RELATOS DE LOS COMPONENTES DEL TALLER DE LECTURA DIRIGIDA Y NARRATIVA “EL TRANVÍA”
lunes, 30 de enero de 2017
EL TRUEQUE Lali Marcelino (Accésit PREMIO NARRATIVA HERTE 2016)
Comienza la semana con muy mal augurio. La pasada, dos de mis compañeros fueron detenidos.
Hoy, igual que ayer, espero volver a escapar de la presión, tanto de los míos cómo de la justicia o de la opinión pública. Mi familia está de vacaciones en el pueblo, al margen de todo esto.
Tres días después de la última detención y todavía sigo libre. Hoy miércoles me ha telefoneado Jesús, comisario y amigo, aconsejándome que ponga todo al día, no tardarán mucho en venir por mí.
Son las ocho de la mañana de un jueves del mes de julio. El agua choca contra la mampara y parece que el tiempo se detiene sintiendo como cae sobre mi espalda. No oí el timbre, pero sí los golpes en la puerta. ¡Abran, policía! Me enrollé la toalla alrededor de mi cintura y atropelladamente abrí. Dos hombres sin uniforme me mostraron su placa y la autorización judicial para pasar a mi domicilio y violar mi intimidad. Estuvieron todo el día revisando, preguntando y he de decir que no se ensañaron.
En la madrugada del viernes me dejaron libre, bajo arresto domiciliario. Me eché sobre la cama apartando y tirando al suelo: bragas, calzoncillos, pijamas, calcetines,….procedentes de las gavetas de los muebles. No podía cerrar los ojos, pensando, cómo explicárselo a Julia, mi mujer. Éste es el principio del infierno. Nunca pensé que me acusaran de corrupción. Hacer favores a cambio de, una semana en un hotel, un coche, el mejor colegio para mi hija, una tarjeta de crédito, un chalet en la sierra o un yate… todo necesario en el medio en que nos movemos. Debemos mantener buenas relaciones con empresarios, compañeros de partido, e incluso por qué no, algún juez, policía, comisario…Lo propio en política.
Me despierto y aún suena en mis oídos: corrupto, chorizo, ladrón… gritaron a la entrada y salida de comisaría. No me identifico con estos insultos. Recibir algo material a cambio de algún favor administrativo, que a nadie perjudica, es un trueque. Julia me ha llamado porque me esperaba anoche. He tenido que contarle que no he podido terminar el trabajo pendiente y que hasta la semana próxima no me espere.
Hoy domingo, no me apetece ver en todas las cadenas de TV, mi cara, como presunto corrupto. Mejor un baño en la piscina, ver una película, me apetece, “El Padrino”. Desayuné al estilo inglés. Pedí comida italiana para almorzar y japonesa para cenar. Sonó el teléfono. Julia llorando y pidiéndome explicaciones de todo lo que estaba viendo en TV, respecto a mi posible corrupción.
¿Qué decir? Sigo insistiendo en que sólo hice uso de una antigua forma de pago, el trueque.
jueves, 24 de noviembre de 2016
SEGUNDO PREMIO NARRATIVA HERTE 2016
CHOCOLATE
de
Nela Cabrera
¿Qué prefiero, pintar o escribir?. Me levanto esta mañana y decido
escribir. Enciendo el ordenador, se me
para, ¡qué asco!. Él también está como
yo.
Lo llevo al técnico.
Señora, lo tiene que dejar y lo miramos.
Vuelvo a casa, desayuno por segunda vez.
Yo quiero bajar de peso, dos kilos por lo menos pero…me da por comer,
¿qué se le va a hacer?
Llaman al teléfono, es mi amiga Carmelita. ¿Cariño, cómo estás?, me pregunta pero, sin
dejarme contestar, empieza: yo fatal,
tengo muchos dolores y encima mi hermana metida en una depresión y no es capaz
de salir de casa, me dice todo eso de carrerilla, sin respirar. Y la perrita
cada vez más vieja, ¿qué voy a hacer si se va?.
No pienses en eso, le digo, pero no me oye o no quiere oírme y…continúa:
ahora tengo que ir a recoger al niño al colegio –el niño es el hijo de su
sobrino que le toca cuidar a ella–; claro, como no tiene hijos –.
Y cuando le iba a contar mis historias, zas! va y me dice
que tiene que dejarme, que se va a comprar.
