Una tarde salí de paseo por el parque junto a unas amigas. Caminamos un rato, cuando de pronto oímos un canto. Escuchamos con detenimiento para averiguar de donde venía aquella melodía. Unas amigas decían que el canto salía de un punto, la otra las contradecía. Mientras ellas se ponían de acuerdo, yo me senté en un banco del parque, a observar el entorno. Al rato, concluimos que el canto provenía de unos árboles. Cuando nos acercamos descubrimos que se trataba de un grupo de pajaritos canarios muy bonitos, cantando todos juntos.
RELATOS DE LOS COMPONENTES DEL TALLER DE LECTURA DIRIGIDA Y NARRATIVA “EL TRANVÍA”
miércoles, 14 de marzo de 2012
EL CANTO de Maruca Morales
LA TARDE EN QUE CANTARON de Ana R. Benítez Hernández
Aunque sabía que no lo conseguiría, estaba intentando dormir. Dormir para no pensar en las heridas del cuerpo y de la mente que me había dejado el miedo, ese miedo que te calienta la cabeza con problemas y preocupaciones; que te hace pasar las noches en velas y las mañanas se iluminan sin pegar ojo…
Una tarde, estaba frente al inmenso mar y con la mirada puesta en el horizonte, intentando encontrar una solución a la situación dramática en la que estaba inmersa. Cerré los ojos con el fin de oxigenar mi mente y hacerla descansar, cuando oí una suave melodía que provenía de las olas y que me decía que ningún momento es tan terrible como para claudicar; que hay que ser más poderoso que el mayor de los obstáculos. Percibí como mi cuerpo, mi mente y mi corazón se sintieron acariciados por aquella melodía. Esa fue la tarde en que cantaron los ecos de la esperanza.
jueves, 8 de marzo de 2012
LA TARDE EN QUE CANTÓ de Sabita Morales
Una tarde, lo escuché cantando en una tienda de animales, mientras compraba el pienso para mi perrita. Me enamoré de él en cuanto escuché su canto. Lo compré y después de quince años, aún sigue haciéndome compañía y regalándome su melodiosa voz. Es mi ruiseñor.
EXTRAÑOS SONIDOS de Alicia Carmen
Es un pueblecito encantador, rodeado de montañas, con hermosos almendros y gentes sencillas y amables pero, lamentablemente, sin mucho futuro para los jóvenes que han tenido que emigrar a ciudades grandes en busca de una mejor calidad de vida. Allí se encuentra la casa de mis abuelos y ese año decidimos pasar unos días disfrutando de la naturaleza en su estado más puro.
Esa tarde estaba sola y me dediqué a arreglar los dormitorios, a preparar comidas y otras cosas. Al oscurecer, ya estaba cansada y ese silencio que lo envolvía todo era propicio para tomar una siestecita.
Al poco tiempo, me desperté pues desde la sala me llegaba un canto sibilante que me heló la sangre. Ya había oscurecido y el frío también se había hecho presente. Al principio, pensé que había sido una pesadilla asi es que, escuché con más atención y el canto aumentó de volumen . Era triste, como si me llamara o se quejara. Pensé en mis abuelos, mis tías, primos que, en algún momento vivieron allí, en sus historias, sus amores, sus decepciones; las cosas que me habían contado. No me gustan los cuentos de espantos pero… ¡de que vuelan, vuelan!.
Afortunadamente, llegó el estruendo; los hijos corriendo, gritando y mi marido contando las aventuras de la tarde:
-Estás un poco pálida, ¿estás bien? - me dijo
-Bueno, es que ahora cuando estaba sola, creí oír un ruido extraño proveniente de la sala.
-Ah, sí- contestó él.- Es que una ventana no cierra bien y cuando hay viento, como ahora, se produce como un gemido, como si fuese una persona. ¿No te habrás asustado, verdad?
-No, para nada- contesté yo.
LA ORQUÍDEA de Elena Castañeda
Yo había quedado en reunirme con mi amiga Clotilde aquella tarde pero, por causas que no puedo justificar, me fue imposible ser puntual y no llegué a la hora en que habíamos quedado.
Es cierto que tardé más de lo que pensaba por lo que, Clotilde estaba cada vez más impaciente y nerviosa aunque yo nunca pensé hacerle tanto daño por la espera.
Llegué contenta y con una bonita orquídea en la mano y ella me recibió muy inquieta porque, al ser yo tan puntual, temía que yo hubiera sufrido algún percance.
