Al salir de
la habitación del hospital, donde fuimos a visitar a un familiar enfermo,
quedamos atrapadas en el ascensor junto a tres personas más. Es curioso analizar la reacción de las
personas cuando se presentan situaciones como ésta. Una gritaba, otra lloraba llena de angustia
y, las que estábamos serenas, tocamos el timbre de emergencia mientras nos
sonreíamos. Una señora muy cordial
contestó nuestro llamado y al escucharla, sentimos mucho alivio. En un ratito, salimos todos del ascensor,
felices de vernos libres de aquel encierro involuntario. Aquella fue una visita inolvidable.
No es una experiencia agradable, desde luego. No quiero contarte en qué grupo estaría yo, de vivirla; tal vez en el de que las que…¡gritan!
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