Cincuenta años lleva haciendo reír a
los niños y adultos. No sabe hacer otra cosa. El maquillaje difumina su
tristeza, la hace más llevadera. Mientras actúa, sus facciones se relajan.
Terminó el espectáculo. Pronto empezará el auténtico circo y entonces… dejará de sonreír.
RELATOS DE LOS COMPONENTES DEL TALLER DE LECTURA DIRIGIDA Y NARRATIVA “EL TRANVÍA”
jueves, 5 de marzo de 2015
EL PAYASO Ana Benítez.
Y ENTONCES, SE MARCHÓ. Águeda Hernández
Hace
años me lo contó; hoy es feliz.
Mamá,
David y yo hemos decidido vivir juntos, anunció desafiante mi obstinada hija de
18 años a la hora de la cena. Su novio estaba a su lado. Al oír sus palabras,
el corazón me latió con más fuerza y sentí que se me encogía el estómago. Fue uno
de los momentos más tristes de mi vida. ¿Cómo podía convencer a mi hija de que
tal vez estaría cometiendo un terrible error?. Miré a mi hija, la vi tan niña,
pensé no tendría la fuerza para esa responsabilidad y me salió la pregunta.
¿Habrán pensado en la posibilidad de que quedes encinta? Mi hija miró con
cierta vergüenza a su novio, y reconoció que no habían previsto esa
posibilidad.
Realmente
no me importa lo que piensen papá y tú. Tendrán que aceptarlo. De pronto busqué
con la mirada a mi esposo que aún no había dicho ni mu, respaldado en su
butacón con los ojos entreabiertos, señal de que no quería ver pero estaba
viendo, no pude más y grité ¿JOSE! ¿Por
qué no hablas? Dile algo a tu hija. La responsabilidad no es sólo mía. Se
levantó, y sin mirarme me dijo ¿Tú lo estás haciendo muy bien? Y te digo más, los
hombres inteligentes saben cuándo quedarse callados. Cogió sus llaves y
cigarrillos…y entonces, se marchó.
CONVERSANDO CON EL ESPEJO Ana Benítez.
P. ¿Por qué lees?
R. Para sentir, sin necesidad de experimentar con tu propia vida.
P. ¿Por qué escribes?
R. No lo había hecho nunca hasta que un día caí en un taller de narrativa
con unos componentes muy especiales, guiados por una “loca” por la poesía y las
palabras; que ha sabido incitarnos a este menester. Para mí se ha convertido en una terapia
semanal en la que cada jueves nos enfrentamos a un reto. Les agradezco a todos ellos las horas compartidas.
P. Escribir un relato corto es
una manera de contar historias. ¿Qué espera de dicho relato?.
R. Que sea tenso e intenso, que no puedas dejarlo hasta terminar de leerlo
de un tirón.
P. ¿Te acuerdas de tu primer
libro de lectura?.
R. Sí, “La edad prohibida” de Torcuato Luca de Tena. Antes mis lecturas
había sido los cómics: Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Carpanta…
P. ¿Qué te da miedo?
R. El sufrimiento.
P. ¿Qué detestas?.
R. La mentira, la hipocresía, la venganza. Hay personas toman esto con con mucho rigor.
P. ¿Qué objetos te resultan
imprescindibles?.
R. Un libro, un cuaderno, un lápiz con goma.
P. ¿Qué no soportas de ti misma?
R. La impaciencia por hacer las cosas. No aprendo que todo lleva su tiempo.
P. ¿Un vicio inconfesable?.
R. Los vicios no se pueden confesar. ¡Bueno! Hay uno que sí: el chocolate.
P. ¿Una satisfacción?.
R. Mis hijos, que hoy están haciendo lo que les gusta y que tengan un
trabajo.
P. Dime un mito erótico de juventud.
R. Gary Cooper.
P. ¿Don Quijote o Sancho Panza?.
R. La locura de don Quijote es más necesaria.
Y termino que es espejo se me está empañando.
FELIZ ACONTECIMIENTO Lali Marcelino.
Asistí no hace mucho tiempo a una
reunión bastante peculiar, convocada por el sentido común.
Allí estaban la alegría, el
entusiasmo junto con la discreción y su amiga la crítica, también la tristeza.
El odio llegó el primero. Todos esperaban con ansia a la riqueza, pero la
pobreza se hizo presente desbancándola porque la corrupción se impuso ante
tanta ambición. ¿Y la justicia cuándo llegará?, se preguntaron todos.
Alguien que estaba oyendo y viendo
todo esto, como casi siempre en la oscuridad porque q no le apetecía hacerse
presente, pensó, ¡qué ilusos!, todavía esperan que esa señora llegue, hace
tiempo que murió y recuperarla va a ser casi imposible. Algo parecido pasa con
el trabajo, la salud y la escondida confianza.
