jueves, 22 de febrero de 2018

¿YO? Lilia Martín Abreu







Lo que hay que ver, el facha de mi cuñado, tuvo la osadía de llamarme fanfarrón. Sí, fanfarrón, fanfarrón a mí, ¿pueden creer?, casi le parto la jeta al muy cabrito, pero eso es la envidia que me tiene, porque él toda la vida estudiando y lo único que tiene son títulos universitarios, que no le sirven para nada, en cambio los míos son de propiedad, que tengo tanto dinero que, ni quemándolo, termino con él... Fanfarrón, yo, dice…  ¿yo?


QUÉ TE CREES Juan Roberto Núñez





Qué te crees, ¿qué yo voy a estar yendo por ti al trabajo a buscarte? ¿Para qué tienes los pies? No estaría mal que antes de irte, dejaras la comida pronta, así no tengo que esperar a que vuelvas, las mujeres cada vez están más finas, que la uñas, que el pelo, el ¿qué me pongo?.  Aún no se dan cuenta de que vinieron al mundo para que nos sirvan y después dicen que no podemos estar sin ellas. No quieren ver que nos deben su existencia, ya decía mi padre y mi abuelo, que sólo sirven para tener hijos y tú tienes suerte de parir, porque si no, ya estabas fuera de esta casa, ahora encima me pides permiso para ir de café con amigas, vaya fulanas, con la salud que tienes me tildan de machista, esta vez ve, así no me dan tanta caña, pero antes déjame el baño pronto y báñate cuando regreses, así lo dejas limpio, en esta casa tengo que estar en todo, por algo están los hombres.




MIS PASOS Juan Carlos Chávez






                                                                                                                                                   
     Esas negras nubes que planean en el cielo, avivan mi percepción de caerme
en un ahondado sufrimiento. El paisaje descuartizado que se presenta ante
mí, me lleva a vislumbrar pasos ciegos encaminados a una agonía latente, que
intuyo, no dejará de callar en su insistencia hasta arrastrarme hacia el quemar 
definitivo de mis palpitaciones. El aire, que mi olfato se resiste  inhalar, circula
contaminado de pesadillas dispuestas a plasmarse en mi realidad. El mar, por su
parte, muestra su agresividad al golpear mis esperanzas hasta dejarlas sin
aliento.
     Ante este panorama desolador, caigo desplomado; mi cuerpo ya débil
 no resiste. Mi respiración se vuelve lenta, mis latidos se desaceleran, el sudor
 se manifiesta a borbotones como si de sangre se tratara. Un dolor que parte de
 mi estómago llega hasta mi tráquea, obstruyéndola: aghh…

     -¡Miau! ¡Qué trágico! -exclamó el autor- Menos mal que desde que participo
en el taller de narrativa, mi inspiración ya no viene tan cargada de tragedia.
     

EN UN PAÍS SIN ORTOGRAFÍA Lilia Martín Abreu




Se deshojaban los últimos días de otoño y Marga buscaba afanada las palabras ante tanta belleza, pero solo vio como caían las hojas, dejando su libreta desnuda.
Ella, en el banco, trabajaba ilusionada, tratando de hallar la inspiración en un rincón apartado de esa bucólica plaza, cuando un ratón la distrajo y fue en ese momento cuando observó que un coche circulaba con una vaca en el techo y varios monos naranja con cascos, sujetando una bomba.
En sus labios se dibujó una sonrisa pícara, mientras metía la mano en su mochila y con destreza sacó el ratón, lo deslizó sobre su muslo entretanto escribía en el teclado, no es lo mismo tener un traje negro, que verse negro para tenerlo.




DESDE UNA EMOCIÓN Alicia Carmen





No, por favor, no intentes apoderarte de mí.  Haría lo que fuera por no sentirte, apártate.  No quiero que por tu culpa se me pongan los ojos rojos, los dientes apretados y esa dolorosa contracción en la mandíbula.  Por eso, prefiero apagar la televisión, no encender el internet y mucho menos que me hablen por Skype.  Mis manos están sudorosas y frías y ya están empezando a temblar.  Siento demasiada ira.



TORMENTA María Elena Padrón





                A ver… Debes estar preguntándote qué hago aquí hablándote entre rejas.  Pues yo, hablar y tú escuchar, por lo que me han dicho mis carceleros.  Yo no quería matarla, pero lo hice y tengo aquí toda la vida para arrepentirme.  Esa será mi tormenta.  Tú, en cambio, vienes de otro mundo y claro, eso allí no lo entienden.  Cuando la maté, caía sobre ambos una fuerte; sí, eso, una tormenta.  No me mires así, supongo que no sabes lo que es.  Intentaré explicarte.  Tormenta es cuando el cielo  rompe con fuerza a llorar y el agua nos empapa sin piedad.  Es fuerte, poderosa, aturde los oídos y el alma.  Mi alma atormentada de culpa.  Caos de cosas, de nervios, de rayos que iluminan.  A mí, de dolor, a ti esos brillantes ojos saltones y amarillos de extraterreste con los que me miras sin entenderme…




EL EMIGRANTE Maruca Zamora



           





