jueves, 20 de noviembre de 2014

UN JARDÍN CON VIOLETAS Alicia Carmen



Es un chicle, ya saben lo que quiero decir, perdonen, …era un chicle; hace ya tantos años que mi mente se confunde.
Recuerdo que siempre que podía se sentaba a mi lado: en el cine, en las clases de dibujo, en la iglesia, en las fiestas; no me dejaba en paz y yo no encontraba cómo zafarme.  Los días me estaban resultando interminables.
 Yo intuía que algo realmente notable estaba a punto de pasar y así fue: el chicle se me acercó una tarde y, con una inmensa tristeza reflejada en sus pupilas, me informó de su inminente partida.  Los padres habían decidido regresar al país de donde habían salido hacía tantos años y donde, probablemente, contraería matrimonio con la persona ya escogida.
¡Vaya!, pensé, me he liberado.  Me esperan unas Navidades fabulosas. Disfrutaré a mi antojo de todos los festejos y sin el chicle molestando. Y vinieron los regalos, los aguinaldos, las hallacas, pan de jamón; todo exquisito.
Cierro los ojos y recuerdo que al llegar enero, me sentí inexplicablemente extraña.  Ya no estaba la persona a la que había escuchado las más bellas palabras, la que siempre me apoyó, no estaban los hombros en los que me cobijaba en mis días difíciles.  Ahora, cuando mis lágrimas están a punto de rodar por mis mejillas y me invade una gran melancolía, reconozco que nunca imaginé cómo ese chicle llegaría a pegarse tanto a mi corazón.



SIEMPRE ME SORPRENDISTE Lali Marcelino





Tuvimos que liarnos en la compra de un coche nuevo porque, después del accidente, nuestro medio de transporte no sirvió para nada más.
Perdió la vida mi ex, que iba con nosotros –mi pareja actual y yo– a una reunión familiar para celebrar, aparte de mi cumpleaños, la llegada de mi hija después de cinco años viviendo en América.  Evidentemente, el encuentro nunca se dio; mi pareja y yo terminamos en el hospital y mi ex en el tanatorio.
La pena por la pérdida de su padre y la preocupación por mí, hizo que mi hija esperara unos días, después de mi salida del hospital,  para hacerme entrega de un sobre, regalo de su padre por mi cumpleaños.  En su interior encontré una nota con unas palabras llenas de cariño y unas llaves…, llaves que abrían un coche que debía recoger en un concesionario.

Este sorprendente hecho me impresionó: ¿cómo supo él que yo iba a necesitar un coche?


COSAS DEL AMOR Maruca Zamora


         –¡Sinvergüenza, atrevido! –oí gritar bajo mi ventana.
         Al asomarme, vi una pareja que discutía acaloradamente.  Luego, caminaron calle abajo y pronto dejé de escucharlos.

         Me quedé en la ventana, contemplando el paisaje; los árboles y los jardines de la placita que tenía frente a mi casa, donde todas las tardes me sentaba a charlar un rato con mis amigas.  De pronto, me fijé en una pareja que estaba en plena discusión.  No oía sus palabras, pero sus gestos les delataba, pues se manoteaban, se tiraban de la ropa, incluso se intentaron patear.  Me preocupé, así que estuve observándolos por un rato.  Transcurridos unos minutos parecía que empezaban a arreglar sus diferencias, poco a poco se fueron calmando, por lo que concluí que aquella vez el agua no llegaría al río.  Los que antes peleaban, ahora se hacían arrumacos, se besaban, se abrazaban, tal parecía que no había pasado nada.  Así es el amor, sentencié.  Observé como los dos caminaron juntos un rato, uno al lado del otro, y luego levantaron vuelo hacia un árbol cercano, acurrucándose los dos en su nido.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

