jueves, 12 de noviembre de 2015

PREMIADO Roberto.es



         -¿Diga?  
         -Buenas tardes. Quisiera hablar con el Sr. Joaquín Gutiérrez.
         -Sí. Soy yo.
         -Le llamo del Departamento de Relaciones Públicas del Ministerio de Sanidad para comunicarle que, en el sorteo que venimos haciendo anualmente entre nuestros afiliados, ha resultado usted ganador del primer premio, al coincidir las 5 últimas cifras de su número de la Seguridad Social con el primer premio de la Lotería Nacional de ayer.
         -¡No me diga! Y, ¿qué he ganado?
         -Pues mire, con su premio tiene derecho a disfrutar de una prueba diagnóstica en el Hospital público que usted elija.
         -¡Qué estupendo! ¡No me lo puedo creer! Y, ¿en qué especialidad?
         -Pues, Don Joaquín, este año ha sido seleccionada la Unidad de Digestivo.
         -¡Fantástico!. Ya tenía yo ganas de que me tocara algo bueno... Oiga Señorita, y ¿qué tipo de prueba puedo elegir?
         - Pues mire por donde Está usted de suerte. En este sorteo hemos tirado la casa por la ventana  incluyendo, entre todas, la prueba reina de la Unidad.
         -¡Qué bieeeen! ¡No me irá usted a decir que es una ecografía de abdomen o quizás ha hasta una gastroscopia ...Que locuras digo en seguida me pongo a soñar...
         -No, no, que vaaaa, Don Joaquín. -! Lo ve Señorita ,si es que en seguida se me va la cabeza...¡- Es Mucho mejor todavía: siéntese no vaya a caerse – por Dios señorita me está usted asustando- Pues ha ganado usted una magnifica colonoscopia con sus 6 metros de fantástica manguera que, introducida en su ano por manos expertas, hará las delicias de su intestino. Además, este año, regalamos como complemento 3 litros de bebida laxante que deberá ingerir unas horas antes de disfrutar de la prueba.

         -Señorita, creo que estoy soñando. Nunca me había tocado nada. Cuando se lo cuente a mi familia voy a ser la envidia de todos. Entre usted y yo, hasta el día de hoy me ponía los diente largos el presumido de mi amigo Emilio porque alardeaba de que ya le habían tocado dos premios de su Ministerio: un cateterismo en el Hospital Dr. Negrín de Las Palmas y una extracción de líquido de la medula espinal en el Universitario de Tenerife. Vamos, lo que se dice un tipo con suerte. Estoy deseando ver su cara cuando se lo cuente...
         -Pues nada, Señor Gutiérrez. Enhorabuena una vez más y que disfrute de su codiciado premio.
         -Muchísimas gracias, Señorita. Me ha hecho el hombre más feliz del mundo.
(Corte de comunicación)

         

jueves, 5 de noviembre de 2015

30 MONEDAS Lali Marcelino.




         Sí, así fue, me vendió por 30 monedas, me da igual si eran de oro, de plata o de cobre.
         Siempre pensé, y mucho antes de que ocurriera, que todo lo provoqué yo y que a cada uno le tocó representar un papel. Es cierto que me rodeé de proscritos, rebeldes y gente subversiva, que estaba harta de padecer el yugo de la esclavitud y la opresión.
         Me vi envuelto en un percance de tomo y lomo, por decidir ayudar a gente necesitada, que llegaba y sigue llegando a nuestras costas, sin importarles dejar  su vida en medio del mar, pero caí en mi propia trampa. Confié en quien no debía y terminé peor que a los que intentaba salvar.
         Un día terminé en las dependencias policiales, (lugar al que acudía con frecuencia a dar la cara por estos pobres que llegan buscando un futuro mejor) esposado, golpeado y detenido, pero sobre todo decepcionado.
         Lo que no entendí es que fuera él quien me puso en manos de los mismos a los que criticaba y odiaba con todas sus fuerzas, pero así es la vida, te ofrece lo bueno y lo malo para que decidas con qué quedarte.
         30 monedas de traición, ese fue el precio a una amistad llena de vicisitudes, de compromisos, de humanidad, de viajes sin saber si habría retorno. Ojalá hagas buen uso de ellas y te sirvan sobre todo para recapacitar, reflexionar y acordarte de que nuestra amistad se rompió por un mísero lingote de oro.