¿Y yo qué?, ¿quién piensa en mí?, así que me pregunto ¿con quién
descargo yo?, se supone que para eso están las amigas, eso dicen al menos. El caso es que pongo un café y me siento a
ver la tele. Lo tomo despacito pero no
me gusta lo que veo, todo son malas noticias, qué asco de día.
Otra vez el teléfono, es mi prima quien llama. ¿Salimos?, me dice. Pues sí, en la calle por lo menos no
como. La voy a buscar, nos vamos a un
centro comercial, nos tomamos un refresco. De pronto, suena el móvil, tic, tic,
tic, es el sonido que puse al whatsapp del grupo. Los reviso. Todos felicitan a
Leo, es su cumpleaños. Yo también lo
hago pero no en privado, eh!!, no quiero que se haga ilusiones. Él suele mandar mensajes de enamorado al
grupo, pero no sé si van dirigidos a mí porque no pone nombre y cuando hablo de
eso con mis amigas todas coinciden en que no quieren estar con él a solas. ¿No será que Leo está desesperado y lo deja
caer por si alguna tonta resbala y…?
¿Por qué no te gusta?, me pregunta mi prima. Pues no lo sé, es muy atento pero no soporto
ese interés subliminal. A mí me gusta la
gente que es más directa y que no se va por las ramas. Por eso no consigues novio, me dice. La verdad es que tiene razón, pero cuando
miro a los hombres, no veo uno que diga dios lo guarde. Así que aquí estoy,
tomando un café frente al televisor, digiriendo como puedo tantas malas noticias y…
comiendo chocolate, uhm!!, qué rico está
este chocolate.
lunes, 14 de noviembre de 2016
RELATO GANADOR DEL PREMIO NARRATIVA HERTE 2016
EL VIENTO EN SUS VELAS
de
Roberto Escarvajal
Fue una mujer especial, enigmática...;
cariñosa sin excesos; aunque siempre nos sentimos arropados por ella. Recuerdo
su sonrisa, triste sonrisa, colgada de unos ojos tristes, húmedos, que
anhelaban lo que sus labios callaban. Tras el cristal, se quedaban perdidos en
el tiempo, en su tiempo...: barrera impenetrable que no permitía franquear.
Única; nacida en una acomodada familia
de Santander, jamás hubieran imaginado
sus padres que aquella niña, dulce y obediente, iba a causar la mayor hecatombe
en su honorable familia desbaratando los planes de futuro que habían diseñado
para ella: su hija..., su heredera. Tal fue el escándalo y la vergüenza, que
decidieron marcharse a otro país y comenzar un nueva vida. Tenía dieciocho años
y se llamaba Constanza... Nunca más se habló de ello...
La joven fue obligada a casarse con un
muchacho al que siempre quiso, pero del que nunca se enamoró. Él la
amó durante cuarenta años, sin reserva, calladamente..., velando y protegiéndola,
sobre todo de sí misma, de su alma atormentada. Constanza lloró su muerte. Fue
un excelente compañero de vida. Aquello la sumió en un mutismo existencial, a
pesar de nuestros insistentes ruegos para que nos contara lo innombrable.
¿Porqué inquietante razón aquella espada de Damocles, que supuso tanta
ignominia, proyectaba tan alargada sombra...? Ante aquel temor, encontramos
siempre al silencio por respuesta; un silencio pesado, desconsolado, preñado de
amargo secreto.
Falleció unos años más tarde aunque,
mucho tiempo antes, su mente ya la había abandonado dejando tan solo un nombre
que repetía constantemente en sus labios...: Samara.
Hace unos meses, encontré en el doble
fondo de un cajón, un atado de cartas que trasminaban a jazmín, el perfume
preferido de Constanza. Hablaban de una historia de amor, de pasión
irrefrenable... A escondidas se amaron,
sucumbiendo en lo prohibido. Un fuego que les abrasó el alma, que les
hizo tocar el cielo y también descender a los infiernos. No lo pudieron evitar,
y aquel querer fue mancillado por maledicentes bocas sufriendo así el escarnio
que una sociedad pacata y cruel les impuso. Sus progenitores, imbuidos por
aquella cerril educación, no lo consintieron y se la llevaron lejos, muy
lejos... Pero, ¡ay...!, la desmembraron; le arrancaron un trozo de corazón. Fue
una mordida en el alma.
