lunes, 13 de junio de 2016

DECISIONES. Carmen Garcés






            La explosión hizo temblar el suelo bajo mis pies. En un primer momento no supe lo que sucedía; desorientado, busqué la causa de aquel fenómeno. Mis peores temores se hacían realidad cuando, al dirigir la vista hacia el muelle, pude ver el enorme amasijo de hierros y maderas flotando en el agua.
            De inmediato corrí hacia el lugar, llegando al tiempo que los supervivientes del accidente nadaban hacia la orilla; sin embargo, una gran cantidad de personas mal heridas permanecían en las frías aguas.
            ¡Llamen al 911! Grité a los que, paralizados por la impresión, miraban desde el muelle sin atinar a moverse.
            Entré al agua como pude -sentía que, como cuchillas, cortaba cada centímetro de mi piel-. Así, uno a uno, fuimos rescatando a los heridos, -labor que nos dejó  extenuados-,   pero que finalmente dio sus frutos, ya que logramos sacarlos a todos vivos.
            Han pasado siete años y, aún hoy, al recordar aquello, un escalofrío recorre mi espalda. No sólo por lo terrible del suceso,  también por las repercusiones que pudo haber tenido en mi vida. No sé si llamarlo suerte, o tal vez un regalo  que me hizo el destino; sólo sé que no tengo explicación por la  que, esa mañana decidiera no abordar aquel barco; el mismo que minutos después de salir de puerto explotó causando tantos estragos.
            ¡Aquella decisión impetuosa,  salvo mi vida!.




LO COMPRAS O TE LO VENDEN. De Juan Roberto.

Pintura de Marcus Larson


            Como todos los años, en invierno, salimos los muchachos a caminar por el muelle a ver los barcos que vienen de otros países y que tanto nos gustan, hasta que en determinado momento…
            ¡Coño! Un estruendo que parecía tragarse la tierra hizo volar por los aires uno de los barcos, vi que Emilio corría en círculos, como pollo sin cabeza, diciendo oh dios mío, oh dios mío, Arturo como socorrista que es, gritó, llamen al 911 mientras corría hacia  los heridos, Marcos, como siempre indicó  mejor me voy de aquí y huyó y yo como reportero que soy reaccioné grabando con el móvil
            Logré divisar que al parecer cinco personas nadaban ilesas pero muchas más estaban flotando,  heridas. Tal vez otras estuvieran muertas. Sentí el murmullo desgarrador del dolor en carne, pero eso, no hizo temblar mi pulso para testimoniar lo soberbio que había ocurrido.
            Se percibía un olor  a salitre y a quemado en la brisa, que hasta no hacía mucho, había sabido a sal marina, noté mi boca seca y mis piernas firmes. No sé por qué mi mente sólo pensaba en la noticia qué lograba, dándome cuenta de que mis emociones estaban aparcadas en no sé dónde. Parecía que la solidaridad y el auxilio a momentos se evaporara, por unos minutos de fama, con la desgracia y el sufrimiento ajeno, parece que dejamos de ser humanos.
            Cuando la primera lágrima me bajó de la nube, al ver venir tanta desolación, dejé de grabar y me pregunté…¿qué diablos estoy haciendo?, salí corriendo como por arte de magia, regresando a la realidad de la rabia en la que me encontraba al socorro de tantos gritos y lamentos, cuando vi a lo lejos a Arturo riendo como loco, abrazando a algunos supervivientes  y otros que inmóviles se encontraban a flote como muñecos…¡¡ni tanto que  los eran!!... a lo lejos sentí decir…¡¡¡corten, corten!!!... ¡¡fue todo tan rápido!!... Afortunadamente, estaban filmado una película, de eso se trataba…
            Sentimientos encontrados, alivio, impotencia profesional ¡yo qué sé!.
            Nunca más nos volvimos a juntar todos y de Marcos… aún debe estar corriendo… no supimos hasta hoy más de él.


MIEDO. De Roberto ES.





