jueves, 18 de febrero de 2016

LA MÁSCARA Lali Marcelino





-¿Realmente crees que llevo máscara?
-Totalmente. Claro que lo creo.  Es más, llevas una máscara cada día.  Es muy difícil no llevarla, a mí me cuesta mucho salir sin ella.

Esta conversación se desarrollaba en el descansillo de sus viviendas.  Eran amigos de la infancia y además coincidieron en aquel edificio.  Comenzaron charlando, después de salir del ascensor y con las bolsas de la compra en sus manos, sobre la forma de vivir de cada cual.

-Hay muchos vecinos en este edificio que se meten en la vida de los demás, pero como de todo tiene que haber, ese es el motivo por el que todos y creo no equivocarme, todos llevamos una máscara cada día –decía Daniel, el más joven.

-Gracias a mis variadas máscaras, empatizo con todas y cada una de las personas con las que me cruzo a diario, es una forma de entender a los demás –aclaró José.

-Disculpa, eso se llama hipocresía.

Al cabo de unas semanas, Daniel se preguntaba dónde estaría José y le preguntó a uno de sus vecinos.

-¿No te has enterado?  Se fue al pueblo, a su lugar de nacimiento…, a morir.  Hace un par de años que sufría una enfermedad incurable.



LOS OBJETOS QUE DUERMEN* Roberto.es



         Llegamos de madrugada.  Las sombras, únicos testigos de nuestro regreso, nos observan, como alcahuetes, para gritarle nuestra llegada al amanecer.
         El caserón, en lo alto del pueblo, aparece vigilante, como encantado, cual viejo socarrón que, sentado en su colina, espera la vuelta de su estirpe.  Varias generaciones han sido amamantadas bajo sus recios techos, entre sus acogedores rincones, protegidas por firmes paredes cómplices de secretos inconfesables.  La mansión se despereza haciendo crujir sus anquilosadas vigas, para arroparnos en la fría noche con el calor de la omnipresente chimenea que nos arrulla con el crepitar de sus llamas.  Los muebles, durmientes, abren ahora sus puertas y cajones para mostrarnos lo que durante años han guardado con celo; antiguas vajillas, protagonistas de importantes acontecimientos familiares, vuelven a alimentarnos.  Cartas sepias, escondidas en gavetas, nos hablan de otros tiempos contando, tal vez, historias de amor no correspondido y ardientes pasiones en la clandestinidad.

         La vieja casa nos abre sus puertas como fuertes brazos que nos atraen hacia su interior: vientre caldeado que nos guarece para protegernos como mater amatísima  de los peligros de extramuros.  Ella es nuestro verdadero hogar…la creíamos muerta cuando, solamente dormía…


*Título tomado prestado de versos de José Hierro



INVIERNO PARA BEBERLO* Juan Roberto Núñez



No todas las noches son frías y no todos los días son cálidos.  Aquella noche cuya madrugada fue escarchada, dos cuerpos la tornaron, a la luz de la luna, en noche de fuego, sin medir el tiempo.  Aquel primer miedo, se transformó en la deseada pasión.  Se dejaron llevar por la brisa de aquel aliento sinuoso, por el campanear de corazones, por los ecos de movimientos sin fin.  De ese modo, navegaron juntos como palomas al viento, como libres adolescentes que ya dejaban de serlo.  Momentos aquellos en los que el corazón te lleva de la mano y las consecuencias no se miden porque el alma es tan grande que no te deja ver…

Aquel fue el único invierno para beber de aquella fuente virgen, porque aunque hubiera querido ser un sueño, no hubo más remedio que aceptar la realidad.  Al asomar el sol, sus manos  y sus máscaras cayeron y allí se vio cuál de ellas tendrían por siempre marcadas, como lágrimas por no volver a corresponder en ninguna estación de la vida.  Para uno de ellos sólo había sido una aventura más, de las marcas que quedan en el corazón para otros; ya que es la suma y no la resta la que madura a la experiencia.


