lunes, 27 de agosto de 2012

REGALOS PARA ELENA de Sus amigas del Taller


SEMBLANZA DE ELENA  de  Alicia Carmen



Empezaré por decir que nuestra Elena ha sido bendecida con un hermoso nombre.  A mí particularmente me trae entrañables recuerdos de la primera novela que oí en la radio, donde la heroína se llamaba Mª Elena, y yo, al igual que ella me sentía rodeada de cañaverales y demás flora tropical por aquellos años cincuenta en Santiago de Cuba.  Mi cabeza se llenaba de pajaritos iguales a los que describía el locutor.
Pero nuestra Elena es más allá que un bello nombre es una linda persona con una sonrisa cálida y amable que invita a la amistad y la camaradería.
Es muy posible que Elena haya pasado por momentos difíciles en su vida igual que todas nosotras pero, ha sabido aceptar y dirigir su mirada hacia lo bonito que también Dios le ha deparado.
Por eso, aunque la conozco poco, me doy perfecta cuenta de que ha logrado la serenidad que todos ansiamos y la felicito de todo corazón.
¡Qué cumplas muchas más!


ELENA  de  Lilia Martín Abreu


Elena, te confieso que llevo una semana devanándome la cabeza, pensando en qué te podía regalar por tu cumpleaños.  Yo quería darte algo especial y distinguido que se pareciera a ti, porque dicen que las cosas se parecen con las personas pero, me fue realmente imposible.  Primero, porque mi presupuesto no me lo permite, segundo, que por mucho que rebusqué, no encontré nada tan auténtico y original como tú, porque tú, querida amiga, eres única.
Yo seguía con mi afán de encontrar el detalle perfecto, ya que no podía ser auténtico y original como yo lo pretendía, entonces me decanté porque fuera sencillo, práctico y humilde, como también lo eres tú y… ¡eureka!, se me encendió la bombilla.  Decidí comprarte una práctica y confidencial libreta, acompañada de un humilde lapicero, ellos dos, forman la pareja perfecta, con ellos obtendrás trazos firmes y seguros, para escribir cada día tu presente, ellos serán, querida Elena, tus amigos y confidentes.
También te compré una goma de borrar y lápices de muchos colores.  Te comunico que la goma de borrar es asombrosa y mágica, con ella lograrás borrar todo lo malo, oscuro y feo del pasado y con los maravillosos lápices de colores, conseguirás pintar tu futuro, todo cubierto de luz y color como tú te lo mereces.  Yo espero que te guste mi sencillo regalo porque va repleto de buenas intenciones, feliz cumpleaños, Elena, te desea de todo corazón.
Tu amiga Lilia.


ELENA  de  Maruca Morales


Elena, aunque te diste prisa para llegar primero que yo, te pido que me esperes para llegar juntas, como cuando éramos niñas, a buscar coles a los huertos de la era, para hacer un potaje con trigo y, de regreso, las dos de la mano, sentarnos en el barranco moreno, a jugar a las cinco, a ver quién de las dos gana.  Te quiero mucho.  Tu amiga de siempre.

Maruca Morales



AMIGA  de  Maruca Zamora

Un día, tuve la suerte de conocer a una señora encantadora de la que ya tenía referencias pues, aunque lejana, es de mi propia familia.  Al conocerla en persona, me cayó muy bien.  Una señora guapa, sencilla, buena persona: esa fue mi impresión.  Hemos conectado muy bien y hoy somos buenas amigas y espero que sea así por mucho tiempo.
Estas sencillas palabras se las dedico por su cumpleaños, setenta y pico, como ella misma dice, y le deseo que siga cumpliendo muchos más y se conserve guapa, elegante, simpática, con un gran corazón, tan humana y buena amiga.
Para ti, Elena, de esta amiga que ha compartido contigo momentos de compañerismo.



ELENA  de  Esther Morales


Elena, Feliz Cumpleaños.  No sé cuánto es el pico de que hablas pero eso no importa.  Deseo que cumplas muchos más y que yo lo vea.  Sigue así, no cambies, eres un referente para mí, con tu entereza y serenidad, tu forma de transmitirnos los valores que enseñaron tus padres, a quienes siempre tienes presentes.  Nos regalas tu sonrisa en todo momento, dispuesta a darnos consejos y resolver nuestras dudas.  Gracias amiga, por tener la suerte de conocerte desde que nací, y contar con tu amistad y cariño.  Sigue igual.


