de las paredes, en las sombras de las cortinas, en las montañas, en el suelo. Rostros de animales o personas. Muchas veces deformes y terroríficas; que a veces dan miedo y otras  se instalan en tu propia casa; en tu vida.  Una de ellas lleva años mirándome de frente, con rostro malévolo y facciones en relieve; retándome. Yo aparto la vista pero presiento que me vigila. Lleva muchos años allí y se ha convertido en una figura más de la estancia. Pero yo la sigo ignorando;  aunque a veces tengo  curiosidad por saber qué significa y dudo si plantarle cara  a la espera de su reacción, porque estoy segura de que tiene vida. Pero al día de hoy no he logrado unir el valor suficiente para hacerlo.




miércoles, 28 de septiembre de 2016

LA LLAMADA Ana Benítez




        
¡¡RIINNNG…RINNNG…!!  Hablo con…?
         Cortaba la llamada sin haber contestado una palabra. Una poderosa fuerza interior me decía que no lo hiciera. Todas las noches me desvelaba el maldito sonido estruendoso, inquietante, impertinente del teléfono. Unos minutos de tortura…y luego silencio.
Todo volvía a la normalidad. ¿Todo?.
         No recuerdo que hago en esta cama con un teléfono en la mano. Me observo levitando sobre mí. ¡Esto es absurdo!. Intento hacer memoria. Me duele la cabeza. Esas malditas luces vienen hacia mí hasta que las esquivo. Y vuelvo a entrar en un sueño profundo hasta que el maldito teléfono me vuelva a despertar.
         Es inútil, lo he intentado durante semanas y claudico -dijo con melancolía- la muerte.




domingo, 18 de septiembre de 2016

EL LAGARTO DORMIDO EN EL DEDAL. Ana Benítez



         Cansado de la vida arrastrada, caminaba sin rumbo por las calles hasta que un olor insinuante a jazmín me llevó hasta el maravilloso jardín donde una diminuta anciana cortaba flores. Vestía  un delantal a cuadros en tonos verdes que hacía juego con mi piel, así que pasé desapercibido cuando me colé en su bolsillo. No me moví para no asustarla. Fue entonces cuando unas suaves y tranquilizadoras manos me cogieron con firmeza, me sostuvo y apoyó mi cabeza en su pecho. Me recordó a mi madre. Luego, me depositó en un dedal,  con mucho cuidado y me arropó con un retal de color verde también. Pensé que me quería camuflar. Aunque no sabía de quién hasta que le vi. Sus ojos saltones me miraban, sacaba la lengua relamiéndose. Se me puso la piel de gallina y me acurruqué lo más que pude en la cama improvisada que me habían asignado esperando en cualquier momento el zarpazo. Pero no oí nada. Silencio hasta que me quedé dormido. No sé cuánto tiempo había pasado hasta que desperté. Me dolía el cuello y tenía los ojos enrojecidos. Recordé que tenía al enemigo esperando fuera. Repté hasta el borde del dedal y me asomé:  allí estaba. Ay madre, que cerca estoy del cielo!. Mis ojos se encontraron con los suyos y respiré cuando vi su mirada apasionada y romántica. Creo que se había enamorado de mí.


