jueves, 11 de febrero de 2016

DESCUBRIENDO Sandra Mai.






Salió a navegar aquella mañana
sin timón
y sin  que nadie  lo guiara.
Decidió partir al lugar donde las olas lo llevaran.
Le dio la cara al Sol y a la espuma blanca.
Se desvaneció entre arrullos y marejada.
Y entregando su cuerpo,
aquel barco de papel
descubrió que formaba parte

del todo y de la nada.



INESPERADAMENTE. Lali Marcelino.




            Recostada sobre aquella cama enorme y llena de almohadones, divagando sobre el vacío que había dejado meses antes su pareja y la anterior y la anterior de la anterior, se preguntaba, ¿qué extraña actitud los llevaba a todos a irse y dejarla en una decepción continua?. Para ella eran como cobayas dispuestos a pasar otra prueba, con la seguridad de que no la pasarían.
            Miriam pensaba que el problema lo tenían ellos. Ella estaba segura de sí misma: de su capacidad para amar, de su buena presencia, de la preparación que imprimía en sus citas…, buena comida, buena cama, buen vino, buen perfume. No entendía qué más querían, hasta que apareció en su vida alguien que le demostró que el amor es algo más que dar, también es recibir.
            Carlo, que así se llama, un italiano que conoció por casualidad en la calle, no en una fiesta, ni en la playa, ni en un parque, espacios que ella frecuentaba buscando citas a ciegas.
            Fue en el súper.  Se miraron como dos personas que por cortesía se saludan sin conocerse. Ya en el parking, cuando ella metía la compra en la maleta de su coche, se le rompió una de las bolsas y todas las naranjas echaron a rodar. Le sorprendió la rapidez con la que se personó a ayudarla, como si hubiera estado esperando el incidente, que bastó para iniciar una relación conexa, que ya dura cinco años de amor compartido. Él también cocina, es capaz, atractivo, usa buen perfume y es un excelente amante.
            Esto nos lleva a reflexionar sobre el amor. No hay que buscarlo, llega sin avisar y por el medio más sorprendente.




DR. JEKYLL Y MR. HYDE. Alicia Carmen.




            Mucha vacación y mucha información. He visto el noticiero de las 2 de la tarde, el de la 8 p.m., los diarios por Internet, el Informe Semanal, las Noticias de la Mañana. ¡Basta! Me dije un día porque estoy bastante decepcionada. Qué tristeza me embarga, a veces se me encoge el corazón cuando veo al Sr. Pelirrojo con su dedo acusador despotricando contra los hispanos y cualquier inmigrante que no sea de su agrado. En la otra antena están entrevistando al Sr. Tan Pulido y bien vestido, con su eterna sonrisa, haciéndonos sentir menos porque él se cree más, firmando no sé qué papel y dando un puñetazo en la mesa. En la otra cadena aparece un joven gobernante explicando algo sobre la bomba de hidrógeno.  Estas cosas me ponen con ganas de salir corriendo, de meterme debajo de la cama.
            En vista del terror que me producen estas noticias, me he preguntado: ¿A estos señores, quién los educó? Porque seguro tienen madres, esposas , hijas. ¿Por qué ser frío, duro e insensible es un rasgo asociado a la virilidad?.
            Menos mal que al llegar al día de reyes me topé con otra realidad: vi padres jóvenes y amorosos con sus hijos en brazos tan ilusionados como los peques esperando el paso de la Cabalgata.
            Yo ya había llegado a la conclusión de que la ternura, que es un sentimiento capaz de engrandecer a las personas, era sólo potestad de las mujeres.
            Y me vuelvo a preguntar:  ¿Por qué los hombres son tan reacios a dejar aflorar sus sentimientos?, ¿Por qué se les ha enseñado a domesticarlos hasta el punto de tener que negar su faceta tierna, sensible y vulnerable?.
            Con los días, las cosas han ido mejorando, hace poco haciendo zapping me encontré a un ser maravilloso que no esconde el hecho de tener un hijo minusválido, da un hermoso ejemplo, se muestra sensible y solidario y no por eso es menos hombre que aquellos que me han asustado. Hasta a un presidente vi llorar el otro día de impotencia por no poder ayudar.
            Algo bueno ha traído el exceso de información, ahora estoy más tranquila y pienso que: Dios bendiga a las personas que sin importarles su género se comportan como humanos.



lunes, 8 de febrero de 2016

¡DICHOSAS NAVIDADES! Juani Hernández.