PARA ELENA  de  Isabel Expósito Morales

Supe de ti antes de conocerte.  Lo hice a través de las historias de juventud que mi madre me contaba.  Me hablaba ella de su mejor amiga, una chica llamada Elena  con la que había compartido dulces vivencias de la mocedad.  Una chica guapa y dulce, a quien le fascinaba reír y bailar, tanto o más que a ella misma.  Así que, de ese modo, empecé a conocerte, y tu nombre casi siempre estaba unido a las conversaciones sobre anécdotas del ayer de mi madre.
El tiempo y la vida, que sabe como hilar nombres, historias, cariños y personas, quiso que, con el paso del tiempo, te conociera personalmente.  Cuando lo hice, descubrí con alegría, que la descripción que mi madre había hecho de ti y la que ella guarda en su memoria, se ajustaba perfectamente con mi propia apreciación de tu persona.  Por eso, casi de inmediato, te hiciste dueña de mi cariño y aprecio.  Guapa, elegante, dulce, conciliadora, con un saber estar envidiable y una entereza ejemplar, me siento privilegiada y agradecida con la vida por haber hecho posible, prolongar en mí, la amistad que te une a mi madre.  ¡Feliz cumpleaños, amiga!


domingo, 26 de agosto de 2012

LUJURIA de Lilia Martín Abreu




Aquella tarde, la lluvia azotaba las calles desiertas y encharcadas.  Madelaine lo contemplaba todo detrás de la ventana, con cierta melancolía pues aquellas imágenes la transportaban al pasado, echando su mente a volar.
Un día como aquel, bajo la lluvia, tuvo que comenzar su camino, huyendo aterrorizada de su propio padre, que la había canjeado por unas deudas de juego.
Su madre le advirtió y aconsejó que marchara lo más lejos posible y que, por su bien, no volviera jamás.  Ella obedeció, emprendiendo su camino y no descansó mientras la luz del día la había acompañado.  Durmió subida a los árboles, por miedo a los animales y después de varios días de duro trayecto, al fin llegó maltrecha y hambrienta a un poblado habitado.  Sólo entonces fue consciente de que no había tenido miedo y se prometió a sí misma que allí en ese momento moría para siempre la ingenua María Elena y nacía Madelaine, una nueva mujer, irresistible ante los ojos de los hombres.  Ella era consciente de su belleza y su cuerpo escultural, por lo que decidió usar el primer pecado capital, la lujuria, como su único sustento.
Recordó aquellos primeros días cuando, con los nervios a ras de piel y el estómago en arcadas, empezó sus andaduras en las artes y las ciencias de los juegos de alcoba.  Fueron muy duros. Un temblor se había apoderado de ella y el latido de su corazón martilleaba sus sienes, con las orejas encendidas como farolillos rojos de feria.
Pronto, todo eso se disipó.  Al paso del tiempo, su clientela se convirtió en selecta; unos cuantos amantes ricos que la complacían en todos sus caprichos, a cambio de que ella los mimara esperándolos con una botella de exquisito champán francés bien frío, vestida con unos modelitos sexis de corsetería fina.  Eso hacía que sus clientes desaparecieran de este mundo en alas de su habilidad y maestría en materia de seducción.  Era tanta la lujuria empleada en sus movimientos que dejaba en la piel de la memoria de sus amantes, la huella de su destreza. Ella supo convertirse en una droga a la que siempre deseaban volver.
Madelaine se retiró de la ventana, se sirvió una copa de brandy.  La tomó lentamente, al mismo tiempo que recorría la habitación con su mirada empañada en lágrimas. Tengo de todo y no tengo nada, pensó.



