jueves, 27 de marzo de 2014

RECONSTRUCCIÓN de Roberto.Es


Está en su pasado.  Se pasea por él.  Sabe exactamente dónde va; dirige sus pasos hacia aquel preciso instante en que el destino caprichoso jugó sus dados y la ruleta de la vida marcó su número ganador.
Se levantó de sopetón, pues no había sonado el despertador.  Su vuelo para Johannesburgo partía a las diez de la mañana.  Apresurado, terminó de cerrar su trolley y, cogiendo abrigo y bufanda, cerró la puerta tras de sí.  Ya en la calle, la multitud vaporaba bajo un cielo plomizo.  Tomó un taxi con destino al aeropuerto.  La intensidad del tráfico en hora punta creaba múltiples atascos.  Julián miraba el reloj y las manecillas, amenazadoras, le anunciaban el fracaso de su arduo intento.
Llegó a la terminal de salidas; los dígitos de los paneles confirmaban el despegue inmediato de su vuelo.  Tras atravesar los arcos de seguridad, emprendió una acelerada carrera hacia la puerta de embarque que, para su mala suerte, acababan de cerrar.  Impotente, observó cómo su avión se perdía entre las nubes.  A la misma puerta treinta y tres, llegó sin aliento otro pasajero tardío.
-Disculpe, caballero. ¿Es este el vuelo a Johannesburgo…? –preguntó
Julián se giró y entonces lo vio.  El tiempo se detuvo.  Aquel desconocido parecía salido de una novela de Dickens.  Solo recuerda unos enormes ojos negros que le sonrieron; en su peculiar atuendo destacaba una elegante chaqueta de tweed.

Hoy, veinte años después, despierta cada mañana ante aquella perturbadora sonrisa y, su singular chaqueta, cuelga todavía en el armario de la habitación compartida.


ACCIDENTE de Sandra Moi





Estoy en mi pasado.  Me paseo por él.  Sé exactamente donde voy, de la misma manera que conozco para qué.  De nuevo aquí, bajo la fría lluvia que cae constantemente sobre mis cabellos.  Noto como la ropa se empapa sobre mi cuerpo entumecido y como tú me sostienes entre tus brazos fuertes, mientras acaricias mi rostro diciéndome cuánto lo sientes, que no te ha dado tiempo de reaccionar y que la situación se te ha ido de las manos.  No siento la noción del tiempo, ni siquiera recuerdo qué ha sucedido; sólo escucho el estridente ruido de las sirenas: ellas me anuncian que soy la protagonista de un trágico accidente.  De pronto,  me acuerdo de que me habías dicho que ya no me querías, que todo había acabado entre nosotros y entonces veo como me abalanzaba hacia el volante del coche de manera inconsciente,  provocando así este grave accidente.  Y yo me pregunto… ¿en qué momento dejaste de quererme?, ¿cuándo pasó?, ¿de qué manera sucedió?. ¿ Acaso he sido culpable por amarte tanto o por no darme cuenta de que te alejabas?.  Tus ojos me revelan el dolor que sientes. Enseguida comprendo que ya no me quieres y …¿qué voy a hacer yo, sino dejarte ir?... Como ayer, no puedo retenerte. 
Viajé a aquel instante para constatar que, ya entonces, solo nos unía la tragedia que acababa de ocurrir.  Allí quedó todo, en el pasado.  Ambos hemos empezado de nuevo, aunque por caminos diferentes…




miércoles, 26 de marzo de 2014

RECONSTRUCCIÓN de Ana Rosa Benítez



Estoy en mi pasado.  Me paseo por él.  Sé exactamente donde voy, de la misma manera que conozco para qué: necesito llenar vacíos y apagar silencios.  Me dirijo a la calle 43 del distrito norte.  Es de noche; una noche sin luna.  Espero, bajo el puente, a que el mercedes negro aparezca.  Me escondo.  El coche se para y, como ya sabía, la puerta se abre y te veo salir, con ese porte que la genética te ha regalado y que tú, con exquisito cuidado, sabes resaltar.  El coche desaparece y te quedas inmóvil en aquella avenida desolada, sin poder reaccionar.  Tus ojos tristes expresan interrogantes, preguntas; sin que tu boca hable.  Pero, no hay respuestas.  Entonces es… cuando nos encontramos…Ahora sí, esta segunda vez,  te llevaré conmigo.


RESUELTA de Lourdes



¡Llegué al pasado tan dispuesta y con las ideas tan claras para cambiarlo todo!: todo lo que a lo largo de los años me había envenenado, todo lo que me había molestado, todo lo que me había enfurecido o hecho daño.  Pero, cuando me vi cara a cara conmigo misma, me di cuenta de lo resuelta que era para solucionar yo misma mis propios problemas, así que, lo dejé todo como estaba.




RECONSTRUCCIÓN de Carmen Garcés







Está en su pasado.  Se pasea por él.  Sabe exactamente donde va; dirige sus pasos hacia aquel preciso instante en que, de pie junto a la puerta de embarque, se despide.  Sabe que esta separación será para siempre. Con lágrimas retenidas y un nudo en su garganta, se marcha sin articular palabra, sin mirar atrás.  Sube, lánguidamente, las escalerillas que la llevan al avión.  Algo súbito hace que se detenga. Mira la flor que lleva en su mano y, con resolución, exclama que esa vez será diferente.  Inspira con fuerza  y siguiendo sus impulsos, corre escalera abajo.  Atraviesa la sala de embarque y el hall del aeropuerto apresuradamente.  Así, llega a la calle.  Allí está, con su tez dorada por el sol, con la sonrisa que la enamoró el primer día, su voz profunda y sus manos seductoras.  Se miran.  No hacen falta palabras.  Ambos entienden que esta vez, aquel para siempre lo vivirán juntos.