            Como tantas otras veces, me siento ante el ordenador para escribir el ejercicio marcado para esta semana por Isabel. Y como tantas otras veces, miro la pantalla en blanco tratando de buscar en mi memoria, en mis vivencias, algo recurrente que valga la pena comentar… espero… con paciencia que por arte de magia surja una idea medianamente interesante que no aburra al personal…
         Señor, vacía tengo las ideas, congeladas.
         ¡Claro! tanto polvorón, tanto turrón, tanta… dejémoslo ahí!
         El próximo año que no cuenten conmigo, desde ahora mismo lo digo. ¡Ya está! Se me encendió la bombilla. Comienzo con un verbo cualquiera. Por ejemplo algo así como “permitir”…¡no por favor es muy simple!   Una palabra algo más… ¡Prosopopeya! Afectación … No sé… suena pomposo y hasta petulante…¡No!¡Uff!. no cabe duda, tengo afectado el cerebro de tanto dulce.
         Esto se está convirtiendo en un caso serio…¡Ya! ¡Prosapia! (ascendencia)… Eso Prosapia…¿…? Indiscutiblemente necesito ayuda profesional.
         Seguro que estoy padeciendo una afección por parte de mis ascendientes paternos que eran ingleses. “Raritos ellos”.
         En fin… Mejor lo dejo para otro momento más…”propincuo” (cercano)… pues para mañana mismo.
         Sin más
         Les felicito la Pascua…de resurrección…O sea.  Juani.





jueves, 4 de febrero de 2016

SUCEDIÓ EN NAVIDAD Alicia Carmen


Por fin, al finalizar la primavera, nos mudamos con toda la ilusión del mundo.  Era un barrio tranquilo, luminoso, de agradable vegetación; me sentía pletórica.
A los pocos días, recibí la visita de una joven encantadora, era nuestra vecina.  Se presentó con una cesta llena de mangos y un ramo de orquídeas; todo de su jardín.  Yo quedé tan agradecida que ese recuerdo nunca me ha abandonado.  Me informó de las novedades del barrio, de sus actividades como maestra y de algo que la tenía en las nubes: ¡estaba embarazada!.  Toda entusiasmada, me explicó:  mi marido, Alberto, está tan feliz como yo, lo malo es que no acabamos de decidirnos con el nombre del niño, porque estoy segura que será varón.
Cuando conocí a su marido, me encontré con una persona distante, en nada parecido a mi cálida y alegre vecinita.

Pasaron los meses y un día, mi prima me invitó a un Centro Comercial nuevo cerca de su casa.  Acordamos ir al cine.  En la fila, vi una de esas parejas que no dejan de manosearse y cuando me fijé mejor, pude darme cuenta de que era el vecino Alberto con una chica bastante llamativa y no por su elegancia.  Ya no quise ver la película, hubiera estado demasiado incómoda, así es que pretextando un repentino dolor de cabeza, regresé a mi casa.  Estaba abriendo la puerta, cuando mi vecina se acercó.  Venía agitada, con los ojos brillantes, se notaba alterada.  Amiga, qué noticia le tengo, murmuró.  ¿¿Sí??, pregunté sin saber qué cara poner.  Vengo de mi consulta con el ginecólogo y ahora sí tengo claro el nombre del bebé:  se llamará Jesús Alberto, pues nacerá en plena Navidad.



OCURRIÓ EN NAVIDAD Lali Marcelino




Me dirigía en coche con dos amigas a presenciar el concierto nocturno con sabor navideño, como cada año.  A la orilla del mar, en un marco incomparable, con selecta música y arropado por cada vez más público, por lo que si nada me lo impide, allí estaré en mi cita anual todos los 25 de diciembre.  De repente, sonó el móvil y al otro lado, mi hijo me comunicaba que estaba naciendo mi primer nieto, por lo que mi concierto preferido pasó a segundo plano, tomando protagonismo otro hecho totalmente distinto del que tenía pensado, puesto que su llegada estaba prevista para después de Reyes.
Gracias a la tecnología punta, pude estar en dos sitios a la vez.  Por un lado, haciendo acto de presencia en el hospital, a la espera de las noticias propias de un nacimiento; que si ya viene, que todavía no, que ya ha dilatado lo suficiente, que ya está aquí.  Todo esto aderezado por las noticias que mi hijo, desde dentro, trasladaba a la sala de espera donde estábamos los familiares ávidos de noticias.  Por otro lado, mientras esperaba la llegada del infante, a través de internet pude asistir al concierto, mientras él llegaba al mundo rodeado de buena música, buena compañía y los adornos propios de la Navidad.

Se hizo esperar y hasta el 26 no nació.  Fue una experiencia única, un nacimiento y un concierto.


LA MALETA Roberto.es

Caía la tarde cuando Raquel desempolvaba aquella vieja maleta,  único   cordón umbilical que la unía a su pasado, a sus padres.

      Era muy pequeña cuando la llevaron a casa de sus tíos, que la  recibieron como una pesada carga impuesta por la ley. Ninguneada y  sometida por aquella consanguinidad envenenada, tuvo una infancia    triste, siempre sola, sin amigos. Hoy, por fin, se liberaría de  aquella herencia que le dejaron sus progenitores. A partir de ahora se haría cargo de su vida, tendría que tomar decisiones,  equivocándose unas veces y acertando otras pero, eso sí, sería dueña  de su destino.
Solo se llevaba lo imprescindible, quería ir ligera de equipaje. Dejaba en aquel hogar una pesada mochila cargada de amargos recuerdos. Sin hacer apenas ruido, salió de su habitación y se dirigió hacia la entrada. Desde allí pudo ver por última vez a sus tíos que se encontraban en el salón, ahora se le antojaban dos pobres ancianos sin nada que contarse. Sintió una mezcla de rabia y compasión; sentimientos encontrados que habían marcado su desdichada vida. Pero no les guardaba rencor, al fin y al cabo, la  llegada de aquel pequeño ser, desbarató la tranquila existencia  de la peculiar pareja rompiendo en mil pedazos su plan vital en el que nunca tuvieron cabida los niños...
Raquel avanzó hacia el umbral de la puerta y echó un último vistazo a los que habían sido los dominios de su mundo de nunca jamás. Ahora se enfrentaría a la realidad y estaba preparada para al fin, vivir...
Las calles, iluminadas con guirnaldas, le daban la bienvenida en su  trepidante aventura. La ciudad bullía a su alrededor; a través de las ventanas, se escuchaban risas y se entonaban entrañables villancicos.
Era 25 de diciembre. Había comenzado su nueva vida; era Navidad