*Título que se tomó prestado de poema de Vicente Huidobro

ENTERRAR Y CALLAR* Alicia Carmen




Antonio despertó abruptamente: era el estallido de otra bomba.  El resplandor lo obligó a cerrar los ojos e de inmediato pensó, ¿dónde habrá sido esta vez?.  Quizá en el pueblo de al lado donde vive la chica que tanto me gusta, o tal vez en el campo deportivo donde voy a jugar al fútbol los domingos con mis amigos.  ¿Estará herido algún familiar o conocido? Qué guerra atroz.
Al abrir nuevamente los ojos, repara en los bultos amontonados en la esquina del dormitorio.  Pronto todos se irán, ya no pueden soportarlo o terminarán enfermándose por culpa de la escasez o de la tristeza.  Una mano flaca y fría lo toma del brazo y le hace señas para que calle; es su abuelo.

-Vamos, Antonio, acompáñame. 
El chico todavía adormilado le pregunta a dónde.
-A buscar una pala.
-¿Para qué?
-Te lo diré por el camino.

Al llegar a la tapia externa del cementerio, se paran.
-¿Ves este árbol centenario? Pues cava allí bien profundo.  Ya sabes que no puedo acompañarlos, pero en ese hueco depositarás esto –dice sacando un envoltorio de debajo de su cazadora
-Date prisa, que ya está amaneciendo y pronto te irás.
-¿Qué es? –pregunta Antonio.

-Míralo bien y no lo olvides.  Son fotos familiares y también el camafeo que le regalé a tu abuela cuando nos casamos, me hebilla de plata, el anillo de compromiso y algún dinero en monedas que he podido reunir.  Tú eres mi heredero, poco te dejo, es la verdad, pero es lo único que tengo.  Lo más valioso que te puedo ofrecer es mi bendición y el ferviente deseo de que donde quiera que vayas puedas disfrutar de tu juventud sin guerras ni violencia, que tengas derecho a reír y a jugar y a hacer travesuras propias de tu edad.  Así es que, mientras tanto, tapa bien ese hoyo y recuerda su ubicación para que cuando seas mayor, regreses y recuperes tu identidad.  Eso sí, a partir de este momento te va a tocar, callar…


*Título tomado prestado a poema de Otero Silva

JUEGOS DE TRONOS Lilia Martín Abreu


         Frente al tablero se encontraban los cuatro participantes, el más  popular  jugaba con el color azul,  era el   más aventajado en el juego,  por estar   baqueteado  en la materia. El participante  del   color  rojo  era   elegante y sociable.  Un  integrante  muy  moderno eligió  el color  morado   y el color  naranja lo  abanderaba  el  chico  guapo que llegó de  la ciudad. 
         Avanzaba el juego...  El azul estaba delante,  pero cayó  en la casilla de  la corrupción y le explotó la  pólvora  en  pleno juego,  fue  tan grande  la  mascletá  que  ni santa Rita lo  pudo ayudar,   ya que  ella  también  ardía  dentro del  polvorín.   Eso se convirtió  en una pesadilla para el pobre color azul,   que retrocedió  varias casillas y le tocó  esperar  a que jugasen  los demás  contrincantes,  que  le podían  ganar la partida.
         Le tocaba el turno al  color  rojo, mucha elegancia y saber  estar,   pero poca fuerza  y poder,    necesitaba aliados que le ayudasen a mover las  fichas.   Él  trataba  de  aunar fuerzas,  labrando   pactos con  los  compañeros de  juego,  para ver si así  podía obtener  el triunfo.  El  color  morado,  muy  optimista, le dijo, sí  podemos,  con  diversidad  se  juega  mejor,  si tú me das  las  mejores  casillas, haremos  un partido de  progreso y  ganaremos  los  dos.  El  color  naranja  le argumentó que  quizás le podía ayudar,  pero  también  tenían   que  pactar  acuerdos, a lo que el  azul  le  replicó rotundamente,  que si sabía contar, que con él   que  no  contase,  y  ahí estaba,  entrando y saliendo de la casilla del rey pero no avanzaba  en  el  juego.
         Le llegó el turno al color  morado  y salió como un bólido,   y en una casilla perdió  un  monedero, pero eso no  lo amilanó  y  siguió avanzando,  entró en la casilla del rey y salió con cuatro carteras  y de color  morado  de tanto poder,  quedó indigestado  por un  buen  rato,  y dejó de avanzar.
         Movió  ficha el color naranja, paseó  por  la derecha,  retrocedió  por  la izquierda  y tampoco consiguió  nada,  él  sabía  de sobra que no tenía  posibilidades  de  ganar,  y decidió ser  amigo de  todos,   y  apoyar  al  ganador  y  así  impulsar el  juego,  pero eso se convirtió  en  una  telenovela,  tanto en el tiempo, como   en  la  trama:  Jugar en  tiempos  revueltos.
         A  todas  estas,   en  ese  juego la  más perjudicada  era  la Reina, que  se  encontraba  agotada  después de limpiar  el   austero  salón  de  su  casilla,  para  que  su  amante esposo, el  Rey,  diera el mensaje de navidad. Sin  aún  reponerse  de  tal esfuerzo,    los  participantes  entraban  y salían  de la  casilla  del  Rey,  como  San  Juan  por  su  casa,  pisando  lo  fregado y pidiendo  café,  que  ella como buena  anfitriona  les brindaba,  el  cansancio  era  superior  a  sus  fuerzas  y  le replicaba  a su  marido el Rey,  que no  podía  más,   esto  en vez de juego de tronos,  se ha convertido en  la  Historia  interminable