CASTILLO 31 Lilia Martín Abreu





         Carlos buscaba la llave del coche en el bolsillo de una chaqueta de su mujer, la encontró, y también un papel que decía: CASTILLO 31. ¿Qué es esto? se preguntó, intrigado. Ese papel le hizo estremecer, como si de un cable de alta tensión se tratara, qué significaba ese papel. Lo leyó y releyó, para ver si así lograba una explicación razonable, sin tener que hacer preguntas. Castillo, 31; la misma frase repetida miles de veces giraba en su cabeza, esto será una dirección, dedujo, ¡pero de quien! Buscó un mapa callejero y empezó a mirarlo, luego entró en el ordenador para ver el mapa por satélite y su curiosidad aumentó al comprobar que en esa dirección se encontraba un hotel. Carlos, pálido de nacimiento, se puso lívido ante aquella deducción, no lo podía creer, ¡su mujer se la estaba pegando!, ¿pero con quién?, se preguntaba confundido. Será Ramón el musculoso, no, no, ella no es tan superficial, o tal vez será Pablo el guapetón del barrio, no, qué va, ella valora algo más que una cara bonita, o tal vez el nuevo chico de la panadería, tan atento y servicial él, las mujeres valoran esos detalles.
         A Carlos, su imaginación no le daba tregua y una profunda inquietud se apoderó de su ánimo. Barrió el lugar con la mirada buscando el teléfono móvil de ella para investigar, pero no lo encontró. Aprovechando que ella se estaba bañando, decidió registrar su cartera, él sabía de sobra que lo que hacía no estaba bien, pero necesitaba alguna pista que le confirmara o anulara su sospecha. Con sigilo, como un ladrón profesional, metió la mano dentro del bolso, sacando un estuche de maquillaje, lo depositó en el sillón, luego el monedero, paraguas, compresa, libro, gafas, bolígrafo y una larga lista de cosas, que él se sorprendió de la cantidad, pensando, parece el bolso de Mary Popins, y al contemplar el botín encima del sillón, quedó desconcertado, allí estaba la respuesta a todas sus incógnitas, en la portad del libro en letras cursivas se leía claramente, CASTILLO 31, de LILIA MARTIN.



CASTILLO,31 Alicia Carmen






         Qué bien lo estábamos pasando en ese crucero, claro, un grupo de amigas adolescentes, la primera vez que viajábamos sin personas mayores que nos protegieran. ¡Cuídense las unas a las otras! Así sentenciaron nuestros respectivos padres en el momento de la despedida.
         El crucero se llamaba “Los Castillos de Europa a través de los ríos”.
         El baile de máscaras fue sensacional y mi amiga Eleonor la más llamativa, todo un espectáculo. Me di cuenta que prácticamente la noche entera había bailado con el mismo hombre (yo no diría joven pero sí muy atractivo).
         Al finalizar la fiesta Eleonor llegó al camarote con la cara encendida y sonrisa traviesa y me enseñó una tarjeta que decía: Castillo 31.
         ¿Te la dio tu pareja de baile?. Sí, contestó, ¿qué crees tú que quiere decir?.
Bueno, quizás se refiere al Castillo número 31, aunque no creo que vamos a ver tantos, o quizás algún pasadizo siniestro. También podría ser que tu admirador se apellidase Castillo y tiene 31 años, aunque si te digo lo que pienso es mucho mayor.
         Cada vez estábamos más intrigadas así es que recurrimos a la chica más experimentada del grupo, a Rosaura, ella seguro nos sacaría de dudas.
         Al ver la tarjeta Rosaura pegó un brinco: ¡Pero qué técnica, así es como se ha hecho millonario, captando chicas desorientadas!.
         Un momento, le espeté, explícate por favor, ¿es quizás su dirección?.

         Rosaura no contestó y con un gesto teatral abrió su bolso, sacó de allí una tarjeta idéntica a la nuestra y exclamó: De esas tarjetas hay cientos; las reparten en esa calle. Si te fijas bien, tiene una coma, quiere decir: Calle Castillo, número 3, puerta 1. Y ¿no leyeron lo que dice atrás? “Cirujano Estético”.


30 MONEDAS Maruca Morales.





         Yo pienso que es de agradecer a Dios llegar a mi edad y sentirme bien, que pueda caminar y salir a  la calle…; lo único de lo que podría quejarme es de que la memoria la tengo fatal.  No me acuerdo de las cosas recientes aunque sí de las que hacía cuando era pequeña, por ejemplo cómo jugaba con mis amigas a las cinco piedritas, a la cuerda y otros juegos con los que nos divertíamos  bastante.

