miércoles, 4 de febrero de 2015

ELLAS DOS Ana Benítez






            Salió corriendo para esconderse en el primer sitio que creyó seguro…; entró en la caseta del perro. Ya presentía que algo horrible iba a pasar. La relación entre Dora y ella cada vez era más tensa. Día a día se hacía más difícil la convivencia. Ángela ya no soportaba su obsesión por dirigirle la vida. Sus celos obsesivos le daban miedo. Estaba claro que alquilar la habitación había sido un error.

            Cuando llegó la policía, esposaron a Ángela.  De camino al coche patrulla se le escuchó preguntar: ¿Porque me llaman Ángela si mi nombre es Dora?.


ENIGMA Sandra Mai




La verdad nunca saldrá a la luz, a no ser que me lo pida ella misma.
Sabes bien que es un asunto muy delicado. La discusión no forma parte de mi filosofía, al igual que el sentido de la lealtad.
Tanto tú como ella me conocen, saben que mis labios permanecerán sellados y vuestro secreto está a buen recaudo. Así que déjame decirte querida amiga lo mucho que lamento, no estar cerca de vosotras en estos momentos. Siempre vamos dándole trocitos al tiempo, hasta que un día, de pronto te das cuenta de que el mundo gira y tú no vas con él.
Es como si lo vieras  desde otra perspectiva, como si todo te resultara ajeno y fueras consciente por primera vez de tu ser. Entiendo vuestro miedo…, vuestra desesperación por no saber qué pasará a partir de ahora.
La vida nos enseña que debemos parar…para poder observar la realidad. No somos de acero, ni invencibles, ni perfectos. Debemos amarnos, cuidarnos y respetarnos para poder ser seres libres y conscientes de nuestra realidad. Nacemos un día, sin saber para qué, ni por qué. Vivimos aprendiendo constantemente de cada paso que el camino nos da y morimos dejando atrás la huella de nuestra vida al caminar.
Así que las animo a aceptarlo por muy dura que parezca vuestra realidad. De alguna manera la vida nos enseña lo minúsculos que somos ante tanta grandiosidad. Algo debemos aprender ante tal hazaña. Es un simple reflejo de las heridas de las vida en nuestro ser. Seguramente para que tomemos conciencia de nosotros mismos y respetemos lo que la vida nos regala cada instante.
Por siempre juntas…aún en la distancia, vuestra amiga Sandra.




REENCUENTRO Carmen Garcés



            Abrió la última puerta y allí estaba lo que andaba buscando;  había recorrido toda la mansión, revisado las habitaciones una a una y, por fin, había llegado hasta ella.
            Entró en la estancia.  Se percibía un fuerte  aroma a jazmín.  Echó una ojeada a su alrededor.  La cama donde había dormido esos últimos años, el sillón al lado del gran ventanal, donde acostumbraba sentarse a leer cada tarde; sus libros…su historia, allí estaban todos rodeándola.
            Cerró los ojos y, por un instante, sintió su presencia. Esto le produjo un intenso escalofrío, sin embargo no sintió temor. 
Con cada objeto que tomaba entre sus manos, el rostro se le iluminaba; aun así, sentía la garganta anudada:
-         Si no hubiera sido tan orgullosa,  habría podido despedirme…

            Permaneció en aquella habitación durante horas.

            Al salir, dejó en aquella estancia todo lo que durante años la había afligido; se había reencontrado con el amor infinito que su abuela le profesó, y ahora, se marchaba reconfortada.  Cantando la canción preferida de ambas, se fue; nunca más volvería, pero eso ya no importaba.




REVESES Lali Marcelino





Esa persona que me volvió loca se encontraba en la esquina y esos recuerdos que mi mente había borrado de un plumazo, regresaron en un abrir y cerrar de ojos, al verlo allí parado, mirándome.
¡Alicia!, despierta, tienes una pesadilla. Era mi madre que con desasosiego y preocupada, al oír mis gritos y lamentos, lo primero que imaginó es que volvía otra vez a mis locuras.
Desperté agitada y algo extraña al ver que estaba en mi habitación, la de siempre, la que tanto añoré en mis años de reclusión, en aquel centro de reposo o mejor diría, retiro de los inadaptados o enfermos, según diagnostican los doctos en moral.
El amor no conoce de reglas, ni de normas ni es todo lo correcto que debería ser. Él fue el causante de mi desgracia. Nunca consintió que su hija tuviera relaciones con una mujer y tramó una gran injusticia contra mí para apartarme de su lado, sin darse cuenta que fue su propia ruina.
La sigo queriendo, aunque tenga que ir a llorarla al panteón nº 8 de un triste cementerio. Mi cordura es la misma y lo único que tengo en mente es una perversa venganza, ¿es eso lo que quiero?. No, no es lo que quiero, espero que de nuevo el amor vuelva a renacer en mí, es lo único que puede curar esta rabia, además de poder ver de nuevo a mí querida Carlota lejos de esta blanca habitación enrejada.




