jueves, 14 de noviembre de 2013

HE DESCUBIERTO QUE… de Lilia Martín Abreu



En nuestro paso por la vida, cosechamos muchas amistades, pero lamentablemente, si la vida nos obsequia con reveses e infortunios, en esos puntuales momentos de contratiempos, en los que lo estás pasando mal, cuando más necesitas apoyo y amparo, ¡zas!, como por arte de magia se evaporan los que decían ser tus amigos. Claro, por supuesto que se van, para que se van a quedar, si ya se ha terminado el whisky.
También he descubierto que si, por fortuna,  estás en la cima, paradójicamente, todo el mundo te ofrece de todo pero, cuando es a la inversa, si realmente necesitas, que estás efectivamente perdido y con un raudal de complicaciones, en ese instante, se van cerrando todas las puertas que tocas.
Hay un dicho popular que dice que, cuando se cierra una puerta se abre una ventana, solo es una leyenda; en mi caso no fue así, y mira que se me cerraron puertas y portones, y para rematar, el banco me despojó de mi casa llevándose todas mis ventanitas, me dejó sin nada que abrir, para que me pudiera llegar un poquito de aire. Miento, el banco amablemente me envía un amplio abanico de cartas para recordarme la deuda y así, yo tenga algo que abrir.

¿Qué toca hacer en estos casos?. Recurrir al único comodín que nos queda, el regreso a la casa de los padres.  Cuando me independicé, pensaba que sería definitivo y nada más lejos de la realidad, porque la vida nos da lecciones y no siempre las cosas son blancas o negras; he aprendido que también hay otras tonalidades con variedad de matices.


EL REGRESO. De Ana Rosa Benítez






A pesar de haber jurado no regresar jamás a aquella casa, allí estaba, sin atreverme a pasar del umbral de la puerta.
Mientras, se agolpaban en mi cabeza los años de mi infancia vividos en la GRAN CASA, como era conocida en el pueblo; años de infelicidad, tristeza, desconcierto, soledad, miedo; acompañada de un padre autoritario y maltratador; y una madre que prefería la compañía de una botella a cualquier otra cosa, para no enterarse de lo que pasaba a su alrededor. Los muebles eran los mismos que yo recordaba; sólo que cubiertos por unas sábanas para protegerlos del polvo.

Mientras iba avanzando, la ansiedad se apoderaba de mí. Mis piernas me decían que saliera corriendo, que no podría vivir de nuevo en aquella casa. Me senté en mi sillón favorito, el rojo granate, y valoré las opciones que tenía, ¿quedarme y atormentarme día a día con los recuerdos? O ¿esperar a que mañana, el día señalado para el desahucio de mi verdadera casa, de mi verdadero hogar, me dejara en la calle?.



BLANCO O NEGRO De Carmiña Gohe.


Creo y parto de la premisa de que no es así, pienso que hay, como en todo, los términos medios. No hay más que ver la paleta de colores de un pintor o el arco iris y veremos las bonitas y variadas tonalidades que existen, no sólo el blanco y el negro.
En la vida ocurre algo parecido, no tenemos que indagar mucho, por ejemplo: un matrimonio en el que existe armonía, en un momento dado por una cosa que generalmente es trivial, están discutiendo, los dos creen tener la razón y aunque pudiera ser así, logran ponerse de acuerdo y llegar a un término medio, la vida de esta forma se les hace más fácil.

Otro ejemplo, el día y la noche parece que están uno a cada extremo pero cuando el sol va llegando al ocaso, el cielo se torna más oscuro y lo vemos todo grisáceo, hasta que llega la noche. Todo esto y más. Nos hace meditar en tantas maravillas.


CERRANDO PUERTAS. De Mercedes Álvarez



El escoger este tema no es casualidad. No, no lo es porque yo he sido de esas personas que piensa que la vida no te pone en ciertas circunstancias   simplemente porque sí.
De pronto, un día cualquiera, te encuentras pensando en lo que hasta ahora ha sido tu vida. Y te preguntas, el por qué a lo largo de los años siguen habiendo cosas, que, aunque ya no estén en tu día a día, en lo que eres tú ahora, si es cierto que en su momento fueran importantes para ti,  claro que si.  Tanto que, todavía hoy cuando las recuerdo, aunque sea muy de vez en cuando, se me sigue removiendo algo dentro del alma. A veces son recuerdos muy duros y otras agradables, pero siempre removiéndote  sentimientos, ya sean buenos o malos.