EL AMOR TOCA A TU PUERTA Lali Marcelino



Tuvimos que liarnos, aunque para ser exactos tendría que decir que quisimos liarnos, después de pasar mucho tiempo negando lo evidente.
Fuimos compañeros de trabajo y esa circunstancia, unida al hecho de que los dos teníamos pareja estable, frenó nuestro impulso, pero… una mirada cómplice, el aire que deja alguien cuando pasa a tu lado, o simplemente oír su nombre, despierta las maripositas en tu estómago y las muy liantes insisten sin parar para que abras la puerta y…¿cómo negarte?
Nunca tuvimos hijos.  Cuando decidimos liarnos la manta a la cabeza y romper con los moldes establecidos, éramos mayores, aunque egoístamente pensé que nos dedicaríamos el uno al otro, sin más.

Hoy cumplimos nuestro treinta aniversario y nos visitan nuestros respectivos hijos, nietos y bisnietos.  ¡Soy muy feliz!



LA DECISIÓN DE CLAUDIA Roberto.Es



Terminábamos de cenar cuando la puerta nos llamó con inquietante insistencia.  Tras ella, apareció Claudia algo nerviosa, pálida.  Mi amiga explotó en llanto desconsolado; no podía soportar aquella angustia que le atenazaba el alma, no podía luchar contra sus sentimientos, contra su ser, contra su destino.  Estaba harta de fingir y quería, y debía, tomar una decisión que cambiaría el rumbo de su atormentada vida mutilada por la hipocresía de su banal existencia; educada para ser la esposa perfecta de un marido al que no amaba.
Necesitaba ser dueña de sí misma, enfrentarse a sus miedos: quería vivir, y soñar, y amar…  Su corazón latía con más fuerza que nunca después de un letargo vital que había anestesiado sus sentidos.  De repente, lo comprendió todo:  estaba en su esencia misma, aunque se lo había negado una y mil veces.  Una montaña rusa de emociones encontradas, sentimientos hasta ahora desconocidos pugnaban por rebelarse desde su interior.  Por fin era libre y estaba enamorada…Era simpática, femenina, de una belleza natural, sin estridencias y, al igual que ella, necesitaba también amar; huérfanas de caricias enamoradas, juntas emprenderían un camino sin retorno hacia la felicidad.





FATAL OLVIDO Águeda Hernández



Cuando llegué a este mundo, mi abuelo fue el elegido para ir a registrar mi nombre ya que mi madre y yo vivíamos con los abuelos.  Mi padre estaba ausente; por su trabajo, ni en esos momentos pudo estar presente.  Lo que no pudo ser, no fue. 
Llegó el día de que mi abuelo partiera a la misión que le había sido encomendada; ir al Registro.  Mi madre le recordó mi nombre: se llamara Mayore. En el momento de decirlo, al ser preguntado, mi abuelo se llevó las manos a la cabeza; la estrujaba y por mucho que lo hiciera, de la cabeza no salía ni una gota de su memoria. 
 –Es…, es… –repetía una y otra vez…
De pronto, dijo gritando:
 –¡Mary Cuqui!  
De regreso a casa, se preguntaba qué había hecho, se decía que lo iban a matar, ¡Dios mio!, se le había olvidado.  Luego, les explicó que Mary porque se acordó de una novia que había tenido de joven en Cuba y Cuqui, el nombre de su perrito que tanto quería.
 –¿Sabes? La llamaremos tal como tú la inscribiste –le dijo mi madre– Maricuqui.
Yo quise mucho a mi abuelito. Lo recuerdo sentado en su sillón con Cuqui a sus pies.




AVALANCHA Carmén Garcés



La bronca fue tremenda.  En esta ocasión, nada detuvo la avalancha de reproches retenidos durante tanto tiempo.  Reproches lanzados cual puñales que, certeros, alcanzaban su objetivo, clavándose hondo…, hiriendo de muerte.
Al final, esa última desavenencia consiguió liberar aquel cúmulo de emociones destructivas.  Su amor había comenzado con vigorosa fuerza indómita y así, con esa misma pasión –pero esta vez devastadora– terminó


LA VIDA ES ASÍ Maruca Morales



Esa era la frase favorita de una amiga mía.   Cada vez que me encontraba con ella siempre me repetía esas palabras.  Así fue hasta un día que conseguí el valor para decirle lo que pensaba.