EL EXTRAÑO HOMBRE DEL TREN de Maruca Zamora





El relato que había elegido Luis para leer durante su viaje en tren, Madrid-París, lleva este título; El extraño hombre del tren.  Luis viaja con frecuencia a París desde que heredara el negocio familiar.  Lejos han quedado los tiempos en que viajar a París era toda una aventura.  Desde hace una década es simplemente el trámite que debe seguir dos veces al mes.
Tras instalarse en su asiento, empieza a leer.  Resulta ser la historia de un atracador internacional que, casualmente, también viajará en tren huyendo de la policía, atravesando la frontera. Pretende pasar desapercibido, bajo una gabardina negra desgastada, sombrero de fieltro del mismo color, gafas oscuras y barba postiza.  Pierre Dubois acompañaría a Luis hasta su llegada a Paris, como él, viajara en butaca de segunda clase.  El personaje parecía nervioso, mirando continuamente de un lado al otro, observando su viejo reloj una y otra vez.  Dobla la gabardina en su brazo y pone su sombrero en el asiento contiguo, frente a él, único asiento ocupado de todo el vagón, y saca un libro que parece tratar sobre el comercio entre España y Francia.  Qué curioso le resulta a Luis que el personaje lea un libro que tenga tanto que ver con su profesión.  Suena el silbato que anuncia la última llamada de salida, justo a tiempo para que entrara un nuevo pasajero.  Parece que no va a viajar solo, después de todo.  Se sorprende al ver que se trata de un hombre de mediana estatura, vestido con una gabardina negra, sombrero del mismo color y gafas oscuras.  Lleva, además, barba de algunos días.  Parece nervioso, mira a un lado y a otro, no para de consultar su reloj.  Ante tanto asiento vacío, decide sentarse al lado de Luis, dobla su gabardina, pone el sombrero sobre el asiento de al lado y saca un libro sobre comercio hispanofrancés.  Luis vuelve a la lectura de su libro, inquieto, aterrorizado al comprobar que se ha repetido en la realidad, todo lo relatado en su libro.  Debía saber qué pasaría a continuación.  Pierre Dubois no parecía tener suerte.  Al cruzar la frontera, la policía de aduanas le da caza.  Pierre yace herido de muerte en el piso de la estación. Con gesto amable,  como tantas otras veces, Luis le ofrece a su compañero de viaje, su tarjeta de visita pero, intrigado por saber si continuaban las coincidencias.  Pierre abandona su lectura por un instante y saca de la cartera de su bolsillo una tarjeta que le entrega a Luis:
Pierre Dubois
Anticuario

Sorprendido pero inmerso en la confusa historia, Luis duda si contarle o no lo que le sucederá al llegar a la frontera.  No sabe qué hacer. No sabe si debe decírselo, aún a riesgo de que lo considere un loco, o callarse para no arriesgar su vida.  El anuncio por megafonía de la llegada a la frontera, interrumpe sus pensamientos.  Tras esto, Pierre parece más nervioso.  Toma su gabardina, saca una caja de cigarrillos y le comenta a Luis que va a estirar las piernas.  Lo que parecen dos disparos, se oyen en la estación cinco minutos después de se anunciara la salida del tren.  Nadie ha vuelto a recoger el sombrero de Pierre.


ASESINATO de Esther Morales





Al llegar a casa, me encontré a mi hermana saltando y dando palmas, mientras gritaba.
-¡Jodido, deja que te coja! ¡Jodido cabrón, como te coja, te mato! ¡Canalla!
Ante tanta vehemencia e insulto, yo me asusté. Después de estar un buen rato entre palmadas y saltos, mi hermana abrió las manos y fue entonces cuando vi a quien iban dirigidos aquellos insultos.  Allí estaba el cuerpo del delito, entre sus palmas ensangrentadas estaba él, su enemigo chupa sangre, el terrible canalla que había perturbado su siesta.  Verlo en aquel estado, aplastado entre sus manos fue el castigo que mi hermana recibió por haber asesinado a aquel pobre mosquito.


NO DUDARÍA de Ana R. Benítez



Antonio, de 33 años, fue encontrado muerto en la cabaña de tejas rojas que su madre le construyó en el jardín de su casa, para tenerlo cerca.  Le dio igual destrozarlo, si así lo veía todos los días.  Y para él, la presencia de ella, era vital.  Era su guía, su luz en la vida desordenada y de rebeldía que vivía.  Por eso, cuando su madre murió, no lo pudo superar, y la siguió quince días más tarde, después de coquetear con las drogas y el alcohol.
Pero, seguro que Antonio, desde la eternidad, con esa sensibilidad que le caracterizaba, mandaría un mensaje en el que, si pudiera dar marcha atrás, NO DUDARÍA haber sido más fuerte, NO DUDARÍA a enfrentarse definitivamente con la vida, NO DUDARÍA en que su momento de partir no había llegado, NO DUDARÍA en ver la vida con alegría; y sobre todo, NO DUDARÍA en saber que le quedó mucho por hacer.