            Hoy soy alto y majestuoso; los años no me han vencido y eso que tengo 108 años.  Ha habido épocas en que he decaído un poco, pero cuando llega el invierno, la lluvia y el fresquito de la mañana, vuelvo a ser yo.
            Les cuento que fui el primer emigrante de mi especie que vino a este país, junto a otra compañera igualmente desconocida.  Pasamos por aduana, escondidos en una maleta.  Éramos muy pequeños.  En este país crecí siendo el único.  La gente me venía a ver porque no conocían otro igual.
            Mi compañera se extendió en la zona; quizá porque sus frutos rojo oscuros llamaban la atención: hoy se conoce como ciruela japonesa .  Sin embargo, nadie veía mi fruto, porque era del mismo color verde de mis hojas.  Así que no me extendí, me quedé allí al lado de mi amo que estaba siempre pendiente de mí, me cuidaba con esmero.  Florecí y di fruto por primera vez un bonito día.
            Mi dueño, gran amante de la naturaleza, me mostraba a sus amigos y les contaba de qué país me había traído.  Solía decir que yo era un emigrante, igual que él.  Y aquí estoy, a pesar del tiempo transcurrido, deleitando año tras año con mis dulces chirimoyas, gracias a mi amigo Rudecindo.
             Gracias, amigo, por haberme traído a esta isla tan maravillosa que me recuerda a la mía,  esta isla donde veo salir el sol cada mañana.


lunes, 12 de febrero de 2018

EL BEBÉ DE LOS PRIETO Juan Carlos Chávez


                                         



     -¡Ya está otra vez llorando el puñetero bebé de los Prietos! Todas las noches lo mismo.  Pepe, el compañero de trabajo, me dice que me ponga unos tapones en los oídos, pero ¿no se da cuenta ese tarado que si lo hiciera, no oiría el puto despertador por la mañana? Ayer, por fin, le puse cara a ese perturbador de sueños cuando lo vi en el carrito con su madre en el supermercado. Ese niño acaparó la atención de todos los que pasaban por allí. Que si era mono, que si se lo comerían; pues a ver si se lo comen de verdad y puedo por fin pegar ojo. ¡Que ya está bien! Y la culpa es de la madre, que no sabe acurrucarlo. Las de antes sí que sabían. La mía, por ejemplo, no sé cómo se las arreglaba, pero a mi hermana nunca se la sintió llorar por las noches.
     Desquiciado por ese lloro insistente que ya le causaba cefalea, se levanta de la cama.
         -¡Ya no aguanto más! ¡Esa madre me va a oír -Se asoma a la ventana del patio interior, y se encuentra en la cornisa de la azotea un gato maullando.  



viernes, 9 de febrero de 2018

GRIETAS Génesis Dávila Padrón





La primera grieta se abrió  en mí hace ya algunos años. Esta grieta tiene nombre propio aunque prefiero no nombrarlo; el anonimato siempre le ha ido bien.
La segunda la abrí yo hace seis años, el día en que decidí dejar a mi familia, a mis amigos, mi casa e irme afuera; necesitaba descubrir nuevos mundos, vivir aventuras, salir de la rutina en la que estaba inmersa.  No me arrepiento de haberlo hecho porque gracias a ello, he experimentado y he vivido cosas que hubiera sido imposible vivir de haberme quedado.
He pasado momentos difíciles y duros que he superado con pura fuerza bruta, pero cierto es que lo peor ha sido enfrentar la soledad; esa es una grieta bastante difícil de cerrar aunque intente taparla, al cabo del tiempo vuelve a abrirse.
¿Grietas?.  A veces me siento como una montaña impetuosa y grande, con una visión esplendida de todo lo que se alza ante mí; una montaña que parece indestructible.  Pero luego, un día llueve mucho y el peso de las gotas caen sobre la falda y ahí, justo en ese momento, nuevas grietas se abren dejando al descubierto la piel a sangre viva, pidiendo una cura que nadie, excepto yo, puede darme.
Ahora, en este presente en el que vivo, hay una grieta grande, muy grande.  Llevo meses tratando de cerrarla, pero aquí sigue y cada día toma más relevancia.  Y si por unos días me alejo sin ocuparme de ella, viene y me saluda para que no la olvide.  Y no lo hago, créanme.  Es que antes de ser grieta era fuego, un fuego que me daba vida.  Pero, por ahora, seguirá siendo una grieta que se alimenta del recuerdo y que espero, pronto, se convierta en olvido, para que se cierre por siempre, para poder pasar página, y que con el paso del tiempo, otra grieta nueva ocupe su lugar.

MUJERES EN FLOR Virginia Sánchez



Fue aquella mujer la que desveló el secreto.
Fueron sus sordos murmullos los que despeinaron al viento.
Una tormenta rodó por su mente y, en forma de estrellas,
saltó rumbo al cielo.

Nunca nadie había escuchado tan bellas palabras.
Nunca nadie antes había soñado de aquella manera.
Fue la mujer que habló con el bosque,
plantó semillas en el fondo del mar
y abrió lazos en el cielo.

Los árboles cicatrizaron sus heridas.
Las hojas muertas recuperaron su brillo.
Y tan sólo una mirada bastó para arrebatarle la furia al desdén.
Fueron sólo unas palabras las que hicieron brotar
una realidad llena de misterio e ilusión.
Un mundo de locas emociones divergentes
que caminan, flotan y revolotean entre las flores.
Son esas efímeras imágenes que no se ven, pero se sienten.

Ahora, esa mujer está dentro de todas las plantas
que con fuerza brotan alto y hermosas.
Plantas que nutren de vida a la tierra.
Plantas que son Mujeres en Flor.