Cada tarde
sucedía lo mismo. La rutina me devoraba
y yo sin poder hacer nada. Le contaba a
él, mi fiel confidente, todos los detalles de mis maravillosos movimientos y es
que, el trabajo que ahora me traigo entre manos, necesita estar cuidadosamente
planificado, de lo contrario mi cabeza podría rodar por los suelos. La tarde en la que todo cobraría vida, no
tardó en llegar y mi oscuro compañero, como de costumbre, esperaba humeante a
que el pan saliera, tal y como habíamos planeado. El individuo cruzó el marco de la puerta y
una sonrisa enorme asomó en su rostro.
Supongo que el brillante vestido vintage había cumplido su cometido. Tras darme dos eternos besos en las mejillas,
se atrevió a comentar el nombre de mi perfume, sin éxito, así que, como estaba
planeado, pasamos al gran salón de la mesa, aquel donde mi peculiar amigo
esperaba pacientemente. Sin más
preámbulos, él cumplió su misión, y es que en cuanto aquel hombre sorbió un
buche de café, su cuerpo cayó en redondo al suelo, sin una sola gota de vida en
sus ojos. El plan había salido a la
perfección, después de lo cual, recogí el desastre y seguí con mi monótona
vida. Iba a prepararme un café, al que
contaría lo ocurrido, con todo detalle, convirtiéndolo en mi fiel
confidente. De esa manera, pasaría los
días en la cocina, a partir de entonces.
RELATOS DE LOS COMPONENTES DEL TALLER DE LECTURA DIRIGIDA Y NARRATIVA “EL TRANVÍA”
jueves, 10 de enero de 2013
UN BUCHE CAFÉ de Zuleima Reyes
miércoles, 9 de enero de 2013
TRAMPAS de Lilia Martín Abreu
Era una
noche fría y oscura. El sueño no quería
venir. Se había marchado junto con él,
dejando un vacío y una nota de despedida que decía:
Susi, nunca te he querido, sólo te he
utilizado y soportado por mi propio beneficio, tú sólo has sido para mí, una
escalera; el trampolín que necesitaba para lograr mis metas, digamos que ha sido
un trueque entre los dos. Ambos nos
hemos beneficiado mutuamente. Tú necesitabas amor y yo contactos, así que
considero que te he pagado aun alto precio, con mis noches de pasión.
Carlos.
Aún leyendo
la nota, Susi no alcanzaba a entender que todo había sido una vil mentira. Él la había seducido, haciéndola creer que la
amaba y, en realidad, sólo la había utilizado.
Esas palabras se repetían, una y otra vez, en la mente de Susi, calando
y quemando como gotas de ácido.
Carlos era
un cobarde que no había tenido el valor de decírselo a su cara. Esos pensamientos daban vueltas y vueltas en
su cabeza, arrastrándola a una profunda soledad que ella combatía con sobredosis
de tabaco, whisky y ansiolíticos, para disipar su ausencia.
Así pasaban
los días, donde el reloj daba las horas, pero el tiempo no pasaba ni tenía
piedad con ella, porque su recuerdo le quemaba los sentidos. Aún percibía su olor, sus caricias le
quemaban la piel y su boca conservaba el sabor de sus besos.
Ella sabía
que para él solo había sido una comedia; teatro, puro teatro. Había hecho trampas con sus sentimientos y
con su vida.
Un ruido
estremeció a Manuel. Era su libro. Se le había caído de las manos. Se había quedado traspuesto mientras leía, el
cansancio le había vencido. Recogió su
libro y en una página acertó a leer, mientras lo cerraba:
Regresó con
ella en brazos y con un secreto guardado en el alma.
jueves, 20 de diciembre de 2012
¡FELIZ NAVIDAD A TODAS MIS CHICAS!
¡G R A C I A S, AMIGAS!
por ser tan especiales y generosas conmigo
y por la fortuna de contar con vuestro cariño,
que es mutuo.
¡FELIZ NAVIDAD Y VENTUROSO 2013!
¡FELIZ NAVIDAD Y VENTUROSO 2013!
jueves, 13 de diciembre de 2012
INCERTIDUMBRE de Mercedes Álvarez
Han pasado muchos años pero aún no la ha superado. Claro, se trata de su hermano y a ella le
dolió mucho la forma en que se desarrolló todo.
-Sí, sí, desde luego, yo comprendo que en la vida nos pueden
pasar cosas tan desgarradoras e inesperadas que te pueda costar mucho superarlo
–le comenta una amiga
-Bueno, claro, pero también pienso que él pudo evitar muchas
cosas, no metiéndose en temas que luego te pueden pasar factura, como en
nuestro caso – le contestó ella.
-En fin, esperemos que el final de esta historia entre
ustedes, sea feliz y se aclare todo lo sucedido –concluyó la amiga, tratando de
animarla.