SUSURROS Roberto ES.





Al despertar, su no presencia inundó mi habitación. Había sido una larga noche, de palabras susurradas a las sombras que habitaban la madrugada y que, cambiantes, me escuchaban sordas…; y me miraban, ciegas…; hasta que caí rendido en un profundo y agitado sueño.
Pero la mañana me abofetea violentamente, reencontrándome con la certidumbre de una realidad aplastante; con la huella cruel de su ausencia envuelta en una atmósfera enrarecida de reproches y pensamientos no contados.
Quizás, todo habría sido distintos si… , me digo; y tropiezo con su rostro, y con sus manos, en cada esquina de mi alma sola. Tejo con hilos de compasión una guarida de muerte para lamer mi corazón herido; sé que todo pasará; pero cuando vuelva a la vida, ya no seré el mismo; tan solo un hombre que quiere amar y ser amado.
Con este último párrafo, doy por concluida mi narración a tiempo para entregarla el jueves. Levanto la vista…, y allí está él, como siempre, tras el ordenador. Me mira con curiosidad y en mis labios se dibuja una sonrisa…





EL PASEO DE LOS DOMINGOS Maruca Morales.




Hace muchos años que mis hermanas y yo, acostumbramos a caminar los domingos por las tardes. Bien para el monte, o para la montaña de Güimar, o cualquier otro lugar, el caso es que fin  salimos de paseo los domingos, si no tenemos otros compromisos.
El domingo pasado, me llamó mi hermana para decirme que   teníamos que salir temprano. Yo la esperé en el sitio donde siempre me recoge. Al llegar, yo le pregunté que dónde íbamos…, ya verás te va a gustar, fue todo lo que respondió. Ella venía con su hija Ana y el hijo adoptivo y su perrito. 
Yo nunca había estado en aquel lugar. Cuando llegamos, sacaron sus linternas y entramos, según íbamos adentrándonos, el silencio era absoluto y todo estaba oscuro. Yo pensé, aquí nos matan y nadie da con nosotros.   Caminamos a través de unas habitaciones  sin puertas ni ventanas. Nos encontramos con escaleras que subir y bajar.  Yo iba con el corazón que se me salía, mientras que mi sobrina se puso a sacar fotos, tan tranquila.  El perro comenzó a ladrar de pronto y eso me dejó muerta de miedo, pues por algo lo haría…
 Al fin salimos.  Ya afuera  mi sobrina comprobó que le  habían salido mal las fotos y quiso que la acompañara  para volver a intentarlo… ¿Yo? ¡Ni loca!. Pues volvieron a entrar y el hijo de mi hermana con ellas.
Fue un domingo para no olvidar. Verdad es que hay sitios que uno no conoce y debe visitar al menos una vez, pero  como yo soy tan miedosa…  
Yo  les animo a que vayan a conocer ese  extraño lugar y las vistas tan bonitas que tiene, pero les digo una cosa, si quieren saber dónde hay sitios para pasar miedo, pregúntenle a Esther, porque yo no pienso volver.


ANTIGUA SENSACIÓN Maruca Zamora.






Cuando la niña no sintió la mano de su madre fue  un sufrimiento y una gran pena pues con ello, Luisa comprendió que su madre no estaba. No entendía la causa pero recordaba cuando la peinaba, la vestía, la acariciaba, la mimaba.  Eran memorias vagas, muy difusas, ya que era pequeña cuando su madre se fue. La vida le cambió por completo, aunque no le faltaba cariño,  siempre recordaba a su madre. Y así fue creciendo entre penas y alegrías -éstas menos-.

Un día, apareció en su vida un joven apuesto, simpático, que la conquistó, y pronto se vio casada y con dos hijos.  Entonces, quizás el instinto de ser madre la empujó a buscar a la suya. No sabía por dónde empezar pero estaba decidida a seguir adelante hasta lograrlo. Al fin la encontró en otro país, se había casado, tenía tres hijos y una vida bastante difícil. Estaba ciega a causa de una enfermedad. Le impresionó su deterioro físico; no iba con su edad. Al identificarse ante ella, sintió una gran emoción. Su madre  la escuchó conmovida, no hubo reproches, se abrazaron largamente. Luisa volvió a sentir lo que recordaba de niña, cuando la mano de su madre la acarició. La había extrañado toda su niñez y adolescencia y al fin volvía a sentir aquella sensación con la que tanto había soñado.





