miércoles, 21 de mayo de 2014

INVENTANDO PALABRAS de Águeda Hernández




Que me perdone, D. Julio Cortázar (escritor) por favor no puedo desarrollar esta tarea, qué pena no haberle conocido cincuenta años atrás. El tener que insertar palabras imaginarias en las que prevalezca una atmósfera erótica…  aquí comienza mi odisea, consulto con mi diccionario de doce tomos y nada, sigo con la Biblia, me quedo en ayunas, sigo por El Quijote y termino con el libro gordo de Petete. En el mismo instante que pensaba, esto para mí es desde todo punto de vista imposible de realizar, ¡Aleluya!, llega a casa una de mis amigas, llegaba de “Mexico”; vive temporadas allí, ya que su hija tiene su residencia en ese país. Me encontró con mis resoplidos continuados, ¡le conté!.  Ella se plantó ante mí con sus brazos en jarras y comenzó a espetar.
¡Pero mujer! No te has enterado de que tus “neuronas” ¡eróticas! se han borrado de tu cerebro, ¡ya no existen!. Piensa en que no las encontrarás. Recuerda a la Jurado; su canción, pero ella fue de “tanto usarlo”, pero ¡tú! es de ¡NO!
¡Venga! Me dice para animarme, rodeando mis hombros con sus brazos.  Vamos a la cocina, que es lo nuestro. Te prometo que lo vas a pasar muy feliz haciendo esta receta, que te voy redactando, y tú te encargas de realizar. Te prometo que será de lo más divertido
Pavo al Tequila.      Elaboración.
1.      Vaya a comprar el pavo.
2.      Tómese un trago de tequila.
3.      Ponga el pavo en el horno.
4.      Tómese otros dos tragos de tequila.
5.      Ponga el grado a 180 hornos.
6.      Tómese tres tequilas más de trago.
7.      Asa el prendo.
8.      Tequila otra botella de trago.
9.      Inserte el pavo en el termómetro
10.   Saque el horno del pavo.
11.   Repave el lleno
12.   Consígase otra tequella de brotilla
13.  Bendiga la dición, sirva y cómase.
14.  Lissssto, ¡hip!



ENCUENTRO CASUAL de Esther Morales.






Ella hizo la llamada por casualidad
Yo les pregunté, ¿vienen a comer arepas?.
Ellas estaban de compras. Vamos más tarde, llevamos jamón y queso.
¡Qué bien! yo  pasaba por aquí, de casualidad y me encuentro con la reunión, ¡qué sorpresa!
La hija pregunta a la madre, ¿llamaste a tía Carmen?. No, se me pasó.
Pues yo sí y esas poquitas arepas no alcanzan para todas; está llamando la tía Carmen, ¿que te dijo?, que ya a estas horas ni por nada del mundo mundial vendría, tiene sueño. ¡Qué de noche se ha hecho!, es tarde, ¿me dejan en la casa que tengo miedo de llegar a estas horas?

Ya están las arepas, Luis, ven que se enfrían. Quiero ver el partido que es el último de la liga. Velo aquí en la tele de la cocina. ¿De que va el partido?, ¡no saben jugar!. Mejor nos callamos porque nosotras no entendemos de fútbol.


ESTÍOS de Carmen Garcés






Cada vez que podía realizaba el viaje.
Cuando llegaba a la isla, nos reuníamos siempre en el mismo lugar cada verano. Yo, venía desde Caracas, ellos,  desde la respectiva isla donde estudiaban; veníamos a  disfrutar de una  época de sol, mar y fiestas.
Días de verano que yo aprovechaba al máximo junto a Teresa, amiga inseparable de andanzas estivales. Ella, extrovertida y alegre, gustaba de la aventura y, así, nos aventurábamos a explorar caminos y parajes de la isla.
Otras veces, nos reuníamos toda la peña. Éramos un grupo de temperamentos diversos. A la mayoría de ellos les apasionaba el mar, disfrutar de las fiestas y las bromas; algunos tímidos y otros comunicativos, pero todos con las mismas ganas de pasarlo bien.
Aquellos bailes eran una novedad para mí, algo diferente a lo que estaba acostumbrada, y me gustaba observar a mis amigos en su ambiente natural; Teresa, bromeaba y reía, coqueteando con los chicos; los muchachos del grupo, paseaban por la plaza, buscando a la chica más guapa para sacarla a bailar; eso de vez en cuando ocasionaba alguna que otra discusión entre ellos, que ponían sus ojos en la misma joven, pero, pronto se solucionaba y volvía todo a la normalidad.
Yo bailaba toda la noche, reía y me lo pasaba en grande.
Así fue como hice buenos amigos que, todavía hoy conservo.
Que buenos veranos pasamos juntos. Ellos los recuerdan con cariño…, les aseguro que yo,  aún más.




