jueves, 10 de enero de 2013

UN BUCHE CAFÉ de Zuleima Reyes




Cada tarde sucedía lo mismo.  La rutina me devoraba y yo sin poder hacer nada.  Le contaba a él, mi fiel confidente, todos los detalles de mis maravillosos movimientos y es que, el trabajo que ahora me traigo entre manos, necesita estar cuidadosamente planificado, de lo contrario mi cabeza podría rodar por los suelos.   La tarde en la que todo cobraría vida, no tardó en llegar y mi oscuro compañero, como de costumbre, esperaba humeante a que el pan saliera, tal y como habíamos planeado.  El individuo cruzó el marco de la puerta y una sonrisa enorme asomó en su rostro.  Supongo que el brillante vestido vintage había cumplido su cometido.  Tras darme dos eternos besos en las mejillas, se atrevió a comentar el nombre de mi perfume, sin éxito, así que, como estaba planeado, pasamos al gran salón de la mesa, aquel donde mi peculiar amigo esperaba pacientemente.  Sin más preámbulos, él cumplió su misión, y es que en cuanto aquel hombre sorbió un buche de café, su cuerpo cayó en redondo al suelo, sin una sola gota de vida en sus ojos.  El plan había salido a la perfección, después de lo cual, recogí el desastre y seguí con mi monótona vida.  Iba a prepararme un café, al que contaría lo ocurrido, con todo detalle, convirtiéndolo en mi fiel confidente.  De esa manera, pasaría los días en la cocina, a partir de entonces.


miércoles, 9 de enero de 2013

TRAMPAS de Lilia Martín Abreu


                                                                              
Era una noche fría y oscura.  El sueño no quería venir.  Se había marchado junto con él, dejando un vacío y una nota de despedida que decía:
Susi, nunca te he querido, sólo te he utilizado y soportado por mi propio beneficio, tú sólo has sido para mí, una escalera; el trampolín que necesitaba para lograr mis metas, digamos que ha sido un trueque entre los dos.  Ambos nos hemos beneficiado mutuamente. Tú necesitabas amor y yo contactos, así que considero que te he pagado aun alto precio, con mis noches de pasión.
Carlos.                                                                                                                                  
Aún leyendo la nota, Susi no alcanzaba a entender que todo había sido una vil mentira.  Él la había seducido, haciéndola creer que la amaba y, en realidad, sólo la había utilizado.  Esas palabras se repetían, una y otra vez, en la mente de Susi, calando y quemando como gotas de ácido.
Carlos era un cobarde que no había tenido el valor de decírselo a su cara.  Esos pensamientos daban vueltas y vueltas en su cabeza, arrastrándola a una profunda soledad que ella combatía con sobredosis de tabaco, whisky y ansiolíticos, para disipar su ausencia.
Así pasaban los días, donde el reloj daba las horas, pero el tiempo no pasaba ni tenía piedad con ella, porque su recuerdo le quemaba los sentidos.  Aún percibía su olor, sus caricias le quemaban la piel y su boca conservaba el sabor de sus besos.
Ella sabía que para él solo había sido una comedia; teatro, puro teatro.  Había hecho trampas con sus sentimientos y con su vida.
Un ruido estremeció a Manuel.  Era su libro.  Se le había caído de las manos.  Se había quedado traspuesto mientras leía, el cansancio le había vencido.  Recogió su libro y en una página acertó a leer, mientras lo cerraba:
Regresó con ella en brazos y con un secreto guardado en el alma.

jueves, 20 de diciembre de 2012

¡FELIZ NAVIDAD A TODAS MIS CHICAS!



¡G R A C I A S, AMIGAS!

por ser tan especiales y generosas conmigo
y por la fortuna de contar con vuestro cariño,
 que es mutuo.

¡FELIZ NAVIDAD Y VENTUROSO 2013!


jueves, 13 de diciembre de 2012

INCERTIDUMBRE de Mercedes Álvarez






Han pasado muchos años pero aún no la ha superado.  Claro, se trata de su hermano y a ella le dolió mucho la forma en que se desarrolló todo.
-Sí, sí, desde luego, yo comprendo que en la vida nos pueden pasar cosas tan desgarradoras e inesperadas que te pueda costar mucho superarlo –le comenta una amiga
-Bueno, claro, pero también pienso que él pudo evitar muchas cosas, no metiéndose en temas que luego te pueden pasar factura, como en nuestro caso – le contestó ella.
-En fin, esperemos que el final de esta historia entre ustedes, sea feliz y se aclare todo lo sucedido –concluyó la amiga, tratando de animarla.
-Claro, todo puede suceder aunque lo veo muy difícil –respondió ella desanimada.
-¡¿Y eso por qué?! – le respondió su amiga en un tono mezcla de interrogación y exclamación.
-Porque se largó, no sé dónde marchó, se fue después de nuestra última conversación, dejándome toda la angustia de que él se desprendió, haciéndome vivir en esta incertidumbre, no sé si para el resto de mis días…