PERSEVERANCIA Alicia Carmen





Las sombras de la casa vacía se habían despertado, la luz incipiente del amanecer trataba de introducirse por todas las rendijas.
¡¡Socorro!!, grité una vez más, ¡estoy aquí, en el sótano!. Pero, ¿quién se imaginaría mi presencia allí?. Quizás tampoco le importaba a nadie.
¿En qué mala hora decidí ir a inspeccionar la antigua y abandonada casa de mi tía abuela Gertrudis?, es que la curiosidad es mala consejera; quería recordar épocas remotas, visualizar otra vez aquellos muebles, cuadros, tapices y en un descuido…¡zas!, caí por el hueco que da al bendito sótano. A  ninguna persona, pensé, se le ocurriría ir a buscarme allí. Ya eran tres días de hambre, frío y desesperación y no tenía ninguna esperanza, pues ni yo misma estaba segura de cómo había caído en aquel apartado lugar. Vaya, posiblemente sería la fiebre que me hacía delirar pero me pareció oír unos pasos arriba y luego ver a alguien asomándose por el hueco de la escalera.
Reuniendo todas mis fuerzas alcancé a decir: ¡¡Estoy aquí sáquenme por favor!!. Unas manos me lanzaron una soga y como pude subí a través de ella. Al llegar por fin, abrí de par en par mis ojos para encontrarme con el odioso cobrador de los giros de mi coche, que como siempre me estaba buscando y al pasar frente a la casa se dio cuenta que yo había estacionado allí mi vehículo.
A pesar de la rabieta que le tengo pues entre otras cosas ese coche ha salido bastante defectuoso, le apliqué unos sonoros besos en las mejillas.




martes, 3 de febrero de 2015

SENTIR: una de mis palabras favoritas Sandra Mai





Sintiendo lo que tú sientes por mí, me siento inmensamente feliz. Si no fuera por como siento, estaría como un barco a la deriva, sin rumbo, sin una brújula que marcar mi destino.
No impidas nunca, que  mi corazón sienta emoción al verte. No vetes a mis labios, que siempre te esperan ardientes. Me contagias de tu alegría. Viéndote reír…¿te has dado cuenta, cómo me haces sentir?. Ahora no…o tal vez sí…; no por ser una niña ignoras que grande me haces sentir. Tú, hija mía, logras que un día gris, sea también hermoso.
Si te sientes triste, buscaré y buscaré en el cofre de los deseos, tu mayor ilusión.  Subiremos en globo y allí…desde lo más alto, contemplaremos el mar y las estrellas y nos lanzaremos al mundo Arco Iris, donde reina la paz y el amor por los niños.
Jugaremos todo el día y cuando se haga de noche…visitaremos el árbol más antiguo del planeta, aquel del que cuentan que sabe millones de historias y  al vernos, le saldrán dos hojas nuevas y ellas contarán que un día tú y yo, pasamos por allí, les dirán a todos lo mucho que nos queremos y que hicimos un viaje muy largo… hasta encontrarlo. Así lograremos que nuestros días tristes, sean como gotas de agua que desaparecen cuando el sol sale tras las montañas. Así, de esa manera, nos sentiremos mejor y a medida que vayamos creciendo, nos daremos cuenta de que la vida hay que sentirla…para recordarla.

Carta a mi hija, de tu madre que te quiere y te siente suya.





ABRIR LA PUERTA Maruca Zamora







Oía gritos, llantos, la gente desesperada vociferaba ¡¡es un terremoto!!.  El ascensor se paró y no pude salir.  La angustia se apoderó de mí, recordé mi vida, en un instante que se me hizo eterno, volví atrás con los pensamientos: en la mañana  salí de mi casa como todos los días para ir al trabajo, al llegar, cogí el ascensor, pulsé el sexto, de repente se paró entre dos pisos y por más que toqué, el botón no se movía, no había luz, estaba todo oscuro.  No sé cuánto tiempo pasó, hasta que, después de muchos apuros, los bomberos me sacaron. Estaba temblando después de pasar el susto de mi vida por no poder abrir la puerta.