jueves, 15 de enero de 2015

A MI AMIGA SECRETA escrito por Lilia para Águeda



            Cada jueves, de siete a nueve, he ido descubriendo a una persona entrañable, un ser humano auténtico, con todas sus imperfecciones y sin ninguna pretensión de ser lo que no es, porque es transparente y única, rebosa alegría y sentido del humor y, a su paso, va desprendiendo efluvios de ternura y sencillez.  Le pone pasión y arte a lo que hace y también un toque de locura; domina la pluma con auténtica maestría, con un estilo único.
            Con esta persona yo he compartido momentos de incalculable valor que me acompañarán siempre y espero seguir haciéndolo por mucho tiempo.  Por eso, hoy le deseo salud y prosperidad y que dure para siempre nuestra amistad.


¡Próspero año 2015 para mi gran compañera y amiga, Águeda!



ELLA Roberto.Es




            Esta es la historia de un jueves de no importa qué mes cuando, en la búsqueda de una ocupación que canalizara mi talante creativo, me tropiezo para mi bien, con un grupo de singulares personas que me invitan a descubrir la apasionante aventura de contar historias: unas veces inspiradas en vivencias propias y, otras, inventando vidas ajenas con personajes surgidos de nuestra delirante imaginación.
            Pero, hay una compañera en este camino del contar muy muy especial…; dueña de un gran universo interior que se refleja en el destello de su mirada; poseedora de una timidez sensual, diría yo; y, aunque discreta, su personalidad brilla con luz propia.  Su nacimiento, en la frontera del nuevo mundo, deja una peculiar impronta en su espíritu curioso y aventurero.  Es dulce pero no empalagosa; tranquila pero con gran sentido del humor; amiga del doble sentido, lo picante y la ironía; de buen gusto y naturales andares.  Es, en definitiva, una excepcional compañera a la que todos apreciamos y respetamos y que domina con maestría el arte de narrar.




LA VENTANA Águeda Hernández



            Cuando abrió la puerta de su vivienda, nada más entrar vio como la ventana del salón estaba abierta.  En ese momento, el aire que entraba hizo volar el papel que estaba sobre la mesa.  Lo recogió y sonrió.  Era de su pequeño.
            Mamá, en vista de que aún no llegas, que sepas que voy a entrenar con los amigos que vinieron a buscarme. ¡Te quiero!.
            Ella cerró la puerta, pasó la llave y con las bolsas de la compra, entró a la cocina.
             Ese día, su exesposo irrumpió por la ventana que había quedado abierta.  Le asestó once puñaladas con un cuchillo de cocina.
            Ella esperaba recuperarse en paz de sus heridas, entre ellas, una que le destruyó la laringe, para poder criar a sus dos hijos.  No ha sido así.
            Su ex se encuentra en la cárcel; se le impuso una condena de veinticinco años, pero desde ella la ha demandado por su derecho a visitas de sus hijos. ¡Qué cruel paradoja!.  

            Ella desearía que para él jamás se abra esa puerta.  Ojalá no hubiera dejado nunca abierta la ventana.


TRAS SU MIRADA Juani Hernández


Comiendo Chocolate, óleo de Antonio Gutiérrez


         Desde luego, es fascinante el poder los sentidos.  Ejercen en mí tal influencia que son capaces de trasladarme a lugares lejanos en el tiempo y la distancia. Siempre que percibo el olor a chocolate, me transporto –inevitablemente– a  niñez y en consecuencia, al pueblo de mi abuela Juana.
            ¡Qué nostalgia me da recordar aquellos veranos llenos de ternura y alegría, impregnados de aquel olor embriagador!.  Los escaparates repletos de figuras, monedas, tabletas y unas apetitosas tartas de chocolate… Para mí, el tiempo se detenía mirando y remirando sus vitrinas, cada cual más llamativa y olorosa que la otra, perfumando todo el ambiente con perfume de chocolate…
            ¡Ah!, no les he contado la parte más importante de esta historia:  en el pueblo de mi abuela había una fábrica ¡de chocolate!, lo que daba un especial aire festivo a cuanto allí aconteciera… ¡Qué añoranza de mi niñez!. 
            Todo igual que ahora  –entiéndase la ironía– que si te descuidas, tienes que salir con zapatos de agua y mascarillas a dar un simple paseo por la plaza de tu barrio.
            ¡Cuánta nostalgia!






ADÚLTERA Lali Marcelino




         Cada noche, la luna era testigo del adulterio constante a que se sometía Priscila.  Mientras su marido se quedaba con sus hijos, ella custodiada por miles de estrellas, volvía a casa con el sol, avergonzada, decía ella.
         Cada día que pasaba estaba más hermosa, nadie creía que lo estuviera pasando tan mal porque su aspecto era inmejorable; atractivo, con una melena lacia color azabache muy cuidada, de ojos rasgados, su figura esbelta, bien vestida.  Llamaba la atención de todo el que pasaba a su lado, sobre todo de las mujeres: la envidia las corroía.
         ¿Avergonzada? Imposible.  Le gustaba, eso se notaba.  No sufría ni se avergonzaba; diría yo más bien que parecía ejercer su profesión muy bien aunque le interesara que la gente pensara que lo hacía por necesidad; así producía lástima y su adulterio continuado podría hasta justificarse.  Incluso se encargó de propagar el bulo de que su marido la obligaba y, un buen día, el pobre hombre apareció ahorcado en el baño de su casa.       ¿Avergonzado o decepcionado?