            Yo estaba allí. Todavía no me he recuperado del susto; fue horrible… Era un atardecer desapacible; tenía mucho frío, y allí, encogido por la pena, añoraba mi casa, mi familia, sentados alrededor de la mesa ante un plato de sopa caliente. De pronto, un estruendo ensordecedor me sacó de aquellos entrañables pensamientos… Se me encogió el alma. Por unos segundos creí que estaba en mi país, en la Universidad, donde los últimos bombardeos aceleraron mi desquiciada huida dejando atrás una vida de trabajo docente prohibida por el régimen bajo pena de muerte…   Marché sin mirar atrás…   No sabía lo que pasaba. En la confusión, la gente corría sin saber qué hacer ni adonde ir en aquella angustiosa incertidumbre. A esas explosiones siguieron otras y entonces pude escuchar, aterrorizado, los gritos de socorro de algunos pasajeros de aquel endemoniado barco. Algunas personas de la Alameda, se lanzaron al agua para tratar de ayudar a los hombres y mujeres que intentaban alejarse de aquel infierno. También yo tuve el mismo impulso pero, por desgracia no sé nadar. Pronto se empezaron a oír sirenas que se aproximaban al lugar del accidente. De repente, alguien me dijo: ¡muchacho vete de aquí o tendrás problemas!. Era un anciano que me observaba desde hacía rato. El miedo a ser detenido y devuelto a mi país hizo que saliera corriendo de aquel lugar, pues el color de piel delataba mi condición de exiliado. También era yo un superviviente de un viaje sin retorno donde, hacinados en una patera, muchos de mis compatriotas perdieron la única pertenencia que les quedaba: su propia vida…


ORGULLO. Esther Morales.





            Era un día de invierno, frío y nebuloso. Mis hijas y yo estábamos de compras en el rastro, buscando y regateando con los tenderos. El mar estaba en calma y muchos barcos anclados en la bahía y sus alrededores.
            Las esperanzas eran que el día levantara y los turistas dejaran mucho dinero en la ciudad, que a los comerciantes les fuera muy bien y vendieran todo lo más posible.
            A pesar del mal tiempo, reinaba la alegría y el bullicio del momento.
            Mis hijas no paraban de probarse todos los trapos que encontraban a su gusto (que eran muchos).
            De pronto, una explosión sacude el suelo, mirando alrededor descubrimos  un barco en llamas y unas personas nadando apuradas para alcanzar la orilla.
            Mi reacción fue llamar al 911 para que vinieran a ayudar. Mientras busco a mis hijas y las distingo junto a otras personas en la bahía socorriendo a los heridos y ayudando a los que nadaban exhaustos, todo en medio de un gran caos y gritos por doquier.
            Sí, no me siento  orgullosa de mi reacción tanto como de la de mis hijas.



SUPERVIVENCIA Lali Marcelino.



           
 
Pintura de Carlos de Haes

            Era una tarde de puro invierno y las olas parecían geiseres en erupción. Vi todo desde donde me encontraba, refugiado de tan tremendo temporal. Incluso cómo se partía la barcaza en dos, el chirriar de los hierros, la gente tirándose al mar,  aquel mar que podría destrozarlos aún más.
            Quedé paralizado ante tanto horror y no me atreví a hacer nada. Preferí salir huyendo antes de que llegara la policía y aquello se empezara a llenar de gente.
            Teniendo en cuenta que había llegado en una patera y hasta ese momento me encontraba de paso por allí, hasta que arreciara el mal tiempo y encontrara un refugio mejor, recordé mi llegada a aquel muelle sufriendo casi las mismas circunstancias que aquellos pobres que no me atreví a socorrer. Sin papeles, sin documentación, así estaba mi situación. Probablemente obré egoístamente, pero para saber si obré bien o mal, primero hay que meterse en la piel de todos los que llegamos a otro país, jugándonos la vida, buscando otra mejor.
            Hoy en día estoy trabajando en un  hotel de esta tierra, legalmente. Tengo mi pareja, dos hijos, pero jamás seré feliz del todo. Mis recuerdos siguen estando vivos, y nunca podré olvidar cuanta gente se traga el mar diariamente, buscando la otra orilla.



lunes, 6 de junio de 2016

COÑO, SACA EL MÓVIL Y GRABA Ana Benítez.






            Era un día apacible de invierno, con mucho frío, aunque de vez en cuando salía el sol a saludar; pero rápidamente volvía a desaparecer. Me encontraba haciendo un reportaje fotográfico sobre el muelle de mi ciudad;  famoso por sus aguas tranquilas y por la cantidad de barcos que varaban por allí cuando una explosión azotó la tranquilidad del mar y arrastró a cuantos estábamos en la bahía; y también a mi cámara; que desapareció al instante. Intenté buscarla ante tanto caos. No sabía lo que había sucedido pero tenía que grabarlo. No la encontré. Pero mi instinto me habló: ¡coño!, saca el móvil y graba, graba… No puedes perder esta oportunidad de ser testigo de una tragedia en primer plano. Ya me enteraría más tarde qué era lo que había pasado.


LA DEUDA Alicia Carmen.