-Claro, todo puede suceder aunque lo veo muy difícil –respondió
ella desanimada.
-¡¿Y eso por qué?! – le respondió su amiga en un tono mezcla
de interrogación y exclamación.
-Porque se largó, no sé dónde marchó, se fue después de
nuestra última conversación, dejándome toda la angustia de que él se
desprendió, haciéndome vivir en esta incertidumbre, no sé si para el resto de
mis días…
LA CONVERSACIÓN de Lilia Martín Abreu
Han pasado años y, a pesar de ellos, aún se ha incrementado
más la ausencia de comunicación entre Josefa y su hijo.
-Samuel, quiero hablar contigo algo importante –dijo Josefa
con contudencia
Samuel ni se inmutó, como si no fuera con él.
-Que sí maa, que voy a botar la basura –contestó con desgana.
A Josefa le invadió una repentina cólera y rápidamente
objetó.
-¿Qué dices de basura? ¿Te das cuenta que ni siquiera tienes
la gentileza de escucharme.
Samuel continuaba sumergido en teclear su móvil con una
rapidez sorprendente, a la vez que sonreía con su conversación particular,
repitiendo como si no hubiera escuchado nada.
-No te enrolles, vieja, que ya voy –expresó vagamente Samuel.
Josefa le lanzó una mirada inquisitiva, dándole un manotazo
al móvil que rodó por el suelo.
-De vieja, nada, que soy tu madre y me respetas –le espetó
Josefá con la expresión de su rostro transformada por la rabia.
Samuel, que no se esperaba esa reacción, quedó paralizado y
confundido y quiso indagar con ironía.
-¿Qué tienes hoy ma, una sobredosis de café o de redbull?
La acerada mirada que Josefa le dedicó, parecía relatar años
de rabia y rencor contenidos.
-Quiero que tú me expliques, cómo hacer para hablar contigo
para mantener una conversación sensata, mirándome a los ojos, como hace la
gente civilizada, porque ya hace un tiempo que no sé qué es eso, por si no te
has dado cuenta. Desde que tienes esa
Blackberry hablas con el que se encuentra en China, Uruguay o en la
Conchinchina, como un mismo tonto, todo el día tecleando y riendo como bobo y
conmigo, ni con nadie, mantienes una conversación coherente. Si te parece, yo
tendré que comprarme un chisme de esos para poder hablar contigo –parecía que
Josefa no podía parar de hablar.
Samuel la observaba con incredulidad.
-¿Qué te pasa hoy, mamá? ¡Me tienes sorprendido! –exclamó atónito.
-No me pasa nada, sólo que estoy cansada de verte sin dar
palo al agua, con ese teléfono en las manos todo el día, tecleando como si
fueras al presidente de una multinacional, que duermes, te bañas y comes con él
en la mano y yo, que estoy a tu lado, que me desvivo por ti, me siento
invisible porque conmigo no hablas ni para darme los buenos días. Claro, estás ocupado hablando con los que
están en el resto del mundo. Tú eres,
como dice el dicho, luz para la calle y oscuridad para la casa.
Josefa se dio la media vuelta y se largó, dejándole toda la
angustia de la que ella se desprendió, haciéndole vivir en la incertidumbre el
resto del día.
EL MUNDO DE SOFÍA* de Maruca Zamora
Tiene sesenta años y piensa en su vida pasada. Hija de militar, recuerda su niñez como una
época feliz. Se casó, tuvo dos hijos –Caren
y Miguel- y hasta ahora, su vida ha transcurrido entre su familia y su
profesión, el periodismo. También es
aficionada a la escritura. Tiene varios
libros publicados y la fotografía es su hobby preferido.
Ha sido corresponsal en diferentes países y de todos ha
traído fotos que ella se ha empeñado en mostrar al mundo. Algunos bellos paisajes, personajes curiosos
de épocas pasadas, algunas escenas tristes o trágicas de sucesos, o donde
quedaba patente el hambre o las consecuencias de las guerras y las miserias que
hay en el mundo. Ha sido por estas fotografías por las que se ha hecho famosa.
Su vida da un giro de noventa grados al recibir la noticia de
la muerte de su hijo, militar de profesión.
Fue destinado a Kósovo en son de paz, como ayuda logística, pero en las
guerras las balas no reconocen los cascos azules. Su hija que ha seguido sus pasos en la
profesión, fue la que le dio la fatal noticia porque en esa época estaba de
corresponsal en aquel país.
Rememora viejos tiempos que ella ha vivido pero no puede con
esto. Poco a poco se ha ido sumiendo en una gran depresión. Recuerda a retazos su vida pasada pero hoy su
mundo se limita a su habitación, sus libros, las fotos de sus seres queridos y
papel y lápiz para escribir lo que su mente le permite rescatar, antes de que
sus recuerdos se escapen para siempre.