LA CONVERSACIÓN de Lilia Martín Abreu



Han pasado años y, a pesar de ellos, aún se ha incrementado más la ausencia de comunicación entre Josefa y su hijo.
-Samuel, quiero hablar contigo algo importante –dijo Josefa con contudencia
Samuel ni se inmutó, como si no fuera con él.
-Que sí maa, que voy a botar la basura –contestó con desgana.
A Josefa le invadió una repentina cólera y rápidamente objetó.
-¿Qué dices de basura? ¿Te das cuenta que ni siquiera tienes la gentileza de escucharme.
Samuel continuaba sumergido en teclear su móvil con una rapidez sorprendente, a la vez que sonreía con su conversación particular, repitiendo como si no hubiera escuchado nada.
-No te enrolles, vieja, que ya voy –expresó vagamente Samuel.
Josefa le lanzó una mirada inquisitiva, dándole un manotazo al móvil que rodó por el suelo.
-De vieja, nada, que soy tu madre y me respetas –le espetó Josefá con la expresión de su rostro transformada por la rabia.
Samuel, que no se esperaba esa reacción, quedó paralizado y confundido y quiso indagar con ironía.
-¿Qué tienes hoy ma, una sobredosis de café o de redbull?
La acerada mirada que Josefa le dedicó, parecía relatar años de rabia y rencor contenidos.
-Quiero que tú me expliques, cómo hacer para hablar contigo para mantener una conversación sensata, mirándome a los ojos, como hace la gente civilizada, porque ya hace un tiempo que no sé qué es eso, por si no te has dado cuenta.  Desde que tienes esa Blackberry hablas con el que se encuentra en China, Uruguay o en la Conchinchina, como un mismo tonto, todo el día tecleando y riendo como bobo y conmigo, ni con nadie, mantienes una conversación coherente. Si te parece, yo tendré que comprarme un chisme de esos para poder hablar contigo –parecía que Josefa no podía parar de hablar.
Samuel la observaba con incredulidad.
-¿Qué te pasa hoy, mamá? ¡Me tienes sorprendido! –exclamó atónito.
-No me pasa nada, sólo que estoy cansada de verte sin dar palo al agua, con ese teléfono en las manos todo el día, tecleando como si fueras al presidente de una multinacional, que duermes, te bañas y comes con él en la mano y yo, que estoy a tu lado, que me desvivo por ti, me siento invisible porque conmigo no hablas ni para darme los buenos días.  Claro, estás ocupado hablando con los que están en el resto del mundo.  Tú eres, como dice el dicho, luz para la calle y oscuridad para la casa.
Josefa se dio la media vuelta y se largó, dejándole toda la angustia de la que ella se desprendió, haciéndole vivir en la incertidumbre el resto del día. 



EL MUNDO DE SOFÍA* de Maruca Zamora




Tiene sesenta años y piensa en su vida pasada.  Hija de militar, recuerda su niñez como una época feliz.  Se casó, tuvo dos hijos –Caren y Miguel- y hasta ahora, su vida ha transcurrido entre su familia y su profesión, el periodismo.  También es aficionada a la escritura.  Tiene varios libros publicados y la fotografía es su hobby preferido.
Ha sido corresponsal en diferentes países y de todos ha traído fotos que ella se ha empeñado en mostrar al mundo.  Algunos bellos paisajes, personajes curiosos de épocas pasadas, algunas escenas tristes o trágicas de sucesos, o donde quedaba patente el hambre o las consecuencias de las guerras y las miserias que hay en el mundo. Ha sido por estas fotografías por las que se ha hecho famosa.
Su vida da un giro de noventa grados al recibir la noticia de la muerte de su hijo, militar de profesión.  Fue destinado a Kósovo en son de paz, como ayuda logística, pero en las guerras las balas no reconocen los cascos azules.  Su hija que ha seguido sus pasos en la profesión, fue la que le dio la fatal noticia porque en esa época estaba de corresponsal en aquel país.
Rememora viejos tiempos que ella ha vivido pero no puede con esto. Poco a poco se ha ido sumiendo en una gran depresión.  Recuerda a retazos su vida pasada pero hoy su mundo se limita a su habitación, sus libros, las fotos de sus seres queridos y papel y lápiz para escribir lo que su mente le permite rescatar, antes de que sus recuerdos se escapen para siempre.