El problema es que no pude dar las explicaciones que quería, a pesar de que ella insistía en saber los motivos de mi atraso. Creí que la orquídea le daría alguna pista, pero ni siquiera se percató de su presencia. Fue un momento muy desagradable por el que pido mil disculpas a mi amiga Clotilde.
LA MAGIA de Angélica Camerino
LA MAGIA
Mientras agonizo puedo ver la silueta de tu cuerpo reflejado en mis persianas. Puedo intuir tus besos, tu mano firme y suave sobre mi rostro. A veces, siento tu voz susurrándome que todo va a estar bien, que esto no es más que una pesadilla.
Hay noches de insomnio que preceden mañanas aún más yermas y se me hace tan duro intentarlo, seguir aquí. Pero, escucho tus pasos acercarse por el pasillo y me compongo, no me resisto, me mejoro y escribo. No sé qué especie de magia operas en mí pero, tiene efectos inmediatos.
Sin embargo, esta noche es diferente. Hoy no me apetece sentirme embrujado por la cadencia de tus pasos. Comienzo a presentir que la fuerza te la he dado yo, que tu magia opera porque te lo permito. Arrojo los lápices y la máquina por la ventana. Ya no quiero más letras, renuncio a ellas.
Ahora trato de intuir nuevamente tu mano pero esta ve ya no me tocas.
EL ÁNGEL de Lilia Martín Abreu
EL ÁNGEL
Bajo un cielo gris que amenaza tormenta, camina un cortejo vestido de negro, llevando una flor en las manos. Avanzan en silencio hasta llegar a una encrucijada formada por los ángeles y cruces que rodean una tumba; una tumba abierta frente a la cual se encuentra un ataúd. Dentro yace mi cuerpo, con los ojos abiertos, turbios y oscuros.
En mis sienes corona un desgarrador dolor de cabeza que acompaña a un huracanado vértigo y un cortante sudor frío que recorre mi cuerpo.
Del fondo del cortejo emerge un ángel vestido de blanco luminoso, con una aureola que resplandece en aquella oscuridad. Porta un sudario en las manos. Se acerca y me lo pasa por la frente, me mira y sonríe diciendo:
-Bienvenido, lleva usted tres días inconsciente y con fiebre muy alta.
ELLA de Esther Morales Fernández
ELLA
Ella vivía con miedo; miedo a quedarse sola, miedo a no tener qué comer, miedo a comer y que la comida no le pasara de la boca, miedo por sus hijos y su futuro, miedo a hablar y que le dijeran en un tono imperativo: ¡cállate!.
Pero el miedo más profundo era pensar que él pudiera tener razón cuando le decía que ella no servía para nada y que era una pobre mujer.
EL SUEÑO de Maruca Zamora
EL SUEÑO
Quizá yo sea el sueño elegido, entre tantos que no logran realizarse. Mi amiga había pensado siempre que si ella hubiera tenido dinero, le hubiera comprado una casa a sus familiares más cercanos, hubiera ayudado a una ONG dedicada a la protección de los niños, o se hubiera dado un gusto, deseado desde siempre: un viaje.
Esos, digo, habían sido sólo pensamientos hasta que se decidió a colocar todos los días en una hucha algo de dinero. Desde ese día ya ha pasado un tiempo y hoy se ha decidido a abrirla. No sabe con exactitud cuanto tendrá pero de eso dependerá que se pueda cumplir o no uno de sus sueños, aunque cree saber que al menos le dará para poder realizar el viaje soñado (ese sueño soy yo). El viaje no será largo pero, al fin, yo tomaré cuerpo, y ella me tendrá a su alcance, después de tanto tiempo.LO VISIBLE Y LO INVISIBLE de Ana R. Benítez Hernández
LO VISIBLE Y LO INVISIBLE
Clara ya tenía setenta años y el rojo seguía siendo su color favorito; no sólo para vestir sino también para darle colorido a sus carnosos labios que hacían juego con la arruga de sus rostros, visibles no por el paso del tiempo, sino por la eterna sonrisa a la que nos tenía acostumbrados. Era la envidia de todos los socios del club donde la veían llegar todos los domingos, cogida de la mano de su marido. Todos admiraban su carácter abierto, su fortaleza, su alegría.
De regreso a casa, y tras el portazo habitual, aparece la otra Clara, la que nadie conocía, la Clara del rostro triste, la Clara débil, la clara del cuerpo tembloroso. Era el momento en que su marido se quitaba el disfraz de marido ejemplar y quedaba al descubierto su verdadera personalidad, la del verdugo.
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