Hoy sé que Samara se asienta en
la estepa rusa, a orillas del río Volga. Sin embargo, para Constanza, que así
se llamaba mi madre, aquel era también un lugar anclado en el corazón: guarida
de su dolor, epicentro del tsunami que arrasó su vida. Ella jamás pudo olvidar
aquel amor; su único y verdadero amor. Porque, lo que la verdad esconde, es que
Samara tiene nombre de mujer...; nombre que se hizo carne y habitó para siempre
en ella; como un impulso vital, como el viento que sopla en sus velas...
jueves, 13 de octubre de 2016
COSTUMBRES EXTRAÑAS Alicia Carmen
Me desperté
sobresaltada, con el cabello mojado de tanto sudor y seguro que grité porque
desde la puerta entreabierta de mi dormitorio asomaba la pálida cara de mi
madre que, con voz temblorosa, me preguntó:
-¿Qué te pasa, hija?
¿Estás bien?
-Es el olor a quemado,
mamá. Al pobre hombre lo están devorando
las llamas, encima lo han ahorcado y se está balanceando en lo más alto del
árbol del patio.
-¡Por Dios, hija!, es
que has tenido una pesadilla, te dije que no vieras la película Domingo de
Resurrección, acuérdate que es una tradición, es solo un monigote relleno de
ropa vieja al que hacen pagar las maldades de algún personaje y el pueblo
descarga su ira en estas fechas. Sabrá
Dios cómo será el testamento pero, ¿cómo te hubieras puesto si te hubiera
pasado la terrible visión que tuvimos tu padre y yo un día en que por ser
festivo, decidimos pasear por los alrededores de Caracas? Todo estaba en paz y cuando llegamos al
pueblo muy lindo que se llama San Francisco de Yare, de repente aparecieron
diablos por todas partes y eso no era una película, era la pura realidad, todos
vestidos de rojo, con capas, máscaras grotescas, adornos con cruces y
escapularios y sonando marcas y blandiendo látigos que llevaban en las manos;
eso sí que era terrorífico. Luego me
enteré de que es una tradición de Corpus Christi; una danza ritual donde el
bien triunfa sobre el mal, donde los diablos danzan y rezan. Hija, será mejor que te vistas, yo te invito
a almorzar una arepas de chicharrón con una polarcita.
DOS OJOS Y UN SENTIMIENTO Juani Hernández
Como tantas tardes de
estío, paseaban y en sus paseos expresaban cuánto se necesitaban el uno al
otro.
Gracias a ti, yo libero
ese torrente de desolación que en ocasiones me embarga y que las palabras
renuncian a expresar. Gracias a ti, mis
queridos ojos, puedo liberar todo el desencanto, toda la amargura, vaciando de
pena mi interior, le confiaba el sentimiento.
Reconozco que son pocas
las ocasiones en que me permito la libertad, no creas, que soy bastante
prudente con mostrarme, pero cuando tú eres herido tan cruelmente, no hay quien
detenga el río de sal de estos ojos, que no
tienen ni saben otra forma de protegerte, les respondían al unísono como
uno solo.
Recuerdas, fueron otros
tiempos bonitos, en los que llorar…, llorar sí que sabían y tanto que sabían…
Mirar, lo que se dice mirar, aún saben, pero sobre todo…ver…, que es aún más
difícil. Juntos, desde hace mucho tiempo, navegamos por esos mares de
desconsuelo y soledad.
Ya, ya sé de qué me
hablas…, de miserias que ocultan amables sonrisas y que con el tiempo se
transforman en siniestras muecas, provocadoras de sentimientos y dolores
gratuitos. Insolentes porque creen ser
merecedoras de un vasallaje que otros le otorgan y en su cinismo manipulador
trasladan a otros que, absurdamente, les siguen el juego; ya por carecer de
criterio propio, ya porque carecen de lo que a ti y a mí nos sobra: Ojos para
mirar y sentimientos para expresar.
COSTUMBRES EXTRAÑAS Maruca Zamora
Todos los días salía de
la casa para hacer los trabajos del campo.
Lo primero era coger sus tijeras de poda, era su inseparable amiga, con
ella comenzaba el ritual de cada mañana.
Atravesando los caminos, miraba a un lado o al otro y fueras suyas o no
las fincas, allí donde veía un árbol descuidado que necesitara podas o injertos,
entraba y los arreglaba. Luego, al
regreso, ya se lo diría a sus dueños.