viernes, 12 de febrero de 2016

SONIDOS Juan Roberto Núñez.






            Y sonó, sonó, sonó hasta que aquella penumbra de sueño se transformó en luz de día; un día extraño con sol de luna. Aquella voz que me esperaba parecía lejana…; es que ya no estaba.
            En este barrio a veces pasan cosas extrañas. Ese sonido a aquella hora no era buena cala, pero la voz que llamaba siempre supo mantenerme en calma. Sin saber en qué momento, atendí a su llamada sin saber también si de pie estaba… Sólo en susurros, secretos de un billete hablaba y a ruidos de campana me di cuenta que aun dormido estaba.

            Al recibir el nuevo amanecer, mirándome al espejo me encontraba, tratando de descifrar aquel mensaje que de esa forma llegaba.


jueves, 11 de febrero de 2016

INCONGRUENCIAS. Juani Hernández.




            Ring ring; ¡El teléfono!
         ¿Diga?...¿Perdón, de qué se trata la entrevista? ¡Ah! Muy interesante; El premio un billete…que ilusión!
         ¡Sí! Estoy preparada cuando quiera…
-Pues mi opinión es que la poesía está relacionada con la realidad en todos sus aspectos, es la base de la poesía…llevada a lo sublime.
-Qué es lo real y qué es lo ilusorio? Pues… para unos pocos soñadores que huyen de la vulgaridad y del racionalismo de un mundo al que no le gusta esforzarse más allá de la simplicidad de unos pocos momentos de gloria, renegando así de lo hermoso, lo bello en esencia, para no sentir así su propia desidia, su propio fracaso, es más su falta de creatividad.
¡Ah! Las respuestas más cortas; de acuerdo.
La mujer hablaba…hablaba ocultando así el muro de hormigón armado en lo que había convertido su vida en aquel “barrio” detestable. Continuó respondiendo a las preguntas de su entrevistador; ilusionado, ese sería un secreto más…
         ¡Sí! Indiscutiblemente! Sólo lo real es la base de la poesía…¿Claro, claro! Trascendida a lo sublime.
         ¡Puede repetir la pregunta por favor!
         ¿Un ejemplo?
         El cuadro del artista-pintor G. Klimt pintado en el 1902 titulado El Bosco. Para asombro del mundo entero. Inspirado en el final de la Opera Friso de Beethoven, el cual se inspiró en los versos del poeta Schiller, simbolizando Al Edén. El reino de lo idílico donde podemos encontrar la pura felicidad, el puro amor.
         ¡Perdone…perdone! Es que no puedo evitarlo, no siempre puede uno expresarse abiertamente.
         En fin entonces espero su llamada.
         ¡Ojalá! Me toque el premio. Gracias a usted, adiós. Colgó el teléfono… uff menos mal que  lo tengo cortado por falta de pago, uff!! no quiero ni pensar si llega a ser verdad…me muero.
         Bueno, deja preparar la cena.
         Dentro de poco empieza el programa Gran Hermano; La Casa.
         Espero que expulsen a ese concursante tan petulante y grosero… Mira que me gusta, no me pierdo ni uno.