RECONSTRUCCIÓN de Alicia Carmen




Cuántas veces se ha paseado mentalmente por esa aldea que abandonó muy joven.  Sus recuerdos lo han atormentado; son culpables de sus noches de insomnio.
Otros brazos llenaron sus carencias, otros labios se le ofrecieron y le hicieron olvidar la carita dulce de aquella chica sencilla que le recordaba sus obligaciones.  Hizo oídos sordos y ahora que está viejo y enfermo, regresa.  Quizá ella esté todavía allí.  O tal vez encuentre el fruto de su primer amor. 
Algo le dice que es muy tarde.  Seguro que nadie lo estará esperando; a estas alturas ya nada se puede cambiar.  Sus pasos por la vida  han llenado de tristeza a tantas personas…empezando por el mismo.


EL PRIMERO de María Silkwood


Me despierto como en un sueño…, siento un golpe brusco; ese ha sido mi primer golpe en la vida; después de ese vendrán muchos más…
El doctor contiene el aliento: yo no lloro.  Mi madre se incorpora mirando con los ojos muy abiertos.  Yo no quería nacer y ella me ha empujado…
Al final, lloro.  No porque me duela nada, sino porque estoy en la vida.  He abandonado aquel reciento cálido y suave en el que flotaba…  He dejado la comodidad, la tranquilidad para venir a lo desconocido, un mundo nuevo…, frío y hostil, como esta sala, como este suelo duro en el que…me golpeo la cabeza…

Desde entonces, sufro de fantasías, sueño que estoy en otros mundos, trato de evadir las realidades pues sé que son duras como aquel golpetazo…

Mi madre me mira como diciendo "mi niña", yo la miro con el ceño fruncido y...pienso..."pues ya te enterarás de lo que has hecho".  El médico se siente un héroe, el pobre, si el mérito es mío, que lloro para complacerles...  Estos mayores quieren una niña sumisa... ¡ya empezamos! ¡me las pagarán! Je je...





LA AZOTEA DEL AYER de Juani Hernández



Tengo que darme prisa en comer, seguro que están muertas de sed, pensaba mientras regresaba del colegio.
-¡Mamá, mamá! ¿Qué hay hoy para comer?
-¡Lentejas! El que las quiere las come y el que no las deja –siempre dice lo mismo, no importa lo que haya para comer.
-¡Ya terminé! ¿Puedo salir a la azotea ya?
-¡Sí! Pero cuidado con el sol que a esta hora está muy fuerte y eso no es bueno para la salud.
Corro escaleras arriba, saltando los escalones de dos en dos. Ya estoy en la azotea. ¡Cómo me gusta plantar semillas!.. y cuando las plantitas brotan…¡me da una alegría!.  Seguro que los tomates están hoy un poco más grandes y maduros.  Tengo que cuidar que no se los coman los lagartos.  ¡Ah! ¡Mira los pimientos! Ya han abierto las flores.  ¡Uf, qué calor! ¡Cómo están las pobres de sequitas!  ¡Me da una pena que pasen sed!, como si fuera yo quien estuviera sedienta.  ¡Qué bonito el rosal! Ya abrió un botón y ¡qué color tan delicado y tiene perfume!
Como me gusta hacer esto todos los días.  Las plantitas siempre me sorprenden con hojas nuevas, o flores o algunos frutos, eso sí, son pequeños porque en los cajones de madera no se desarrollan bien.  ¡Ah, me estaría todo el día aquí!
-¡Juanita Rosa, baja ya, que te vas a poner mala con tanto sol! Esta niña…
-¡Ya voy, mamá!  Hasta mañana, plantitas…




DEMASIADO TARDE de Maruca Zamora




Estoy sentada en el quicio de un portal cualquiera, con la mente perdida, cabizbajo, con la mano tendida, cuando siento resbalar por ella unas monedas.  Levanto la cabeza. Doy las gracias y, al hacerlo, me impacta lo que veo.
¿Quién pudiera retroceder en el tiempo, volver a empezar, regresar al mundo en que viví? Vivir de nuevo con esa persona que ya no está conmigo.  ¡Tuve tanto! La vida se encarga de ponerte en tu lugar.  ¡Desprecié a tanta gente, incluso a mis hermanos y sobrinos!. Por aquel entonces no quería que mis amigos supieran de dónde venía, que mis orígenes eran humildes.

Hoy, al sentir estas monedas en mis manos y reconocer al hijo de mi hermano en la persona que me las da, sin que se haya percatado de quién soy; sólo un mendigo más, he retrocedido veinte años atrás para revivir todo mi pasado.  Ahora sé cuál es el verdadero valor de las cosas en esta vida, pero ya es demasiado tarde.



JUVENTUD de Maruca Morales




María se casa muy joven y se va con su esposo a otro país.  Lo sintió mucho porque nunca se había separado de su madre.
Trabajaban toda la semana y los domingos  iban juntos al Cine Colón a ver películas mejicanas.  Eran jóvenes y así fueron pasando por los veinte, por los treinta, por los cuarenta…  Cuando María llegó a los sesenta, decidieron regresar a su tierra pero ya la juventud se había ido y la ilusión parecía haberse ido con ella, también, por la temprana ausencia del esposo. Salía a pasear pero los pies le  pesaban mucho, se cansaban…

Pero, alguna transformación ocurrió en ella, porque ahora, a los setenta y piquito se vuelve a sentir joven otra vez, disfruta de sus hijos ya mayores y de sus nietos, sale de excursión con las amigas y, aunque le siguen pesando mucho los pies, no para.  Ella piensa que ahora está… ¡en su tercera juventud!