            Oh Dios mío, oh Dios mío, qué desastre, ¿qué habrá sucedido?. No, por favor, mi Dios, no me castigues así, en el fondo no soy tan mala, sólo he sido una persona mimada. Sí, siempre tuve lo que quise, ¿es mi culpa?.  No lo creo, los que me rodeaban me hicieron la vida muy fácil, demasiado diría yo y simplemente no fui capaz de superar mi primer fracaso.
            Oh, señor, debería preguntar a uno de los sobrevivientes cómo se llama el barco accidentado, debería tener la certeza. En el caso que sea el “Costa de las Buganvillas”, yo también me hundiré, ya mi vida no tendrá sentido y cada vez que vea a un niño preferiré haber muerto.
            Tenía tantas ilusiones, soñaba ser una mujer responsable compartir con mi hijo tantas cosas que le podía ofrecer, nosotros dos, con mi amor él no necesitaría de nadie más.
            Odio las leyes que permiten a los padres compartir vacaciones con los niños.
            Desde  que nos divorciamos siempre habrá evitado que se llevara lejos a mi Alberto esta vez un estúpido enfado hizo que él escogiera a su padre para pasar las vacaciones navideñas.
            Me sentiré culpable toda la vida, si le ha pasado algo.
            Oh Dios no permitas que lo que dije en un momento de rabia se materialice: ¡¡Qué les vaya mal!!, les grité a los dos por dejarme aquí sola y desesperada…

            Este espantoso recuerdo no me dejará vivir, así es que ya sé que nado bastante mal, pero no me importa, allá voy de todas maneras, si no lo encuentro, si no es su barco, rescataré a otros, me sentiré aliviada, esa será mi manera de agradecer que mi hijo está a salvo.


SE FUE de Roberto.Es


       
  No estes triste mami...; él está aquí con nosotras..., me lo dijo, y me encargó que te cuidara, y que cuando lloraras yo te abrazara muy muy fuerte. Yo también  lo echo de menos...Te acuerdas, mami,  que se escondía detrás de la nevera para darte un susto cuando fueras a coger la leche para el desayuno...? ¡Qué risa mami! y..., ¿y cuando nos cogía a las dos en brazos y dábamos vueltas...? Cómo nos reíamos mami... ¿Te acuerdas...? Ahora ya no te ríes nunca. Te voy a contar un secreto: una noche que vino a darme un beso me dijo que cuando estuviera triste, recordara los momentos bonitos y que mirara a las estrellas, que él estaría ahí, vigilando, para que tuviera unos dulces sueños y que  también estaría  en mis fantasías; con Peter Pan, con Campanilla y con Alicia; sí, mami, la del país de las maravillas y el conejo blanco... Cómo le gustaba contarme ese cuento; y que él nos esperaría allí; y que mientras tanto los pondría a todos a preparar una fiesta con fuentes de chocolate, muchos globos, y me vestiría de bailarina con un tutú rosa; y payasos, y música; y reiríamos, mami,  hasta caer al suelo de tanto reírnos... Por eso no debemos llorar... Buenas noches, mami. Yo también te quiero y acuérdate de que si miras al cielo, papi nos hará un guiño para que sepamos que está cuidándonos...
         Buenas noches, papi,... ¿has visto? La he hecho sonreír como tú me pediste. ¡Ah!, papi, acuérdate de que no falten los dulces de fresa que me encantan y, ¡papi, papi!... dile al hada madrina que quiero unas alas como ella para poder volar con los pajaritos y jugar al escondite entre las nubes. !Uf...¡ qué sueño tengo...! Te quiero, papi.



jueves, 2 de junio de 2016

INDECISIÓN Lali Marcelino.




-Por los pelos, así terminé la ESO.-le comenté a mi abuelo.
Él me dijo:
Hay que estudiar Alberto, es la única forma de que no acabes como un ignorante.
-No me mola estudiar asignaturas que no tienen sentido. Entiendo que hay que prepararse…pero como están las cosas, no sé qué será mejor, si seguir estudiando o dedicarme a lo que realmente me gusta, aunque tenga menos futuro, total pa acabar en las colas del paro.
-Soy un romántico y me da vergüenza de mis coleguitas, que están todo el día hablando tonterías y escuchando música disparatada, que para mí ni es música ni na que se le parezca, sepan que mi música preferida es de hace un par de siglos.
Mi abuelo que tiene salida pa todo, siguió insistiendo. –Es que puedes hacer las dos cosas, dedicarte a la música y seguir estudiando para labrarte un porvenir, y ellos se pierden escucharte algún día tocando esa música que tanto te gusta. Te prometo que yo sí iré a verte.
-El Clavicénvalo, el Laud, la Viola…instrumentos del barroco que no están a mi alcance, ya sabes que en el chozo lo estamos pasando muy mal, el viejo parado, la vieja cobrando la ayuda familiar, así no se sale pal ante ni de coña. Mejor que tú no lo sabe nadie, gracias a ti comemos, así que, estoy por largarme a trabajar a Viena, la capital de la música, allí hay escuelas de las mejores y con un curro que pueda conseguir, me pago las clases, aunque no creo que mis padres me dejen, así que de momento no sé qué hacer…desde luego seguir estudiando chorradas, ni soñando.
-Yo te ayudaré a convencer a tus padres y verás que todo se arregla, no te preocupes, todo se andará.

