miércoles, 31 de enero de 2018

¿A QUÉ LIBRO TE IRÍAS A VIVIR? Juan Roberto Núñez




Ante aquella pregunta formulada por su conciencia, el hombre pidió tiempo para meditar la respuesta.
La Vuelta al Mundo en Ochenta Días no era una buena opción, porque también son ochenta noches;  tal vez, “Las Mil y una Noches” o “Cyrano de Bergerac”, por sentirme Aladino o un poeta a la sombra de la luna.

¡Ya lo tenía!. Sin ápice de duda, el hombre se llenó de irreales y dijo: ¡será mejor que despierte! y escriba el libro de mi vida que ya tiene días y noches, Aladinos y Cyranos, porque a lo largo de nuestro camino, sin duda, somos estos personajes de forma real y sorpresiva, como la vida misma, que nos hace preguntas para darle respuestas…

Maruca Zamora COMPAÑERA DE VIAJE



         Mi amiga me acompaña cuando observo las estrellas y la luna; es un momento de paz. Las miro una a una y a veces me pongo a contarlas preguntándome cuál de tantas será la que me ayuda en esta vida. Seguro que tengo una que me guía por estos caminos inciertos y peligrosos que he elegido seguir. Tiene que haber algo arriba que nos dirige.

         Pensando pensando, en ocasiones me quedo dormida y de repente algo me despierta:  me caen en la cara…dos mangos que con el viento se han desprendido del árbol. Regreso a la realidad del día a día, me despido de mi amiga…-hasta la noche- le digo, y empiezo la jornada de trabajo. Todos son iguales, problemas por resolver, enfermos a quienes cuidar, pobres a quienes ayudar a sobrevivir.

         Llega la noche y de vuelta a casa, voy en su busca y nos tumbamos juntos a descansar, a soñar con un mundo mejor, la acaricio y le digo gracias amiga por estar conmigo. Hace años que estamos juntas y en la noche  nuestra cita es bajo esta mata de mangos y tú no protestas, me esperas todos los días con el mismo cariño para, juntas, contemplar el firmamento, hasta que nos toque ir a otro país y entonces te bajo con mucho cariño, te doblo, te guardo en mi maleta y te digo…-mi querida amiga hamaca, nos toca coger vuelo a nuestro nuevo destino.


SE FUE Ana Benítez





Mi papá se fue un día a por tabaco y no volvió. Eso le contaba mi mamá a sus amigas. Pensé que seguro  había muerto –porque yo sabía que el tabaco mata– y mi mamá no me lo quería decir para que no me pusiera triste.
Pero…sigo sin entenderlo. ”Si mi papá se fue a por tabaco”…, ¿por qué lo hizo y para qué?... si no fumaba.

Ya lo entenderé cuando crezca…, bueno…, eso dice mamá.



GRIETAS María Elena Padrón

                                 

    El corazón se me disparó sin previo aviso. Aquel sonido, como de cristales rotos en mitad de la noche, puso a mis sentidos en alerta sin saber si quedarme sin respirar apenas o correr en busca de ayuda. Algo pasaba entre las paredes de mi casa. Esperé y el ruido constante de un crujir pequeño estaba allí en pasillos oscuros y camas vacías.
    Pasaron por mi cabeza escenas de rescates a deshoras. Lágrimas y escombros por revolver.  Temblando. Sería eso lo que le pasaba al mundo y yo, dormida, intentando olvidar.
  Cuando llegué al pasillo, lo vi. Grietas por todo el suelo, montañas      abultadas de azulejos que habían cobrado vida sin permiso.
   Caos, derrumbes, polvo, gritos, soledad. Suelo levantado. Grietas por donde escaparía polvo hacia mis libros, polvo a mis horas, polvo a mis recuerdos.
  Curioso pensar que las grietas del alma; calladas, espesas,  que luchan navegando entre tristezas, habían escupido por fin para hacerse visibles.
Grietas para gritar, para maldecir por lo que pudo haber sido y no fue.
Ahora me encaja todo.
No grité lo suficiente. No he llorado lo bastante, no he escupido mi rabia. Me he secado en grietas internas que me apuñalan y mis paredes escucharon, escucharon mis noches y escupieron lozas rasgadas en mitad de la noche.
Grietas abiertas que respiran sin consuelo.
En mi piso, en mis pasillos vacos, en mi alma.