LA AMISTAD de Águeda Hernández




La amistad es la única cura para la enfermedad más dolorosa del ser humano, la soledad
Gustavo Adolfo Becquer

Este escrito sobre la amistad va dedicado a todas nuestras amigas, sobre todo a aquellas que se han quedado solas; especialmente a una de ellas que está sufriendo una pérdida reciente. Fuerza, querida amiga, por favor no llores, él está contigo, lo sientes, háblale y verás que te sentirás mejor.  No sé si este escrito te servirá de algo pero, agradezco encontrarme entre tus amigas porque la amistad forma parte de mi vida, siempre que sea sincera; ¡alivia tanto la soledad!
¿Qué significa realmente la soledad?  En general sólo describe el vacío doloroso de una persona que se siente solitaria, habla de ausencias, de sentimientos, de personas que se ven a sí mismas, solas.  Cuando esto nos ocurre, el remedio o parte de él, es tan sencillo, queridas amigas, como conservar tus amistades porque recuerden que, gracias a ellas, no se sentirán tan solas.
Quizás des excusas, rechaces alguna invitación.  Es un comienzo de salir de la tristeza que nos invade.  Es más fácil, por ejemplo, tener amistades en tus mismas circunstancias, pueden ser un apoyo, incluso una necesidad.  Pero…, es una trampa que hay que evitar porque solo comparten penas y dolor. ¡No!, con esto no quiero decir que les des la espalda, jamás, ¡eso no!, todos nos necesitamos.  Pero, cuando a la soledad se le llama enfermedad, tienes que buscar amigas que tengan una vivencia positiva, sana y divertida. Amigas así, con más gratificantes y alentadoras.



FUEGO de Alicia Carmen




La verdad es que leer mi horóscopo, siempre me produce una risa irónica, cuando compruebo que está entre los signos de fuego.  Vaya, por favor, no lo puedo creer, ¡el astrólogo debe estar equivocado!.  Lo que sí es cierto es que, cuando estaba bien jovencita, vi una representación de la Danza ritual del fuego y me produjo tremenda conmoción. Encontré el espectáculo como excesivo para mí, desgarrador; me sentí pequeña, encogida y hasta me asusté un poco.  Aunque, debo reconocer que, por otra parte, me encantó su sensualidad; destilaba pasión, fue absolutamente inquietante, casi enloquecedor.
A esas edades, todo nos llama la atención y para mí, la chica del clavel rojo se destacaba entre todas, por su arte, figura estilizada y la gracia inmensa de la que hacía gala, bailando alrededor de la hoguera.  Sus manos parecían dos pájaros heridos a punto de caer.  Yo estaba absolutamente absorta, impresionada, cuando de repente, sentí su mirada sobre mí como dos carbones encendidos.  Yo me quedé paralizada de terror.
-¿Me habrá mandado un maleficio? –pensé yo.
Al instante, la danza continuo y la vi alejarse con su vaporoso traje  revoloteando a su alrededor.  Yo salí de allí con ciertas dudas y, como dicen que de que vuelan, vuelan, al día siguiente, que era domingo, fui a misa bien temprano y le pedí a Dios haberle caído bien a la enigmática bailarina y que sus artes de hechicera sólo hubiesen sido una obra de teatro.




