Soy el color de las estereotipadas niñas rubias de cliché, de la cuna de Daniela, de los zapatos de Paula, de los cachetes de María, de la lengua de Juan, de los paraguas de la Quinta Avenida, de las uñas de Eva, del cinturón de Tony, del bolsillo de Lacoste, de las Kalvin Klein de la gaveta, de los sueños de las princesas, de los cabellos de Pink, del osito de tu cama, del coche aparcado en la entrada de mi casa, o sea... ¿no?: soy un rosa pijo.
RELATOS DE LOS COMPONENTES DEL TALLER DE LECTURA DIRIGIDA Y NARRATIVA “EL TRANVÍA”
martes, 29 de noviembre de 2011
SOY UN ROSA PIJO de Briara Iriarte
jueves, 24 de noviembre de 2011
DESTINO de David Brito
DESTINO
John era un tipo duro, descuidado, diría que de aspecto mugriento. Pasaba sus ratos libres en aquel burdel de Londres. El de las luces azules, llamado Destino. John era un hombre decididamente liberal. Consumía sus horas viendo bailar a las mujeres semidesnudas. Bailar y beber, reír y besar.
Una noche sin fecha, John dejó su copa de Johnny Walker de lado y susurró algo al oído de una de ellas. De repente, se apagó la música y el silencio reinó por unos segundos hasta que escuché a John esputar:
-¡Mentirosa! Ya he estado en la habitación de arriba con otras mujeres, así que no me digas que aquí no se puede!
John entró en cólera y se marchó. No creo que vuelva a ese lugar.RESACAS de Lilia Martín Abreu
RESACAS
I
Cuando despertó, todavía el dinosaurio estaba allí, rugiendo entre su estómago y la resaca por el purgante tomado el día anterior. Pero más fuerte rugía su hombría, violada sin paliativos, tras la colonoscopia.
II
Cuando despertó, todavía el dinosaurio estaba allí, después de una noche de juerga y desenfreno. Era su amigo Manuel, que se había ganado a pulso el mote del dinosaurio, por el rugir y la fuerza de sus flatulencias.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
RESTAURANTE BOMBAY de Fernando Martín Clemente
RESTAURANTE BOMBAY
El restaurante Bombay era un lugar muy agradable, donde se reunía lo más selecto de la ciudad. Por eso, al regreso de uno de sus viajes por el mundo, Darío –quien presumía siempre de lo majestuoso del lugar- decidió llevar a cenar allí a un amigo. Después de varias copas, mientras esperaban la comida, Darío no pudo creer lo que veía y por un momento dudó si efectivamente el camarero llevaba una pinza naranja en la nariz o si aquella visión sólo era el efecto de aquel extraño pero exquisito vino verde traído de Kazajastán, que les habían recomendado al sentarse a la mesa.
Fue su acompañante el que se percató de que el camarero llevaba la pinza en la nariz, no por el vino, sino por el olor que desprendía la bandeja que traía en su mano. De cualquier forma, el camarero se sintió mareado nada más destapar la fuente y cayó en picado, derramando todo el alimento sobre los clientes. Éstos se levantaron y, con gran dureza, insultaron al camarero.
El propietario del restaurante, al oír el revuelo, se acercó e intentó tranquilizar a los clientes que ya se habían percatado del incidente de la pinza en la nariz del camarero, llamando inmediatamente a Sanidad.
Los análisis demostraron que la comida estaba en mal estado y ese fue el triste y a un mismo tiempo divertido final del Restaurante Bombay.
sábado, 19 de noviembre de 2011
ESTAMPIDA de Lilia Martín Abreu
ESTAMPIDA
Este muchacho, alto como un junco y veloz como una gacela, hoy igual que ayer, corre por la avenida, llevándose a su paso todo cuanto obstaculiza su camino; como si su vida dependiera de ello. Algunas personas lo miran con indiferencia, mientras otras le gritan e insultan a su paso. Él está vacunado contra todo eso. Ya no se inmuta. Su corta vida ha sido siempre una carrera de obstáculos; como si su único objetivo fuera correr y correr, como un gran atleta que persigue la meta. Y su meta en este momento es alejarse lo más posible. Mira hacia atrás con desespero mientras dobla la esquina y sigue corriendo. Al fin, su cuerpo no aguanta más y se detiene. Su corazón acelerado late con fuerza, tanto que a él le parecen tambores de guerra o una estampida de elefantes en medio de una sabana. Tras unos minutos de espera, vuelve a su lucha particular por sobrevivir, por subsistir. Extiende una vez más su humilde manta en el suelo y sobre ella deposita todo su patrimonio: unas cuantas gafas de sol, algunos cinturones y media docena de gorras y... todo comienza de nuevo.
viernes, 18 de noviembre de 2011
DE DINOSAURIOS de Nina Padrón
(Jugando con Monterroso)
DE DINOSAURIOS de Nina Padrón
martes, 15 de noviembre de 2011
LA HUÍDA de Naty Cabrera
La Huída
Se le vino todo encima. No sabía por donde empezar, caminaba con el corazón encogido y, a pesar de la coraza que creía tener, todo era tiniebla y sufrimiento. Las lágrimas brotaban de sus ojos. ¿Por qué a ella?, se preguntaba. ¿Qué había hecho para merecer tanto dolor?.
Pensó en su vida como en una película, no de amor, de miedo, de miedo y terror. Su amor sólo le había causado daño.
¿Cuándo empezó todo?. No quería recordar, solamente olvidar, no entregarse a aquel triste destino y huir, huir. Es lo que estaba haciendo.
SIESTA EN EL MUSEO de Alicia Carmen
(Jugando con Monterroso)
SIESTA EN EL MUSEO
Cuando despertó, todavía el dinosaurio estaba allí y en ese momento recordó que estaba en un museo. Afortunadamente había encontrado un banco donde, agotada como estaba, se había quedado dormida. El sueño la había vencido después de haberse pasado toda la mañana paseando con sus nietos, viendo aquellos restos fósiles. Se levantó y le dijo: Te invito a comer hamburguesas y helados. Él asintió y dijo: Vámonos. Y abuela, nietos y dinosaurio salieron de la mano.
EL MIEDO de Nina Padrón Barbuzano
EL MIEDO
Un día me levanto temprano. No sé qué hacer. La cabeza me da vueltas. Quiero salir huyendo. Ya no me importa nada. El mundo me persigue y no tengo donde esconderme. Corro y corro pero no sirve de nada porque sé que al final me alcanzarán. Me escondo en una esquina. La gente pasa deprisa. Pienso que me están buscando y sólo quiero gritar pero tengo seca la garganta y no me sale la voz. Sigo escondida. Miro a los niños y parecen hombres, miro a los hombres y parecen gigantes.
Tengo dos opciones: partir de este mundo y acabar con todo o coger la guagua e irme para El Rastro. Y mira, creo que eso último es lo mejor que puedo hacer porque te mezclas con la gente, pasas inadvertida, te compras un par de cosas y ves la vida de otra manera.PERDIDO de Maruca Zamora
PERDIDO
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