Los árboles eran su pasión, a todos los consideraba como parte de su
familia, de hecho, los injertos que hizo noventa años atrás, se mantienen aún de
pie, quizá para recordarme quién fue aquel personaje tan singular. Son muchos los que, como yo, al mirar los
árboles se acuerdan de él.
LA ISLA DE LOS GENIOS Lali Marcelino
Mi
madre siempre había soñado con viajar allí y nunca pudo. Jamás nos respondió la
razón de aquel extraño interés por un lugar tan lejano y tan extraño.
Socotora
o Socotra está situada en un archipiélago formado por cuatro islas, más cercanas
al continente africano que al asiático, de las que Socotra es la mayor. Sin
embargo pertenece a Yemen. Bañada por el Océano Índico.
Patrimonio
de la humanidad, con más de doscientas especies vegetales y animales,
endémicas. Su riqueza biológica hacen de ella un escaparate y un atractivo para
todo biólogo. He ahí cual era la razón por la que mi madre estaba totalmente
enamorada de éste lugar, porque allí pasaba la mayor parte del tiempo su amor,
que no era mi padre.
A
través de sus cartas, le describía tan bien todas las maravillas que allí se
dan cita, que le parecía estar en ella caminando por sus maravillosas playas y
admirando sus extrañas plantas y árboles, únicos en el mundo. Su paisaje de
otro planeta, esos árboles de extrañas formas y el contraste de una arena
blanca con el turquesa de sus aguas, según le explicaba Mauro su “amigo”, la
entusiasmaba cada día más a pasar en Socotra sus últimos días con él. Y soñaba,
y soñaba….mientras nosotros, su familia, le recordaba cada día lo necesaria que
era.
Un
buen día, se fue a una agencia de viajes, según supimos años después, por un
diario que llevaba, que por fin se iba a embarcar en una aventura, dejando
atrás todo lo que hasta ese momento, le impedía correr a los brazos de la
libertad. Su amor no permitido.
Al
mismo tiempo, los resultados de unos análisis rutinarios, frenaron una vez más
sus impulsos. Una enfermedad incurable, de la que no pudo recuperarse.
Los
habitantes de Socotra, practican la nigromancia, arte que por medio de vísceras
y contacto con espíritus, se invoca y se adivina el futuro. De ahí su nombre
“Isla de los genios”.
En
esos días llegó una carta de Mauro a casa, que recogí yo, dado que mi madre ya
no estaba y sorprendentemente le comentaba, que había visitado a un genio de la isla y por
medio de ésta práctica, le habían pronosticado que algo malo iba a sucederle a
una persona muy querida. En ella decía que esperaba estuviera bien y que por
favor, le contestara lo más rápidamente posible, ¿cuándo llegaría?
Ya
lo tengo todo preparado, esperándote.
COSTUMBRES EXTRAÑAS
Desde pequeña veo caras en todas partes.
No las busco; ellas se presentan ante mí. Caras en las nubes, en las grietas de
las paredes, en las sombras de las cortinas, en las montañas, en el suelo.
Rostros de animales o personas. Muchas veces deformes y terroríficas; que a
veces dan miedo y otras se instalan en
tu propia casa; en tu vida. Una de ellas
lleva años mirándome de frente, con rostro malévolo y facciones en relieve;
retándome. Yo aparto la vista pero presiento que me vigila. Lleva muchos años
allí y se ha convertido en una figura más de la estancia. Pero yo la sigo
ignorando; aunque a veces tengo curiosidad por saber qué significa y dudo si
plantarle cara a la espera de su
reacción, porque estoy segura de que tiene vida. Pero al día de hoy no he
logrado unir el valor suficiente para hacerlo.
COSTUMBRES EXTRAÑAS Juan Roberto Núñez
Se
han visto en películas familias raras pero la de los Torrado aún no la han
hecho.
Fueron
mis vecinos a lo largo de mi vida, cuando llegaron parecían normales y cuando
se fueron también.
Aquella
tarde de verano nos conocimos por encima del muro y tras saludarnos entre
familias, la madre de Joselito, Francisca, me invita a merendar, de lo cual me
alegré y fui.
Golpeo
el zaguán, me abre la abuela con un extraño gato mojado en brazos y dice…,
hicimos una excepción porque recién llegamos, pasa… Cuando quise mirar
atentamente el animal, se giró bruscamente y se fue a su cuarto, dejándome en
el corredor, a lo cual Francisca dice, ven por aquí, que estamos en familia… y
con una incómoda sensación, lo hice.