PIEDRITAS Carlota Sosa





Un pequeño juega en una playa de cayados. Escucha encantado la música del mar que mueve las pequeñas piedritas con el ir y venir de las olas, chocando unas con otras, en un baño de sal.

     En uno de sus viajes, entre arenas blancas,  trocitos de cuarzo compuestos por miles de puntos de luz, comenzaron a brillar al salir el Sol. El pequeño-gran hombre se detuvo a contemplarlos.  Cuando lo sostuvo en sus manos sintió un extraño vuelco en el corazón.  Desde entonces, las piedras comenzaron a hablarle con las energías de las que eran portadoras. ¡Cuántas sensaciones! Comprendió que las rocas, a su manera, también amaban. Pintó un abecedario con las más redondeadas y cada letra era, entre otras cosas, un órgano del cuerpo humano. Él tomaba la piedra que representaba una parte enferma entre sus manos, y recitaba una oración; en otras, dibujó los grifos de las runas celtas, símbolos oraculares que ofrecían consejo e información. También lleva tres piedrecitas en sus bolsillos para que les recuerde las virtudes que representan: gratitud, alegría, que es una piedra blanca donde pintó alas de ángel; y la tercera, servicio.



     Construye castillos en la arena que se disuelven al subir las mareas. Esto le lleva a reflexionar que el Gran mar de la vida le redondea; pulen sus aristas los embates de sus olas emocionales; y, los minerales corpóreos, al final, se convertirán en granos de arena. El Gran Arquitecto ha creado el templo-castillo de su cuerpo, pero un día, una ola alcanzará sus costas y le fundirá con el océano estelar... Allí  volverá  junto con sus piedritas.

EL ARCOIRIS Alicia Carmen



Mi nieta se acurrucó a mi lado con su gatito en brazos y me susurró: abuela cuéntame un cuento pero no de esos de princesas y castillos que ya me los conozco todos.
Bueno nena, vamos a taparnos los tres con la mantita y te aseguro que te gustará: piensa en un pueblito bien pequeño sobre una colina,  pero no creas,  tenía su iglesia, farmacia, panadería, librería y un joven médico o sea todo lo que las personas necesitamos para sobrevivir.
Una espléndida tarde, llegó a esta adormecida comarca un circo, con todo el estruendo y la fanfarria que eran capaces de producir los tambores, las trompetas, los trapecistas haciendo equilibrismo, la mujer barbuda cantando, el hombre mono saltando de un lado a otro y también…un gato. El gato montado encima de un elefante parecía un emperador, como si todos debieran rendirle pleitesía, además tenía puestos unos estrafalarios anteojos.
El día de la inauguración del espectáculo, las personas más importantes del pueblo fueron a saludar al director de la compañía que estaba en medio de la carpa, rodeado de un público entregado.
Primero se acercó el alcalde. En ese momento al gato que estaba sobre un taburete, se le cayeron los anteojos y lo miró el pobre hombre que al parecer no era muy honesto, cambió de color y se volvió violeta. Al mirarle, su mujer se acercó asustada, el gato desvió la mirada y ella, que se decía en el pueblo era envidiosa, se volvió de color verde. En vista de los acontecimientos el recaudador de impuestos quiso arreglar el asunto pero también a él lo miró el gato y se convirtió en un tono gris que no era nada agradable. El panadero, que acostumbraba a aumentar los precios en su negocio, empezó a gesticular, el gato le lanzó su poderosa mirada y tomó un color amarillo que asustaba. La hija del farmacéutico secretamente enamorada del médico se quiso marchar pero el gato la miró fijamente y se puso absolutamente escarlata.
-¿Por qué pasaron esas cosas?-, me preguntó mi nieta. Bueno…era un gato mágico, no me lo he inventado, lo vi en la película…”Un día, un gato”.
El gato fue el encargado de revelar las profundas verdades que oculta el alma humana, lamentablemente los puso en evidencia.
-Espero mi nena que si algún día te tropiezas con ese gato permanezcas con tu mismo color.
-Abuela, estás toda roja.

