miércoles, 31 de enero de 2018

PISANDO FIRME Esther Morales



Mi ser no solo se alimenta con un explosivo potaje con gofio, no.  Se alimenta con el murmullo de los brezos y las hayas en un paseo por los montes de Anaga.  El bramido de los pinos en un día de lluvia y viento en el monte de la Esperanza. La armonía de las olas que se acallan al romper en la playa de arena.
Remontándome a mi niñez, cuando el viento susurraba los mensajes en mi querido San Andrés, el sonido de las olas batiendo en el mar de El Golfo o el profundo silencio de la Hoya del Pino.

Mi alma y todo mi ser necesitan de esa naturaleza; olerla, respirarla y pisarla, porque también de ella me alimento.


jueves, 25 de enero de 2018

PUNTOS DE VISTA

EJERCICIO NARRATIVO TALLER


PUNTOS DE VISTA


Desde el punto de vista de una lombriz, si fuera pez no sería carnada
Juan Roberto Núñez

Desde el punto de vista del apetito, un bocadillo es como un paraguas bajo la lluvia.
Elena Padrón Morales

Desde el punto de vista de un teléfono, el mundo es un Parlamento
Carlota Sosa

Desde el punto de vista de una lombriz, el niño es un asesino
Juan Carlos Chávez

Desde el punto de vista del apetito, las papas son frenesí
Ana Benítez

Desde el punto de vista de un campesino, el mar no es necesario
Juani Hernández

Desde el punto de vista de un extraterrestre, el mundo es inhabitable
Carmen Garcés

Desde el punto de vista de una lombriz, el gallo es Hacienda
Lilia Martín Abreu

Desde el punto de vista de mi nieto, el mundo es cuadrado
Lali Marcelino

Desde el punto de vista de un poeta, la tierra no es azul sino líquida
Roberto Escarvajal

Desde el punto de vista de una lombriz, la gallina es un infierno.
Alicia Carmen

Desde el punto de vista del apetito, qué triste es un plato vacío
Esther Morales




miércoles, 10 de enero de 2018

COLGADAS de Esther Morales



Margarita y Sara caminaban por el centro de la ciudad dadas de mano.  Ellas, madre e hija, habían ido para hacer unas compras de última hora ya que esa noche celebrarían el quinto cumpleaños de la niña.
Dados los últimos acontecimientos del país en aquel momento, donde se hablaba mucho de robos de niños para sacarle los ojos y venderlos o, no sé si peor o mejor, violarlos, matarlos, Margarita apretaba  de tal forma la mano de su hija, en medio del tumulto de gente, que ésta la seguía renuente, escapándose en cuanto podía para ver los juguetes en los escaparates en medio de un embeleso.
La madre, cansada de tirar de la niña o de correr tras ella, le dijo:  Sara, como te vuelvas a soltar de mí, te cojo y te cuelgo.  La niña no volvió a soltarse, asustada.
Cuando llegaron a casa, Sara le pregunta a su mamá muy seria: mamá, ¿cómo se cuelgan las niñas? ¿se traban con pinzas?


EL ENCIERRO Juan Roberto Núñez




No sabemos cuánto tiempo más tardarán en venir a abrirnos la puerta. Cada mañana, desde hacía tres meses, escuchamos pasar la vieja y oxidada carretilla de Jacinto, el ruido de su trabada rueda ya es música para el entorno…
En el intervalo de su silenciosa tarea, escribe historias asombrosas que parecen salir de la misma cripta; mientras lo hace, cae en un estado de posesión absoluta, dejándose llevar por cosas que no sé si alguien más conoce, nosotros sí… Conocemos sus trances e historias, ¡porque las escribe dentro de nuestra habitación!: húmeda y mal oliente para cualquier humano, pero él es diferente. Aunque no venga a hablar con nosotros, nos ha hecho saber que pronto el ruido de su transporte se detendrá frente a la puerta de la oscuridad, para darnos luz, una claridad que hace tres meses no ven nuestros cuerpos y, de alguna forma, sin saber de dónde, podemos verlos, ¿será quizás la hora que esas dos urnas viajen al nicho familiar?...

No sabemos cuánto tiempo más tardarán en venir a abrirnos la puerta. Cada mañana, desde hacía tres meses, escuchamos pasar la vieja y oxidada carretilla de Jacinto, el ruido de su trabada rueda ya es música para el entorno…

En el intervalo de su silenciosa tarea, escribe historias asombrosas que parecen salir de la misma cripta; mientras lo hace, cae en un estado de posesión absoluta, dejándose llevar por cosas que no sé si alguien más conoce, nosotros sí… Conocemos sus trances e historias, ¡porque las escribe dentro de nuestra habitación!: húmeda y mal oliente para cualquier humano, pero él es diferente. Aunque no venga a hablar con nosotros, nos ha hecho saber que pronto el ruido de su transporte se detendrá frente a la puerta de la oscuridad, para darnos luz, una claridad que hace tres meses no ven nuestros cuerpos y, de alguna forma, sin saber de dónde, podemos verlos, ¿será quizás la hora que esas dos urnas viajen al nicho familiar?...