Mamá
no deja de bañar el gato, así pasa todo el día y de noche, lo centrifuga en el
lavarropas una vez y lo seca con su secador de pelo, para acostarlo con ella,
le dije que eso no es normal, pero está tan vieja que parece enferma… y bueno,
serán cosas de la edad… ¡Pero si los gatos no se bañan!, ¡No pasa nada, lleva
años muerto! Lo ahogó en la bañera jugando y como lo quiere tanto, mandó a
disecarlo para quedarse con él, mamá es de lo que no hay, es única.
Pensé…,
debe ser broma de nuevos vecinos y no le di importancia. Pasamos a la cocina, allí estaban Joselito
con su hermana Filomena y su padre Fausto, me sientan a un lado de la mesa
frente a un vaso con leche y una tapa de galleta, tan dura como una tabla de
madera… Sin decir nada, espero a que se sirvan y no lo hacen. Están todos a mi alrededor sentados y mirándome
sin hablar, no sabía si hacerme humo, o esperar
que en algún momento me tragara la tierra. ¿No te gusta la merienda?,¡Sí, los espero a
ustedes! Es que solo tenemos eso, empieza tranquilamente como en tu casa, que
nosotros solo miraremos…, creo que desmayé sin darme cuenta, sudé
repentinamente y faltándome el aire, suena la voz de la abuela, ¡es broma! A
esta gente loca le encanta bromear, después de eso, digamos que fue una tarde
normal.
Esa
semana mis padres se iban de viaje y los vecinos me invitaron a quedarme en su
casa, mi madre se quedaría más tranquila y por desgracia no me dejó la llave,
acepté de buena gana, porque el pobre gato me dejó intrigado, nada de esto
había contado aún en casa.
Puse
algo de ropa en la mochila, despedí a mis padres y fui a la casa. Francisca me
hace pasar y dice, ¿qué has traído? Es ropa, y con una risa sarcástica dice…
aquí somos nudistas, ven Filomena está jugando a ser maniquí y su abuela la está
vistiendo…, pensando que era otra broma entré, y ahí estaba frente al espejo
como una estatua, desnuda y sin moverse para que la vistieran, no daba crédito
a lo que veía, su abuela estaba también desnuda y con el gato mojado debajo del
brazo, dice… si no quieres jugar a esto con nosotras, ve con Joselito que está
jugando a ser Drácula en su dormitorio…, atónito y con las piernas a punto de
salir corriendo, ya me veía con una mordida en el cuello. Salí de ahí sin
mochila y navegando en una nave espacial, salté el muro y me metí en el
gallinero de casa, ahí estuve durmiendo entre gallinas durante una semana, ya solo faltaba poner un huevo, menos mal que el
almacenero me fio mercancía, que si no
sólo quedaba comerme los pollos.
Ni
que decir que aquella amistad, había terminado sin empezar, Joselito pasó todo
el caluroso verano subido al muro disfrazado del Zorro, con su sombreo negro de
plástico, capa, espada, al rayo del sol y cada vez que me veía pasar decía… ya
no soy Drácula, ahora soy el Zorro…
No
sé si todo esto es normal, pero sí sé que son costumbres extrañas…
lunes, 3 de octubre de 2016
RELATOS FINALISTAS PREMIO NARRATIVA HERTE 2016
PREMIO DE
NARRATIVA
HERTE 2016
Después
de una siempre difícil selección, y posterior deliberación,
el
jurado del Premio Narrativa HERTE 2016, ha dado a conocer
los
títulos de los OCHO relatos finalistas de este año.
La
identidad de sus autores será desvelada
el
día 5 de noviembre en Acto de Entrega de Premios, a celebrarse
en
Salón de Actos Centro Ciudadano El Tranvía - La Cuesta
El orden en que, a continuación, enumeraremos los relatos
seleccionados
es
absolutamente aleatorio y
no tiene nada que ver con su posición en la
selección.
Entre
ellos están el primero, segundo y tercer premio.
¡Felicitaciones
a todos, finalistas y no finalistas!
DEBUT Y DESPEDIDA
chocolate
IDA Y VUELTA
El
viento en sus velas
LA VIDA
EL
MENSAJE
Perplejidad
y superstición
EL
TRUEQUE
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