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martes, 6 de marzo de 2018

¿QUÉ ES POESÍA? María Elena Padrón Morales




Mi madre me dijo que mi padre la enamoró con poesía.  Claro, es difícil que lo entiendas.  Allí, en esos terrenos áridos de dónde vienes, eso no existe.  Ya te digo que entre ellos hay pasión, hay planes, hay manos entrelazadas.  Hay miradas que solo ellos entienden.
Tú me miras desde tus pegajosos ojos amarillos con asombro.  Ellos se miran con flores, con las galletas dulces de mamá, con las manzanas verdes que papá le lleva a la cama.
 Es como si el mar se encontrara de frente con la tierra cálida de un desierto, es un jardín lleno de flores, una montaña rojiza de tantas amapolas.  Y miradas.  Eso es poesía.  Es sentir el aire, es sentir el mar, es ver más allá de los que otros no alcanzan.  Mi madre me lo dice y yo, le creo.





jueves, 22 de febrero de 2018

TORMENTA María Elena Padrón





                A ver… Debes estar preguntándote qué hago aquí hablándote entre rejas.  Pues yo, hablar y tú escuchar, por lo que me han dicho mis carceleros.  Yo no quería matarla, pero lo hice y tengo aquí toda la vida para arrepentirme.  Esa será mi tormenta.  Tú, en cambio, vienes de otro mundo y claro, eso allí no lo entienden.  Cuando la maté, caía sobre ambos una fuerte; sí, eso, una tormenta.  No me mires así, supongo que no sabes lo que es.  Intentaré explicarte.  Tormenta es cuando el cielo  rompe con fuerza a llorar y el agua nos empapa sin piedad.  Es fuerte, poderosa, aturde los oídos y el alma.  Mi alma atormentada de culpa.  Caos de cosas, de nervios, de rayos que iluminan.  A mí, de dolor, a ti esos brillantes ojos saltones y amarillos de extraterreste con los que me miras sin entenderme…




jueves, 8 de febrero de 2018

¿A QUÉ LIBRO TE IRÍAS A VIVIR? María Elena Padrón




Ante aquella pregunta formulada por su hijo adolescente, la mujer pidió tiempo para meditar la respuesta.  Outlander no era una buena opción porque transcurría en época de bárbaros y guerreros.  Tal vez la hermosa ribeira sacra de Todo esto le daré de Dolores Redondo o ese Tiempo entre costuras, por estar tan bien ambientado. ¡Ya lo tenía!.  Sin ápice de duda, la mujer se llenó de brillo en los ojos y dijo:
         –Las haciendas cafetaleras de Palmeras en la Nieve sería un lugar mágico e idílico para vivir.




miércoles, 31 de enero de 2018

GRIETAS María Elena Padrón

                                 

    El corazón se me disparó sin previo aviso. Aquel sonido, como de cristales rotos en mitad de la noche, puso a mis sentidos en alerta sin saber si quedarme sin respirar apenas o correr en busca de ayuda. Algo pasaba entre las paredes de mi casa. Esperé y el ruido constante de un crujir pequeño estaba allí en pasillos oscuros y camas vacías.
    Pasaron por mi cabeza escenas de rescates a deshoras. Lágrimas y escombros por revolver.  Temblando. Sería eso lo que le pasaba al mundo y yo, dormida, intentando olvidar.
  Cuando llegué al pasillo, lo vi. Grietas por todo el suelo, montañas      abultadas de azulejos que habían cobrado vida sin permiso.
   Caos, derrumbes, polvo, gritos, soledad. Suelo levantado. Grietas por donde escaparía polvo hacia mis libros, polvo a mis horas, polvo a mis recuerdos.
  Curioso pensar que las grietas del alma; calladas, espesas,  que luchan navegando entre tristezas, habían escupido por fin para hacerse visibles.
Grietas para gritar, para maldecir por lo que pudo haber sido y no fue.
Ahora me encaja todo.
No grité lo suficiente. No he llorado lo bastante, no he escupido mi rabia. Me he secado en grietas internas que me apuñalan y mis paredes escucharon, escucharon mis noches y escupieron lozas rasgadas en mitad de la noche.
Grietas abiertas que respiran sin consuelo.
En mi piso, en mis pasillos vacos, en mi alma.




lunes, 8 de enero de 2018

APRENDIENDO CADA DÍA María Elena Padrón Morales


Y de repente, lo veo claro.
Han  pasado ya mis años de niña buena; también aquellos  otros de adolescente
tímida, apocada.
Ahora, después de cabalgar a lomos de bestias hirientes, me desnudo de
ideas absurdas que sólo me atenazan.
Ahora escribo, no por saber, más bien para aprender. Cuando leo a grandes
escritoras, me meto en su piel y en sus líneas, a ver si, con suerte, algo me
salpica.
Y conozco con ellas el goce de poner en papel la ternura de una mirada y el
dolor de una despedida, una tormenta en el mar y unos caballos
relinchando.
Así, cada día; amasando vivencias y desmigajando sueños y aventuras por
llegar. Con un lápiz, con un papel. Y con cualquier escenario de fondo.