jueves, 15 de septiembre de 2016

PRESENTIMIENTO Ana Benítez



No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo en el que estoy; no por propia voluntad sino obligada por el Ministerio de educación, que petrificada quedé ante las listas de destino de los maestros: Alba Martín Torres, destino: Cabaña Quinta (Asturias). Seguramente un pueblo perdido sin apenas habitantes y lo más alejado de la civilización.
Perdía el tiempo si reclamaba. Ya sabía la respuesta: Señorita Alba, como usted está soltera y sin nadie a su cargo no tiene puntos para elegir. Sabía que era la excusa perfecta y también sabía que era incómoda para mis superiores por tener fama de reivindicativa y comprometida con los problemas sociales, que a los que dirigían el país, ni al final de sus prioridades existía.  A mi padre le debo el valor de la paciencia; que sin duda necesitaría; y el silencio en determinados casos.
Después de dos horas por una angosta carretera, llegué a Cabaña Quinta; y esperándome estaba la comitiva de los distintos poderes del pueblo: el cura, el médico, el alcalde y faltaba la maestra para completar los poseedores del conocimiento de un pueblo.
La sensación de desnudez ante la clavada de miradas, me hicieron sentir incómoda. El alcalde, rodeado de sus acólitos; vestía ropa de caza, cuyos botones del chaleco estaban a punto de reventar; acudió a darme la bienvenida. Seguramente le fastidié el día de caza de ciervos, al que dedicaba más tiempo que a las tareas de la alcaldía. A su lado una mujer altiva, bien vestida y con sobradas joyas. Aunque tenía buena presencia, a mí me pareció una alcahueta y manipuladora. Presencié como le guiñaba el ojo al médico y al cura.
El cura, acompañado por sus devotos, se santiguaba repetidas veces; y a su lado el monaguillo, un mozalbete delgaducho y de piel blanca como la leche, con mirada distraída acataba las órdenes del representante de Dios. Éste derrochaba mucha autoridad. Y visto lo visto con el alcalde, creo que en realidad es el cura-alcalde del pueblo. Mi mirada se cruzó con la del monaguillo, ¡pobre chaval!, ¡qué mirada tan abstraída!. El párroco me lo presenta como su tutelado. ¿Qué historia esconde esa mirada?
El médico, de aspecto bonachón y un abultado abdomen delataba su amor por la bebida. Su mirada libidinosa; sin disimulo alguno, derecha a mis pechos me hizo pensar que me encontraba ante un obseso sexual. De los que vas a la consulta porque te duele un ojo y te manda a quitar toda la ropa.
No lo iba a tener fácil. Tenía mucho que indagar. En este pueblo estaba pasando algo terrible. Una carta anónima, fechada dos meses antes de su llegada; dos meses era el tiempo que tardaba el cartero en venir al pueblo; a la Comandancia de la Guardia Civil alarmaba de que algo sobrecogedor iba a suceder. Pedía ayuda y su miedo era evidente.
Y aquí estoy, haciéndome pasar por la nueva maestra; que en realidad lo soy. Pero también soy detective; y me dedico a la investigación colaborando con la Guardia Civil.
 Si me hago amiga de la tendera y de las abuelas que saben mucho, mucho de los aldeanos y que no tienen pelos en la lengua para soltar lo tendría más fácil. Hablan, hablan y hablan…
Creo que mi estancia en Cabaña Quinta será corta…



martes, 13 de septiembre de 2016

LA MARCA DEL SILENCIO SOBRE EL OMBLIGO Ana Benítez.




            El ombligo sintió la soledad cuando el tatuador le pintó una excitante boca, con unos rojos y carnosos labios y unos dientes de anuncio de pasta dental, riendo a mansalva.

            Maravillosa, pero no la oía. ¡Horror! Se le olvidó pintarle la lengua.



martes, 14 de junio de 2016

CUESTIÓN DE ESPACIO Ana Benítez


 
Circling Birdies Graffiti Gif by Cheko
            Tenía doce años cuando leí mi primera novela. Mis lecturas se limitaban, hasta entonces, a los comics que compraba semanalmente en el kiosko de la esquina y a un solo libro de texto que compartía en el colegio. Mi inserción  en esta historia y en las que vinieron después, al sentirme protagonista, me permitió soñar, reír, llorar, viajar, fantasear… y expresar ampliamente y sin límites, con pintura, cada narración, cada poema, cada reflexión… lo que hasta ahora era mi pasión; se convirtió en mi frustración. No había sido capaz de plasmar; en un lienzo lo suficientemente extenso, mis inquietudes. Necesita espacio para expresar mucho más. Y por eso mis obras se quedaban a medias; como una novela inacabada. Nunca fue expuesta. No la entenderían. Así que dejé de pintar.
            Una noche paseando por un barrio pobre, topé con una fábrica abandonada. Entré. Miré alrededor. No había nadie. Mis ojos buscaron sus paredes diáfanas.
            Volví al día siguiente. Yo y mis pinturas. Di rienda suelta a mi sueño y manché y tizné y describí y narré con colores fosforescentes sin dejar libre un solo centímetro. Aparecieron unos indigentes, que supuse tenían la vieja fábrica por hogar. Se acercaron y creo que les gustó porque me invitaron a una cerveza.
            Esa fue mi primera exposición y mi última pintura.




lunes, 6 de junio de 2016

COÑO, SACA EL MÓVIL Y GRABA Ana Benítez.