El miedo también llegó de los
primeros, junto con el terror y el orgullo, pero a quien nadie esperaba, y
aunque tarde, llegó silencioso como siempre, el sigilo fue pasando por debajo
de sillas, sillones y mesas. Se quedó en un rincón esperando acontecimientos.
Hubo alguien que llegó casi al
final, a ver si la aceptaban en tremenda reunión, la fidelidad, yo. Me quedé
fuera esperando a ser invitada y ¿saben?, las últimas en llegar fueron dos
primas lejanas, COMPRENSIÓN e INCOMPRENSIÓN, a quien todos esperaban y yo más
que nadie. La incomprensión no está en mi proyecto de vida futura, no podía
dejarla entrar… y entonces la maté.
martes, 3 de marzo de 2015
ME ENTREVISTÉ Maruca Morales.
¿Por
qué escribo?
Porque
me gusta y me relaja, por ejemplo, escribir una carta a algún familiar o a una
amiga.
¿Con qué sueño?.
Sueño
con la salud y con seguir pudiendo hacer
yo sola mis cosas.
¿ A qué le tengo miedo?
Le
tengo miedo a la noche y a estar sola.
¿Qué amo?
A
mis hijos, a mis nietos y a toda la familia.
¿Qué odio?
La
mentira
Cosas imprescindibles
Las
gafas y la comida. Las amigas. Yo opino que una buena amiga hay que
cuidarla porque sabes que no te va a
defraudar nunca y sólo te hará el bien.
¿El día más triste?
Cuando
murió mi madre y mi esposo.
¿El más feliz?
Cuando
tuve a mi hijo mayor.
Una película.
Llevo
muchos años que no voy a ver ninguna y la verdad es que es una cosa que no me
llama mucho la atención.
ÉL NO FUE INVITADO Maruca Zamora.
Él no fue invitado, pero
llegó un día. Me lo trajeron dentro de una caja. Era tan pequeñito, desnudito y
con los ojitos cerrados. Estaba tan encogidito en el fondo de una caja que daba
penita verlo, le llamaremos “Corazón” le dije a los niños, y cómo le damos de
comer, me preguntó Luisito, debería estar con su madre pero como no está le
daremos algo nosotros. Como si comprendiera que tenía que comer, se dispuso a
ello. Le di como pude, con un tetero de juguete; me asombró que tomara leche
pero fue lo que se me ocurrió en ese momento.
Fue creciendo cada vez más
bonito, reconocía al hablarle, tenía sus preferidos, cuando oía a Luisito, el
niño pequeño, le daba una alegría que no se podía contener, daba vueltas por
toda la casa, se subía a los muebles y no paraba de jugar con él.
Pero llegó el día en que
comprendí que debía irse con los suyos, con ellos sería feliz. Lo hablé con los
niños y, muy a nuestro pesar porque nos iba a hacer falta, le abrí la puerta, y
le dije, te puedes ir con los tuyos, tus padres, y hermanos. Un poco indeciso,
se fue, pero al rato regresó, quizás a decirme en su idioma que le gustaba
aquel cambio y que se acostumbraría. Yo, que estaba sentada en el jardín, quise
cogerlo pero estaba muy asustado y nervioso; no estaba acostumbrado a estar
libre e iba de un lado a otro hasta que cantando y feliz, levantó vuelo. Como si se
despidiera de mí, se fue hacia los árboles y entonces supe que jamás volvería.
LA DECISIÓN Carmen Garcés.
Nada más abrir los ojos, aparecía ante mí; tenía el hábito de
permanecer junto a mi cama, aguardando a que despertara, y eso, me exasperaba. Donde quiera que
acudiera, sentía su presencia, constantemente acechándome, hostigándome; así
días, meses…, años. Ya no podía soportar
esa constante invasión de mi intimidad que, en ocasiones, llegaba a impedirme respirar.
Hastiado, decidí acabar con esa
relación enfermiza que manteníamos, aunque sabía que no resultaría un cometido
sencillo; ella no desistiría con facilidad.
Fue ayer cuando, finalmente,
conseguí la fortaleza que ocultaba en mi
interior y me
enfrenté a ella.
Aspiré hondamente, la así con fuerza, la miré a los ojos por última vez y entonces…, la maté.
A partir de ahora ya no la sufriré
más. Se fue esa desconfianza desmedida
e irracional hacia todo cuanto
me rodea, esa que durante tanto tiempo me ha impedido gozar una vida de plenitud. La acabo de matar.