         Ahora de mayor, juega uno con las mismas amigas pero a la baraja, para lo que siempre hay que tener monedas en el monedero. A veces se me llena y empiezo a contar y, sin darme casi cuenta, cuando vengo a ver,  ya no tengo nada. Entonces,  cojo algunas monedas de aquí y de allá, hasta lograr el número mágico sin el cual  no puedo jugar a las cartas.  Tengo que acordarme de llevar siempre, y  por si acaso se presente la ocasión,  30 monedas en la cartera; las 30 monedas que necesito para jugar al cinquillo y así mis amigas  no tendrán nada que decir.


CASTILLO 31 Maruca Zamora.



         Hacía poco tiempo que Ángel y Sofía se habían trasladado a la calle Atalaya nº28.
         Sofía comentaba con Ángel que le parecía extraño que en la casa que estaba frente a ellos, entraran y salieran tantas personas a todas horas y todos los días y que  incluso algunos de los visitantes le hayan preguntado por un anuncio en la prensa en el que aparecía su calle con el nombre de Castillo 31.  El número 31 es la casa de enfrente pero ésta no es la calle Castillo, contestaba ella invariablemente, aunque mirándola con detenimiento se podría pensar que pudiera haber sido un castillo, ahora  bastante deteriorado. No conocían a los dueños ya que eran nuevos en la zona, pero Sofía  cada día recelaba más de sus vecinos; sospechaba que era la casa que buscaban pero se preguntaba por qué tanta gente buscaba la misma dirección.
         Un día intentando localizar en la guía telefónica un electricista tropezó con un anuncio y su asombro fue mayúsculo cuando vio un letrero de media página que decía:
           Centro Astral, Tarotista, Invocador y liberador de la Luz en la Oscuridad. Castillo 31
        Ofrecemos ayuda espiritual y el arte de echar las cartas.


         Al fin, Sofía comprendió por qué tanta gente acudía a su calle en busca de Castillo 31.


30 MONEDAS Juani Hernández.




         Una constante: ¡30 monedas!
         ¿Qué ocultaba? Era terriblemente desconcertante: por mucho que tratara de analizar sus actitudes…, hasta el punto de confundir lo real de lo inverosímil, no lograba descifrar cuáles eran sus verdaderas intenciones. ¡Sí, ha vuelto a ocurrir!. Ella estaba segura de que no lo había provocado. ¡Todo en su cabeza era folletinesco…! ¿O acaso consecuencia de alucinaciones mentales, miedos a retrospectivas experiencias?. ¡No… era explícito, aunque enmascaraba muy bien sus intenciones! ¡Ignoro por qué razón.!. Pero era culpable.

         Por 30  monedas se vendía a Jesús con cada inicio de una guerra entre hermanos.


CASTILLO 31 Carmen Garcés






         Me había pasado casi la mitad de mi vida estudiando edificios antiguos, construcciones llenas de historias y leyendas. Cada uno me transmitía su   encanto,   su magia, su misterio…   de   una   forma   especial;   siempre  pensé  que,  de alguna manera,   con eso  me   hacían   parte   de  ellos… hasta  el   día   en que  visité  éste,   el “Castillo 31”; una construcción recia, imponente  tan sólo con mirarla.
         Al atravesar su enorme portón, inmediatamente un escalofrío que recorrió mi columna vertebral,  me paralizó. Incapaz de moverme, no recuerdo cuanto tiempo permanecí así.
         Recobradas mis facultades mentales y físicas –al menos eso deduje en aquel instante –, recorrí sus enormes estancias, sin embargo algo inexplicable seguía abrumándome; cada minuto que pasaba dentro de aquellas paredes hacía que me sintiera más  parte de ellas, era como si siempre hubiera pertenecido a ese viejo edificio; jamás me había sucedido nada igual.
         Mi deambular encaminó mis pasos hacia una gran habitación, desvencijadas antiguallas de madera corroída la amoblaban, dándole un aire aún más austero –si cabe – a la estancia.
 En ese instante lo comprendí todo. Colgado del grueso muro encontré la respuesta a lo que me había estado atormentando todo el día. Un cuadro  de mi viva imagen me daba la bienvenida.
Había regresado a casa, y esta vez ya no podría marcharme.




jueves, 29 de octubre de 2015

¡¡¡¡¡FUEGO!!!! Juani Hernández.