*Libro de Jostein Gaarder
LATIDOS de Lilia Martín Abreu
Tocó el timbre y esperó a que se abriera la
puerta. Ésta empezó a abrirse
lentamente.
Ramón, que esperaba cegado por la ira, le dio una
patada, con rabia, para acelerar su recorrido y se abalanzó sobre Carmen, su
mujer, tomándola desprevenida; sin darle oportunidad de reaccionar para
defenderse.
El corazón de ella, acostumbrado a su latir acelerado,
impulsado por la maquinaria del miedo, empezó a desampararla, al mismo tiempo
que aquella tristeza muda que la perseguía, como una sombra.
Allí se quedó su mirada, perdida en ninguna parte,
junto a su corazón que, lentamente, mermaba sus latidos.
CRUELDAD de Juani
Han pasado años y, a pesar de ello, aún se me hiela la sangre
en las venas cuando lo recuerdo. Fue tan
cruel, tan injusto…
Un triste día, mi esposo llegó del trabajo con un semblante
sombrío, más de lo habitual. Pensé que seguramente había tenido algún
contratiempo en el trabajo.
-¡Mejor no le pregunto nada, no sea que se moleste! –me dije.
-Tengo que decirte una cosa, no puedo callar por más tiempo –me
comenzó a decir con un gesto de pesadumbre. –He dejado de quererte, es más, te
aborrezco, me has decepcionado, no tienes interés para mí.
-¿Qué me estás diciendo? –le pregunté impresionada – No te
puedo creer, ¿qué broma cruel es esta?
Dime, por caridad, que me estás mintiendo.
-Lo siento –me confirmó él sin compasión –pero has perdido
todo atractivo para mí, no vales nada.
-Por favor, te lo suplico, ¿en qué te he fallado?. Siempre he hecho lo que tú has querido –le repetía
olvidándome de mi dignidad. – Soy prudente en mis actos y con mis palabras, mi
atuendo es sobrio y discreto, mi peinado es sencillo y natural, apenas me
maquillo. Lo hago siempre para agradarte,
para que no te sientas avergonzado de mí…
-Todo eso que tú nombras como virtudes, me repele, tu
cursilería, tu falta de valor y de personalidad, tu pobreza de espíritu. Es más…, he conocido a otra mujer que colma
todas mis aspiraciones.
Y se largó, dejándome toda la inquina de que él se desprendió,
haciéndome vivir en las huellas de su crueldad el resto de mis días.
¡ME ACUERDO! de Zuleima Reyes
Han pasado años y aún se sabe las tablas. Cuando se dio cuenta
de ese prodigioso hecho, las lágrimas cayeron de sus ojos como ríos, pues la
emoción que sentía ante la idea de que, casi un siglo después, aún se acordara
de esas matemáticas tan exhaustivas, era abismal.
Asombrada, comenzó a recitar uno a uno los cálculos que, con
fluidez, salieron de su labios. Todos y cada
uno de los presentes estallaron en llanto al oír como aquella señora que tanto
conocían, se acordara de algo tan trivial como unas simples tablas de multiplicar. Sin embargo, era un notable progreso, sin
duda. Aunque…, al llegar al último cálculo
de 9 x 9, algo falló. Los ojos de la
anciana, alegres hasta aquel momento, se llenaron de una expresión de dolor, al
mismo tiempo que gritaba: ¡Me acuerdo, me acuerdo!.
Las lágrimas de alegría se tornaron desconsoladas y,
alrededor de la señora, su familia, que había tratado de ayudarla a recuperar
su memoria, quedó petrificada, incrédula ante lo ocurrido. Estaba mejorando y de pronto, se marchó, se
había ido, sin decirles que era aquello que había recordado, haciéndoles vivir en
la incertidumbre el resto de sus días.
LOS SECRETOS de Esther Morales Fernández
Han pasado
los años y, a pesar de ello, ella aún se acuerda de aquel momento en el que él
vino a despedirse, con una claridad total, como si solo hicieran horas de
aquello.
-Vengo a
despedirme –le dijo Diego.
-No sabía
que te ibas –contestó ella.
-Sí, me voy
con mis padres y mi familia –le confirmó.
-¿Te vas por
mucho tiempo? –le preguntó, muy triste, Carolina.
-Sí, me voy
para siempre –le dijo él.
Carolina
apenas podía contener las lágrimas. Para
ella era una desagradable sorpresa.
-No sabía
que tus padres se marchaban –insistió ella buscando una explicación.
-Sí, se van
al pueblo porque compraron una finca y la van a cultivar.
Diego le
ocultó que ya se había enrolado en las filas del ejército, para ir a la guerra
y Carolina pensó que mejor no le decía que estaba esperando un hijo de él.
-Espero que
me escribas –le suplicó ella
-Te
escribiré y recordaré todos los días de mi vida
Y se
marchó. Ambos se habían quedado en
compañía de sus secretos.
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