martes, 1 de octubre de 2013

EL OLVIDO de Maruca Morales





Carmen salió una tarde a disfrutar de un helado junto a una amiga.  Ya en camino, de pronto, se acordó de algo, tenía que regresar corriendo a la casa pues había dejado la cocina prendida.  Corría peligro de incendiarse el edificio y así se lo comentó a su amiga.  Vamos rápido, le contestó ésta, el helado lo dejamos para otro día.
Cuando Carmen llegó a la casa, lo que vio le hizo pensar que se estaba volviendo loca.  La amiga la tranquilizó diciéndole que esos lapsus le ocurren a cualquiera y que no era cuestión de salir corriendo para visitar a un psiquiatra. 

Había dejado la cocina perfectamente apagada y no había ocurrido nada.



EL RECORRIDO de Carmiña Gohe



Carlota, elegante, rubia y con ojos azul claro,  salió de casa como hacía a diario.  Abrió la puerta y Ringo, su perro fiel, se puso a su lado.  Caminaron y al llegar a la parada, ella puso atención a los ruidos del tráfico.  Pasaron tres autobuses y cuando uno de ellos paró y el chofer grito línea 82, hacia Morillo y Carvajal, Ringo tiró de la correa.  Subieron y Carlota se sentó; el perro a su lado.

Carlota iba a trabajar a un centro de niños disminuidos.  De regreso a su casa, la misma operación.  Ya fuera del autobús y en el trayecto a casa, al pasar por la panadería, pensó que debía comprar pan y buñuelos.  El olor era fuerte pero muy bueno.  A unos treinta pasos, comenzó a llegar hasta ella el aroma de las rosas que tenía plantadas en su pequeño jardín.  Ringo subió los escalones que los separaban de la puerta.  Carlota pasó la mano por los números y comprobó que era el 225.  Estaban en casa.  Abrió la puerta y entró enseguida, seguida de Ringo.  Al día siguiente harían lo mismo.




ONCE LÍNEAS de Maruca Zamora




Iban a todas las partes del mundo y yo no sabía hacía donde me tenía que dirigir, si tendría que hacer enlaces con otros vuelos.  Pensar en cómo mover aquellas maletas tan pesadas me producía fatiga.  Al final, decidí hacer como los demás; tratar de salir de aquel infierno de gente, maletas, prisas e interminables filas.  De todas formas, en el momento del embarque, me equivoqué y en vez de el de Tenerife, cogí un vuelo a Teruel, se ve que no miré sino la primera letra y entré sin más al avión sin que nadie se percatara de mi equivocación.  Cuando la azafata habló, comprendí mi error pero ya ni modo,tenía que continuar el viaje y devolverme en el siguiente vuelo que encontrara. Logré llegar a mi destino: Tenerife y las once líneas impuestas para este relato.



LA PELÍCULA de Eva Mª Sacramento Delgado




Yo tenía alrededor de diez años cuando vi una película antigua que llamó mucho mi atención, sobre todo porque en ella aparecía un niño más o menos de mi edad, con un maravillosos ojos azules, ¡tan intensos y brillantes!.  Estaba escondido detrás de una columna, viendo como los romanos acababan con todo.
Hoy en día, ya adulta, sé las razones por las cuales esta película me cautivó.  Primero, porque mi color favorito es el azul.  Segundo, cada vez que veo a una persona, chico o chica, lo primero en que me fijo en su mirada y tercero, ahora entiendo porque me puedo quedar horas contemplando el azul del mar; no sólo por la belleza de la naturaleza sino también porque me recuerda a los ojos más bonitos y penetrantes que he visto en toda mi vida.
La película se llama Jesús de Nazareth, de Franco Zeffirelli y sigo viéndola cada año por Semana Santa, sin excepción.  No quiero saber cómo se llama el actor ni cuantas películas ha hecho.

Si la gente me preguntara que rostro o que mirada le pondrías a Jesús, diría que es esa, la de aquel niño tras la columna de la película.



jueves, 26 de septiembre de 2013

TENGO QUE CONFESARTE ALGO de Ana R. Benítez






Te encontré una tarde y en cuanto te vi, supe que íbamos a pasar mucho tiempo unidos.  Desde que dormimos juntos, mi vida es más sosegada; hasta las pesadillas que me despertaban, sobresaltado y agitado, han desaparecido.
La suavidad con la que rozas mi cabeza, mi cuello… hace que los pensamientos negativos se conviertan sólo en eso, pensamientos sin adjetivos.
Tu olor a limpio, tu moldeable figura vestida con colores pastel, tu capacidad de saber escuchar sin interrumpir, hace que te confiese cada noche mis sueños, mis anhelos y mis miedos.

Espero que esta armonía dura una eternidad, querida almohada.



TENGO QUE CONFESARTE ALGO de Alicia Carmen



Perdona mi atrevimiento, pero tengo que confesarte algo:
¡Tu sonrisa es maravillosa!.  A pesar de mis doce años, se apreciarla muy bien.  Cuando abro la puerta en las mañanas para ir al colegio, algo me dice que te encontraré allí en la acera de enfrente, esperando para sonreírme.  Tú con tus libros en la mano, yo con los míos.  Tú al colegio de curas, yo al de monjas.
Quizá, en todo el día no nos volvamos a ver, pero tengo la certeza de que al día siguiente yo abriré la puerta esperanzada y tú estarás allí con tu hermosa sonrisa.
A mi edad. ¡qué más puedo pedirle a la vida!