-Sí mi niña, tú también, eso es por el chocolate caliente que nos estamos tomando.


MAREAS Carmen Garcés







El sol de la mañana aún no ha despertado y tú ya comienzas el día.  Realizas, como es costumbre, tu ritual; ese que penosamente te acompaña desde hace ya tanto tiempo…,¡demasiado tiempo!…y, entonces, sales a la calle.
            Comienzas otra jornada -frustrante y tediosa-, en un trabajo que te anula, que te limita.
            Tú, que soñabas con la libertad que da el sentir el viento en el rostro cada día; sin ataduras…, sin imposiciones, hoy te miras al espejo  advirtiendo  mareas de emociones contenidas y reflexionas -¿cómo has llegado hasta esto?-.
            Y así, como por inercia, transcurre tu día.
            A ti, cartero de profesión por caprichos del destino -ese que para muchos, porta noticias de sueños e ilusiones cumplidas-, hoy  te queda tan sólo anhelar aquella vida de aventuras y libertad.
Esa vida que, no obstante negarte a reconocerlo, sigues esperando encontrar, tal vez… al doblar alguna esquina.



ADIÓS Juan Carlos Chávez

                                                

     Unas veces en el mar, otras veces en la tierra; un puñadito de piedritas se me escapaba. Intentaba afanadamente retenerlas, pero  algunas siempre acababan por deslizarse entre mis dedos.
     Un aciago día causó que mi esencia comenzara a enrojecerse de lágrimas castigadas por un resquemor intenso; entonces, ya no se trataba de un puñadito; sino de un puñado.
     Mi silueta es ahora la que se estremece por un ardor penumbroso, que se solidifica en mis doloridas entrañas; aumentando así, y de forma alarmante, el número de puñados de piedritas que se me escapan.

     Una acaricia fría y lúgubre ha provocado mi desplome, la oscuridad me invade, ya no me siento. 

MI ABUELO Juan Carlos Chávez




    
     Allí estaba, en el desván; entre trastos viejos y olvidados, la silla de mi abuelo. La silla dónde cada tarde veraniega, en el balcón, observaba con detenimiento el transcurrir, unas veces lento y otras veces acelerado, del tiempo, dónde su respirar se hacía más pausado, dónde el sol acariciaba su rostro embellecido de arrugas, y dónde me contaba historias rocambolescas, que mi inocente imaginación se encargaba de darle realidad en mis pensamientos.
     En esas tardes, después de cumplir con desgana mis clases de natación, me apresuraba a colocarme a su lado; ansiaba sentir su voz, su mirada, sus guiños, sus caricias en mi espalda, incluso su tos crónica y sus quejas propiciadas por unas rodillas doloridas que la ocupación laboral maltrató.
      Hasta que un quemar intenso y despiadado lo devoró; descabalgándole de esa silla y arrastrándole a otra ubicada más allá del horizonte, de dónde jamás se levantaría.

     A pesar de los años, cada verano respiro su presencia sentada en su silla en el balcón.


OLFATO Águeda Hernández


Sentido por el que se perciben los olores denominado mucosa olfatoria.  Referido a percibirlo, cuando estos constipada no huelo nada.  Producir o despedir olor: los huevos podridos huelen muy mal.  Oler repetidamente con ahínco e insistencia y descubrir lo que está encubierto, esto también es tener olfato. Los perros tienen el olfato desarrollado o facilidad para descubrir lo que está encubierto.
La parte externa llamada nariz, parte que sobresale entre los ojos y boca y forma la entrada del aparato respiratorio.  Las gafas se apoyan sobre la nariz.  Las hay de forma aguileña, respingonas, narizotas, narizudos, nariz perfilada…
Tenemos la dicha que, gracias a nuestro olfato, recibimos el olor de variedad de fragancias, de perfumes, de las flores.  Pasar por la rosaleda, zonas arboladas y oler… uhmm
No puedo perder la ocasión de opinar sobre los olores.  Abuelas, ojo al dato, siempre me quedo con el perfume que exhalan los bebés: agradable, suave, bienoliente.  Ellos todos son de la fragancia más suave y agradable que existe.