¡CÓMO AGUA DE MAYO! de Maruca Zamora



Por motivos de trabajo, Rosa tenía que hacer un viaje.  Ella era artesana y debía asistir a una feria internacional muy importante porque, de aquel viaje, dependía la importación y exportación de sus productos en los que una empresa había confiado.  De ahí que  le preocupara mucho que todo saliera bien.
Llegado el momento, empezó a dejar todo arreglado en su trabajo, dejando a cada cual las tareas que debían realizar en su ausencia.  En su casa las cosas eran distintas pues tenía marido, hijos y, ocasionalmente, suegra.  En aquellos días no estaba con ellos y Rosa pensó
-¡Ojalá estuviera aquí mi suegra!, todo sería más fácil, pero no es cosa de decirle que venga desde la península a hacerse cargo de mi casa.  Me parece abusivo por mi parte.
Con esos pensamientos, rondándole la cabeza, llegó a su casa. Le explicó a su marido que tenía que ausentarse por una semana y que no sabía qué hacer con los niños.
-Bueno, habrá que buscar a alguien –le respondió el marido– pero, eso sí, ocúpate tú de eso.
Rosa puso cara de pocos amigos al ver la poca colaboración de Paco.
Pasaron unos días y no había conseguido una solución que la convenciera.  La fecha de salida se acercaba y la desesperación iba creciendo cuando, sonó el timbre de la puerta.
Nunca se había alegrado tanto de ver en su casa a su suegra.
-¡Me caído como agua de mayo!
-Bueno, yo vine a pasar juntos el cumpleaños de mi hijo, no entiendo tu exclamación, de todas formas me alegra tu bienvenida –le respondió la suegra mientras la miraba extrañada.
Rosa entonces, empezó a pensar cómo iba a explicarle el motivo de su alegría al verla en la puerta de su casa.

ELOINA de Carmiña Gohe




Eloina vivía con su madre y su padrastro porque había quedado huérfana de padre cuando era una niña.  Al principio, todo iba bien pero luego, su vida fue cambiando.  Su madre tuvo que salir a trabajar y la joven dejó de ir a la escuela.  Como el padrastro era un gandul y un lujurioso, empezó por traerle regalitos y a decirle cosas bonitas.  Ante aquello, ella tenía que callar y dejarle hacer lo que quisiera.  Esas situaciones eran cada vez más frecuentes. 
Eloina ya no podía soportarlo y una noche, llenó su mochila y se escapó, cansada de tanta vergüenza y sufrimiento.  Caminaba asustada porque había mucha oscuridad.  De vez en cuando pasaba un coche.  Ya estaba agotada cuando paró uno a su lado.  El hombre que lo conducía era algo mayor y estaba vestido con ropas caras.  Esto le infundió confianza.
-¿Hacia dónde te diriges?- le preguntó
-Hacia el próximo pueblo- respondió la joven
-Pues sube que yo paso por allí
Durante el viaje, estuvieron hablando de muchas cosas pero, Eloina empezó a preocuparse pues notaba que aquel señor se le estaba acercando demasiado.  Aguantó un poco más pero, sin casi pensarlo, abrió la puerta del coche y se lanzó a la carretera.  El vehículo aceleró su marcha y ella tuvo suerte al caer sobre la mochila.
Caminando llegó al pueblo y pronto encontró trabajo en una panadería.  Ya más tranquila, todas las tardes paseaba hasta un desfiladero para ver el mar.  En uno de esos paseos, se le acercó un muchacho y poco a poco, día a día, hablando, ella le contó su vida y el joven con paciencia, le explicó que todos los hombres no son así, que el amor es un sentimiento profundo que con respeto, mucho cariño y comprensión mutua, se puede llevar una vida muy distinta a la que ella había llevado.
Con el tiempo, se casaron y fueron muy felices.



miércoles, 22 de agosto de 2012

MIENTRAS ESPERA de Clotilde Torres




La verdad es que aquel chico le gustaba.  Era bien parecido y, durante el corto tiempo que lo había tratado, parecía amable, alegre y en el trabajo se comportaba correctamente, así que, el día en que él le propuso empezar una relación de amistad, ella no lo dudó y dijo que sí.
Cuando salían del trabajo, iban al cine, daban paseos interminables por Las Ramblas, tomaban algún refresco, charlaban, comentaban y así día tras día.  Para ella resultó ser… un aburrimiento.
Hoy, mientras espera por él sentada en un banco del parque, saca un libro del bolso y comienza a leer.  Se estaba relajando tanto con su lectura que no se da cuenta de que alguien está sentado a su lado.
-Buenas tardes
Ella se asusta.
-Perdone pero estoy tan entretenida con la lectura, con el canto de los pájaros y este fresquito que corre entre las plantas que no lo oí llegar.
-No se preocupe por mi, me pasa lo mismo, cuando me adentro en la lectura, me olvido del tiempo  y de todo.
Terminan riéndose.  Ella marca el libro y lo guarda en el bolso. Hablan de música, de poesía, se sienten cómodos.
Definitivamente, ella ha decidido no mirar hacia atrás.  No seguiría esperando.