EL SECRETO Alicia Carmen.



            El teléfono comenzó a sonar de madrugada, me costó contestar pues con el insomnio que padezco, esa noche precisamente me había tomado una pastilla.  Era mi prima Eugenia quien llamaba. Como es soltera,  nos llevamos muy bien y vive con nosotros. Se me quedó en casa el billete del tren, ¿puedes revisar mi mesita de noche? Me dijo toda alterada.

            Aún adormilada, me puse las zapatillas y al levantarme me tropecé con la alfombra, pues en este barrio donde vivimos la luz de la calle es escasa. Lo peor es que perdí el equilibrio y me caí:  vaya que fatalidad, pensé. Me dolía la cadera pero aun así, arrastrando la pierna, llegué al dormitorio de Eugenia, encendí la luz y me puse a buscar el billete. Reconozco que soy bastante distraída y me puse a buscarlo en el armario y en el cajón que guarda la ropa interior, al fondo creí  ver el billete pero no, era una foto de Eugenia agarrada de la cintura con Alberto el mejor amigo de mi marido que por cierto es casado y tiene 4 hijos. En ese momento me desperté por completo, pues mira por donde descubrí el secreto tan bien guardado de mi prima. Y por cierto…el billete nunca lo encontré.



EL SECRETO Ana Benítez






            El teléfono comenzó a sonar de madrugada. Seis veces sonó hasta que acerté a descolgarlo. Sin tener los ojos abiertos del todo, miré el despertador. Marcaba las 3.  Con las pulsaciones revolucionadas y voz temblorosa oí mi propia voz: ¿sí, dígame?  Diez segundos que se me hicieron eternos tardó mi interlocutor en contestar. Soy tu amigo, ¿por qué has contado nuestro secreto?. A continuación silencio. Esa voz me era conocida. Era Carlos. Mi mejor y único amigo del barrio.
            Pero no podía ser, Carlos había fallecido en aquel fatídico accidente de avión hacía ya 10 años. Un billete que compró inesperadamente porque quería desaparecer por un tiempo. No sabía que ese tiempo iba a ser sin retorno.
            Perplejo y ya más despierto, no sabía qué pensar: ¿había sido real? ¿lo había soñado?. Sentí temor pero impaciencia por si el teléfono volvía a sonar.
            Así permanecí hasta que me dormí.
            Cuando desperté, miré el reloj y las agujas seguían marcando las 3.
            Pensé en Carlos y en nuestro secreto. El sentimiento de culpa empezó a hacer mella en mí y sabía que me iba a durar mucho tiempo.





RETORNO Lali Marcelino.





            El teléfono comenzó a sonar de madrugada. Lo descolgué, esperando oír al otro lado una mala noticia. Escuché estupefacta lo que me decía una voz desconocida, colgué y salí a toda pastilla, en secreto, a comprar un billete de avión.

            Me encontraba mirando por la ventanilla de aquel pequeño aparato, a la nada, por la hora y por la niebla no se percibía imagen alguna. Cuando llegué a mi destino, el antiguo barrio donde nací, comprobé que estaba exactamente igual que cuando lo dejé muchos años atrás. Me hubiera gustado volver en otras circunstancias y no para enterrar a mi padre, un desconocido que apenas recordaba su rostro. Realmente me pregunto ¿qué hago aquí?. Debe ser que los valores y principios que mi madre nos inculcó a mi hermano y a mí fueron los causantes de este encuentro.