*Libro de Jostein Gaarder



LATIDOS de Lilia Martín Abreu




Tocó el timbre y esperó a que se abriera la puerta.  Ésta empezó a abrirse lentamente.
Ramón, que esperaba cegado por la ira, le dio una patada, con rabia, para acelerar su recorrido y se abalanzó sobre Carmen, su mujer, tomándola desprevenida; sin darle oportunidad de reaccionar para defenderse.
El corazón de ella, acostumbrado a su latir acelerado, impulsado por la maquinaria del miedo, empezó a desampararla, al mismo tiempo que aquella tristeza muda que la perseguía, como una sombra.
Allí se quedó su mirada, perdida en ninguna parte, junto a su corazón que, lentamente, mermaba sus latidos.







CRUELDAD de Juani


Han pasado años y, a pesar de ello, aún se me hiela la sangre en las venas cuando lo recuerdo.  Fue tan cruel, tan injusto…
Un triste día, mi esposo llegó del trabajo con un semblante sombrío, más de lo habitual. Pensé que seguramente había tenido algún contratiempo en el trabajo.
-¡Mejor no le pregunto nada, no sea que se moleste! –me dije.
-Tengo que decirte una cosa, no puedo callar por más tiempo –me comenzó a decir con un gesto de pesadumbre. –He dejado de quererte, es más, te aborrezco, me has decepcionado, no tienes interés para mí.
-¿Qué me estás diciendo? –le pregunté impresionada – No te puedo creer, ¿qué broma cruel es esta?  Dime, por caridad, que me estás mintiendo.
-Lo siento –me confirmó él sin compasión –pero has perdido todo atractivo para mí, no vales nada.
-Por favor, te lo suplico, ¿en qué te he fallado?.  Siempre he hecho lo que tú has querido –le repetía olvidándome de mi dignidad. – Soy prudente en mis actos y con mis palabras, mi atuendo es sobrio y discreto, mi peinado es sencillo y natural, apenas me maquillo.  Lo hago siempre para agradarte,  para que no te sientas avergonzado de mí…
-Todo eso que tú nombras como virtudes, me repele, tu cursilería, tu falta de valor y de personalidad, tu pobreza de espíritu.  Es más…, he conocido a otra mujer que colma todas mis aspiraciones.
Y se largó, dejándome toda la inquina de que él se desprendió, haciéndome vivir en las huellas de su crueldad el resto de mis días.



¡ME ACUERDO! de Zuleima Reyes




Han pasado años y aún se sabe las tablas. Cuando se dio cuenta de ese prodigioso hecho, las lágrimas cayeron de sus ojos como ríos, pues la emoción que sentía ante la idea de que, casi un siglo después, aún se acordara de esas matemáticas tan exhaustivas, era abismal.
Asombrada, comenzó a recitar uno a uno los cálculos que, con fluidez, salieron de su labios.  Todos y cada uno de los presentes estallaron en llanto al oír como aquella señora que tanto conocían, se acordara de algo tan trivial como unas simples tablas de multiplicar.  Sin embargo, era un notable progreso, sin duda.  Aunque…, al llegar al último cálculo de 9 x 9, algo falló.  Los ojos de la anciana, alegres hasta aquel momento, se llenaron de una expresión de dolor, al mismo tiempo que gritaba: ¡Me acuerdo, me acuerdo!.
Las lágrimas de alegría se tornaron desconsoladas y, alrededor de la señora, su familia, que había tratado de ayudarla a recuperar su memoria, quedó petrificada, incrédula ante lo ocurrido.  Estaba mejorando y de pronto, se marchó, se había ido, sin decirles que era aquello que había recordado, haciéndoles vivir en la incertidumbre el resto de sus días.



LOS SECRETOS de Esther Morales Fernández




Han pasado los años y, a pesar de ello, ella aún se acuerda de aquel momento en el que él vino a despedirse, con una claridad total, como si solo hicieran horas de aquello.
-Vengo a despedirme –le dijo Diego.
-No sabía que te ibas –contestó ella.
-Sí, me voy con mis padres y mi familia –le confirmó.
-¿Te vas por mucho tiempo? –le preguntó, muy triste,  Carolina.
-Sí, me voy para siempre –le dijo él.
Carolina apenas podía contener las lágrimas.  Para ella era una desagradable sorpresa.
-No sabía que tus padres se marchaban –insistió ella buscando una explicación.
-Sí, se van al pueblo porque compraron una finca y la van a cultivar.
Diego le ocultó que ya se había enrolado en las filas del ejército, para ir a la guerra y Carolina pensó que mejor no le decía que estaba esperando un hijo de él.
-Espero que me escribas –le suplicó ella
-Te escribiré y recordaré todos los días de mi vida
Y se marchó.  Ambos se habían quedado en compañía de sus secretos.