CONTUMACIA Juani Hernández



Contumacia: Jeremías 7-8:
¿Quién cae, no hace por levantarse? ¿Quién se desvía, no vuelve?
¿Por qué, pues, la rebeldía de este pueblo y su aversión?

         Con frecuencia le decía Jeremías a María su esposa y compañera de camino, mientras desayunaban en su acogedora casa de campo donde solían pasar los fines de semana.
-Cuánta paz, qué bien se está aquí, lejos del atronador ruido de las linotipias-
…Juntos habían estudiado en la facultad de periodismo y desde muy jóvenes habían soñado con fundar un periódico donde lo primordial sería informar, ante todo con rigor y pulcritud, serían líderes en información avanzada, ¡casi premonitoria!
-Así es, Jeremías, se está bien aquí, lejos de todo ruido y de esa necesidad que hemos adquirido de estar informados al instante.
-Cierto querida, hemos llegado a un punto en que las guerras las damos casi por capítulos…
Algunas veces, antes incluso de que sucedan, ha sido castigado el malhechor, enterrado al no muerto y enjuiciado al presunto…que no es presunto sino culpable y malversador de fondos, pero que tampoco está claro del todo, porque suele estar bajo secreto de sumario y así, la mayoría de las cosas, todo por ese afán de ser los primeros en lanzar la noticia, que por cierto, no es noticia por no estar constatada y que rodará sin el menor escrúpulo, de boca en boca y de chat en chat, sin medir las consecuencias, causando sufrimiento y en no pocas ocasiones…algún que otro suicidio.
-Sí, Jeremías, tienes razón y yo me pregunto…¿quién comete un error, no hace por levantarse, si le damos la oportunidad? ¿y quién se desvía, no vuelve? ¿Por qué, pues, la rebeldía de este pueblo y su adversidad?
-Te digo María que la contumacia, es el empecinamiento de querer tener siempre la razón, cueste lo que cueste, aunque para ello se haga el ridículo o lo que es aún peor, la muerte por causa del sufrimiento.
Estas son las consecuencias de la mentira instaurada en la sociedad como arma y logro.

-¡Sí, sí! Descuide, iremos.
-María, prepárate nos vamos a un funeral.
-Sí querido, me pondré las perlas que irán bien con el luto.




EL ENCIERRO Lali Marcelino



No sabemos cuánto tiempo más tardarán en venir a abrirnos la puerta. Cada mañana, desde hace tres meses, escuchamos pasar al butanero con su tintinear de bombonas chocando unas con otras. Lo peor que llevamos de este encierro circunstancial y ante tan bajas temperaturas, es bañarnos con agua fría.

         Nuestra despensa está llena, cada semana alguien nos surte, según nos portemos y sí cumplimos con el objetivo propuesto. Después de tres meses de encierro, sin ver a nadie más que a nuestros compañeros de juego,  la rutina diaria nos hace recordar nuestro cautiverio voluntario, que  convierte cada momento del día en una pesada carga.

         ¿Qué necesidad me hizo llegar a este punto de mi vida? Entrar en un concurso televisivo que siempre había visto como algo vulgar, chocante y hasta hortera. Vender mi vida privada para todo el que quiera ver mis miserias y mis alegrías porque, aunque lo que se pretende es aparentar teatralizándolo todo…es imposible que con el paso de los días no muestres tu ser, tal cual es, por dentro y por fuera, sin máscaras.

         Ya sé la respuesta…, vine aquí para huir de todo lo que se cuece: envidias, corruptelas, “quítate tú, pa ponerme yo”, hipocresías, egos disparatados y disparos perdidos que salen de mentes enfermas; …mejor encerrada sin agua caliente.


¿Y QUÉ PASÓ DESPUÉS? Alicia Carmen





Él es un hombre apuesto además de millonario y está profundamente enamorado de Vivian. Ella no puede creer como su suerte ha cambiado. Viste solo ropas elegantes, de buen gusto, claro que ha necesitado asesorarse, pero como es tan bonita, todo lo luce bien.

Esa noche, como tantas otras, se acicalaron para ir a una importante recepción. Ya en medio del bullicio, cada uno quedó en diferentes estancias. A ella se le acercó un camarero para ofrecerle una copa de champán, sus ojos la miraron sin poder creer lo que veían;

-Pero…si eres Vivian, estás bellísima, pero no eres mi Vivian. Ella inmediatamente reconoció a Iván, el chico que la trastornaba años atrás, al que jamás cobraba por sus servicios, es más, le encantaba estar con él, disfrutar de lo que la vida les ofrecía.

Se le revolvieron sus recuerdos, las mariposas estomacales volvieron a volar, pero no, ahora no podrá ser, pensó, tengo otra vida, otras metas.