Ahora, después de esos cinco  meses que estuve enferma, al volver a verme bien y fuerte de nuevo, es cuando hice un alto en mi vida para reflexionar y pensar. Pensar, en el por qué, todavía hoy, esa parte del pasado sigue haciéndote tanto daño. Y en ese momento fue cuando me atreví, por fin,  a mirarme en un supuesto espejo y desnudarme, es decir, delante de él, donde nadie te escucha ni te ve, solamente tú y el espejo: y me pregunto, ¿Qué te pasa? ¿Contra qué o quienes luchas? ¿por qué sientes que estás parada? No será porque nunca has aprendido a asumir que las cosas que nos pasan en la vida no son por que sí, sino que pasan porque en ese momento, son tus circunstancias y tienes que vivirlas para que cuando ya no están ahí, sepas que tienes que asumirlo y aprender a pararte y decir hasta aquí, ya esa circunstancia pasó, sea persona o cosa que haya estado ahí. Aprender en que momento de tu vida tienes que cerrar puertas para que se puedan abrir las siguientes…


EL REGRESO. De Naty Cabrera





Lo presintió en la arena y en las olas y en la espuma y en la sal del horizonte.

Clara  lo recordó todo:  el mar, la carta, el beso y las estrellas. Regresó de aquel estado de inconsciencia en el que había permanecido años atrás. Llegó de nuevo a su vida la cordura, tras el abandono de todos sus pensamientos; no podía recordar todo lo sucedido pero sí lo que perdió; su primer y único amor en aquel frío océano.



EL REGRESO De Roberto


Amaneció un día brillante, luminoso, de mayo. Micaela comenzó su jornada como siempre, preparada para afrontar los nuevos retos que se le presentaran.
Mujer dinámica; independiente, de férreos principios. Lo que tenía se lo había ganado a pulso; la vida no había sido nada fácil para ella. Se trazó un camino perfectamente planificado que, aunque duro, le llevaría al objetivo que se había mercado. Su futuro, junto a su marido, se vislumbraba cierto, sin sorpresas. Estaba convencida de que compartirían cada segundo hasta el fin de sus vidas, pero el destino le reservaba una inesperada y amarga sorpresa.
-Adiós Juan. No me esperes para comer. Hoy tengo un día muy complicado en el trabajo. ¡Te quiero!.
Ha pasado mucho tiempo desde que ella pronunció aquellas palabras, grabadas como a fuego desde entonces en la memoria de Juan, y él piensa: “¿Por qué no la retuve entre mis brazos y le dije cuanto la amaba? ¿Por qué la dejé marchar?.” Juan la mira pero no la ve. Sus pensamientos están en otro lugar: en la amplia sonrisa de Micaela, sincera, que lo ilumina todo a su alrededor; en sus ojos que se funden con los de él y se miran desde el corazón, donde se besan sus almas.
Algo pasó aquel día. Algo se quebró en su mente como frágil y delicado cristal, que la separó de mí. Ahí está, sola, es esta blanca y fría cama de hospital; sumida en un profundo sueño, y yo junto a ella, día tras día acompañándola en ese camino incierto, en ese mundo onírico que un día me la arrebató. Aprieto su mano; la beso y le hablo bajito, desde muy adentro. Le susurro la vida que va pasando y hago planes para cuando despierte. Han transcurrido quince años ya; lo dicen los calendarios, testigos implacables del tiempo consumido. Pero nosotros permanecemos anclados en aquella primaveral mañana, en la que exclamó desde la puerta: -“Te quiero”-.

Y le digo al oído: -“No te preocupes. Estoy aquí, contigo, esperando a que vuelvas, a que despiertes….A tú regreso.”