COCHE VERDE Maruca Morales


         Una tarde, Juanita había quedado con su amiga Rosario que venía a buscarla para recoger un vestido en la modista.  Al ver que no llegaba, la llamó y su amiga le contestó el teléfono llorando.
          –Ay, Juanita! No te puedo llevar porque ya no tengo coche.  Te diré que anoche el loco de mi hijo me lo llevó y lo chocó.  Lo dejó inservible. Yo que estaba tan contenta con él porque después de tanto sacrificio, había logrado comprarme un coche y fíjate.  A veces hasta me quedaba sin cenar para ahorrar y comiendo todos los días huevos fritos y pasta y zas!, en un momento me quedé sin coche.
          –Bueno, Rosario, pero a tu hijo ¿no le pasó nada?
          –¡Qué va! ¡Ni un rasguño se hizo!. Yo con mi rabia, hasta el carnet de conducir rompí… Pero te cuento que ya mi marido lo llevó a un taller y le dijeron que se lo arreglaban, así es que otra vez a ahorrar porque la reparación sale cara.  Lo único es que ahora, en vez de verde, me lo pintan negro, pero eso sí, te digo que mi hijo no vuelve a tocar el coche ¡¡aunque lo pinte de blanco!!



         

DÍAS DE MIEL Carmen Garcés




         Invariablemente, como cada día, Luis y Julia pasean por la avenida: acurrucos, besos, palabras bonitas, son exhibiciones incesantes de su amor.  Continúan mostrándose como unos chiquillos enamorados aún después de veinte años de convivencia, ¡cuánta felicidad irradian!   Si es que son la envidia de amigos y de cualquiera que los frecuente o que los vea pasar abrazados, ¡qué hermoso!.
         Incongruencias de la vida. Hoy, al término del noticiero, escucho que se ha producido una nueva víctima de violencia de género.  Su pareja la ha matado por celos.  Dicen que ella había denunciado el continuo maltrato en varias oportunidades, pero siempre había regresado con su agresor.  Le amaba demasiado, le había confesado a su madre.
         Mañana asistiré a su sepelio.  ¡Te echaré de menos, Julia!.  Se terminaron los falsos días de miel.  Ya no volverás a ser la envidia de los que te veían pasar!




SUS CUENTOS PREFERIDOS Maruca Zamora





         Las costumbres son leyes, decía Rosa, la mamá de Juanito.  Todos los días al acostarse, hay que leerle un cuento.  Él se prepara, coge su osito preferido y se va a la cama a esperar a su mamá para que le lea sus cuentos predilectos.  A veces se le cierran los ojos y se va quedando dormido.  Su madre le dice que los abra y que escuche el cuento porque por la mañana no se lo va a repetir, ya que muchas veces insistía en que no lo había hecho y había que leérselo de nuevo.
         Juanito tenía su lista de favoritos. Léeme La Orquesta de los pajaritos, mamá, decía, aunque el señor cuervo no me gusta, no ayuda a su amiga la ardillita que tiene la patita rota, o el cuento de Simón El Lagartito, pero no quiero a el Gato Garras porque quiere comer a Rosita La Lisa y a Rubén El Perenquén; siempre los persigue cuando salen de sus escondites para coger sol.  El Garras es muy malo, mamá.  También me gusta el de la Abuela Majareta y el Ratoncito Tuno, pero no quiere que se ahogue cuando se lo lleva al río…
         Y así todas las noches, hasta que cuando termina de oír el cuento, le pregunta a su mamá si ya puede cerrar sus ojitos.  Sí, ahora sí, le contesta su mamá, dándole un beso.  Bendición, mami, hasta mañana, dice Juanito y…¡a dormir!




VIDA Esther Morales





Ya estoy en el otoño de mi vida.  Mirando hacia atrás, pienso que he recorrido un camino bastante largo. ¡Ay!, lo volvería a recorrer con sus risas y lágrimas, glorias y tristezas; esa es la vida.  Pero sí hay algo que cambiaría: viviría con más alegría y disfrutaría con más intensidad los momentos tan maravillosos que la vida me ha dado y de los lugares tan bonitos y fabulosos que he conocido.



ROBADOS Alicia Carmen




         No sé si es ético contar lo que me confesó mi hermano Alberto, algo que yo desconocía totalmente; nunca lo sospeché.  Me he quedado impactada.
         Se remontó a nuestros difíciles años llenos de estrecheces y necesidades en este barrio de Brooklyn donde yo todavía resido; él ha tenido la suerte de dejarlo hace años.
         En ese entonces, él tendría unos doce o trece años, usaba pantalones cortos y calcetines largos.  Cada día, al salir del colegio, pasaba por la mini-market de Douglas, el escocés que vendía todas las chucherías imaginables.  Ese día, me explicó mi hermano, se encontraba sin blanca y cuando se asomó a la tiendita y vio su golosina favorita, no pudo resistir la tentación y, aprovechando un descuido, se metió en el bolsillo dos tabletas de chocolate y, haciéndose el distraído, salió sigilosamente y con ellas llegó a casa.
         Hermana, me explicó, nunca un chocolate me había sabido tan amargo, hasta pensé que estaban estropeados, pero no, quizás era mi conciencia que me jugaba una mala pasada.  A partir de este incidente, cada vez que entraba en la tiendita de Douglas, me sentía avergonzado, no me atrevía a mirarlo a la cara, así es que poco a poco dejé de ir, ya no me apetecían ni los caramelos ni los bombones, ni papitas, ni galletas…, nada.
         Hoy, que he venido a visitarte y a reencontrarme con mi antiguo barrio, hermana, casualmente en la esquina me topé con Douglas.  Ya es un viejito venerable que camina lento.  Como pudo se acercó a mí y con sus ojos tan expresivos como siempre, me miró fijamente y pronunció estas palabras:

         –Me hiciste mucha falta; ya sabes que no tuve hijos y me alegraban tanto tus visitas a mi tienda.  Me hacía gracia tu desgarbada figura, tu sonrisa tímida.  Me privaste de tu presencia y todo ¡por unos benditos chocolates!