-Vamos, le dijo Iván, a recordar tiempos pasados, aunque sea una sola vez más. Vivian se sintió vulnerable,  incapaz de resistir esa tentación. Todo su organismo gritaba…”sólo una vez más”. Se alejaron de la concurrencia y allí detrás de unos arbustos del jardín, sus cuerpos les dijeron que no se habían olvidado.

Al terminar la reunión, Edward le dio gentilmente la mano ayudándola a entrar en la limusina. Cuando el vehículo se detuvo…Edward le dijo;
-Puedes bajar…Ella, extrañada, miró y se encontró con el barrio más bajo y peligroso de Los Ángeles…aquí te devuelvo, esto es lo que te gusta.



lunes, 8 de enero de 2018

APRENDIENDO CADA DÍA María Elena Padrón Morales


Y de repente, lo veo claro.
Han  pasado ya mis años de niña buena; también aquellos  otros de adolescente
tímida, apocada.
Ahora, después de cabalgar a lomos de bestias hirientes, me desnudo de
ideas absurdas que sólo me atenazan.
Ahora escribo, no por saber, más bien para aprender. Cuando leo a grandes
escritoras, me meto en su piel y en sus líneas, a ver si, con suerte, algo me
salpica.
Y conozco con ellas el goce de poner en papel la ternura de una mirada y el
dolor de una despedida, una tormenta en el mar y unos caballos
relinchando.
Así, cada día; amasando vivencias y desmigajando sueños y aventuras por
llegar. Con un lápiz, con un papel. Y con cualquier escenario de fondo.



LA SOMBRA Juan Carlos Chávez

     


      En una noche agitada por un viento que escocía mis oídos, mi pantalla mental fue ocupada por una sombra sin forma definida, provocando que una desagradable sensación recorriera mí ya cuerpo entregado a movimientos involuntarios. Trataba de desviar mis pensamientos hacia un jardín de rosas rojas y blancas, o en el romper de las olas contra las rocas, pero esa deformada sombra siempre acababa por imponerse. Me propuse abrir los ojos, pero los párpados me pesaban. Intenté moverme, pero mis extremidades estaban bloqueadas. La respiración se hacía espesa. Al mismo tiempo me sentía encerrado. Y fue entonces cuando mi intuición me susurró que  me hallaba dentro de un ataúd.
          -¡Estoy muerto! Exclamaba agónicamente sin mover mis labios.
     Y esa sombra cobró forma humana y comenzó a ondear su mano derecha. La angustia activó su ansia en quererme devorar y mi grito se encalló en el momento en que esa sombra humana fue absorbida por una gran mancha roja que ocupó toda mi pantalla mental.

           Con brusquedad y esfuerzo abrí los ojos, recuperé mi movilidad, y allí estaba mi madre luciendo un negro atuendo y cubriendo con su humedecida mirada la foto de mi padre que portaba.


LA GRIETA Carlota Sosa Felipe



Esa grieta, abierta por el dolor y la rabia, tenía que haber cicatrizado en perdón y experiencia, pero… ¡no!. Cada vez se rasgaba más profundamente, cada vez se alimentaba  más en las sombras de sus noches.
Ella había amado profundamente. Puso todas sus esperanzas en él y… ¡la defraudó! Sus tierras no fueron bendecidas por un amor correspondido y,  poco a poco, se fueron secando.  Tan solo gritos de impotencia hacían rodar sus piedras ladera abajo.  
    Él,  había sido tocado por fantasmas abismales que no le dejaban tranquilo. Su corazón de volcán derretía pasiones. Quiso experimentar con otras montañas. Poco a poco, sus cenizas le cubrieron y ya no era capaz de arroparla, de quererla, de postrarse a sus pies y pedirle perdón por haberle causado tanto dolor.

    La grieta dividió sus dos laderas. Aguas turbulentas inundaron el Valle. En sus orillas crecían dos árboles, pero fueron inoculados por el odio. De alguna manera, las sombras de sus padres les alcanzaron. Sus pequeñas ramas no dejaban que los pájaros se posaran y solo escuchaban, a los lejos, sus melodías.   Sus cantos no fueron  del todo inútiles. El eco llegaba a sus tiernos brotes y les repetía una y otra vez que debían querer  a las dos montañas. Aunque las  percibían teñidas de rojo,  los dos árboles sabían que, a su modo, ellas fortificaban sus raíces y alimentaban sus flores.

La abuela montaña que tocaba el cielo intentaba bañar con lluvia transparente estas tierras para fructificar sus corazones y proporcionarles aires amigables. Sus esfuerzos no eran suficientes para despertar el amor de antaño en forma de respeto y buenos deseos. En su cima alguien enviaba luz de Sol.  Quería ayudarles, pero respetaba el libre albedrío. Confiaba que, con el tiempo, todo volvería a ser fértil otra vez. Pero, a veces…  lloraba.