            Era un día apacible de invierno, con mucho frío, aunque de vez en cuando salía el sol a saludar; pero rápidamente volvía a desaparecer. Me encontraba haciendo un reportaje fotográfico sobre el muelle de mi ciudad;  famoso por sus aguas tranquilas y por la cantidad de barcos que varaban por allí cuando una explosión azotó la tranquilidad del mar y arrastró a cuantos estábamos en la bahía; y también a mi cámara; que desapareció al instante. Intenté buscarla ante tanto caos. No sabía lo que había sucedido pero tenía que grabarlo. No la encontré. Pero mi instinto me habló: ¡coño!, saca el móvil y graba, graba… No puedes perder esta oportunidad de ser testigo de una tragedia en primer plano. Ya me enteraría más tarde qué era lo que había pasado.


jueves, 25 de febrero de 2016

LLUVIA DE HIPERBREVES Ana Benítez




JUGAR CON FRASES HECHAS Y REFRANES


1.      Nos vamos porque apagaron la luz

2.      A caballo regalado, un jinete ganado

3.      Juega con gatos y arañado acabas

4.      Ahógate en un vaso de agua y descubrirás los fondos marinos

5.      Al criar pelo las ranas tienen que ir a la peluquería

6.      No des el brazo a torcer porque te ganas una escayola

7.      Mejor que en blanco, es pasar la noche en rojo pasión


CAMBIO DE ROLES

1.      Los libros guardaban cientos de armarios apilados

2.      Era la hora de comer así que puse la silla y me senté en la mesa

3.      El marido mueve la colita mientras el perro le hace carantoñas


POEMAS

1                                                                                            2
Necesito tu olor                                                                  La vida es complicada
Necesito tu sonido                                                             Diferentes historias contarán tu vida
Necesito rozarte                                                                 Unas, difíciles
Mar y arena                                                                         Y otras de esperanza

3                                                                                            4
Baila con el son de las manecillas del reloj                   Lucha contra las adversidades
Y danza cuando dejen de latir                                         Busca soluciones
                                                                                              Aprende de los errores y triunfos
                                                                                              Experimenta la vida


      

jueves, 11 de febrero de 2016

EL SECRETO Ana Benítez






            El teléfono comenzó a sonar de madrugada. Seis veces sonó hasta que acerté a descolgarlo. Sin tener los ojos abiertos del todo, miré el despertador. Marcaba las 3.  Con las pulsaciones revolucionadas y voz temblorosa oí mi propia voz: ¿sí, dígame?  Diez segundos que se me hicieron eternos tardó mi interlocutor en contestar. Soy tu amigo, ¿por qué has contado nuestro secreto?. A continuación silencio. Esa voz me era conocida. Era Carlos. Mi mejor y único amigo del barrio.
            Pero no podía ser, Carlos había fallecido en aquel fatídico accidente de avión hacía ya 10 años. Un billete que compró inesperadamente porque quería desaparecer por un tiempo. No sabía que ese tiempo iba a ser sin retorno.
            Perplejo y ya más despierto, no sabía qué pensar: ¿había sido real? ¿lo había soñado?. Sentí temor pero impaciencia por si el teléfono volvía a sonar.
            Así permanecí hasta que me dormí.
            Cuando desperté, miré el reloj y las agujas seguían marcando las 3.
            Pensé en Carlos y en nuestro secreto. El sentimiento de culpa empezó a hacer mella en mí y sabía que me iba a durar mucho tiempo.





jueves, 10 de diciembre de 2015

EL JUEGO Ana Benítez.








             –¿Dónde están las presumidas de las rojas?
             –Salieron anoche y aún no se han levantado –afirmaron al unísono las verdes.
            –¡Siempre lo mismo!.
            –¿Y las amarillas?
            –Están tan comidas que se fueron al hospital.
            –¿Y las azules?
            –Se fueron a pelear con la Oca –volvieron a contestar las verdes.


            Rompí el tablero, así no hay manera de jugar una partida de Parchís.




jueves, 3 de diciembre de 2015

EL SECRETO Ana Benítez




Encendió una vela para poder leer la carta que había estado ocultando en el bolsillo de su delantal.  Había llegado la hora de sucumbir al deseo de saber quién escribía las palabras de pasión que habían hecho que su rostro se ruborizase y sus manos temblaran.   Se sentó; un vahído le inundó el alma de amargura y furia.  Leía con avidez deseando llegar al final; cada vez más cerca de conocer a su autor.  Apenas tres líneas le faltaban cuando el marido entró en la estancia.  En un rápido movimiento la guardó en el delantal sin ser descubierta.  Su marido nunca sabría que esta carta era para él.





jueves, 26 de noviembre de 2015

INSTRUCCIONES PARA CONTAR MENTIRAS. Ana Benítez.