TRES MINUTOS Lilia Martín Abreu
PIEDAD Alicia Carmen
Abrió la puerta de su piso. Notó que algo anormal había sucedido. Ella,
la típica funcionaria ordenada y meticulosa, se extrañó de semejante caos, pero
eso no fue todo, con pasos lentos y semblante derrotado, asomó un hombre
desconocido a través del pasillo.
-No se asuste señora, tan
sólo vengo a pedirle un favor, usted trabaja en una Embajada y yo necesito un
visado para viajar a ese país, no le haré daño pero conservo algo que a usted
le interesa.
-¡Ah!, pensó Rosana, mis
tarjetas de crédito, la libreta de ahorros ¿Qué habrá hecho este hombre?.
Al día siguiente ella cumplió lo prometido:
aquí tiene su visado, puede irse cuando quiera, seguro que en ese país
conseguirá un buen trabajo.
- Eso espero- y le entregó un
sobre con las tarjetas de crédito y demás documentos.
Ya en el barco que lo
llevaría a su destino, el hombre se recostó sobre la baranda y sacó una carta
de su bolsillo, habían sido tantas horas esperando a Rosana que el cartero había
pasado dejando la correspondencia debajo de la puerta. No pudo resistir la
tentación y se encontró una misiva de un tal José Alberto, un antiguo novio que
le pedía que lo ayudara pues se encontraba solo y enfermo y con una malísima
situación económica. Con letra temblorosa había escrito su dirección y la
apremiaba a visitarlo y ayudarlo recordándole el inmenso amor que los había
unido en su juventud.
-Vaya, pensó a buena hora
se acuerda de esta mujer, a punto de jubilarse, seguramente en sus años mozos
la abandonó y encontró amores en otros brazos y claro, la pobre Rosana lo
esperó con lealtad y confianza, después vino la soledad y el dolor por la
ausencia, recordando siempre la ternura de unos besos que tanta falta le
hacían.
Ahora que ya lo ha
superado, aparece este hombre como si nada tuviese importancia pensando solo en
su provecho. No lo veo justo, es una buena mujer, no permitiré que la engañen
otra vez, ella todavía es joven que emplee su dinero en vivir, que disfrute de
cada momento que la haga feliz, y pensando en esto, la carta resbaló de sus
manos y cayó al mar.
ALICIA CARMEN nos trajo la palabra de la semana: ILUSIÓN
Ilusión= Sustantivo femenino.
El término ilusión
tiene su origen en el latín illusio.
- · Es esperanza de algo que se anhela o se persigue, suceda o tenga lugar
- · Sentimiento de gran alegría que produce el logro de algo que se desea intensamente
- · Percepción equivocada de la realidad causada por un engaño de los sentidos.
.../…
La ilusión
es la magia de creer en aquello que no existe, pero que nos ayuda a vivir. Nos aferramos a ella para conseguir nuestros
sueños. Tener ilusión en la vida es
darle sentido y querer luchar por ello.
Hace que la vida merezca la pena de ser vivida.
¡Qué
hermosa es la ilusión que se observa en la cara de la novia que camina hacia el
altar o la ilusión de un niño esperando la llegada de los Reyes Magos! Y esa chica que anhela una carta que nunca
llega pero que está segura de que en cualquier momento lo hará.
Hasta los
laboratorios nos han ilusionado con la noticia de que, al fin, tendremos la
cura para determinada enfermedad. En
fin, vivimos en un mar de ilusiones.
No quiero
oír aquello del que vive de ilusiones, muere de desengaños. Bueno, quizá el Coronel se desilusionó y con
razón porque nunca llegó a recibir su pensión.
Nosotros, seguramente, dentro de unos años nos sentiremos más desilusionados
por las cosas que no hicimos que por las que hicimos.
La
posibilidad de hacer realidad una ilusión es justamente lo que vuelve a la vida
interesante, por eso no es necesario correr detrás de las mariposas, si
plantamos con mucha ilusión flores en nuestro jardín, ellas seguramente
acudirán.
De todas
maneras, es importante tener todo en su justa medida:
·
Del panal, un poquito de miel
·
Del mar, un poquito de sal
·
Y de la vida, un toque de ilusión
Sin
embargo, en nuestras relaciones humanas,
las ilusiones a veces son excesivas si las comparamos con los resultados. Ejemplo de esto es que la mujer se casa
creyendo que el hombre cambiará, el hombre se casa creyendo que la mujer no
cambiará y, al final, ambos se equivocan.
Trataremos de mantener nuestra
ilusión intacta y así será posible pensar que…
¡amanecerá y veremos!
La hermosa Scarlett O´Hara muy bien lo
expresó, diciendo:
Por mucho que se lleve el viento, mañana será otro día
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