-No lo creo abuelo, tengo un cacao mental, que  o sé qué haré con mi life.


ALFANJOR DE POLLO Juan Roberto Núñez.




            Solía odiar  a mi Sargento Rodríguez, un hombre frío, poco accesible, creído y negro, pero algo hizo que aquella tarde, empezara a verlo de manera distinta. Les cuento que una de esas tardes llegaba de guardia de la casa presidencial, más que apresurado al Escuadrón de Armas al cual pertenecía y después de tanto jaleo por fin volvería a casa, no hice más que llegar y dejé el equipaje para pasar por agua y rajar, pero al hacerlo zas ¿Quién estaba allí? El Alfajor de Pollo del Sargento rodríguez si se preguntan el porqué del apodo es que para mí no existe me di la vuelta para hacer tiempo de que éste se fuera y en ese momento me dice… ¡Buenas tardes agente Núñez! Al girar y verlo tenía una expresión que para mí no le conocía de esas que ningún enemigo se alegraría al verte, mantuve mi educación y no me quedó otra que responderle ¡Buenas tardes mi Sargento! Y éste me dice…si tiene tiempo lo estaba esperando quería hablar con usted…me di cuenta que tal vez quería limar asperezas y de que aparentemente una educación latente tenía.
            No perdí oportunidad de desvelar tanto polo opuesto desde el primer día y le dije: que sí, que para mí no era problema, ¡ya sabía yo que todo venía por la acalorada discusión que tuvimos!, la cual me costó 30 días de arresto a rigor en un calabozo de no más de 2 metros, para que me enfriara todo por acusarme de algo que no hice y por llamarle racista…¡claro! Queda gracioso viendo el panorama; como un muerto asustado por un fantasma.
            Llegamos al debate y dijo…Mire no sé por qué me enfrenta, si soy la autoridad, me llamó racista delante de todos y hoy me entero que también me dice Alfajor de Pollo…¿y sabe qué? No paraba de reírme, mire aquí ingresan jóvenes sin valores con  poca educación y yo lo único que he tratado de hacer es medir los suyos, sólo eso…, al escucharlo sentí ganas que lo fulminara un  rayo y eso que soy manso como agua de pozo pero con una sonrisa le dije…
Mire hay cosas que no cambian como el que nace para pito y no llega a corneta. Antes de medir valores habría que ver los que uno tiene y para hacer vales la autoridad, no es necesario dejar de ser gente, cuando ingresaron a mi madre usted no me autorizó a salir para verla, cuando estaba en el calabozo diciéndome que primero estaba el ejército y después la familia a lo cual le dije que para mí es al revés, y que es la primera vez que veía aun negro racista de su imagen, por lo cual no debería tener espejo en su casa y seguramente lo afeitaría su mujer… si a usted eso le sonó fuerte que deja para mí sabiendo que estaba violando el reglamento al cual usted se rige como norma de vida, así que ya no queda nada más que decir: Alfajor de Pollo.
            La cara le cambió, parecía la bola 8 y sin más dijo “mañana tomaré cartas en el asunto y lo pasaré al calabozo por faltar a la autoridad” y yo le dije…no encontrarás las cartas porque soy yo quien tiene el mazo. ¡Se ve que no te has enterado que ya no vendré más!, pasé la baja definitiva hace 3 días y para que medites, vas a ser vos quien pase al calabozo mañana, porque remití la denuncia de violación del reglamento por no dejarme salir a los 15 días de los 30 que me regalaste. Mi amigo el Coronel falló a mi favor, para que veas que no es necesario ser Sargento, tener autoridad ni andar midiendo valores. Muchas veces alcanza sólo y simplemente con caer en gracia…
            Y ahí se quedó en aquel bar un Alfajor de Pollo bebiendo cerveza.