 –Amiga mía, yo pienso que la vida es como uno la viva, como uno se enfrente a ella.  Tenemos la edad que tenemos pero uno no puede buscar excusas en ello.  Si te pasas el tiempo repitiendo esta frase y no haces nada por cambiar,  las cosas no cambiaran. Tenemos que poner de nuestra parte. No perder tu tiempo acostada en el sofá viendo televisión, quejándote de dolores, sobrecargándote de medicinas.  Si sigues así, cuando vengas a ver tú misma te enfermas, porque no hacer nada lleva a eso.  Repetirte que la vida es así y esperar que todo te venga del cielo por obra del Espíritu Santo es un gran error.

jueves, 13 de noviembre de 2014

DESDE EL OTRO LADO Maruca Zamora





Cuando estaba estudiando en un país un poco lejano al nuestro, cayó en sus manos una oferta de trabajo para una ONG y le entusiasmó la idea de comunicarse con ellos. Se informó de las condiciones, aunque tuvo que advertirles que le faltaban tres meses para volver a España. Desde el otro lado del mundo le pidieron enviara su Curriculum. Se sorprendió mucho cuando lo aceptaron en el puesto y al saber que estaban dispuestos a esperarlo: así empezó el viaje de este trotamundos.
Viaja por lugares en los que, a pesar de todas las desgracias que presencia, él junto a sus compañeros de labor, médicos enfermeros y demás personal, se sienten útiles y a gusto con lo que hacen, entre tantas situaciones vividas algunas no tan buenas, viviendo con la mayor sencillez tal como hacen los que le rodean; allí donde una medicina es escasa y un pedazo de pan es un manjar que no está al alcance de muchos.
Después de vivir en nuestro acomodado mundo donde todo se bota sin pensarlo demasiado, este trotamundos y sus compañeros trabajan en países donde se muere de hambre de una simple gripe, de malaria, o de tantas otras cosas que no quisiera nombrar.
Pienso en lo indolente se ha vuelto el ser humano.  Como todas estas situaciones se viven en África, no nos interesa, no nos importa, y nos olvidamos que aquí o allí hay personas que sufren.
Mi admiración para todo este personal humanitario de Médicos sin Fronteras y demás organizaciones que luchan en el mundo por todos los seres humanos, sin distinción,  que Dios los proteja y ayude.



EL MOLINO SIN PIEDRA Lilia Martín Abreu





Manuel siempre vivió en una isla menor, trabajando sin tregua el campo. Ahorrar y ahorrar de lo poquito que le llegara a sus manos  era su cometido, él decía que ahorraba para ponerle una piedra nueva a su molino, así llevaba dos años, como hormiguita guardando, ahorraba hasta de comer. Manuel era tan pobre que ni dientes tenía con que hacerlo, para eso eran sus ahorros, para ponerse unos dientes, que él llamaba su piedra nueva, porque una vez leyó en un libro que una boca sin dientes era como un molino sin piedra, y le gustó tanto la frase que la hizo suya, él decía que a su molino le faltaba la piedra, y en busca de ella viajó a Tenerife, con su dinerito amarado en un pañuelo con varios nudos para no perderlo, un saquito de papas para la familia, junto a un montón de ilusiones por haberlo logrado.
Ya de regreso a casa con su sonrisa puesta, admirando el paisaje en la barandilla del barco, le llegó un mareo sin previo aviso, seguido de un vómito, que arrasó con la sonrisa y las ilusiones de Manuel, llevándolas al fondo del mar, y dejando su molino sin piedra nuevamente.