            Para contar mentiras hay que tener una facultad esencial: la memoria. Eso es para no quedar en ridículo o en evidencia si deseamos hacer uso de la misma mentira en otra oportunidad.
            Practicar unas cuantas veces el texto para transmitir con serenidad y seguridad sin tartamudear ni que nos tiemble la voz, es esencial.
            La mirada lejos del interlocutor. Nos delataría el brillo malicioso del iris.
            Intente que su rostro no se tense para evitar contracturas. Le recomiendo que lo ejercite abriendo y cerrando la boca veinte veces y guiñando los ojos unas 200 y pico.
            Sus mejillas tenderán a sonrojarse, así que polvoréelas con maquillaje dos tonos más claros que su piel; así evitará cambios de color.
            Siguiendo estos pasos, le aseguro que su engaño tendrá éxito.

            ¿Vamos a contar mentiras, tralará…?

jueves, 19 de noviembre de 2015

LOS ABUELOS BORDAN Ana Benítez.






         Los abuelos de la isla Kopros bordan canoas en los pañales de sus nietos para que les ayuden a remar en las olas agitadas de la vida.


jueves, 24 de septiembre de 2015

EL BARRIO Ana Rosa Benítez







No quería que la vieja la palmara.  No pensé que del susto…, ya me entiende…Yo sólo quería el dinero que a ella le sobraba.  Tenía montones de billetes escondidos debajo del colchón y…¡la muy zorra se pasó los últimos años viviendo de pedir a los vecinos!

Yo lo hice por los churumbeles, para darles de comer caliente.  Yo le juro que he intentado buscar trabajo; he echado papeles en todos lados.  Yo quería progresar en la vida pero…, este barrio tiene la culpa porque hay mala gente, pocos estudios, poco dinero…Y ya sabe en lo se termina…A seguir pa´lante como sea.  Señor Juez, mi único delito es que me da miedo ser pobre…



EJERCICIOS NARRATIVOS TALLER NARRANDO CADA JUEVES

Chic@s, narrar puede ser un juego muy divertido, si logramos vencer el miedo de dejarnos llevar por la imaginación; mucho más si, al hacerlo, nos apoyamos en el sentido del humor, o en la poética propia y personal que todos poseemos.  Estos microrrelatos son una buena muestra de ello.  Gracias por ser tan receptivos con los retos a los que los lanzo cada semana.  ¡Yo disfruto tremendamente escuchándolos! 





TENGO UNOS ZAPATOS   Lali Marcelino
Tengo unos zapatos que, cada vez que salen de su hogar, chirrían, gimen, se quejan… Por todo eso, antes de que terminen en la Uvi, he decidido jubilarlos.

TENGO UNAS TIJERAS    Ana Rosa Benítez
Tengo unas tijeras que cortan tan profundamente que te sangra el alma

TENGO UNOS GUANTES   Alicia Carmen
Tengo unos guantes que hacen que pierda los estribos; son tas resbaladizos que mis amigos ya no creen en mi seriedad

TENGO UNAS TIJERAS   Roberto.es
Tengo unas tijeras que están locas porque se niegan a cortar.  Ellas dicen que han nacido para bailar y giran sobre sí mismas y se abren en espagat.  Les gusta cortar figurines y telas maravillosas por lo delicados que son sus filos.

TENGO UNOS GUANTES   Maruca Zamora
Tengo unos guantes que me sacan de apuros muchas veces.  Los tengo siempre en la cartera y, en algunas ocasiones, guardo en ellos mi móvil, en otras lo uso de monedero y, con frecuencia ocurre que cuando los necesito para el frío, no puedo usarlos porque están ocupados en otra cosa.

TENGO UNOS ZAPATOS  Esther Morales
Tengo unos zapatos que salen de fiesta en fiesta porque les encanta conocer a la gente y sus historias.  Por eso en cuanto pueden, viajan de país en país para traer  sus suelas cargadas de experiencias.  Cuando regresan a la zapatera, son la envidia de los compañeros que, sosos y aburridos, oyen sus cuentos.


TENGO UNAS MUÑECAS  Lali Marcelino

Tengo unas muñecas en el baúl de los recuerdos que estoy pensando regalar y, cada vez que lo intento, me es imposible, porque cada una de ellas, me dice que no con su mirada.

TENGO UNOS RULOS DE PELO   Roberto.es
Tengo unos rulos de pelo que prefieren enrollarse con los cables del ordenador antes que liarse con melenas


TENGO UN CARTÓN DE HUEVOS  Ana Rosa Benítez

Tengo un cartón de huevos que me persigue desde hace un año.  Yo creo que me ha confundido con la gallina que los puso


jueves, 13 de agosto de 2015

ECOS EN LA ESCALERA Ana Rosa Benítez.