PERSPECTIVA MÚLTIPLE de Ana Rosa Benítez.





Mi padre se había salido con la suya y yo estaba infelizmente casada con un título de la nobleza y un apellido rimbombante.
De momento sólo ella sabía que el padre del hijo que esperaba era Alfredo, su primer y único amor.
El padre de Eva no sólo había pensado en el futuro de su hija sino en el propio; su posición social y su futura carrera política.
Inés, su madre, no se enteraba de lo que pasaba en la casa, sólo vivía pendiente de sus continuos episodios depresivos y de sus visiones nocturnas.

Nadie sospechaba que el nacimiento de Alba iba a cambiar la vida de todos los habitantes de la casa.


LA DULCE ALCANTARILLA de Tatiana Silkwood




Soy una alcantarilla dulce y maliciosa..., debo tener cara de viciosa pues me trago todos los chicles que me tiran…
Me río de lo lindo cuando veo ese chiquitín tan mono, rubio y con el pelo ensortijado, llorando porque se le acaban de caer las gominolas.¡¡¡Ahjjj ¡qué ricas! Y encima la madre lo regaña ¡por tonto!... además el jardinero me mantiene siempre limpia, me echa agua fresca cuando riega el jardín y nunca se olvida de mí… Uf ¡qué vistas! ¡qué calores siento! ¡qué bien me sienta el agua fría! Sus ventajas había de tener vivir aquí debajo. Además, yo tengo una sonrisa atractiva gracias a mi jardinero y ¡nadie me echa basura!
Una señora indolente me echó un papelito…., pero, un día la cogí despistada, ese día iba de punta en blando, de ésas que se creen importantes cuando se ponen la fachada encima. Ahí viene…va a subir al coche “que es menos de lo que ella quiere aparentar”... No creo lo deje en la puerta del restaurante, perdería caché…jeje.
Está hablando con un miembro del club y se mueve, dándose tono, el pobre hombre tratando de ser afable, casi se le cae la dentadura postiza… Un pasito delante, otro hacia atrás…, yo sigo esperando...y…clac…, el tacón de sus zapatos apresado entre mis dientes, lo aprieto con fuerza…¡puedo dilatarme y encogerme gracias a la temperatura!!
¡Qué escena tan ridícula e irrisoria! Ese forcejeo de la señora, el presidente del club, ¡hasta ha venido el conserje! ¡qué me parto de la risa! La “señora” se compra las bragas en el rastro.

Tira y afloja, al fin gano yo, y…, la señora se va sin su zapato. ¡Qué divertido es ser…DULCE Y MALICIOSA!.


RELATO GANADOR DEL PRIMER PREMIO DE NARRATIVA HERTE 2013

EL REENCUENTRO     de   Lilia Martín Abreu


Ella caminaba sin rumbo, dejándose guiar por la inercia, como si fuera una hoja seca que el viento moviera a su antojo.  Al pasar junto a un escaparate, lo vio.  Su imagen se dibujaba tras el cristal.  El corazón aceleró sus pulsaciones al tiempo que ella abrigaba una nueva esperanza.  Acto reflejo, se acomodó el pelo, humedeció sensualmente sus labios y se adentró en el establecimiento, con paso firme y seguro.  No parecía la misma que, segundos antes, cual veleta, movía el viento.
Con la mirada, dio un rápido repaso a su alrededor, buscando su presencia y…¡allí estaba él! con su figura encumbrada y elegante; una edad indeterminada; una personalidad arrolladora…
Ella se acercó lenta y seductora.  Ambos se fundieron con la mirada y …no hicieron falta palabras.  El silencio era su mejor aliado.  Tras el reencuentro, tomados de la mano, y amparados en el atardecer, emprendieron juntos el camino hacia el refugio de su habitación y, entre sábanas, consumaron su amor.
Ella, afanada, recorría su cuerpo, admirando su perfección, dejándose llevar por la fragancia que él rezumaba. Él, mientras tanto, le ofrecía toda su experiencia y conocimientos y…, juntos,  de aquel modo, los días siguientes, vivieron momentos inolvidables, viajaron a lugares imprevisibles…, solos los dos: bajo las estrellas, sobre la hierba, encima de la mesa, a la luz tenue del escritorio, en cualquier parte, a cualquier hora que el tiempo le dejara libre… 

Estar juntos era siempre un acto de amor.  A ella no le importaba su edad, ni su credo, tampoco su color, ni su forma; lo único que le interesaba y le fascinaba de él, era leerlo, y leerlo, porque… leer, para ella, siempre era un auténtico placer…




martes, 20 de mayo de 2014

COMPRAR UNA NOCHE. De Águeda Hernández





Cuando unas amigas me llamaron invitándome a una despedida de solteros me pareció insólito, según ellas será una despedida tranquila, ¡somos  cuatro otoñales, me dijo! Y dos de ellas son las consuegras, y los novios invitarán a su pandilla, como la van a hacer en el “Club de Golf” donde se encuentra un apartado, preparado para hacer parrilladas, también se encuentra una gran piscina rodeada de un verde césped, yo me imaginé, que las otoñales seria para hacer de cocineras y así fue.