            Han pasado más de 20 años; ¡más, muchos más!.
         Lo recuerdo como si ocurriera ahora mismo; fue una revelación. Un suceso que bien pudo acabar en tragedia.
         Regresé a mi casa después de una intensa jornada de trabajo. No quedaba otro remedio. Mi hijo Óscar, el mayor de los tres, acababa de preparar la cena como era habitual desde que faltaba su padre,  hacía algún tiempo ya.  Eso era para mí un alivio pues después de una jornada de trabajo, regresaba cansada y con tristeza. Se lo agradecía enormemente.
         Era miércoles y ese día solían pasar por televisión un popular programa llamado Un, dos, tres, responda otra vez… Se trataba de responder a una propuesta con palabras asociadas o con el mismo significado o algo parecido. El caso es que me gustaba mucho y a mis hijos también, quizás porque nos permitía interactuar con los concursantes.
         Absorbidos por el divertido programa, fue pasando el tiempo… repentinamente se escuchó un estruendo que nos sobresaltó a todos e inmediatamente mi hijo gritó…¡mamá la freidora!, con lo cual corrimos hacia la cocina que estaba situada en la entrada de la casa, cuyas paredes estaban forradas de madera  y con la única salida al exterior. “Una auténtica ratonera”.
         Qué horror… ¡¡la cocina estaba en llamas!!. Sin vacilar, en cuestión de segundos  el mayor de mis hijos se hizo con el control de la situación apagando el fuego con unos trapos de cocina y cubos de agua. Yo le ayudé no recuerdo bien cómo.
         Pasado el peligro, después de apagar  el fuego provocado por el aceite que prendió cortinas muebles lámpara… en fin todo…, tomamos conciencia del riesgo que habíamos corrido y las graves consecuencias y trastornos económicos que agravarían aún más nuestra situación.  Oí la voz de mi hijo que con pena y sentimiento de culpa, me decía ¡No te preocupes mamá, yo te la arreglo de nuevo!...ante mi pena… esa cocina había estado expuesta en el escaparate de una famosa tienda de decoración, y yo me había enamorado de ella nada más verla.
         Volví a la realidad y le respondí con toda la tranquilidad del mundo ¡No te preocupes hijo! Después de haber perdido a tu padre, todo lo que se puede reponer no es pérdida.
         Y es así como lo que en principio fue una tragedia, se convirtió en algo que nos ha servido toda la vida. En…desprendimiento, aceptación y aprendizaje. Enseñanza que pasados los años, seguimos aplicando a nuestras vidas:
         “Todo lo que se puede reponer no es pérdida”.


EL SECRETO Lilia Martín Abreu



            Estrella se sorprendió en grande cuando su hermana, con una gran seguridad en sus palabras, le dijo, nos largamos lo más lejos posible de este lugar, que está contaminado de prejuicios y secretos, quiero desintoxicar mi vida en otro lugar, donde pueda olvidar una existencia de rencores  y malos recuerdos, esta casa me asfixia, me ahoga su abolengo rancio venido a menos. Nos marchamos a otro lugar donde nadie nos conozca, nos vamos de este pueblo de hipócritas, donde el trato es políticamente correcto, no porque te aprecien, no, sino por miedo a la señora de la casa grande, que da trabajo a medio pueblo y el otro medio le rinde honores.
         Estrella observaba con incredulidad a su hermana y no podía creer lo que estaba oyendo, su hermana no mostraba ni un atisbo de dolor, todo lo contrario, era rabia contenida lo que rezumaban sus palabras, y le replicó atónita de desconcierto, ¿se puede saber qué te pasa? ¡se te olvida que estamos llegando del cementerio de enterrar a nuestra madre!.
         Carmen la miró fríamente, argumentando, no, no se me olvida, todo lo contrario, hoy al fin soy libre y dueña de mis actos.
 Estrella calibraba, sin creerlas, aquellas palabras y replicó, si tanta sed de libertad tienes ¿por qué no te has ido antes? ¿quién te ha impedido marchar?.

 Carmen la contempló embriagada de ternura y con la voz rota de emoción, le contestó ¡tú…, sí, tú, hija mía, la que terminamos de enterrar era tu abuela… yo soy tu madre.