miércoles, 12 de noviembre de 2014

MARQUITOS Ana R. Benítez


Marquitos añoraba los años de su infancia en los que lo llamaban así.  Ya un adolescente, empezaron a llamarle Marcos, aunque él seguía presentándose como Marquitos; aun consciente de la burla que eso suscitaba.  Y así fue hasta un día en que sintió miedo, terror…

Se dejó el pelo largo y llevaba siempre gafas; entendía que de esa manera, las marcas causadas por el tiempo no eran visibles.  Ahora, nunca se miraba al espejo.

Sentado, como siempre, en el sillón azul de la sala de estar del Centro, dos batas blancas pasan a su lado.  No puede evitar escuchar lo que hablan.

       ¿Y este paciente qué tiene?

       Marcos padece gerontofobia prematura: miedo a envejecer


martes, 4 de noviembre de 2014

DIENTES Roberto.Es




        Compañeros de viaje en nuestro camino vital; únicos, personales e intransferibles. 
     Los hay blancos, espumosos, sin aristas, de perfectos contornos, que adornan francas sonrisas anacaradas.  Cuidados esmaltes arropados por labios enamorados, protagonistas de apasionados besos como amantes de Rodin.  También amarillentos, testigos de vidas trasnochadas, de bocas descuidadas, de sonrisas disimuladas tras dedos nicotinados.  Otros son negros, enfermos, que abandonan dolorosamente encías necrosadas; dueños de ojos amargos y tristes, de bocas pustulosas plasmadas en las traseras de las cajetillas de tabaco.
       Pero recordaremos…entrañablemente a aquellos que ven la luz por primera vez, rasgando nuestras vírgenes encías y que nos acompañarán en nuestros más tiernos años de vida.  Una noche, bajo la almohada, nuestros dientes de cuna se transformarán al amanecer en mágicas monedas, tras la visita de un cambista y simpático roedor de cuyo nombre todos queremos acordarnos.



A MI DOS, POR FAVOR Maruca Zamora


         Viajaba en el tren  Barcelona-París.  Allí iba con frecuencia por cuestiones de trabajo.  Estaba yo revisando mi ordenador, corrigiendo mis notas, cuando se sentó a mi lado un hombre muy elegante, delgado, alto, con modales muy correctos; se presentó como Doctor Luis Montes.  Y yo, Andrea, le contesté. 
         Continuamos hablando. Me contó que era siquiatra y que iba a dar una conferencia en una universidad muy prestigiosa de París.  Yo soy gerente de una multinacional y hago este trayecto dos veces al mes, le comenté.  Seguimos la conversación y algo después me ofreció algo de tomar.  Un vino puede ser, le contesté.  Él pidió dos cubatas.  Pensé que se había equivocado y corregí, un vino y un cubata.  El doctor contestó, no, un cubata para mí y otro para Laura, tras cuya respuesta creí que esperaba a alguien que subiría en la siguiente estación.  Pero ni en la siguiente ni en la próxima Laura apareció.  No me atreví a preguntarle nada.
         Seguimos hablando hasta que, más tarde, me brindó un café.  Pues sí, nos vendrá bien, le contesté.  Llamó al camarero y le indicó, un café para mi amiga, otro para mí y uno para Laura, por favor.  Lo miré sin hacer ningún comentario pero para mí pensé: ¡no estará nada mal esa conferencia sobre siquiatría que va a dictar!




LOS DIENTES Maruca Morales




         Verdad es que de ilusiones también se vive.  Uno se pasa la vida anhelando muchas cosas.  Cuando los hijos son pequeños, observando todos los días para ver cuando les salía su primer diente, después cuando llegan las muelas y luego la felicidad de verlos todos juntitos y completos.  Luego, el niño crece y se le comienzan a caer los dientes y uno vuelve a vivir la ilusión de la sorpresa que dejará el Ratoncito Pérez bajo su almohada, sin que el niño se entere.  Divertido es ver su cara cuando encuentra unas monedas al día siguiente y oyes como se pregunta por dónde habrá entrado, si por la puerta, si por la ventana, ¡todo es una fiesta!.  Y luego a esperar que se le caiga el próximo diente.  Así vivimos, ilusión tras ilusión.
         Claro que, si a los niños se le caen los dientes y le vuelven a salir, a uno como mayor si se nos caen, ya no regresan y lo única salida que nos queda es ponérnoslos postizos.  Postizos pero bonitos y, qué más da, lo que importa es tener dientes.  Lo malo es que en este caso el Ratoncito no nos visita.



DIENTES Alicia Carmen




         ¿Quién no imagina a una sensual Cleopatra retorciéndose por culpa de la mordedura de un áspid? ¿Y qué me dicen de la bocota llena de disparejos y maliciosos diente de la BB?? (léase Brigitte Bardott)

         Yo, que no soy ni sensual ni maliciosa, experimenté el crecimiento de mis dientes cuando vi en una revista, la boda de George Clooney; ¡con lo que me hubiera gustado conocer Venecia y nadie me invitó!