Cuando llegué vi tanta rebujina, tantas cajas de cerveza y tantas botellas bebidas. Y claro nosotras las otoñales les preparamos todo como a las once de la noche, entre comida y bebida aquello se iba calentando. Y las cuatro otoñales sudando la gota gorda asándoles la carne. Llegó el momento que olíamos a humo y decidimos ya que el club y piscina no había nadie. Estas cuatro oliendo a queso ahumado nos fuimos sin que nadie nos viera, dimos de bruces a la piscina, ¡que bien está el agua! Repetíamos. Cuando más divertidas estábamos disfrutando nuestro baño, pum…..apareció toda la juventud a tirarse al agua, unos de cabeza, otros de pie, de culo, con la chica a la pela y otros, dos pasos adelante  cuatro para atrás, buscando por donde mejor era la caída. Yo cuando noté el agua se iba calentando, salí de la piscina despavorida. Me envolví en la toalla, y me acosté en el césped. En ese mismo instante se apagaron automáticamente todas las luces del club y con ello el garaje quedó trancado no podía salir nadie hasta las 6 de la mañana. Yo estaba tan cansada, que me dormí cuando me desperté horror todo a mi alrededor, como si hubiera pasado una batalla campal, cuerpos tendidos sobre el césped. La noche fue tan oscura, ni siquiera una estrellita que alumbrara, ya amaneciendo pude ver la juventud toda en el suelo unos acá otros allá que no coincidían con sus parejas, al novio pude verle entre todos buscando la de él, y la culpa la cerveza y la noche tan negra y….¡Salvaje!.




jueves, 15 de mayo de 2014

Y YO NO ESTABA ALLÍ. De Maruca Zamora.






Al presentarme a consulta, mi sorpresa fue mayor cuando me dijo la secretaria que ya me había pasado a consulta, yo le decía, no, estoy llegando al Hospital pero ella me insistía, ya te pasé esta mañana, por más que le repetía no había manera, terminé por reírme y tomarlo a broma, cómo hacerle entender que acababa de llegar, al final le dije, mira mi carnet y compruébalo con la otra paciente que, según usted, entró a consulta ya, compruebe los apellidos, Pérez García Rosa, le contesté esa soy yo pero no he pasado a consulta, no he estado aquí. La chica no salía de sus asombro,  no sabía qué hacer, al ver que yo insistía volvió a revisar el ordenador para ver la ficha, y cual sería mi sorpresa,  la señora que estaba en consulta se llamaba igual que yo: nombre y apellidos, tenía mi mismo problema con la garganta, lo único que no cuadraba era el número de carnet, pues a ella la consultaron con mi historial clínico. Al fin se aclaró el error y pude comprobar que yo… no había estado allí.




¿REPTILODUCUS? De Ana Rosa Benítez.





Cuando me di cuenta, ya estaba tendida en la parte trasera de la furgoneta, en el leco improvisado que él había preparado. Cerré los ojos un momento para intentar recordar cómo había llegado allí. En una fiesta, eso es,  una fiesta organizada por mi amiga Jenny; y a la que me obligó a ir; pero pronto volví a la realidad al contemplar la imagen que tenía ante mí: su tez morena, abdominales marcados, carnosos labios. Mi mirada bajó hacia su reptilodocus. No había duda. Ese cuerpo yo lo conocía; pero no recordaba ni cuando, ni dónde , ni cómo.
Él me sujetó tiernamente los brazos a su espalda y ató mis muñecas con la camiseta que se había quitado. La inmovilidad me estremeció. Oleada que se convirtió en delirio cuando él nuevamente la trompeteó. Ahora fuerte, ahora despacio.
Cuando yo estaba a punto de  mogasormajane él sacó su reptildousario totalmente toorecto; totalmente durapanpan, y manadió todo el placer en su cara, lo que le causó trastrestristrotrus de placer imposibles de contener. Me dormí. Y cuando desperté exclamé. ¡Esta vez no lo había soñado!.



ME ESFOLLEZCO de Sandra Mai.






Me esfollezco cuando te rozo….sintiendo un suave sudor recorriendo mis lugares más petronales. Bebiendo los jugos del árbol sagrado que corren entre mis labios….mis pétalos en flor se abren, para recibir el gozo de tu garlovento adentrándose en el manantial divino de mi ser interno.