HE DESCUBIERTO QUE… de Juani Hernández





¡Que! A lo largo de nuestras vidas, cargamos con cosas innecesarias; que somos como un duro bloque de mármol, denso y pesado.
No sabemos ni imaginamos que lo mejor y lo más perfecto está dentro de nosotros mismos en lo más profundo de esa dura piedra.
A través de nuestras experiencias, vamos lentamente esculpiendo nuestro contorno. Eliminando capas y capas de piedra, modelando el interior, quitando lo superfluo, lo que creíamos imprescindible, para…”Ser más importantes”…para “Ser más felices”. Descubriremos entonces la verdadera esencia de nosotros mismos. La simplicidad de unas líneas a seguir…La sabiduría .
Así, sin que nos distraiga de nuestro trabajo las impurezas del entorno, los espejismos e ilusiones de …Ser…de…..Parecer. Sabemos que cuanto menos carga transportemos, el sendero será más y más ligero y lograremos el propósito del alma, con menos esfuerzo. Sólo desprendiéndonos de esas pequeñas astillas, el logro de la vida y el significado de la meta…son hallados.
Lleva tiempo…toda una vida, y no es fácil, pero estoy segura de que ya, no habrá desviación, ni sentimientos de fracaso.
Sólo…un constante ir hacia adelante.

¡Eso, he descubierto…modelando mi existencia, con el pensamiento.!



EL DESCUBRIMIENTO De Eva Mª Sacramento.






Un grupo de Arqueólogos cogieron el avión desde Madrid hasta Egipto llegando a las 12 am. Allí se encontraron con otro grupo de Arqueólogos que vivían en esa zona  y juntos se fueron al desierto, a las pirámides a 20 km del Cairo.
Los que vivían en Egipto descubrieron una tumba  pero no tenían el equipo suficiente como para investigarlo por eso invitaron a los de Madrid.
Al llegar, entraron a la cueva, vieron jeroglífico: una paloma al revés en horizontal y una serpiente boca abajo en vertical pero, había algo extraño; un redondel con mini huecos. Unos de los miembros del grupo que no paraba de comer se dio cuenta que esa cosa redonda era lo mismo que comía, era una galleta.
Se sintieron extrañados y cómicos a la vez al encontrar la tumba, en vez de tener una cruz o un faraón, tenían una enorme galleta escrita en jeroglíficos. Al traducirlo ponía: aquí yace el ladrón de las galletas.
Al abrir la tumba, todos se asustaron porque había un peluche azul de los dibujos animados Epi-Blas, el Monstruo de las Galletas.

Se bajó de la tumba y fue corriendo a robarle la galleta del compañero de arqueología.



EL REGRESO. De Esther Morales







Cuando voy a Maracaibo
 y empiezo a cruzar el puente,
siento una emoción tan grande
que se me nubla la mente.
Siento un nudo en la garganta
y el corazón se me salta
y sin darme cuenta pienso,
y sin querer estoy temblando.

Así cantan los maracuchos su gaita navideña, al son de tambores y furruco.
Hace tiempo, después de 20 años fuera de mi isla, cuando vine de visita y pisé el aeropuerto, sentí esa emoción y alegría. Su energía la sentía a medida que subíamos por la carretera y llegábamos a los pueblos. Cuando pasamos por San Andrés, mi alegría fue infinita: Jinama, Nisdafe, las paredes y cercados, El Bailadero de las Brujas, los pinos, hayas y brezos.

Cuando llegamos a San Salvador y se abrió un poco la bruma para dejar ver los Roques de Salmor, sentí lo que los maracuchos y su puente; el corazón me dio un vuelco y se nubló mi mente.


HE DESCUBIERTO QUE… de Maruca Morales.




Este mundo es como un grano de aren, como una gota de rocío que cae sobre la tierra, y no la sabemos apreciar en su momento. Con el tiempo, un día cierras los ojos y descubres todo lo que has dejado pasar sin darte cuenta y sin hacer nada para descubrir lo bonita que es la vida, principalmente cuando la vives con ilusión momento a momento. Amas a todos los seres, no desprecias a nada ni nadie, por mal que sean los agravios, perdonas todo, aunque te ofendan no hay rencor.  Lo bonito es ir por la vida y vivir el día a día. Hay que aprender a ser joven aunque no lo seas, después de mayor he descubierto que se vive mejor sintiéndose joven.