– Hola Mene, soy Maruja.
–Buenos días!. ¿Ha pasado algo?. Son las 8 de la mañana.
–Vas a flipar. Ya han descubierto quién es el amante de la descarada del 4º.
–¿Quién te lo dijo?.
–Encarna, la del primero.
–¿Y cómo lo averiguó?
–Estuvo escondida en el cuarto de contadores toda la mañana, vigilando   todos los movimientos del edificio.
–¿Y conocemos al amante?.
–No te lo pierdas es vecino del edificio pero no le vio la cara. Me dijo que lo vio salir de casa de la pelandrusca y que iba disfrazado        con gorra, unas gafas y una chaqueta de cuero. Pero que entró en la vivienda del quinto piso.
–Maruja, yo soy la que vivo en el quinto. ¿Quieres decir que era mi marido?
–Entonces sería en el sexto piso.
–Pero Maruja si no hay sexto. Maruja, Maruja, ¿has cortado?.





sábado, 6 de junio de 2015

RELATO GANADOR DEL PRIMER PREMIO NARRATIVA HERTE 2015

EL CUMPLEAÑOS  de  Ana R. Benítez





     Apagó el despertador. Con apresuramiento salió de la cama.  No sé para qué pongo la alarma, si Morfeo no me quiere entre sus brazos: todos los días pensaba lo mismo.
   Desayunó un triste café mientras abría el periódico por las páginas de sucesos. Enseguida descubrió que aquel iba a ser otro día sin novedad. Ninguna noticia. Parecía que todos habían olvidado, menos ella.   Mientras el tiempo transcurría implacable, un aire melancólico la iba envolviendo; un pasar de los años que endurecía sus ojos y que surcaba su piel como papel arrugado.
    Ya no le cobraban la entrada en la sala de exposiciones. Todos se solidarizaban con su pena, hasta el punto de que,  un día que faltó a su cita porque sus fuerzas flaquearon, se preocuparon por averiguar el motivo de su ausencia. En ese momento, Lucía no se sintió tan sola.
    Todos los días, desde hacía tres años, visitaba aquella pequeña e íntima sala  que pasaba casi inadvertida, para que sus ojos examinaran de nuevo aquel paisaje primaveral. Siempre rastreaba hasta el último detalle; convencida de que, tarde o temprano, en él aparecería una pista sobre la desaparición de su hija.  Esa sala era el  lugar donde la habían visto por última vez. Su pensamiento le recordó nuevamente  lo que ese cuadro significaba para ella: “Mamá, es que me transmite tanta paz y tranquilidad, siento una inyección de energía admirando su belleza”.
    Esta vez, al tiempo que se sumergía en el cuadro, no pudo impedir que se desbocaran las lágrimas contenidas, había una razón poderosa para ello;  ese día era el cumpleaños de su hija. Entre sollozos, creyó ver en el fondo del lienzo; entre las enigmáticas flores, unos globos de colores que ascendían al sereno cielo. Fue en ese preciso momento cuando comprendió dónde estaba su hija.





martes, 24 de marzo de 2015

SE VAN A ENTERAR. Ana Rosa Benítez.





            Le dije al taxista que por favor pusiera la radio y replicó que en la radio no decían más que mentiras, que los periodistas estaban manipulados por los gobernantes de turno y daban las noticias como estos querían. Esto dicho en un tono brusco y de indignación.
            El concejal de transporte, de profesión periodista, no se atrevió a rebatirle. Mejor dejar las cosas tranquilas que el que conduce es él, me dije.
            Al llegar a un semáforo, el taxista cogió un libro de la guantera y se puso a leer unas líneas, mientras un tropel de peatones invadía el paso de cebra y un rumano intentó, pero no consiguió, limpiarle el parabrisas. Le oí murmurando improperios apenas perceptibles. Ensimismado estaba en la lectura, cuando el color verde del semáforo le sorprendió y el acelerón que pegó hizo que mis lumbares se resintieran, al mismo tiempo que  él lanzó el libro en el asiento del copiloto.
            Sentí una curiosidad inesperada por saber lo que  leía y con un movimiento lento como si estuviera cometiendo un delito, me acerqué. Las palabras del título se veían claras. Apareció una sonrisa en mis labios que no pude reprimir. “SE VAN A ENTERAR ESTOS TAXISTAS”.