Simplemente debo confesarte que… ¡me haces muy feliz!



MÚSICA EN EL ALMA de Carmen Garcés



-¡Qué día tan hermoso amaneció hoy! –pensó Lucía.
Saló al balcón y el sol iluminó su rostro calentándolo con sus primeros rayos, mientras el aire fresco de la mañana traía el aroma del mar.  Estaba cerca y casi podía percibir como rompía contra las rocas formando una espuma blanca. 
En la calle, los coches pasaban incesantemente y la gente, presurosa, se dirigía a sus tareas diarias.  Niños que, conversando, caminaban alegremente rumbo a la escuela, señoras con las cesta de la compra…
Fue entonces, cuando Lucía vio bajo su balcón una pareja que la enterneció, porque aún sin llegar a escuchar lo que se decían, pudo adivinar sus palabras, sólo con ver en sus rostros, el amor con el que se miraban.  Aspiró profundamente y se dirigió al salón.
Allí abrió las ventanas de par en par para dejar completamente iluminada la estancia.  En un rincón, había un viejo tocadiscos con dos altavoces, colocados en  el suelo.  La noche anterior, Lucía había colocado en él su disco favorito, así que lo encendió y se aseguró de tener bajo el volumen, no fuera que los vecinos fueran a protestar.
La música rítmica y alegre que Lucía conocía tan bien comenzó a inundar todo su cuerpo, subió con fuerza a través de sus pies descalzos sobre el suelo de madera de la estancia, para hacer vibrar cada fibra de su ser.  Ella, que siempre había sido muy buena bailarina, se dejó llevar por los impulsos y comenzó a bailar y a cantar aquella melodía que se sabía de memoria.  Hacía tiempo que la conocía y siempre la transportaba a un mundo de ilusiones y fantasías que llenaba su corazón de alegría.
De pronto, una luz roja comenzó a parpadear para devolverla a la realidad.  Era esa lámpara que, colocada estratégicamente sobre la puerta de la cocina, le recordaba aquel suceso que cambió su vida para siempre.  Era la luz que le decía que llamaban a la puerta. 
Sí, porque Lucía había perdido la audición por completo hacía ya siete años, a causa de una enfermedad, pero la música y el baile los guardaba en la mente y en el corazón y eso, la sordera no pudo arrebatárselo.



ROCOCÓ de Carmiña Gohe




El armario estaba ya cansado de llevar dentro toda la historia del vestuario, olvidado allí desde hacía ya mucho tiempo.  Por eso, pensó que tendría que salir para lucirse por las calles.  Hablaron aquel vetusto armario y aquel antiguo vestuario y llegaron a un acuerdo: juntos contarían las dormidas historias de Chippendale  Rococó  y su Gótico oscuro con aire oriental.


LA CAPILLA SIXTINA de Esther Morales



Tengo un amigo al que admiro muchísimo.
Un día entró en la peluquería, que por cierto estaba llena de clientes, y nada más verlo, le pregunté que se iba a hacer, si se pensaba cortar el pelo.  Me respondió que sí. Entonces le dije:
 –Jorge, como yo tengo mucha gente esperándome, ¿a ti te importa que te atienda mi compañera para que salgas con más rapidez?
-No, prefiero esperarte, que yo me veo muy bien cuando tu me lo cortas.  Además, como te veo hoy muy serena y relajada, quiero proponerte un negocio, un trato.  Que vendas entradas para una cena que estamos organizando para recaudar fondos para un viaje a Roma.  Yo tengo mucha ilusión por ir a ver la Capilla Sixtina.  Mi mujer no tiene ganas, algo que yo no comparto.  No entiendo como una persona puede no tener ilusión de ver la Capilla Sixtina.

Cuando escuché aquello, mi admiración por él creció aún más y será siempre eterna.  Él, seguro que como invidente que es, verá cosas que otros no podemos ni imaginar.




NO LO SÉ, ¡LO CONFIESO! de Juani Hernández



En las primeras clases de este taller de narrativa, después de saludarnos cariñosamente profesora y alumnas, todas coincidimos en lo mucho que nos habíamos extrañado y el bien que estas extraordinarias clases nos proporcionan.
Nuestra profe, Isabel, como siempre tratando de sacar lo mejor de nosotras, nos invitó a preparar un trabajo para el desarrollo de nuestro ingenio y creatividad, en el que la voz narrativa contará a través de la ausencia de uno de estos tres sentidos:  vista, oído u olfato.
¿Cuál descartaría?.  Yo pensé: ¿cómo relatar la grandeza de un acantilado, o describir el paisaje, o un horizonte azul, el cielo y las nubes? ¿cómo narrar el sonido del batir de las olas rompiendo contra las rocas, o percibir el olor del musgo o el salitre en el aire?

¿Qué sentido eliminar? ¡No lo sé hacer, lo confieso!.  Relatar este magnífico espectáculo de la naturaleza, regalo para los sentidos, prescindiendo de alguno de ellos…, ¡no lo sé hacer!.