SOLA Águeda Hernández


         Ella está sola, sola.  A su paso, las madres de los demás niños cuchichean y murmuran.  Ya no la invitan a las cenas de parejas, los que antaño fueran amigos comunes ni le llaman.  Está sola.
         Ahora está sola, sola y lo imposible comienza a ser real.  Se prepara para avanzar por primera vez en solitario.  Ha decidido enterrar en la memoria la inseguridad, el miedo y emprender un nuevo camino.  Está sola y sin embargo, se siente plena del amor que brota de sí misma, que ayuda, apoya y anima.

         Ella está sola y, sola, se dispone a salir al exterior airosa y valientemente, encaramado sobre unos tacones rojos.


EL CARRETERO de Esther Morales






         Estábamos de romería; alegres y contentas.  Íbamos tras las carretas pidiendo algo. ¡Qué ilusión!.  Por favor, una papita, un cachito de carne, un vasito de vino, cualquier cosa nos gusta, no importa que en casa no la comamos, porque de romería, ¡todo es bueno!.
         –A mí me da dos huevitos, por favor, para la niña y para mí.
         –¡Ajá!, conque dos, ¡no le basta con uno! –comenta alguien que está cerca.

         –Tome dos, mujer, tome dos –dice el carretero.


DIENTES Lali Marcelino






         A veces, no siempre, son los culpables del tamaño de nuestra sonrisa.  Blancos, amarillentos, montados, separados, pegados, grandes, pequeños, sobresalientes, escondidos; aun así, algo común los une.  Son los responsables de que nuestro estómago se resienta o funcione bien.  Entre ellos deben ponerse de acuerdo en qué se les resiste de todo lo que pasa por la caverna bucal.  Su sensibilidad es altamente delicada: frío o caliente puede causar estragos entre ellos, igual que materiales o alimentos con resultados agresivos y con el consiguiente deterioro.  El mensaje que recibimos de ellos debe ser:

         –¡Cuídennos por favor!, defenderemos el territorio como si de soldados se tratara, ante un enemigo constante.



jueves, 31 de julio de 2014

PROHIBIDO De Carmen Garcés






            Desde aquel momento quedó prohibido para siempre. Claro que aquella prohibición había empezado a fraguarse mucho antes, cuando desde su más tierna edad,  escuchaba incesantemente esa palabra que le frustraba, que  ponía freno a sus sueños de niña, de joven…, de mujer: 

Prohibido soñar, prohibido arriesgarse,
 prohibido todo lo que no fuera tradicional o prudente.

            Por eso,  al llegar a la edad adulta y una vez liberada de aquella opresión parental, Marta se prometió que, de su vocabulario y de su mente, quedaría descartada aquella palabra. Y, pese a que, para algunas de sus aspiraciones ya era demasiado tarde, eso no la detuvo; comenzó a soñar libremente,  a luchar por conseguir lo que su corazón anhelaba. Se arriesgó, efectuó diversas transformaciones a lo largo de  su vida, algunas  beneficiosas, otras no; sin embargo, ahora siente el orgullo de haberlas  acometido.
             Hoy, en la época otoñal de su vida, percibe  la profunda satisfacción de haber vivido sin esas barreras mentales, sin el peso de aquella odiosa palabra: “PROHIBIDO”.



lunes, 9 de junio de 2014

EL ESCRITOR de Ana Rosa Benítez (2º Premio Narrativa HERTE 2013)


 Estaba dando a sus alumnos las últimas pautas de cómo escribir un relato corto. Su entusiasmo perdido había vuelto a aparecer; también participaría en el concurso de microrrelatos organizado por el Instituto donde trabajaba.  Por primera vez, después de cinco años, se encontraba con fuerzas para retomar su pasión.  Atrás quedaban los éxitos de varios libros publicados, pero también el fracaso de aquella última obra editada y sus consecuencias.  Después de tantos aplausos, no había podido soportar las malas críticas; no estaba preparado para ellas.  Y, allí estaba, de nuevo dando clases de Lengua y Literatura y…abandonando la escritura.
      Pero… aquello era ya agua pasada.  Ahora,  se sentía totalmente recuperado para volver; aunque  lo quería hacer paso a paso.  Amaba tanto las palabras, descubrirlas, hacerse dueño  de ellas y ordenarlas a su antojo, que estaba deseando plasmarlo en la hoja en blanco que tenía delante.  Cogió su pluma favorita y se dispuso a empezar…
      Después de media hora, el folio seguía intacto y el tiempo pasaba.  Se acercaba la fecha de entrega.  Tenía que enfrentarse al miedo que sentía; el de volver a escribir y que otros lo leyeran.  Sería fiel a su género, el de terror.  Empezó…y no pudo parar hasta terminar.  Las palabras fluían con euforia narrativa hasta convertirse en una prosa magistral.
     Satisfecho, procedió a releer la breve narración.  El escritor se convertía en lector, pero… su corazón se detuvo, sus manos temblaban, sus ojos lloraban, su rostro sudaba…, sentía terror de sus propias críticas.  Definitivamente, tendría que seguir con la terapia.