SUCEDIÓ EN NAVIDAD Juan Pedro



         Esa Navidad que pasé en un lejano país y en un tiempo remoto, dejó en mi existencia una huella llena de torbellinos nebulosos pero de un bonito recuerdo.
         El viaje aseguraba promesas de realización y quién sabía qué otras peripecias que yo, con mi alma de joven, deseaba experimentar.  A la llegada, me recibieron mis padrinos, en cuya casa iba a pasar, en principio, mi estancia.  Sus hijos, dos chicos y una chica, fueron encantadores conmigo y yo, aliviado, me dispuse a descansar.
         Al paso de los días, sin embargo, comencé a notar ciertas tiranteces con la chica.  No me traga, pensé, será cosas de mujeres o de celos.  Pronto olvidé el asunto porque ya mi padrino me había conseguido trabajo en un banco, en el que entré de boy-office, como llaman allí. 
         Mi mesa de trabajo estaba enfrente de la del gerente y a mi izquierda estaba la de su secretaria, una mujer de unos treinta y cinco a cuarenta años, muy atractiva, me dije yo.  Pasaron los días y poco a poco me fui dando cuenta de que ella me miraba de soslayo.  Comenzamos a trabar amistad, tanto que la cosa fue llegando más lejos.
         No entraré en detalles de cómo ocurrieron los hechos, pero una tarde llegué a casa después del trabajo y comenté a mis padrinos que esa noche la iba a pasar fuera de casa.  Esa noticia les dejó impactados; no estaban acostumbrados a acciones como aquella por parte de sus hijos, pero como se trataba de mí y me tenían confianza, accedieron.
         El caso es que el tema en cuestión se repitió un par de veces más.  La hija, que era como de mi edad, abandonó su sequedad conmigo y más atrevida y curiosa que los demás, me preguntó, Juan Pedro, ¿cuál es tu secreto?.  A lo que le respondí con una sonrisa que no se preocupara, que no se trataba de nada malo.
         Celebramos la Navidad con la alegría y el derroche que  se acostumbra en aquellas latitudes.  Yo notaba como la chica ahora, se dirigía a mí de un modo un poco comprometedor.  Estoy bajo un techo ajeno, me dije asustado.  Pero claro, la juventud no entiende de trabas ni es consciente de los peligros, así que me dejé llevar.  Ese juego, sin embargo, duró poco, porque ya acabando las Navidades, a mi amiga le presentaron a un señor de cierta edad, pero apuesto y ella se dejó conquistar.  Allí las historias se presentan así, de un día para otro.  Ella vino a disculparse pero yo le deseé que fuera feliz, aunque en el fondo me dolió un poco; no demasiado puesto que esa aventura no había durado mucho tiempo.
         Al cabo de unos meses, volví para las Islas, no eché raíces en esas tierras, quizá el destino me obligó a volver puesto que aquí fue donde labré auténticamente mi vida.  Pero, sí recuerdo aquellas Navidades como las más intensas que he vivido.



LOS DESEOS SE CUMPLEN de Lilia Martín Abreu

               


Pasan  los  días,  los  meses,  los  años,  y  siempre  es  igual,  o  peor,  porque   ella  desciende  cada  día   al  mismísimo  infierno,     sumida    en  una  profunda    soledad,   esa,  la  que  sufre   el  que  no  vive  solo. 
Él,  un  vividor   de  profesión,  tan  viril,  semental  y  vano,  hasta  el  día  de  hoy,  que  los  sanitarios  le  han  sentado  en  su  poltrona  favorita,  la  que  dibuja  su  figura,   anexada  al  contorno del  fondo  de  la  botella,  todo  es  lo  mismo,  pero   ya  nada  es  igual, ahora  es  tan  frágil,   impotente,  y  badulaque,  pero  ella  lo  prefiere  así,    y  nuevamente  se  ha  subido  al  tacón. Desde  la  puerta,  le lanza   un  beso  de  despedida   diciendo, cariño,   feliz  navidad,  espero  tener  una  noche  buena.   



     

miércoles, 3 de febrero de 2016

BORA BORA Roberto.es

El teléfono comenzó a sonar de madrugada… quebrando la quietud nocturna del barrio. Ya se habían enterado. Inmediatamente, me levanté y reservé una plaza para el primer vuelo a Bora Bora…
Mi billete de lotería premiado pronto había dejado de ser un secreto